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El último tren de Cantabria se llama Norte

Dunas de Liencres

El Norte de España se reivindica como destino turístico alternativo a la masificación de sombrillas. Lugares como Cantabria (la pongo la primera), Galicia, Asturias o País Vasco (detrás de las cuales estamos realmente en pernoctaciones), cobran mucha fuerza como mejor elección vacacional. Las otras tres comunidades se venden más, sobre todo en el exterior. Y no debería ser así, especialmente cuando Cantabria acaba de ser elegida enclave europeo excepcional, hecho que habría que dar a conocer en todo el mundo.

Como Cantabria no puede vivir eternamente esperando a que el Estado Central se digne dotarla de un AVE y mejores infraestructuras, estamos obligados a repensar la situación más propicia para el futuro a medio y largo plazo de la maravilla natural, casi única añadiría por amor a mi tierra, que es esta comunidad norteña. Los empresarios españoles vieron mayormente en abrirse al exterior una solución amortiguadora a la dura crisis que les golpeaba aquí, sin compasión. Ese fue y sigue siendo su salvoconducto para seguir en la senda de la prosperidad, y evitar el retroceso o, peor aún, el cierre.

 Lo expongo así, porque Cantabria tiene nuevamente en su mano una oportunidad de crecer a costa de un turismo que valora especialmente todo lo que ofrece esta región, huyendo de las masificaciones que conllevan colocar la sombrilla en la playa o la toalla sobre las tumbonas que hay alrededor de la piscina del resort, cuando aún no ha amanecido. Muy al contrario, Cantabria entera desestresa, pero tienen que conocernos mejor, tanto por lo que somos, lo que tenemos y lo mucho que podemos ofrecer. Lo creamos en mayor o menor medida, tenemos pendiente vendernos más en el resto de España y todo fuera, en el resto de países del mundo. Ya que contamos con referentes culturales que aúnan el pasado (la prehistoria más importante) con el presente (Centro Botín), todas estas instituciones público-privadas están obligadas a trabajar juntas mediante un consorcio que tenga como única finalidad dar a conocer Cantabria en el exterior.

 “Las instituciones están obligadas a trabajar juntas mediante un consorcio cuya única finalidad sea dar a conocer Cantabria en el exterior”

La promoción más allá de nuestras fronteras siempre ha sido una asignatura con escasa nota, pese a su demanda por parte del sector hostelero, que va siempre dos pasos por delante, precisamente por dedicarse al turismo, los servicios y el ocio que cabe prestar a los visitantes. Incluso si nos medimos con nuestros vecinos del norte, no es casualidad que Galicia, Asturias y País Vasco estén por delante en pernoctaciones. Dos hechos o cuestiones marcan la diferencia. La principal es que las campañas promocionales son constantes y en los lugares estudiados para sembrar la semilla, como hace Guipuzcoa con Francia o Estados Unidos. La segunda pata se apoya en que un proyecto concreto de turismo, como haya podido ser el Año Jubilar Lebaniego, debe ir inmediatamente seguido de otro. Galicia no frena ya ni queriendo a los amantes de hacer el Camino de Santiago. Que una de las grandes editoras mundiales de viajes como es la Lonely Planet se haya fijado en este 2018 en Cantabria es como para hacerlo valer en el resto del mundo, hasta que se nos quiten las ganas por tantos viajeros que nos visitan de enero diciembre (#CantabriasomosPlanet). Nos ocurre a nosotros, cuando otras tantas regiones del mundo pagarían un alto precio por ello, ¿y no lo explotamos?

La lista Best in Europe 2018 de Lonely Planet nos vende mejor que nosotros a nosotros mismos. Escuchen: tal reconocimiento reconoce nuestra riqueza cultural, histórica, paisajística o gastronómica, además de por las comunicaciones internacionales a través del aeropuerto Seve Ballesteros, con numerosas conexiones a Europa, y el Puerto de Santander, que acaba de poner en marcha la línea de ferry con la ciudad irlandesa de Cork. Esta guía mundial no olvida tampoco la bahía de Santander a la que se acaba de sumar el Centro Botín, ni tampoco playas, montañas o parajes inigualables como Picos de Europa. Se puede contar más alto, y eso es lo que precisamente se debe acometer desde Cantabria. Hoy además contamos con una doble ventaja que en los prolegómenos de la llegada del turismo a España no existía. Me refiero a Internet y las redes sociales. Muchas cuestiones están cambiando, y la movilidad turística es una de ellas, porque entran en juego ya muchas cuestiones que no tienen que ver solo con el clima o la seguridad. La Cordillera Cantábrica está muy bien posicionada dentro de esta nueva configuración del turismo. Y Cantabria, como si se tratara de su última gran oportunidad, no puede perder este atractivo tren llamado Norte.

  “Un proyecto concreto de turismo, como haya podido ser el Año Jubilar Lebaniego, debe ir inmediatamente seguido de otro”

Foto: Dunas de Liencres. Cantabria

 

 

 

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El concierto es en Cantabria

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Cantabria se postula como gran referente cultural a nivel nacional y más allá. Cuando fallan nuestros conciertos, como el del DJ David Guetta, lejos de señalarnos con el dedo, debemos saber reaccionar en dos vertientes. La primera es satisfacer rápidamente a un público que se ha visto defraudado. Y la segunda seguir adelante, organizando muchos eventos, como la mejor de las herramientas en el afianzamiento de la Marca Cantabria.

 David Bowie, el duque blanco, dio en el clavo con lo que muchos sentimos instantes antes de que nuestro cantante o grupo preferido salga al escenario para ofrecer un anhelado concierto: “Me sentaré sin rodeos, esperando el regalo del sonido y la visión”. Claro que las 10.000 personas que se congregaron el 28 de julio en La Campade la Magdalena, para escuchar a David Guetta y comprobar que no se presentó, estarán más inclinadas con la opinión de Bono, líder de U2, sobre que “la alegría es una de las pocas emociones que uno no puede fabricar.” El cruce de acusaciones al que hemos asistido estos días entre organizadores y representantes del DJ francés, o entre responsables últimos del famoso concierto de Enrique Iglesias o éste de Guetta, no contrarrestan la gravedad de lo acontecido, que no es otra que la imagen de Cantabria sale mal parada, cuanto menos, a nivel nacional.

Hablamos de miles de personas que se concentraron a finales de julio en Santander, en el colofón de su Semana Grande, muchas de las cuales se habían desplazado con este motivo hasta Cantabria, provenientes de todos los rincones del país. Tan importante como la Marca España, es la Marca Cantabria o la Marca Santander. Con esto quiero decir que para llegar a un reconocimiento, y mantenerlo vivo, estamos siempre obligados a hacer las cosas bien, a responder rápida y eficazmente ante los fracasos, y a no aprovechar estas situaciones para dispararnos a nuestro propio pie con críticas internas, que mucho me temo tienen más que ver con destruir que con construir.

 “El cruce de acusaciones por el concierto de Guetta no contrarrestan la gravedad de que la imagen de Cantabria sale mal parada”

Parece cada vez mayor la apuesta de Cantabria por la cultura, y el efecto llamada que puede tener hacia visitantes y turistas. Lo primero que exige este posicionamiento es creer en nosotros. A continuación está organizar las cosas como nadie, dejando ya de aludir a lo que se hace en Bilbao, Madrid, Marbella o Barcelona, para pensar solo en lo nuestro, y de ahí ser un ejemplo referencial en todo lo que acometamos.

David Guetta debió estar en la noche de La Campa sí o sí, igual que se debió tener más cuidado con el concierto de clausura de Enrique Iglesias que puso fin al Año Jubilar Lebaniego. No pasa nada por decirlo, al contrario. Lo auténticamente importante es que no vuelva a suceder. Ni podemos ni debemos ser noticia por los fallidos conciertos que organizamos, ni tampoco por las empresas organizadoras de los mismos. Aquí importa la fiesta, el público, su derecho a pasarlo bien, porque antes han pagado una entrada que les debe asegurar una perfecta organización del acontecimiento en cuestión. Parte de la Marca Cantabria son el Año Jubilar, la Semana Grande de Santander, las Fiestas de la Virgen Grande de Torrelavega, o cualquier otro acontecimiento cultural o festivo de los que se llevan a cabo a lo largo y ancho de la región durante todo el verano. Competir por traer a los mejores cantantes o grupos es bueno para el conjunto de nuestras aspiraciones, que deben ir en la dirección única de que lo que importa es Cantabria y todo lo que lleve a cabo.

 Hay que cerrar cuanto antes las consecuencias de la fallida cita con David Guetta, mirando por el público antes de nada, porque así se demuestra estar a la altura de organizadores experimentados y curtidos en cualquier situación.No será ni la primera ni la última vez que un artista cancele su actuación en el último minuto. Se da la circunstancia de que lo de Guetta en Santander ha provocado incluso reportajes a nivel nacional sobre la historia de grandes de la música que se vieron inmersos en un hecho semejante. Es una sinergía para aprovechar a nuestro favor, pero bajo la irrenunciable idea de que en Cantabria se organizan los mejores eventos, aunque puede llegar a pasar que a un famoso DJ se le estropee su avión privado. Estoy seguro de que veremos a Guetta en Santander, porque miles de sus fans esperan aún el regalo del sonido y de la visión.

 “Es irrenunciable que en Cantabria se organizan los mejores eventos, aunque pueda pasar que a un famoso DJ se le estropee su avión privado”

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Los estudios que son y no inventados

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Las polémicas sobre los masters suman contenido al hecho de que mentir en España sobre los estudios no sale ya gratis, debido a un claro rechazo social que el guante de la política ha recogido de manera nítida. Los jóvenes deben impulsar una regeneración que abarque otros tantos ámbitos en los que la transparencia se hace de rogar. Con esta premisa nada puede escapar a los cambios a mejor en gobernanza, economía, educación, igualdad o la justicia, tan señalada ahora.

Más que por el engaño, la deslealtad, la falsedad o la traición, por lo que más te la juegas en España, desempeñes cargo público o privado, es por falsear el curriculum. En Estados Unidos es sagrada la bandera, el himno y, ahora con Trump,Twitter; en Inglaterra se acaba mal en todo Gobierno si hay de por medio infidelidad matrimonial; Francia es muy firme con respecto a los valores esenciales de la República; y nos queda España, país en estado catatónico permanente. ¿Por dónde empezar? Por la autoflagelacion crónicacon la Conquista de América, vericuetos legales como nación de naciones, o que la paz interior parece inalcanzable por culpa de la Transición, la Monarquía, la unidad o la independencia, y el concepto que unos y otros tienen sobre la Memoria Histórica. Nadie puede negar, salvo los obtusos que no son precisamente minoría, que cada una de estas cuestiones son asuntos de gran calado nacional que pueden llevar en un momento dado, como el actual, al desmembramiento de un país que no sabe lo que es, lo que quiere ser y hacia dónde pretende ir.

Cada vez es más patente que nuestros jóvenes se alejan de los debates interesados que en un momento dado pone encima de la mesa la política, porque lo que quieren apreciar es que su esfuerzo tiene recompensa en forma de puesto de trabajo que proporcione sueldo y condiciones dignas, dos anhelos que no aporta una Reforma Laboral que está en cuestión, una vez superada la crisis económica. Los estudios, y la seguridad plena de cómo se llevan a cabo, sin arbitrariedades, forman parte esencial de esta nuevarigurosidad que busca una juventud a la que le preocupa, ¡por supuesto!, la exigencia de los curriculums o el desarrollo de masters que han de ser claros en la convalidación de asignaturas o la custodia de exámenes y trabajos. Sin invenciones.

 “Nuestros jóvenes se alejan de debates interesados, porque lo que aprecian es que su esfuerzo tiene recompensa en forma de puesto de trabajo”

Puede que tiempo atrás este peculiar país lo fuera también por la tendencia general a escribir en nuestro curriculum esa mentira piadosa de hablar y escribir un inglés alto. Ya no es así, porque España, con la aceptación masiva de los españoles, ha convertido en poco más que sagrado lo que se estudia y lo que luego se dice que se ha estudiado, penalizando la falsedad mediante un notorio rechazo público. Alguien que ocupa un cargo público y es pillado in fraganti en la exageración de sus estudios, dimite de inmediato y es además su formación política la que se lo exige. Vemos también la cara factura que puede terminar pasando las escasas o inciertas manifestaciones sobre la realización de un master concreto. Son asuntos a los que no se da carpetazo mediático, porque son del interés general de los ciudadanos, al exigir ética, honradez y transparencia en cualquier persona de las que nos representan, que obviamente no pueden plasmar en su curriculum lo que no son.

No deja de ser curioso que pese a comprobar las consecuencias de mentir sobre una trayectoria personal y profesional, cada poco tiempo aparece un nuevo caso que se ve abocado a dimitir por la misma razón. Cuando los cambios en la conducta social son buenos, y este lo es, deben ser bienvenidos y además fortalecerlos para que ya no haya marcha atrás. El mentir en el curriculum poniendo lo que no se ha estudiado ha sido hasta hoy una consecuencia directa de un país que se había establecido en el pelotazorápido, la ley del mínimo esfuerzo, y contar milongas en ruedas de prensa que luego no se cumplían y, todo hay que decirlo, los periodistas también hemos fallado a la hora de no seguir estas historias y exigir responsabilidades acerca de no haber hecho lo que se prometía.

Todo empieza y acaba en la educación, y es de esperar que vayamos asumiendo otros rechazos frente a otras malas costumbres que son asumidas en este país con total normalidad, cuando no lo son ni en el fondo ni en la forma. Hablo de hacer de la transparencia una realidad y no solo puro marketing; pienso en hacer realmente públicas todas las decisiones que se toman en nombre de unos votantes, con los que luego se cuenta lo que se cuenta; y me decanto porque la justicia se amolde a lo que esperamos los ciudadanos de ella, sin las sorpresas continuas que nos llevamos ante sentencias que tienen como trasfondo violaciones y maltratos. En este punto final, no puedo por menos que escribir el nombre de Juana Rivas, a quien tengo por una mujer que jamás ha mentido en su desdichado curriculum personal y, pese a todo, así le ha ido.

 “Es de esperar que vayamos asumiendo otros rechazos frente a otras malas costumbres que son asumidas en este país con total normalidad”

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Lo que vaya a ser de Cantabria

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Cuando los planes a futuro se eternizan, dejan de ser planes y se convierten en meros deseos que no han llegado a concreción ni realización alguna. Parecemos conformados con que Cantabria dé síntomas de estancamiento, sin que se hable ya nada sobre lo que queremos hacer a medio y largo plazo, principalmente para dar empleo a los jóvenes que se marchan de batallón en batallón. Se tiende mucho a oficializar las culpas, pero lo realmente preocupante, a mi entender, es la ausencia total de debate social con respecto al futuro de esta comunidad y sus habitantes.

Si el porvenir es una incógnita, pensar en ello como hacemos de habitual ocupa mucho de nuestro tiempo y genera dos tipos de incertidumbres suficientemente estudiadas: lo que sientes por dentro y lo que proclamas abiertamente por fuera. Desde bien pequeños, nos encarrilan por el camino de lo que vamos a hacer para ser alguien en la vida. Durante los estudios básicos es una constante, pero con el salto a los superiores llega el agobio de tener que elegir profesión y destino. Es lo que se conoce como estar preparados para el futuro. Tan larga como es ya nuestra historia estrechamente unida a los avatares de este mundo, lo que no tenemos aún del todo solucionado es alcanzar un punto idóneo de conexión entre los planes de desarrollo que formula un país, una región o una ciudad, para que alcancen de lleno las ambiciones de prosperidad que tienen sus ciudadanos y, en especial, los jóvenesque empiezan, tras haber acabado unos estudios y aprendido una profesión concreta.

Hasta que no se evidencie lo contrario, Cantabria está en esa fase de lo que quiere hacer y demostrar dentro del ámbito nacional y europeo. La economía, especialmente por la rapidez en los cambios tecnológicos que se producen constantemente, necesita de visión, concreción y ejecución. Hace cuatro años se anuncio a bombo y platillo la necesidad de llevar a cabo un plan estratégico de Cantabria a futuro. De inicio, debía definir lo que quiere ser y a qué se quiere dedicar esta región del norte de España. Para ello, como premisa de salida, se ponía encima de la mesa esta pregunta: ¿en qué somos buenos? A estas alturas de la película la duda podría ser kafkiana, pero siempre será mejor abordar el problema que evitarlo sine die, como parece suceder ahora.

 Hasta que no se evidencie lo contrario, Cantabria está en esa fase de lo que quiere hacer y demostrar dentro del ámbito nacional y europeo”

 ¿Hay que dedicarse a la industria?; ¿debemos centrar esfuerzos en el turismo?; ¿es mejor impulsar polígonos industriales?; ¿el futuro son más puertos deportivos?; ¿se ha de situar al Puerto de Santander entre los mejores del país? Opino que un plan propio de desarrollo debe contemplar los pros y contras de lo que nos pasa en realidad, y por eso dentro del mismo caben estas y otras tantas preguntas, que se desprenden de lo que produce y aporta cada zona concreta de Cantabria, desde la ganadería a la alimentación, pasando por la artesanía y el turismo o la gastronomía rural y todo lo que conlleva la prestación de servicios.

A la demanda de concreciones y con ellas soluciones, siempre se le achaca el paso del tiempo sin respuestas, junto a la desidia en tomar acuerdos que resulten a la postre beneficiosos para todos, y, lo vuelvo a decir, en especial para nuestros jóvenes que ahora se marchan de Cantabria porque aquí no encuentran su oportunidad. Hemos asumido que vamos para abajo y ya está. Esta actitud no es admisible en absoluto. Cuando hablamos del cansancio que muestra la economía, se quiere explicar como la falta de inversión o creación de negocios y empleo, cuando resulta que es nuestra propia inacción la que genera todas estas situaciones de hastío.

¿Quién piensa ahora en Cantabria sobre el camino que hay que seguir? Tenemos nuestro propio autogobierno, una universidad pública que siempre ha sido creativa, aunque con una falta alarmante de voces sociales que reclamen públicamente un cambio en lo que a todas luces es un deterioro en la tendencia económica. Este es el auténtico déficit y también el origen del cansancio real, que no es una cuestión abstracta y sí personal, porque proviene de las personas, sus hechos y acciones. Por eso la pregunta ya no es a qué nos queremos dedicar. Es esta otra: ¿lo queremos hacer realmente?

 “Hay una falta alarmante de voces sociales que reclamen públicamente un cambio en lo que a todas luces es un deterioro en la tendencia económica”

 

 

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Hoy no toca hablar de eso

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“Hoy no toca hablar de eso” es la frase más utilizada actualmente por los  protagonistas de casos de corrupción, desfalcos o falta de transparencia político-administrativa, que implica la adopción de acuerdos y medidas que favorecen a unos pocos en detrimento de muchos. Se trate de un Gobierno, una multinacional o personaje poderoso, la prensa libre no puede tolerar la falta de respuestas, la manipulación de los hechos, ni olvidar promesas incumplidas que terminan por convertirse en mentiras reiteradas.

Joseph Pulitzer, el de los Premios Pulitzer de Periodismo, nos legó desgraciadamente el sensacionalismo en la prensa para vender más periódicos, pero también tuvo otros momentos acertados, como ese en el que vislumbró que sólo hay un medio para mantener en pie una sociedad libre: que el público esté informado.” Se hace difícil imaginar la postura que adoptaría hoy este editor estadounidense universal ante las tácticas de desinformación que se van imponiendo, y que favorecen que los protagonistas de noticias dañinas pretendan, encima, esquivar las explicaciones públicas y convincentes sobre lo ocurrido. Un día surgieron las notas de prensa gubernamentales, tan abundantes como poco claras y mal escritas; en otro momento asistimos al descaro consentido de quienes convocan ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas; de un salto tan vertiginoso como surrealista se pasa a comparecer informativamente en una televisión de plasma para contar algo de gran trascendencia; y dos años antes de que alcancemos el 2020 se asienta en nuestros sistema democrático que alguien inmerso en suceso o hecho delictivo grave, a preguntas de la prensa, pretenda zanjar el asunto con un rotundo “hoy no toca hablar de eso“.

Sucede todo lo contrario a aquello que Tom Wolfe, el padre del Nuevo Periodismo que nos dejó este mismo año, describía como lo auténticamente fantástico del oficio de contar las cosas que suceden a nuestro alrededor: “Te envían a hacer preguntas incómodas a gente que no tiene ganas de hablar contigo. Y tú vas y las haces”. Por eso es una auténtica lástima que vaya en aumento el hastío que provoca escuchar a diario siempre las mismas noticias, contadas por portavoces interesados que manipulan y retuercen las historias a su antojo. Lo vemos actualmente en todo lo que sucede dentro de una Europa que se desintegra, esta es la verdad. Ya  no hay unión en fronteras (Hungría), ni en justicia (Puigdemont) ni tampoco en migración (Italia). Cada uno va por su lado, después de que Inglaterra pusiera pies en polvorosa en forma de Brexit. Nos dicen que son los británicos quienes se han metido en un laberinto sin salida, que pone en serio riesgo su futuro político y económico. Pero lo cierto es que Bruselas, bien por acción o por omisión, es quien más atiza el fuego de los nacionalismos e  independentismos. La actitud de Bélgica, primero, y Alemania, después, con los prófugos de la justicia española por el Procés en Cataluña resulta inaceptable. Antes y ahora, la fragilidad del Gobierno de España, a los ojos de sus ciudadanos, es patente.  El discurso oficial se amolda a lo que conviene decir en cada momento y territorio, y quienes los escriben (los discursos), no se percatan de que no hay nada peor para el ánimo de una nación que vivir permanentemente en el desconcierto.

 “Quienes escriben los discursos oficiales no se percatan de que no hay nada peor para el ánimo de una nación que vivir en el desconcierto”

Bien es cierto que la confusión no solo impera en España. Donald Trump aterriza en Europa y se permite decir a la cara de los principales mandatarios de la Unión lo que piensa de ellos y de sus países. Nunca antes se había visto meter el dedo de tal manera en la herida de una Europa fracturada, que es precisamente lo que más interesa a Estados Unidos, para volver a mandar solos, a su antojo,  en todo el mundo. Como hace una gran parte de la prensa norteamericana con la alocada política de Trump, en Europa necesitamos una respuesta semejante de los grandes medios de comunicación, y combatir así el creciente nacionalismo racista y excluyente, la expansión de las mentiras, la propaganda y la manipulación desde un poder que sitúa a diario un tema de distracción, con tal de no acometer objetivos fundamentales – al igual que los derechos – como son acabar con el desempleo de larga duración, lograr  trabajo bien remunerado para los jóvenes o desmontar muchas de las injusticias que ha generado una reforma laboral, que parece va a seguir vigente por mucho tiempo en un país donde los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez mas pobres.

El papel de los periodistas y los medios de comunicación es hoy más crucial que nunca, porque la mentira se propaga como el virus antisistema democrático que es. No se puede tolerar que alguien acusado de un delito grave, imputado por un hecho dañino, inmerso en casos de corrupción, apropiación indebida o desfalco, convoque una rueda de prensa para hablar del sexo de los ángeles y no responder a lo que tiene que responder.  El poder político y económico se debe ejercer, siempre, con ejemplaridad, y ofrecer al tiempo todas las explicaciones que sean precisas, mediante una política informativa clara y entendible por todos. ¿Tan difícil es asumir algo tan sencillo? A lo que se ve, sí. Porque hay muchos momentos en que da la sensación de que lo que ocurre en España se asemeja a esa frase genial de Groucho Marx que dice: “Estos son mis principios. Si no le gustan…tengo otros”.

 “Lo que ocurre en España se asemeja a una frase genial de Groucho Marx: Estos son mis principios y si no le gustan… tengo otros”

 

 

 

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