Veraneo en Groenlandia, con Plácido y los políticos

La sequía de noticias en agosto, por merecido descanso, es cosa ya del pasado. Tres impactos informativos en el mes que lleva el nombre del emperador romano Octavio Augusto lo ponen de manifiesto: Trump quiera comprar Groenlandia, Plácido Domingo es señalado por acoso sexual, y nuestros políticos, a falta de presidente y Gobierno nombrados, son criticados por tomarse vacaciones.

Por una vez, puede que Donald Trump haya interpretado bien las señales del abundante surrealismo que nos invade, de ahí que aproveche esa extravagante personalidad de magnate ricachón para desembocar en su oferta de comprar Groenlandia. El avance de lo irracional (surrealismo) genera incluso que los agostos ya no sean informativamente como antaño, en que los periodistas debíamos tener noticias de reserva, ante la sequía de información y actualidad que se avecinaba durante el octavo mes del año. Ahora ya nada es igual. Lo mismo surge esto raro del Ártico, que las acusaciones de acoso sexual al tenor español Plácido Domingo, que se disparan flechas envenenadas en contra de que nuestros políticos se tomen vacaciones, sin que aún haya un Gobierno que coja el timón de la gestión nacional.

Como no quiero escribir sobre una sola cosa, permítanme elegir el comodín de las tres cuestiones, y entrar a opinar brevemente sobre cada una. A fin de cuentas, los promotores de estas noticias es lo que pretenden: que mordamos el anzuelo y hablamos por los codos sobre cada asunto.

Empiezo por la isla de Groenlandia. Hace cuatro días, este territorio estaba más solo que la una en el mapa. Comprar aquel rico y protegido enclave helado al Reino de Dinamarca no es otra cosa que desviar inteligentemente la atención de todo lo que está pasando en Estados Unidos, con sus guerras comerciales, desprecios a Europa y sus dirigentes, y creciente violencia interior derivada del racismo y las diferencias sociales que impulsa el discurso del inquilino de la Casa Blanca. El Show de Trump, a través de la televisión y Twitter, no es otra cosa que un regreso a la política rancia del enfrentamiento de bloques, rearme, Guerra Fría e imperialismo, como cuando su país compró Alaska a Rusia, en 1867, por 7.200.000 dólares.

“Los agostos no son como antaño, ahora surge el Ártico, Plácido Domingo, y la critica a las vacaciones de políticos, sin un Gobierno”

Segundo notición. Lo de Plácido Domingo ha resultado ser el sorpresón de este verano de 2019. Que la prestigiosa agencia The Associated Press publicara el 13 de agosto una denuncia por acoso sexual, avalada por ocho cantantes y una bailarina, tienen al tenor contra las cuerdas, mientras aparecen a diario, al menos en España, conocidas voces que defienden a capa y espada su trayectoria.

El movimiento Me Too (Yo también) surgió en 2017 para denunciar la agresión y el acoso sexual, a raíz de las acusaciones de abuso sexual contra el productor de cine y ejecutivo estadounidense Harvey Weinstein. Me identifico con esta iniciativa, porque la igualdad será irrealizable mientras las mujeres sean sometidas a cualquier tipo de violencia sexista.

Bienvenido también lo rápido que determinados personajes aparecen para hablar de Plácido Domingo, cuando antes han estado callados frente a los muchos problemas que tiene nuestro propio país con los acosos de todo tipo, desde los escolares a los laborales. Se sabe el problema, pero todo lo que se hace al respecto son palabras huecas, mientras los acosados y sus familias conviven con el problema casi en la más absoluta soledad, incomprensión y abandono administrativo y social. Dicho esto, tampoco hay que hacer valer una opinión sobre otra en el caso de Plácido Domingo, mientras respetemos lo que realmente hay que respetar, la presunción de inocencia, que aquí no se hace casi nunca y como medien en la noticia las televisiones, menos aún.

Termino el artículo con las vacaciones de los políticos españoles, criticadas porque aún no hay un presidente investido, ni conformado un Gobierno, lo que imposibilita al tiempo el rodaje normal del Congreso y del Senado. Meterse con esto en pleno mes de agosto, es como lo de Trump comprar Groenlandia: tiene mucho de irracional y todo de demagogo. La política copa mucho de lo que ocurre a diario en este país, y con los periodos tan continuados que llevamos de elecciones, cambiar el chip en un determinado momento resulta hasta imprescindible. Ya que nos hemos cargado la normalidad de los agostos, no hagamos lo mismo, por favor, con esa otra identificación tan  ibérica de regresar en septiembre con fuerzas y, sobre todo, con ideas.

“Bienvenido lo rápido que determinados personajes hablan de Plácido Domingo, cuando antes han estado callados frente a los acosos”

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La creatividad apeada del escenario

Suspender un concierto de una estrella española del trap, C. Tangana, bajo la acusación de que sus letras son machistas, no habla bien de un país democrático, porque el hecho tufa a censura. Así se lo han tomado los artistas, indignados con muchas de las cosas que están pasando en torno a sus creaciones y la actual libertad de expresión, en situación tan frágil.

Con lo reposado que me considero a la hora de pensar, para valorar mejor  muchas de las manipulaciones habituales a las que nos someten, en esta ocasión no he tardado ni cinco segundos en rechazar la medida tan desacertada del Ayuntamiento de Bilbao sobre cancelar la actuación del cantante C. Tangana, excusando la resolución en que las letras de sus canciones son machistas.

En España se está haciendo ya costumbre abrazar o desabrazar la libertad de expresión, según la conveniencia del qué y del quién. Por circunstancias de nuestra historia que vienen al caso pero que son muy largas como para relatar ahora, tenemos una sensibilidad muy especial con todo lo relacionado con la censura, y mucho me temo que últimamente la censura se ha colado en diversas cuestiones que están muy de actualidad en nuestro país. Desde luego, con censurar a Antón Álvarez Alfaro, nombre auténtico del cantante trap C. Tangana, a él se le hace un gran favor publicitario, pero un flaquísimo servicio al arte y a los artistas en general, que a la hora de crear no pueden estar a lo que la burocracia de cualquier tipo quiera dictar al respecto de su obra.

“Con censurar a C. Tangana se hace un flaquísimo servicio los artistas, que  no pueden estar a lo que la burocracia dicta al respecto de su obra”

Dentro de esta polémica decisión surge en paralelo otro debate sobre el papel de Internet, las redes sociales o las iniciativas que se votan en determinadas webs, como ha sido el caso de la actuación en Bilbao de este cantante y la petición expresa de suspenderla en change.org (“Por sus letras machistas y patriarcales y despectivas para las mujeres no queremos que el ayuntamiento le contrate para la Aste Negusia”). Creo que es muy fuerte que suceda algo así dentro de un país de la Unión Europea. Hasta ahora, no he tenido nunca dudas sobre la mala baba de determinados trolls instalados en las redes, y sus afirmaciones machistas y sexistas sobre las mujeres dentro, sobre todo, de su actividad política y, en consecuencia, pública. Ni que decir que en cada caso polémico que se ha dado lo he rechazado, porque a estos personajes, por más tuits de seguidores que reciban, hay que ponerles en su sitio, que no es otro que el de los retrógrados

15.000 firmas en una plataforma digital para evitar una actuación musical no son despreciables, y el Ayuntamiento de Bilbao es el primero que ha tomado nota del hecho. Pero creo que estamos confundiendo las cosas; pienso que nos hemos pasado de frenada; y opino que muchas veces nos metemos en veredas que no tienen mucho que ver con el problema auténtico que se debate. La libertad de expresión y la libertad de los seguidores de C. Tangana no han sido tenidas en cuenta para nada, de ahí que lo acontecido me parezca muy censurable porque precisamente tiene eso, un gran tufo a censura. Nuestros artistas están ya en guardia, y lo de Tangana no ha hecho otra cosa que unirles más, pensando ya como están en adoptar algún tipo de medida para que algo semejante no vuelva a ocurrir.

Para conseguirlo, sería muy deseable que dentro de la sociedad española, desde la política a la economía, desde el arte a la ciencia, desde el deporte a los medios de comunicación tuviéramos muy claro lo que es machismo, sexismo o expresiones artísticas despreciables contra las mujeres. Tampoco vendría mal que algunos recibieran una lección rápida de qué es el trap y su carácter desvergonzado. Otra cuestión que debemos hacernos mirar para desterrar es el sectarismo existente dentro de estos temas, con los que no cabe manipular y si adaptar la igualdad total a nuestro sistema de convivencia, empezando por lo que siempre digo y repito: la escuela, la educación, señoras y señores.

“15.000 firmas en una plataforma digital para evitar una actuación musical no son despreciables, pero creo que estamos confundiendo las cosas”

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Al sillón de pensar

La diferencia entre contar con un Gobierno o no es precisamente el rumbo adecuado que proporciona distribuir y gastar unos presupuestos. Va siendo tiempo en España de que los que deciden se sienten en el sillón de pensar, y tomen los acuerdos que el país necesita en leyes, empleo, bienestar y territorialidad. De no actuar así, se irá perdiendo la confianza de los ciudadanos.

No es que con sentarse en un buen sillón, a uno le vengan ideas geniales e irrechazables. Los sillones de muchos mandatarios actuales, y no me refiero exclusivamente a la política, dan fe de que esto no es así. Corren malos años para el pensamiento y su conversión en soluciones. Prueba de ello es que las palabras sillón y pensar suelen juntarse cuando se está a la espera de dar un importante paso, pero los interlocutores encargados de llegar a algún tipo de acuerdo no son capaces de suscribirlo.

El caso más urgente que tiene ahora entre manos España es investir a un presidente y,  a continuación, nombrar de manera oficial un Gobierno, pero los asuntos para el desencuentro no hacen más que acumularse.  El consenso, que tan bien funcionó durante la última etapa del siglo XX no está ni se le espera, y ningún tema, pongo por caso las pensiones, se queda al margen del debate político, al existir insalvables discrepancias sobre la manera de asegurar la jubilación de los españoles.

“El consenso no está ni se le espera, y ningún tema, pongo por caso las pensiones, se queda al margen de insalvables discrepancias”

A lo de nuestros mayores le podemos sumar un buen puñado de cuestiones no menos importantes, relativas en buena medida al estado del bienestar, con la educación y la sanidad de inicio, sin que podamos descuidar un ápice el empleo, la derogación de la Reforma Laboral, la presión fiscal, la financiación autonómica, la inmigración, todo lo que pasa en Cataluña, y los frentes soberanistas que se abren en el País Vasco y Navarra

Con decir que la política debe dar un giro radical hacia el entendimiento ya no es suficiente porque, como la economía, se ha vuelto global y un tanto anárquica. Estados Unidos, la primera potencia mundial, está abducida por un Donald Trump que diariamente se mete en el jardín de la polémica. En Inglaterra ha surgido de repente un clónico como Boris Jhonson, coincidente en este nuevo virus anti unidad europea que se propaga, más dentro que fuera. El poder siempre ha contado con sus comodidades, pero a lo mejor hay que encargarle a Ikea una nueva línea de sillones de pensar, hablar, y ponerse de acuerdo, al menos en lo esencial.

Es cierto que todo está cambiando de prisa y profundamente. Hoy hay muchas diferentes formas de pensar y actuar, representadas en el poder. No es malo, es sencillamente la expresión más amplia de la democracia. Pero si algo requiere específicamente la democracia es el entendimiento, sobre todo cuando hay millones de parados, y nuestros jóvenes en España trabajan en unas condiciones laborales indefendibles. Precisamente hay que ponerse en la piel de todos aquellos que lo pasan mal o esperan su oportunidad, para buscar salidas a sus situaciones en los sillones de pensar (me gusta más que rincón de pensar). Que no haya aún Gobierno en España es malo para todo. Desde unas autonomías que no cuentan con recursos suficientes porque no hay presupuesto nacional, a todas y cada una de las políticas de mayor emergencia social como planes de empleo, dependencia, y la seguridad empresarial necesaria para ofrecer nuevos empleos, en especial a los jóvenes. Si todo esto no es merecedor de llegar a acuerdos, no sé lo que las fuerzas políticas, sociales y económicas entienden por lo prioritario para un país.

“A lo mejor hay que encargarle a Ikea una nueva línea de sillones de pensar, hablar,  y ponerse de acuerdo en lo esencial”

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¿Responde la sanidad a los enfermos más urgentes?

Hospitales saturados, urgencias colapsadas, listas de espera excesivamente abultadas para operarse… Esta es la realidad del sistema sanitario español, recordado estos días como uno de los mejores del mundo. Y no es verdad, al menos del todo. Porque se incide poco en que su gran potencial son los profesionales que lo integran, precisamente a quienes más se descuida y desoye.

Tenemos un sistema sanitario tan excepcional, para lo que hay por el mundo, que cada vez nos volvemos más exigentes, aunque nuestra urgencia médica sea un simple rasponazo que nos hemos hecho montando en bici. En España, los pacientes no tenemos sentido de lo que es prioritario atender en un hospital, pongamos por caso Valdecilla, y a las autoridades sanitarias nunca les ha interesado meter mano en tan peliagudo asunto, por la creencia de que las medidas van a ser impopulares para la ciudadanía y, de ahí, pudiera trasladarse ese malestar a los votos. Los que entonces pagan el pato son los trabajadores sanitarios, y lo expreso así para no solo contemplar a médicos y enfermeras, sino a la totalidad de las plantillas que se ocupan a diario de velar por la salud de los demás dentro de hospitales y ambulatorios.

A nuestros sanitarios se les exige la satisfacción total del paciente en un tiempo tan minutado, que cualquier mínima conversación con el enfermo rompe con todas las previsiones ideadas por los ejecutivos de la salud, muy alejados de las salas de espera, los box de atención médica y las consultas ambulatorias. Todos sabemos lo que son las enfermedades que dan auténtico canguis, de las que nadie somos inmunes, ante los muchos casos de los que nos hacemos eco por padecerlas familiares, amigos o conocidos. Cabria pensar que son estos los enfermos que tienen prioridad a la hora de recibir asistencia y someterse a pruebas que requieren máxima urgencia, pero cuando un sistema sanitario, como es nuestro caso, está desbordado, llegar a esta  conclusión no es creíble.  

“Valdecilla, con decir que tenemos un gran hospital, parece que ya basta, y sus trabajadores es lo que vale la pena cuidar y preservar”

Como en el caso de Valdecilla, con decir que tenemos un gran hospital, parece que ya basta y todo lo demás sobra. Aunque el hospital es el continente y sus trabajadores, que es lo que realmente deberíamos resaltar, es el auténtico contenido que vale la pena cuidar y preservar. Exagerar en demasía lo bueno que tenemos, muchas veces, como Valdecilla, esconde una realidad muy diferente, que sus trabajadores han reiterado hasta la saciedad,  pero aquí lo que interesa es que la maquinaria del gran nombre de prestigio siga adelante, pero sin dar solución a los muchos problemas que se acumulan hasta que un día sea ya demasiado tarde para ponerles remedio. ¿Quién tiene la culpa de que un enfermo de diagnóstico grave tenga al tiempo que someterse a una espera larga de atención, con lo que supone de añadir más angustia a la angustia? Los profesionales del sistema sanitario están al límite de sus posibilidades, y por lo tanto no cabe mirar hacia ellos cuando hay quejas por dichas esperas.

Cabría esperar (por soñar que no quede) que los pacientes adquiramos de verdad un sentido de lo que es y lo que no es urgente, porque cuando echamos mano de las asistencias sanitarias para cuestiones insignificantes que abochorna enumerar, lo que hacemos es perjudicar otros casos que realmente requieren de una rapidísima intervención. Parecía que hubiéramos hecho un buen trabajo en este sentido con las nuevas generaciones, pero no es así.

Respecto a las noticias sanitarias, sobre todo si son malas, nos limitamos a contarlas pero no a seguirlas como es debido hasta comprobar que se han solucionado. Por ejemplo, las agresiones a médicos y enfermeras, ¿aumentan, disminuyen, se han erradicado? Lo mejor de nuestro sistema sanitario son los encargados de prestar sus servicios dentro del mismo. Y dan la sensación de estar bastante cansados, porque nadie les escucha sobre medidas que se podrían adoptar, de cara a evitar las saturaciones y las largas esperas de atención, ante todo cuando se trata de enfermos de diagnóstico grave. Son precisamente estos casos los que mejor pueden contestar a la pregunta de si se sienten bien atendidos en sus complicadas dolencias. Según se trate de una enfermedad u otra, me temo que habría respuestas para todo; aunque lo que debe tener muy presente un paciente es que cuando le dan cita para operarse dentro de un año, los profesionales de la sanidad no tienen la culpa de que este sistema sanitario universal, tan exageradamente ponderado, esté hace ya tiempo sobrepasado del todo.

“Los profesionales dan la sensación de estar cansados porque nadie les escucha  de cara a evitar saturaciones y largas esperas de atención”

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Trump está ya con lo de mi origen étnico

En democracia, decirle a unas congresistas que vuelvan a sus  países de origen, es un acto racista además de totalitario. La afrenta, por supuesto,  es de  Donald Trump. Y la respuesta debe venir de no permitirlo, ni tampoco acostumbrarse a estos ataques racistas, que en Estados Unidos se están convirtiendo ya en habituales a políticos y periodistas.  

Muchos norteamericanos estarán contentos con Trump y su política de atropello a todo y a todos, pero Estados Unidos lleva camino de perder esa aura de libertad y convivencia de razas que siempre mantuvo como bandera, además de la oficial de barras y estrellas. Esa bandera que tan magistralmente  reflejó  en sus cuadros Jasper Jhons, queriendo expresar lo que digo, al igual que Andy Warhol, mostrando a través de sus escenas pop las costuras de un país que se ha sumergido, por obra y gracia de su presidente tuitero, en el revanchismo más absoluto, de consecuencias impredecibles.

En su escalada de despropósitos, ahora echa en cara su origen a las propias congresistas, y les pide abiertamente que regresen a sus países. Como se lo cuento. Y lo mismo sucede ya entre los periodistas. Uno, al hacer una pregunta a una portavoz de Donald Trump, es a su vez repreguntado sobre su origen étnico. El peligro racista y xenófobo ya no asoma: es que está instalado en la mismísima Casa Blanca, y parece dar igual lo que otros congresistas o representantes políticos critiquen o rechacen al respecto. De no movilizarse la propia sociedad norteamericana, esto va a ir a más con los peligros que acarrea en la calle, en las escuelas o en los trabajos un mensaje oficial tan claro y contundente en contra de quienes tienen diferente color de piel.   

“De no movilizarse la propia sociedad norteamericana, esto va a ir a más, en contra de quienes tienen diferente color de piel”  

La América para los americanos de Trump era una trampa para dividir y, sobre todo, excluir. Se empieza por la construcción de muros, y lo que viene a continuación es que arremetes contra la labor de oposición política de mujeres congresistas, invitándolas a que abandonen los Estados Unidos y regresen a sus países de origen. El mundo está cambiando tanto, que jamás pensé escuchar algo así, y tener que rechazarlo mediante un artículo. ¿Qué por qué me extraño? Porque recuerda a episodios de otras épocas, cuando se perseguía a negros, judíos o gitanos, y todos sabemos cómo se desarrollaron dentro de nuestra triste historia aquellos acontecimientos. Me imagino que muchos norteamericanos se muestren igual de sorprendidos al ver surgir de repente problemas con su himno y determinados deportistas, o al escuchar a la capitana de su equipo femenino de fútbol y campeón del mundo, Megan Rapione, decir algo tan fuerte como “no voy a ir a la puta Casa Blanca”.

En el país donde se imprimen algunos de los periódicos más poderosos e influyentes del planeta, como el Wall Street Journal o The New York Times, seguro que nunca contaron con que una tal Kellyanne Conway, asesora de Trump, y dando una rueda de prensa, iba a contestar a la pregunta de un periodista así: “¿Cuál es su origen étnico?”. Las congresistas son las malas; los periodistas son los malos; los tuiteros que responden a las constantes sandeces de un Donald Trumpo desatado también son los malos. Pero lo cierto es que son los gobernantes como él quienes peor ejemplo pueden dar, anteponiendo la xenofobia al respeto y la tolerancia hacia razas, ideologías y creencias, que se han propuesto dinamitar desde la provocación rupturista.
Algunos líderes mundiales, pocos por desgracia, han contestado a estos gestos racistas que provienen de la Administración Trump. Aunque la auténtica movilización debe estar en el rechazo ciudadano hacia estas formas, que tratan de imponer un discurso único, sin críticas ni control, venga de donde venga, como es el caso del mismísimo Congreso estadounidense.  Allí, a las legisladoras como Alexandria Ocasio-Cortez, de origen puertorriqueño; la afroamericana Ayanna Pressley; Rashida Tlaib, hija de palestinos; e Ilhan Omar, originaria de Somalia, Trump les ha mostrado la puerta de salida al invitarlas a que vuelvan a sus países originarios. Asegurar en la actualidad que Estados Unidos es la mayor democracia del mundo resulta del todo un espejismo.
“Las congresistas son las malas; los periodistas son los malos; los tuiteros que responden a un Trump desatado también son los malos”

 

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