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La mejor herencia, los estudios (sin máster)

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No cesan las movidas con másters y tesis, a lo que se une algo que me repugna más si cabe como son los plagios. Pronto se olvida el nombre de un cargo público dimitido al verse envuelto en alguna de estas circunstancias. Cosa bien distinta es el daño moral infringido a los esforzados estudiantes, y a la necesidad imperiosa que tienen de creer en lo que hacen y en su legalidad. Todo ello me hace pensar que nuestros universitarios están ahora bastante tocados.

La crisis dejó tiesa la hucha de muchas familias, y empezó a circular la resignada idea de que la mejor herencia que pueden recibir los hijos de sus padres son unos buenos estudios. Que la ilusión mueve montañas es una frase ya del pasado, porque son las formas que emanan de unas buenas prácticas personales y profesionales las que generan confianza en todos los ámbitos de la vida. Me viene a la menta la banca. Sepostula actualmente como muy seria y responsable, pero antes se las hizo pasar canutas a muchos de sus impositores por las trampas de las Preferentes. Sí, la confianza se gana día a día, momento a momento, y no vale con darse autobombo, lo mismo una entidad, una institución pública, una universidad o una personalidad, sino va acompañado de algo tan elemental, como escaso hoy, conocido como ética.

A medida que voy haciendo años me doy más cuenta de que es cierto que, al final, somos nuestras elecciones. Se constata en tanto curriculum falso que termina por hacerse público-polémico, y lo mismo sucede con los másters y tesis doctorales a la carta que forman ya parte de las noticias cotidianas, como si los españoles no tuviéramos otros problemas mas relevantes por resolver, y siempre pongo en cabeza el paro. Ser y actuar bien, sin trampas,mentiras e hipocresías, es todo un reto porque recibimos una educación basada mayormente en anhelar el éxito rápido, y en despejar en un momento dado los inconvenientes echando mano de atajos que al final terminan con muchas carreras políticas y profesionales. Lo he visto muchas veces, y es una de las cuestiones que menos me gustan de mi país, ante la facilidad existente de que el mal ejemplo cunda entre los más jóvenes, con eso tan español del embudo ancho para unos y estrecho para los demás. Las universidades han de ser santuarios de lo ético, porque cuesta mucho llegar a estudiar en ellas, y lo digo tanto en el plano del esfuerzo y superación personal, como a la hora de que las familias abonen las caras matrículas de cada curso.

 “Las universidades han de ser santuarios de lo ético, porque cuesta mucho estudiar, tanto por el esfuerzo como por las caras matrículas”

Los alumnos necesitan creer, ver todo un ejemplo en sus profesores, y comprobar que las calificaciones se ajustan a la valía de lo que hace cada estudiante. Por eso la crisis de los másters en España, que incluso se lleva por delante a toda una ministra, les tiene cabizbajos y frustrados, dando la sensación de que ya no saben qué pensar. No me preocupa tanto el nombre y el cargo de quien se ve afectado por uno de estos casos, como la reiteración de másters y tesis sospechosas, junto a la mayor acusación si cabe de plagios, que tan abundantementeo se han perdonado hasta el basta ya actual. A las incertidumbres sobre su futuro, los estudiantes se preguntan con toda la lógica del mundo sobre la valía de lo que han estudiado, la titulación correspondiente, porque la seriedad resulta primordial en la consecución de un curriculum preparatorio para conseguir luego ese puesto de trabajo directamente relacionado con los estudios cursados. Máster es excelencia, pero semejante término se ha visto comprometido por la reiteración de casos que saltan a los medios de comunicación, a la investigación interna universitaria y, finalmente, a los tribunales. Así es imposible afianzar o reforzar algo tan imprescindible como la preparación mediante unos seguros y adecuados estudios, que sean iguales para todos, sin distinción de ningún tipo.

Para regresar a una senda de confianza, se hace necesario revisar de manera urgente la independencia de nuestras universidades, que en muchos casos dependen de presupuestos públicos y, por lo tanto, de la política. En los últimos años, las dos noticias preferentes en España, si exceptuamos los casos de corrupción y el cambio de Gobierno, han sido la situación de Cataluña y las dimisiones por fraudes cometidos en el desarrollo de másters universitarios. La duración del tiempo a la hora de acabar con un problema no es cuestión baladí, porque puede sumir a muchas personas en la desconfianza más absoluta. Ni más ni menos, es lo que está ocurriendo. Por lo pronto, y de manera urgente, hay que devolver a nuestros estudiantes la firme creencia de que sin dedicación y esfuerzo no es posible la consecución de ninguna titulación. Produce sonrojo leer el título genérico de algunos másters, siendo del todo imposible predecir la utilidad futura que van a tener determinados estudios, como no sea para colgar de la pared un título encabezado por el manoseado y desprestigiado término de máster.

 “En los últimos años, las dos noticias preferentes, han sido Cataluña y las dimisiones por fraudes cometidos en másters universitarios”

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Lo mejor de España, el deporte femenino

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Pasó primero en la larga crisis y ha vuelto a ocurrir en los últimos años. Me refiero al hecho de que las mejores noticias que ha tenido España, a falta de concordia política, trabajo, dinero y perspectivas, ha venido de la mano del éxito del deporte denominado como femenino. ¿Se reconoce el hecho? No, y en este artículo voy a contarles por qué.

Así como el fútbol es el abusón del deporte a la hora de hacer de menos a todas las demás especialidades, utilizar el masculino y el femenino para diferenciar lo que practican hombres y mujeres crea unas diferencias que, como ocurre con los sueldos, beneficia más a los primeros que a las segundas. España vive una época gloriosa con respecto a los éxitos internacionales de la mujer en el deporte, y albergo todas las dudas respecto a que seamos conscientes de ello y estemos dispuestos a reconocerlo y,sobre todo, ponderarlo como el hecho merece. La Transición de la dictadura a la democracia cambió muchos de nuestros tradicionales defectos en casposidades varias, siendo el principal inocular socialmente la práctica deportiva para pasar del fracaso a subir al podium de los ganadores.

Dicho y hecho: la reiterada recogida de trofeos, medallas y diplomas por parte de nuestras deportistas supone a mi juicio la mayor contribución para el afianzamiento de una igualdad que ha de ser visible en todos los aspectos de la vida. Es cierto que los medios de comunicación, en especial los deportivos, son cada vez más afines al seguimiento que hay que hacer al deporte femenino. Cabría esperar en este sentido que tanto cambio de cargos en la radiotelevisión pública española sirva para impulsar la emisión de torneos en los que participan las mujeres. Kierkegaard, considerado el padre del existencialismo, dijo que tenemos que encarar lo que somos, ya que eso es lo que cambia lo que somos. Y aquí entra la mentalidad con la que afrontamos todo aquello que nos pasa a lo largo de nuestra existencia.

 “Tanto cambio de cargos en la radiotelevisión pública debe impulsar la emisión de torneos en los que participan las mujeres”

Las deportistas en general no se cansan de demandar visibilidad hacia todo lo que hacen. La imagen, la foto y la información siempre son necesarias. Pero su mayor anhelo es que la normalidad impere en lo que hacen y de esa naturalidad surja una igualdad que haga desaparecer diferencias, discriminaciones, omisiones y olvidos. Aquí los gestos son esenciales. Este mismo verano saltaba la noticia de que en un viaje en avión de los equipos masculino y femenino de fútbol del Barça, los hombres viajaban delante, en clase business, y las mujeres detrás, en clase turista. El caso tuvo, como debe ser, gran trascendencia, y muchos fueron, yo el primero, los que buscaron un equilibrio entre lo ocurrido y las muchas ocasiones en las que un club como el Barcelona ha sido total ejemplo en el cumplimiento de los valores esenciales, y la igualdad es uno de ellos. Pero estas son las cosas que ocurren aún en España, y que ponen de manifiesto que a las mujeres les cuesta ser reconocidas con respecto a lo mismo que pueda hacer un hombre, como por ejemplo jugar al fútbol.

Aún se recuerda la gran pifiada de la Selección de fútbol de España en el último Mundial de Rusia, pero muy poco o nada se hace hincapié, hasta la saturación si fuera necesario, en que la selección femenina de fútbol ha ganado el Europeo Sub 17, también el Sub 19 y perdió la final de Sub 20 ante Japón. En Holanda,Dinamarca, Suecia o Noruega, esto sería de recibimiento con todos los honores, pero aquí semejantes bienvenidas solo se organizan cuando los campeones son hombres. El desconocimiento de lo que hacen y son nuestras campeonas abarca muchosdeportesdonde lo ganan todo: fútbol, baloncesto, balonmano, rugby, hockey patines, hockey sobre hielo, golf, windsurf, waterpolo, vela, halterofilia o pelotaris. Las ayudas, preferentemente las económicas, tampoco son iguales. Los sponsors crecen, pero la soledad vivida durante mucho tiempo en este terreno deja mella. Con inconvenientes o no, ellas no dejaban de ganarlo todo y, como suele ocurrir también en este país, gozar de un mayor reconocimiento fuera que dentro. Queda mucho trabajo aún por hacer, y para que sea eficaz de verdad hay que iniciarlo desde la base. Los primeros que han de acostumbrarse a tuitear la pasada que son nuestras deportistas en todos los terrenos son los jóvenes de ambos sexos. Y los medios de comunicación hacerlo también mejor y a diario, con total naturalidad, para no dejar una sensación (al menos yo la percibo) de que lo dan porque es políticamente correcto, aunque el convencimiento del logro y la trascendencia de la noticia no llega todo lo que debiera, quizás por mostrar escasa pasión ante una nueva gesta de nuestras deportistas.

 “Los primeros que han de acostumbrarse a tuitear la pasada que son nuestras deportistas son los jóvenes de ambos sexos”

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La sangría económica y emocional de las prejubilaciones

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Concluir la vida laboral cuando alguien está en la mejor edad es una total incongruencia, además de una sangría económica para cualquier país. Con las prejubilaciones, perdemos a diario trabajadores muy cualificados, caso de la banca, sin que el hecho cause alarma alguna. Importar es valorar, reconocer, agradecer, y tratar siempre de motivar al profesional. Me temo que no es actualmente el caso español.

Cuando el griego Hipócrates escribió que “los hombres deberían saber que del cerebro vienen las alegrías, el ocio, las penas y el abatimiento”, aún no existían las prejubilaciones. De hecho, queda mucho aún por avanzar en el laberinto cerebral, y aprovecho para dar las gracias al neurólogo inglés John Hughiling Jackon, quien en 1878 describió el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro como el centro de la facultad de expresión. Con este lado de la cabeza mayormente nos defendemos. En cambio, el hemisferio derecho es más peliagudo, dado que concibe todo o nada, situaciones y pensamientos, dejando muy claro que no estamos hechos para la crisis, el paro, la política actual, la corrupción o ver cómo se le va la mirada a nuestros hijos, interpretando como padres que antes pasaron por lo mismo que su pensamiento busca respuesta a un viejo interrogante: ¿alcanzaré mis metas?

España como país cuenta con dos vicisitudes que tampoco ayudan mucho a esto de mantener una mente sana. Somos en primer lugar muy desagradecidos.Sigue lo olvidadizos que somos de hechos y personas, si exceptuamos la Guerra Civil y Franco. No llegué a escribir un artículo con la marcha de Cristiano Ronaldo del Real Madrid, pero entiendo perfectísimamente que su entorno justificara el traslado del futbolista a Italia, a pesar de ganarlo y tenerlo todo, ante la falta de cariño del club y una parte de la afición. Muchos otros profesionales albergan el mismo sentimiento durante toda su vida laboral, y cuando te enfrentas a una jubilación anticipada, que nunca esperaste, el desconcierto y sufrimiento personal cobran un perturbador protagonismo.

Cuando te enfrentas a una jubilación anticipada, el desconcierto y sufrimiento personal cobran un perturbador protagonismo”

En la asignatura de economía se estudia que la mejor inversión de una empresa se halla en la formación y satisfacción de sus trabajadores, lo que hace que se impliquen totalmente en la productividad y competitividad de la firma o institución en la que desempeñan su labor. Hoy encontramos dentro del sistema productivo español los peores ejemplos en la banca, los medios de comunicación y las Administraciones, donde la edad no significa ya reconocimiento a una buena trayectoria o transmitir a los jóvenes unos valiosos conocimientos al acceder a su primer puesto de trabajo. Mencio, el gran filosofo chino escribió en uno de sus libros algo que viene muy al momento de lo que pasa hoy por la cabeza de muchos trabajadores españoles, sin olvidar las graves consecuencias que ha dejado la última gran crisis económica: “Si lo que haces es en vano, mira siempre en tu interior y hallarás la respuesta”.

Hay que descubrirse ante el coco de Mencio pero no ante el ejemplo que nos pone, algo que se explica claramente con el poco reconocimiento que hay en España hacia los profesionales, su labor y capacidad. Los colegios profesionales lo saben muy bien. La impresentable Reforma Laboral (¡que se mantiene en vigor!) ha puesto el resto: trabajo barato, mal pagado y millones de asalariados que subsisten mensualmente con unos sueldos que nos avergüenzan dentro de la Unión Europea. El otro lado oscuro de esta situación es permitir la drástica reconversión en sectores, como la banca, que deja en casa a miles de personas cuya gran capacidad de gestión se pierde en manos de una sociedad que no lo valora, en absoluto. España como marca busca consolidarse cada vez más en el mundo, aunque la motivación laboral en en propio país sea la que es: nula. Hay que volver a los sueldos dignos, mejorar los que fueron restados en empresas y Administraciones Públicas (en unas más que en otras), y generar en la juventud alicientes y valores profesionales que nos hagan sentir que, verdaderamente, la riqueza se distribuye en base a la igualdad de oportunidades que hay que crear en todos los campos y sectores. Y, ahora, España, no es así.

La impresentable Reforma Laboral que se mantiene en vigor nos avergüenzan dentro de la Unión Europea”

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Gastronomía: reclamo y sensatez

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Turismo y gastronomía van ya de la mano, pero esta unión se resiente cuando la calidad que ofrecen muchos restaurantes nada tiene que ver con los desorbitados precios que llegan a cobrarse con ocasión de las vacaciones. No gusta decirlo y de ahí reconocerlo, pero España empieza a ser un país muy caro, tanto para el turismo interior, el que más se queja, como para el exterior.

Muchas cosas buenas y malas han pasado en el mundo, desde que un tal André Michelin creara en el año 1900 la conocida Guía Michelin. Pese a ello, muy pocos saben que al principio era una guía publicitaria que se regalaba en Francia con la compra de neumáticos, precisamente de la marca Michelin. El país vecino tenia por aquel entonces 2400 conductores registrados, y es a partir de 1920 cuando se pone a la venta y aparecen ya reseñas de restaurantes que hablan de la calidad de su comida. En 1926 se comienza a utilizar la famosa estrella para designar los mejores restaurantes, y en 1931 aparece la clasificación de 1, 2 y 3 estrellas de la buena mesa, que tienen que ver con la calidad de sus platos, la creatividad y el esmero en cocinarlos. Solo hay que verme para detectar mi pasión por la gastronomía, aunque he de confesar que siempre me ha picado el gusanillo de escribir críticas culinarias positivas, tras levantarme de la mesa de un buen restaurante, y negativas sobre aquellos locales que no he vuelto a pisar por su mala comida, peor atención y precios de atraco.

Ejercer de periodista sensato cuesta lo suyo en los malos tiempos que corren, debido a determinados hechos y personas, aunque en esta ocasión voy a hacer parada obligada para hablar del precio de la gastronomía en nuestro país. Y es que cada verano me invade la misma sensación de que muchos restaurantes de pueblos y ciudades de España, pese a no tener ninguna Estrella Michelín, se lo creen y será por eso que fijan unas tarifas desorbitadas, que piden a gritos bajar a sus dueños del limbo en que viven. La gastronomía se ha convertido hoy en uno de los mejores reclamos para el turismo de calidad. Hay regiones y capitales consagradas a un estilo de vida que tiene en la buena mesa su mejor referencia para un reconocimiento nacional e internacional. Se ofrece lo que se ofrece, bueno y rico, y se cobra en proporción a lo que es el local y su carta. Dicho lo cual, me gustaría que de vez en cuando los servicios de inspección de precios dentro del sector hostelero pusiera orden a la hora de que cualquier restaurante quiera cobrar lo que le venga en gana, sencillamente porque no ofrecen la calidad necesaria que les hace dignos de una diferenciación concreta.

Los servicios de inspección de precios deben poner orden a la hora de que cualquier restaurante quiera cobrar lo que le venga en gana”

En vivo, todavía dentro del propio local donde se nos mete el palo, aún no somos muy proclives a reaccionar y pedir explicaciones. Internet y las redes sociales se han sumado a la denuncia, que muchas veces lleva razón y otras no, que todo hay que decirlo. Resulta un arma poderosa para utilizarla con cabeza, porque entiendo en ocasiones las quejas de determinados hoteles y restaurantes que se pueden sentir perseguidos por determinados clientes. No es algo nuevo, porque aguantar a los trolls difamadores en Internet, Twitter o Facebook se ha convertido ya en el pan nuestro de cada día, pero también se hace necesario por parte de la hostelería hacer y presentar bien el mencionado pan, por seguir con el símil. Muchos locales se exceden en verano, y de ahí la expresión hacer el agosto, sin importarles el grave daño que causan a la imagen de su comunidad.

Pensemos que nuestra tierra o la ciudad en la que vivimos puede ser muy bonita, pero si los visitantes acaban sus vacaciones llevándose una mala impresión por los altos precios de nuestros restaurantes y lo que han pagado por comidas y cenas, creo sinceramente que nos ponemos la soga al cuello, sin necesidad de que otros nos pongan a caldo dentro de las terminales mediáticas más seguidas por el turismo. Los últimos países en integrarse en la Unión Europea, como Croacia, se tienen muy aprendida la lección, y el norte de África quiere volver a la primera línea del turismo, una vez reforzada la seguridad para sus visitantes. ¡Hasta la Supercopa de fútbol se ha jugado en Tánger! España y sus comunidades, algunas en mayor medida, resultan ya caras, y son todos los negocios dedicados a la restauración los que mejor o peor ejemplo dan al respecto. Una comida familiar, una cerveza, un vino o una copa no debiera de tener debate por el carísimo precio que se cobra en determinados establecimientos que, lejos de las estrellas Michelín, lo que denotan es nula profesionalidad. Consciente de que con escribirlo no vale, al menos una vez, creo que va siendo momento de poner cartas en el asunto sobre lo que puede y debe cobrar un restaurante de un pueblo recondito de 600 habitantes, que se cree con todo el derecho a igualar los precios del mejor restaurante capitalino que, premiado o no, sigue esas viejas reglas estilo Guía Michelín, sobre calidad, creatividad, sabor y confort, que, por supuesto, deben marcar la suma de la factura final.

 

Una comida o una cerveza no debieran tener debate por el carísimo precio que se cobra en establecimientos de nula profesionalidad”

 

 

 

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Predicciones meteorológicas que machacan a Cantabria

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Los hosteleros cántabros anuncian un verano en visitantes peor que el anterior. Echan mucha culpa a las falsas predicciones meteorológicas que, ciertamente, se ceban con esta región. Parece como si todo lo peor que acontece con el tiempo reinante le ocurriera a Cantabria. Además de actuar de una vez por todas contra esa desinformación (¿interesada?), hay que desmontar con un nuevo relato ese trasnochado cuento que habla de una bella región donde siempre llueve.

Regresaré en septiembre al curro, con un impecable moreno de piel, como consecuencia del veraneo en Cantabria. David Ogilvy, considerado como uno de los padres de la publicidad y del marketing, tal y como se concibe hoy en día, señalizó perfectamente el camino a seguir para venderte: “Si no puedes anunciarte a ti mismo, ¿qué esperanza tienes de anunciar cualquier otra cosa?”. Manejar pues el relato se ha convertido en España en solución (Galicia o País Vasco), martirio (Cataluña) o abandono (Cantabria), dependiendo del lugar en que se genere la reivindicación, y la influencia real que tenga ese territorio en el conjunto del país y el Estado en que se sustenta. Así regresamos al verano en Cantabria, y la trascendencia de que otros informen sobre si su climatología en el actual periodo vacacional que vivimos va a ser buena, mala o muy mala.

Como un partida de poker con las cartas marcadas, mucho antes de que llegue junio se propagan informaciones sobre el tiempo, las voces interesadas y, especialmente, las predicciones meteorológicas, sobre lo mucho que va a llover en Cantabria, para que los turistas y visitantes lo tengan muy en cuenta a la hora de elegir este destino para sus vacaciones. Como prueba de lo que acabo de manifestar, basta presentar este buen mes de agosto climatológico, que nada tiene que ver con lo que pintan espacios televisivos del tiempo o de Internet, que se han convertido ya en los peores y más dañinos para los intereses turísticos de Cantabria. Resulta un problema de gran magnitud y de consecuencias impredecibles para la frágil economía cántabra, que los resultados de este verano vayan a ser peores que el anterior, y que los hosteleros achaquen como causa principal del descenso de visitantes y anulación de reservas a la información meteorológica que se ofrece al resto de españoles sobre la Comunidad Autónoma de Cantabria. Creo que llevan toda la razón.

 “Antes de junio se propaga lo mucho que va a llover en Cantabria, para que los turistas lo tengan muy en cuenta a la hora de elegir este destino”

Nunca me han hecho gracia las frases hechas y, sobre todo, interesadas, a cerca de lo que llueve en Cantabria o lo fresquito que se duerme en las noches veraniegas, tapados con la manta. En el norte, parece que las peores predicciones se ciernen sobre el cielo de Cantabria, mientras en Galicia, Asturias o País Vasco pareciere que no cae gota ni tampoco existe el rocío de la noche. ¿Qué intereses pueden tener las televisiones nacionales en mostrar el sol en A Coruña o San Sebastián, y acordarse de Santander solo con motivo de trombas de agua? No es imagen de una sola vez, ya que se repite en la escaleta de muchos informativos, y no llego a entender bien el por qué, a no ser que me dé por pensar mal.

Lo mismo que no se incide año tras año con la segura llegada de la gota fría veraniega a todo el litoral mediterráneo (Cataluña, Valencia o Murcia), Cantabria tiene el mismo derecho a ser tratada de igual manera con respecto a su climatología. Incluso cuando actualmente se impone un turismo que se aleja cada vez más del sol, para elegir paisaje, calidad de vida y gastronomía, resulta que Cantabria va a cerrar en negativo este verano de 2018, porque la influyente información meteorológica la ha machacado duramente con predicciones negativas, que luego han resultado de buen tiempo como sucede con este mes de agosto central del verano. De una vez por todas, hay que tomar cartas en el asunto, por lo mucho que se perjudica a la economía cántabra, y la importancia por tanto de los ingresos que pueda tener en turismo la región, como sucede en el resto de España. Echando mano del marketing de Ogilvy, lo primero que hay que hacer es desmontar el sanbenito de que en Cantabria hace siempre malo. Si para ello hay que montar un congreso mundial del clima en Santander o Torrelavega, estamos ya perdiendo tiempo para organizarlo. Lo que hasta ahora ha sido un cuento mal relatado a determinadas generaciones de españoles, no puede tener el mismo contenido para con las nuevas, que han de saber que el clima de Cantabria es el habitual del norte de España, con la salvedad de que resulta un territorio de una belleza inigualable, que auna mar y montaña, lo que posibilita playa en verano, esquí en invierno, surf todo el año, y unos enclaves culturales y naturales únicos que hay que visitar, al menos, una vez en la vida. Pero también se entiende que quien llega por primera vez a Cantabria decida quedarse ya para siempre, sin que le influya una meteorología que, a veces, da una y, muchas, ninguna.

  “Igual que no se incide en la gota fría del litoral mediterráneo, Cantabria tiene el mismo derecho a ser tratada con su climatología”

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