Tragedia griega

El teatro de la tragedia griega lo escribían en el siglo V antes de Cristo Sófocles y Euíipides. Hoy quien escribe sobre lo que pasa en las calles de Grecia es ex ministro Varufakis. Los griegos me merecen el respeto de los rendidos sin condiciones, aunque dudo mucho que la dirección de la batalla política y económica dirigida por su presidente Tsipras vaya a estudiarse en los institutos políticos del mundo. Tenía de antemano perdida la estrategia, porque la tradición política de los pueblos del sur de Europa es perder las negociaciones de las cumbres europeas frente a los pueblos del norte. Es por las cuestiones de siempre: dinero, fuerza geográfica y poblacional, y más ejército, tanques y misiles que los demás, en su alianza con los Estados Unidos y en recuerdo a que hicieron juntos como aliados la Segunda Guerra Mundial. La tragedia actual de Europa es que sólo vive de malos recuerdos.

Los Tsipras y Varufakis que se pinan ante la bandera de las doce estrellas de la Unión Europea terminan secándose el sudor del esfuerzo con la propia bandera. Por eso hicieron un referéndum que a la postre se ha tornado maldito, por la humillación que supone que lo que piensan los griegos sobre las duros recortes que quieren imponerles (Alemania) no sirva para nada. O lo tomas o lo dejas. Esta es la relación que tiene hoy la Unión Europea con sus socios pobres, entre los que está España. Si lo tomas, ¡estás apañado!; pero si lo dejas, es como perder el piso porque no puedes pagar la hipoteca y, una vez desahuciado, tienes que seguir pagando toda la vida lo que te quedaba por liquidar más los intereses.

Europa ya no es la Europa de los pueblos, y menos de los griegos. Grecia lo tiene mal dentro y fuera, porque ostenta un estigma de mal pagadora, y los únicos que viven bien en el país heleno parecen ser los armadores y los militares. A la Unión no le interesa cambiar esto último; quiere liquidar la deuda y pone plazos y condiciones imposibles de cumplir, porque la tragedia griega se va a representar todos los días en los pueblos y ciudades de Grecia, ahora más asfixiadas por impuestos, IVA y recortes que se van a notar en todo. Puede que a tragedia sea tener esta Europa. Las viejas esculturas de aquella rica Grecia de Partenón y Cariátides, las no expoliadas por museos ingleses y franceses, se han tornado de súbito en un ejército de hombres de negro de la Troika, dispuestos a cobrarse lo poco que queda de un país sin futuro y sin esperanzas.

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