El Informe PISA por televisión, a la hora de comer: ¿Qué es eso?

El Informe PISA por televisión, a la hora de comer: ¿Qué es eso?

Si muchos alumnos confunden el nombre de quien descubrió América con el que escribió Don Quijote, podemos augurar lo que sucedería si les preguntas lo que es el Informe PISA, que evalúa lo bien o mal que se estudia en un país. Nuestro sistema educativo hace aguas hace ya mucho, y no se aprecia atisbo de mejora, quedando en manos mayormente del alumno y lo que su familia influya en que evolucionar en la vida tiene mucho de esfuerzo personal. De poco sirve. Porque los que tienen que dar ejemplo en sus acciones suspenden en conducta, tal es el caso de lo que pasa hoy, tristemente asumido como normal.   

Gobierno tras Gobierno, Ministerio de Educación tras Ministerio de Educación, desde hace muchos años España catea en el Informe PISA. Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Esto es lo que significa. Desde que empezó a publicarse en el 2000, se evalúa cada tres años y va ya por su octava edición. De los resultados de nuestro país en materias educativas, no queda otra que resumirlo con una contundente expresión: vamos de mal en peor. Es evidente aquí, y también fuera, aunque los deficientes resultados siempre se minimizan y maquillan para aparentar que todo va bien, cuando no es verdad.   ¿Es que no debe preocuparnos que nuestros hijos estén cada vez menos preparados, lo mismo asistan a un colegio, instituto que a la universidad?

Los resultados del PISA 2023 alertan de lo mal que están nuestros estudiantes en matemáticas y comprensión lectora. Podemos darnos con un canto en los dientes de que solo se destaquen estas dos facetas, con la ideologización y falta de exigencia que a todas luces presentan las sucesivas leyes y consiguientes programas educativos, que solo hacen que empeorar lo que había anteriormente.  

La lista de los mejores estudiantes la encabezan Japón y Corea de Sur. Pero delante de España (puesto 24), hay países como Estonia                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               (tercer mejor), Polonia (11), República Checa (14), Eslovenia (15), Letonia (17) y Lituania (20). Ni debería pararme en que también sacan mejores resultados Suiza, Países Bajos, Irlanda, Bélgica, Dinamarca, Reino Unido, Austria, Finlandia, Suecia, Alemania y Francia. Así, edición tras edición del PISA. Y se salda con una jornada de emisión de tan malas notas por televisión, a la hora de comer, y al día siguiente, de regreso a las aulas para continuar en esta peligrosa espiral achacable a decisiones del Gobierno. Aunque también a la escasa exigencia y reivindicación de los padres hacia la educación de sus hijos (por ejemplo, el debate sobre deberes sí o deberes no).

“¿Es que no debe preocuparnos que nuestros hijos estén cada vez menos preparados, lo mismo asistan a un colegio, instituto que a la universidad?”

Para asimilar y superar el PISA, lo primero que tendría que darse es que las instituciones educativas y académicas, es decir las Administraciones competentes, se pusieran las pilas con respecto a reparar lo que recomiende este estudio. Creo que así, al tiempo padres y alumnos sabrían lo que es esto, que me da que ahora no tienen puñetera idea, ni lo consideran para nada. Como país, cuando queremos ganar un Campeonato del Mundo de Fútbol, bien que le damos a la pelota para que termine dentro de la portería contraria. Inexplicable por tanto que no se potencie ningún tipo de superación o mejora de lo que pasa con la lectura, las matemáticas o las ciencias, para afrontar los retos de la vida real (cito textual). Realmente, no es entendible lo que puede evaluar la OCDE de un territorio, este, en el que se pasa de curso en la ESO con suspensos.

Teniendo en cuenta que cada medio de comunicación hace su particular balance del estudio, bien para apoyar las políticas del Gobierno central o el autonómico de turno, leo en uno que de este último informe sobre lo que rinden realmente nuestros estudiantes se desprende la necesidad de un acuerdo basado en el esfuerzo y la excelencia. ¿Un acuerdo en la España actual? A lo que se ve, dentro del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos se debiera de evaluar también la ingenuidad.

Tanta ley educativa aprobada sucesivamente y en pocos años, lo que pone de manifiesto es que no estamos centrados en soluciones, y sí en devaluar cada vez más las reglas básicas que nunca deben faltar en la educación de alumnos. A algunos les ha servido al tiempo para que le ley de turno lleve su nombre, la Ley Wert (LOMCE. Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa. 2013. Gobierno del PP), o la Celaá (LOMLOE. Ley Orgánica de Educación. 2019. Gobierno del PSOE). 

Antes hablaba de relativizar las normas básicas en la educación. Voy a citar y recordar lo que significan las más elementales. El respeto. Es pensar y actuar positivamente sobre los demás (la Ciencia del Respeto de Naciones Unidas). El esfuerzo. Enfrentarse a las dificultades con el ánimo de superarlas para conseguir metas (estudio, trabajo, comportamiento, relaciones, ilusiones, aspiraciones). Interés. Inclinación hacia algo o alguien (los libros, la música, tal o cual profesión, el servicio público, la política). El cumplimiento. Realización de un deber (deberes) o de una obligación. Como quiera que falte esto en todo aprendizaje, aunque estamos centrados en el colegio e instituto, no hay PISA que valga. Hace años que podíamos y teníamos que haber enderezado la educación, dejándola al margen de la política. Hoy ya es tarde. Estamos dentro de una era digital más vacía que otra cosa para el conocimiento real que está en los libros (no se lee, tampoco se potencia), y en la antesala de la Inteligencia Artificial que lo mismo te hace los deberes que te escribe un libro. Pero, todo esto, es falso conocimiento. 

“Hace años que teníamos que haber enderezado la educación, dejándola al margen de la política. Ya es tarde, dentro de una era digital vacía”

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