OLVIDARSE DE COMILLAS

Publicado en el Diario Montañés el 5 de enero de 2012

Vamos a empezar jugando al  Pasapalabra. Con la “C”: ¿lugar costero de Cantabria donde puso su huella arquitectónica Antonio Guadi y tiene un majestuoso palacio que perteneció a un marqués, de nombre también Antonio, que llegó a poseer la mayor flota de barcos de comercio con  las Américas? Acertó: Comillas, es Comillas. En los libros, es más que un rincón de Cantabria y se han escrito no pocos como “Tabaco, el Imperio de los Marqueses de Comillas”, de Ramón Vilaró o, mi favorito, “Comillas. Preludio de la modernidad”, de María del Mar Arnús. Fíjense de la importancia en el mundo de Comillas que este último título empieza diciendo que “en Comillas va a surgir un conjunto de obras que anticipan en cierto modo, en su espíritu y en su forma, lo que tiempo después se llamaría el movimiento modernista o, en toda Europa, el Art Nouveau”. Con todo y con nada, la “Guía Repsol”, en su edición de este año, se olvidó de incluir a Comillas y fue el propio Ayuntamiento de la villa el que puso el grito en el cielo y ha habido que imprimir una nueva tirada que incluyera a Comillas, que por méritos propios supone un gran lugar en el mundo. Es una más de las que nos hacen de costumbre. Sucede con asiduidad que para  referirse en la televisión a Cantabria nos denominen como Santander. La capital es guapa, pero ya va siendo hora de que sepan que nuestra región tiene norte, sur, este y oeste y que Potes, por poner un ejemplo, es Liébana, y no Santander. Lo mismo ocurre con el clima de la Cornisa Cantábrica, donde el peso de las imágenes lo tiene a diario Galicia y País Vasco, seguidas a cierta distancia por Asturias y en la cola, para cuando quieran sacarnos, Cantabria. En la previsión del tiempo para otros días ocurre lo mismo, y conocido es que esta manera de informar (o no informar) ha hecho mucho daño a nuestro turismo en Semanas Santas, veranos y puentes de la Constitución. Por eso digo que el olvido de Comillas se suma al trato que tienen fuera determinados medios institucionales, informativos y no digamos televisivos hacia estas tierras. Una cosa es cierta, hemos cambiado en todo este tiempo a la hora de defendernos y presentar ante quien corresponda, y donde sea, la queja sobre el trato recibido. Mucho  antes, callábamos y asumíamos como normal la discriminación, debatiendo el asunto en la barra del bar.

imagesCA9B4KX9Ahora ya nos estamos porque se nos pise o se nos ningunee. Comillas, con su corporación municipal al frente, ha dado un ejemplo de ser y estar. Si Comillas no sale en una de las guías turísticas más importantes dentro y fuera del país, ¡usted edita una nueva en la que estemos por méritos propios, y no se hable más! Creo que ha quedado como un buen toque de atención para que desaparezcan ancestrales tics de pasar por alto a Cantabria en beneficio de nuestros vecinos territoriales. Por eso no olvidemos aquello de que el que no llora, no mama. Pienso cuando se habla de lo bien que se come en el norte, o lo bonitas que son las playas cantábricas. Siempre salen los cocineros vascos y siempre también la Playa de la Concha de San Sebastián. El que diga que está harto de ver El Sardinero por televisión, miente. No digo que no tengamos que saber vendernos mejor, pero no creo que sea esta toda la cuestión. Le pasa incluso a ministros cuando dan datos de población de Cantabria porque se equivocan en una diferencia nada despreciable de cien mil habitantes menos. Y esto se da porque Cantabria no está suficientemente estudiada, porque valorada por su belleza, monumentos y productos gastronómicos, ahí no caben dudas. Total, que cuando se oiga algo sobre Cantabria que no es verdad o es incorrecto, no puede nunca faltar la llamada de atención, la carta o incluso la queja para que la próxima vez todo esté en su sitio, con esta maravillosa región a la cabeza por sus preciosidades geográficas, sus estupendos pueblos y, en especial, sus gentes.

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