VIDA DE ESPAÑOLES (NO TODOS)

Publicado el 21 de Junio de 2010 en el Diario Montañés

Estoy tomando un café y me meto en una conversación de barra que habla de la forma de vivir que han tenido muchos españoles, al menos, quince años para atrás. Escucho de otro cafetero que lo mismo se pedía un crédito para comprar una televisión de plasma que para irse de vacaciones en plan nacional o al extranjero, daba igual que daba lo mismo. Con este boom de pedir para todo, las entidades financieras estaban encantadas de haberse conocido con el sólo gesto de “firme aquí, y aquí, y aquí también y ya estamos en la última página, aquí, es aquí…” Fueron años donde las carteras de bolsillo o de bolso se hicieron anchas porque en su interior guardaban, aún lo hacen, tarjetas de créditos de todo tipo. Te las ofrecían, las cogías y las usabas a destajo. Poco a poco nos fuimos haciendo con un tipo de vida de pedir, de gastar, de tener por tener, de alcanzar lo de otros,  de poseer, de usar y tirar, de vestir, de comer y cenar en los mejores restaurantes y de pisar el acelerador a un buen coche, eso, si no tenías otro, como una televisión en cada habitación de la casa. Los españoles (no todos) nos hicimos  de esta pasta; queríamos todo o nada, sin que siquiera fuera cortapisa elemental que una pareja ganase 2.000 euros entre los dos, abocándose al apaño para poder acabar cada mes. Así pasaba mayormente hasta que la crisis ha hecho reventar en mil pedazos este conocido sistema de vida a la española.

 A estas alturas del 2010, muchos ciudadanos han perdido bastante o todo de lo que era su patrimonio o su bienestar personal. La espiral de penurias empieza cuando pierdes el trabajo. Los créditos, muchos y variados, no esperan. Incluso bajan los sueldos de los funcionarios y de trabajadores de muchas empresas, pero la cantidad al mes de la hipoteca, esa, sigue inamovible. La casa siempre ha sido la propiedad más preciada en nuestro país. Perderla, es lo más, pero el caso es que es el camino que siguen muchos expedientes de desahucio, que ponen en alerta de la situación actual que viven demasiadas personas, en especial los parados. Esta forma de vivir y de hacer ha contagiado durante los años de bonanza económica de España incluso a muchos extranjeros que hoy están perfectamente integrados entre nosotros, muchos en el desempleo también. Lo que hacen los parados en general se asemeja al título de la película “Los Lunes al Sol”, pero hoy la lógica te lleva a que se dedican a la economía sumergida que no paga impuestos, porque si no la calle no aguantaría esta situaciones dramáticas. Estoy seguro que muchas personas piensan que haber vivido tan a lo grande, ahora que incluso lo reconocen abiertamente otros países como Alemania o Inglaterra, ha sido simple y llanamente un terrible error. El arrepentimiento, para algunos, llega demasiado tarde. No vayan a creer que de este comportamiento tiene sola culpa la persona que se mete en tantos fregados de créditos y débitos al mismo tiempo. No, no es así. Esto es como lo del tabaco o la bebida. El papá Estado impulsa que dejes de fumar y te pone fotos de pulmones podridos en las cajetillas, mientras sigue recaudando millonarias cantidades mediante impuestos directos a estos productos. Y, así, ¡no vale! Nuestra juventud, sobre todo, no hace otra cosa que hacerse eco de la España del pelotazo, donde todo parecía al alcance de la mano. Si se levantan tantas casas, surgían como las hormigas en verano miles de inmobiliarias que durante unos pocos años hicieron el agosto, pero ahora se aplican su propio cartel de “se vende o se alquila”. Me entra la risa floja cuando oigo hablar del nuevo futuro que nos espera sustentado en una nueva educación que nunca llega. Hasta nuestros colegiales hablan de la crisis como si fuera un programa nuevo de esa televisión que tanto les atonta y les engaña.

La cultura del esfuerzo abundaba y abunda, sencillamente, por su inexistencia. Y como tantas cosas de las que se habla que no pueden seguir así, esta es la primera de la lista. Hasta hace dos días, la mejor opción de un chaval, o ser funcionario, o pasar de un Gran Hermano a un programa donde no paras de decir chorradas pero te pagan 30.000 euros la sesión. De convencidos de ello, han pasado, como los demás, a estar desconcertados. Pero para ellos, como jóvenes que tienen toda la vida por delante, es peor. Han oído, o al menos eso creo, de sus abuelos y de sus padres, que en la vida nadie te regala nada. Que las cosas se ganan con trabajo, con esfuerzo y dando tiempo al tiempo. Muchos lo han tomado, de ahí sus comportamientos, como historias de abueletes. Por cierto, muchos de estos abuelos, con sus pensiones, vuelven a recoger y a sustentar a sus hijos, que han regresado con sus padres, después de perder su trabajo y a continuación su casa. Esto ha sido siempre una de las mejores cosas que tiene este país: la familia. Con la familia sabes que puedes contar. Y en el seno de una familia, es donde mejor se asemeja la realidad, se reajusta una vida, y, por qué no, se vuelve a empezar de otra forma, sin incurrir en los errores del pasado. Ya lo decía mi tía Elvira: “El molinero velando gana, que no estando en la cama” ¡Que razón tenía, recomendando la actividad y el trabajo, en vez de sueños vacíos.

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