Nuestros operadores están todos ocupados

Actualmente, necesitas de una buena seguridad mental, antes de llamar por teléfono a una compañía que te presta servicios básicos, como pueden ser los energéticos o de telecomunicaciones. También están las aseguradoras, que como las anteriores comparten esa extraña forma de comunicarse con los clientes, mediante una voz grabada que te pregunta de todo, y te hace perder el tiempo, sin necesidad.

Al otro lado del teléfono no hay nadie de carne y hueso, tan solo una voz grabada que repite de manera automatizada la misma cantinela: si se trata de informarse, pulse 1; si es para reclamar, pulse 2; y si requiere algún tipo de servicio o asistencia, pulse 3. Como nos tratan ahora las multinacionales es la confirmación más evidente de que nos toman por borregos, y que solo estamos para pagar, pero no para recibir la atención y trato directo que merecemos.

Las tecnologías no siempre suponen un avance y como prueba está que solucionar hoy una cuestión relativa a la luz, el agua, los seguros, la televisión por cable, la administración o la banca, como tengas que hacerlo telefónicamente, se te va una mañana entera. Te trae más cuenta pedirles por su web que sean ellos los que se pongan en contacto contigo, pero hay que dar por sentado que llamarán a la hora de comer, en el mismo instante en quetienes la cuchara de la sopa a punto de entrar en la boca.

Seamos claros y concisos: esto no es recibir un buen servicio por lo mucho que pagamos en tantas y tantas cuestiones, algunas ya enumeradas atrás, aunque la lista es mucho más larga. Una cosa son las moderneces y otra bien distinta atender mal, porque te responde una máquina fiel a su configuración y no a las auténticas necesidades del cliente. Lo normal en estas llamadas es que termines por colgar el teléfono, y probar suerte en otro momento, quizás al día siguiente.

 “Al otro lado del teléfono no hay nadie de carne y hueso, tan solo una voz grabada que repite la misma cantinela automatizada, pulse 1, 2 y 3”

Desesperado, cuando has pulsado ya la mitad de los números de tu móvil o fijo, lo peor aún no ha llegado. Por fin, crees que alguien humano te va a hablar, cuando otra voz lo hecha todo a perder al señalarte que “todos nuestros operadores continúan ocupados”. El siguiente paso es meterte una musiquilla, repetirte la frasecita en innumerables ocasiones, y entrar en una fase de desesperación que ya no te va a abandonar en todo el día. Si la suerte te acompaña, y alguien se pone al teléfono, ocurren dos cosas. Una es que empiezan a hacerte preguntas sobre datos personales, que más vale tener apuntados en un papel, para no perder la llamada. Y la segunda es que es tanto lo que quieren saber de ti, que a buen seguro se te va olvidar preguntar alguna de las cuestiones que querías plantear. Te das cuenta al colgar: “carajo, pero si iba a hablar también sobre esto y se me ha ido el santo al cielo”.

La desinformación es negocio para determinadas empresas. Por no llamar, mejor que te pasen el recibo anual de un determinado seguro y santas pascuas. Para entenderte con esta nueva forma de atender a los clientes por teléfono, no te vale siquiera tener un máster en comunicación oral. Oyen lo que dices, pero no te escuchan. Van a piñón fijo de hacerte un montón de preguntas, antes de que puedas decir para lo que realmente llamas. Al final de la gestión inacabada, hecha a medias o que no te has enterado de nada, te piden encima que no cuelgues porque te van a someter a más preguntas sobre tu satisfacción con el servicio prestado. Dices a todo que fantástico, no sea que no te vuelvan a coger ya más el teléfono, y a ver a quién das parte entonces del incidente que has tenido con el coche. Recibir un buen servicio por algo que contratas parece cuestión obvia, pero usted sabe como yo que no es así. O no protestamos lo suficiente o la Administración mira hacia otro lado cuando se trata de inspeccionar una buena atención entre empresas y clientes y, especialmente, entre compañías y usuarios de servicios básicos como pueden ser la electricidad o el teléfono. El “vuelva usted mañana” de Mariano José de Larra, se ha transformado hoy en “todos nuestros operadores están ocupados”.  El marketing malo, es lo que tiene.

“El vuelva usted mañana de Mariano José de Larra, se ha transformado hoy en todos nuestros operadores están ocupados” 

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Póker de ases jugado por niños

El aumento de las apuestas de todo tipo entre menores no ha hecho aún saltar suficientemente las alarmas. Entretanto, las consecuencias de esta desgracia son patentes en muchos jóvenes y sus familias. Y es que éramos pocos y llegó Internet con el juego online. Un mayor control oficial no estaría de más.  

La proliferación del juego entre niños y jóvenes es otro de esos problemas que, por una u otra cuestión, no se reconoce abiertamente en España. Este caso me recuerda a otros, como la prostitución, que se quiere combatir, mientras no deja de publicitarse en las páginas de anuncios de periódicos, por el negocio que supone de jugosos ingresos. Pues lo mismo ocurre con el juego y la televisión, donde los spots que te lo meten por los ojos copan muchos minutos de descanso en la visión de películas, series y realities.

Cuando se habla de parálisis política por falta de un Gobierno constituido, son muchos los daños colaterales, partiendo de que es necesario contar con un presupuesto que sustente las diferentes necesidades económicas y sociales del país. En este supuesto está también la causa de un mayor control de las casas de apuestas, que crecen como las setas, y que en la mayoría de ciudades y grandes municipios españoles sustituyen a los comercios tradicionales de toda la vida. Quién puede entrar y no entrar a estos negocios de juego y apuestas es una de las principales cuestiones. Igual que somos exigentes con los jóvenes y el botellón, con los jóvenes y las drogas, con los jóvenes al volante, con los jóvenes y el acoso escolar, hay que sumar a todo ello algo si cabe similar o más que preocupante como que se conviertan en ludópatas a temprana edad.

“Con el juego y la televisión,  los spots copan muchos minutos de descanso en la visión de películas, series y realities” 

Los padres, en la mayoría de los casos, ni se enteran. Y no se enteran porque los jóvenes prefieren acudir al juego a través de Internet, y su ordenador y móvil. ¿Cómo se controla esto en un ambiente familiar aparentemente tranquilo? Desgraciadamente, cuando se detecta el problema suele ser demasiado tarde: deudas, microcréditos concedidos, denuncias, impagos, juicios, etcétera.

Los que más saben del tema hablan y piden prevención, información, vigilancia y supervisión de los locales de juego, pero aquí sí que nos hemos puesto la venda después de la gravísima herida. El juego mueve a empresas poderosas, que además plantean un marketing altamente contagioso, que incluso se refleja en las camisetas de los grandes equipos de primera división. Pero sobre todo ello debe primar el interés del menor, su educación y capacidad de tomar decisiones según la edad, sin tentaciones innecesarias que parecen toleradas socialmente, porque nadie da pasos.

El sector del juego mueve anualmente en España 43.000 millones de euros, una cifra mareante. Además de una regulación realista, exigente y controlada, personajes públicos como los futbolistas deberían apartarse de recomendar en alto lo mucho y rápido que se gana con el juego, me da igual la modalidad que elijan. Con decir que hay que “jugar con responsabilidad y solo si eres mayor de edad” o “la práctica del juego puede crear adicción”, no es suficiente. Con el juego, hay más problema en la calle y, sobre todo, en los hogares, de lo que se debate al respecto en los foros políticos o periodísticos. Puedo equivocarme, pero da la sensación de que se pasa por alto el problema y, en todo caso, con los cientos de casas de apuestas que han abierto en los últimos años, jóvenes y mayores se ven invadidos por el cuento de hacerte millonario al instante. La vida en plan casino, con el Póker, Ruleta, BlancJack, Tragaperras… Los valores del trabajo, el esfuerzo y la felicidad pueden esperar.  Y es que cuando lo has perdido todo, ya solo te queda la familia, porque los poderes públicos que antes han mirado hacia otro lado con el póker de ases jugado por niños, también lo vuelven a hacer cuando la adicción al juego ya no tiene solución.

“Además de una regulación controlada, personajes como los futbolistas deberían apartarse de recomendar lo mucho que se gana con el juego”

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¿Entre Greta y Trump?, Greta

A un lado, Donald Trump, en nombre de los poderosos y magnates, defendiendo la tesis de que a la Tierra no le ocurre nada, que está como siempre. Al otro, Greta Thunberg, una joven de 16 años, que representa el cabreo de los jóvenes con la destrucción masiva del planeta. Entre uno y otra, estoy con Greta y su reproche a la cara: “¿Cómo os atrevéis?”.

La ONU se ha quedado obsoleta, aunque periódicamente reúne en su sede neoyorquina a los mandatarios de todo el mundo, que toman la palabra para hablar de lo que más les conviene, menos centrarse en el tema que les convoca, como ha sido esta última gran cita sobre el Cambio Climático. Como suele ocurrir con las asambleas de Naciones Unidas, el resultado final es cero.

Para este encuentro de “inacción climática”, del 23 de septiembre de 2019, había dos protagonistas de excepción, con una diferencia de edad de 57 años:  Donald Trump (73) y Greta Thunberg (16). El primero es el todopoderoso presidente de los Estados Unidos. La segunda es una colegiala sueca, activista la definen, que moviliza a millones de jóvenes en el mundo, en pro de una causa fácilmente asumible, como es que dejemos de aniquilar el Planeta Tierra. Porque es un soberbio y le va la provocación, el norteamericano podría haber prohibido a la europea pisar suelo estadounidense. Pero Trump vive del marketing directo, al instante, a la carta, mediante su arma preferida (además de las pistolas y los rifles), como es Twitter. Ahora que le han presentado el Impeachment o proceso de revocación de su cargo, necesita más fotos y publicidad que nunca.   

“Greta Thunberg es una colegiala sueca, activista la definen, en pro de una causa asumible como es que dejemos de aniquilar el Planeta Tierra”

Por eso de que los niños siempre dicen la verdad, habrá quien encuentre rechazos, pero con su voz quebrada por el enfado y los nervios del momento, Greta dijo en la sede de la ONU verdades como puños, acerca de la destrucción masiva de los ecosistemas que la raza humana está llevando a efecto con el clima, la vegetación, los polos y las especies de esta maravilla llamada tierra. No hay peor ciego que el que el que no quiere ver, porque mientras Greta decía en voz alta que “estamos en el comienzo de una extinción masiva, y todo de lo que podéis hablar es de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico”, Bolsonaro, otro populista además de presidente brasileño, aseguraba que el Amazonas no es el pulmón del mundo y su país es uno de los que más protege el medio ambiente.

Ya se lo había dicho con anterioridad Greta a los Bolsonaros que proliferan: “Habéis robado mis sueños y mi infancia con vuestras palabras vacías”. Otra: “Nos estáis fallando pero los jóvenes están empezando a entender vuestra traición”. Una más: “Venís todos a los jóvenes en busca de esperanza. ¿Cómo os atrevéis?” La joven sueca ya se ha doctorado en comprender la política internacional: intereses, interesas y más intereses. A la sombra de ellos, los poderes económicos y los lobbies que financian para defender sus privilegios en todos los foros políticos, económicos y sociales.

En las últimas cumbres del clima hubo ruido antes de celebrarse, bostezos durante su desarrollo, y olvido al clausurar el evento y apagarse las luces. Pero ahora está Greta, mejor dicho, jóvenes de todo el mundo se han alzado pacíficamente para defender lo mejor que tenemos y, en cambio, es lo que maltratamos más: el suelo que pisamos y nos cobija, los mares, las montañas, los icebergs, los animales, muchos de ellos en extinción como ballenas, tigres, rinocerontes y los mismísimos pájaros (“Hacia un mundo sin pájaros”). En realidad, nada se salva, ni bosques, ni playas, ni ríos ni montes, nada de nada.

Por la metamorfosis del clima señalamos casi siempre a la industria y la contaminación en general. Se olvida en cambio, y la propiedad de los medios se nota en este aspecto, que la voracidad urbanística se lleva todo por delante. Ahora ha fijado sus garras en el Amazonas que comparte Brasil y Bolivia, pero antes han sido muchos otros territorios que debieran de tener la categoría de reservas y no lo son. Hablando de reservas naturales. Los países y sus Gobiernos se conforman con defender ciertas zonas de los pisotones humanos, pero esto solo es un pequeño gesto conservacionista ante todo lo que arrasamos. Se podría decir que por un suelo que preservamos, destruimos miles. Nos lo vendan como nos lo vendan, hemos bajado mucho la guardia en materia de medio ambiente, y los poderes nos enseñan muy bien en qué color de contenedor debemos depositar nuestros residuos. ¿Y ya ésta? No, basta de camelos. “Los ojos de todas las generaciones futuras están sobre vosotros. Y si elegís fallarnos os digo que nunca os perdonaremos”. Firmado: Greta Thunberg, ONU, en nombre de muchos más y en el mío propio.

“Jóvenes de todo el mundo se han alzado para defender lo mejor que tenemos: el suelo que nos cobija, los mares, montañas, los animales…”

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Tanta prejubilación que desmoraliza a los trabajadores

Las prejubilaciones van a más en casi todos los sectores productivos. Enviar a casa a expertos trabajadores de más de cincuenta años es un paso desastroso para la economía. Porque estás en lo mejor de la vida. Porque máquinas sustituyen a personas. Y porque desmoralizas a los trabajadores en su conjunto, que ya no saben lo que pensar de su futuro.

Un nuevo anuncio de Telefónica que afectará a 5.000 de sus empleados sigue haciendo girar la ruleta de las incongruentes prejubilaciones en España. A la cuestión profesional y, por lo tanto, personal, hay que sumar el perjuicio económico y social, aunque no menos importante y trascendente es el agravio comparativo que se genera hacia el conjunto de  trabajadores, que ya no saben qué pensar sobre el presente ni mucho menos sobre su futuro.

Con medio siglo de vida, mucho del cual lo has pasado educándote hasta encontrar una colocación, mandar a un trabajador a casa es la prueba más contundente del fracaso de un capitalismo abducido solo por balances y resultados, que pese a ser beneficiosos no apuestan por el otro capital, el  humano, cada vez más mermado dentro de las robotizadas multinacionales.

“Con medio siglo de vida, mandar a un trabajador a casa es la prueba más contundente del fracaso de un capitalismo abducido solo por balances”

El empleo que se crea hoy es penoso y el de larga duración, al que nos habíamos habituado en el siglo pasado, está sufriendo una mutación a pasos agigantados, siendo la prejubilación su exponente más perverso, aunque el daño total venga de la mano del despido directo. La banca en general, las grandes compañías de telecomunicaciones, como Telefónica, aseguradoras, automovilísticas, químicas o farmacéuticas, entre otras, están plenamente subidas a este carro de adelantar las jubilaciones, pese a las dudas actuales de casi todos los Gobiernos del mundo sobre cómo se van a afrontar y pagar a medio plazo el conjunto de las pensiones  comprometidas.

La incongruencia no es solo española. Cabría poner a pensar a los sabios económicos, cada vez más escasos, sobre horizontes y salidas a los mismos, pero la política está enzarzada en otros asuntos, y los populismos son la prueba más palpable de que se retrocede más que avanza. Las nuevas guerras comerciales, los costes de la transición ecológica, afrontados individualmente, como Alemania, en vez de globalmente, nos sitúan en escenarios económicos impredecibles, en los que el que más pierde es el trabajador. Sería fácil, aunque cierto, señalar con el dedo a la nueva robotización industrial de los desastres que está padeciendo el empleo al uso en fábricas o empresas de diversa índole. No hay debate alguno sobre que las máquinas sustituyan paulatinamente a las personas, como si el problema no tuviera la suficiente envergadura como para tratarlo mensualmente en el Congreso de los Diputados. 

Una prejubilación crea en sí misma la incógnita de si quedará algún tipo de  empleo seguro que proporcione estabilidad duradera. Contestar con un sí o no es materia aún no escrita sobre lo que pueden y deben decir al respecto los ministerios de economía y trabajo, sindicatos y patronales que aglutinan a los empresarios.  Hoy solo hay silencios, acompañados de estos detestables anuncios de miles de prejubilaciones, como ha ocurrido dentro de una banca que ha cerrado sucursales a destajo, sin importar siquiera que pueblos enteros se hayan quedado sin bancos y cajas.

Algo que me molesta mucho de todo este panorama es que se venda como evolución, y que la sociedad en su conjunto trague con semejantes hechos consumados. Sucede lo mismo cuando se tiene la desfachatez de asegurar sin despeinarse que las personas mayores son las más beneficiadas de estas nuevas exigencias de recuperar tu propio dinero solo a través de cajeros automáticos. Otro ejemplo lo encontramos cuando nos hablan de la compra inteligente, porque en vez de atenderte en el hipermercado una persona en caja, puedes hacer directamente el autopago en máquinas dispuestas al efecto. Ya pasó con el carburante y las gasolineras sin empleados, y el ejemplo cunde en todo lo demás, aunque el resultado de que quien paga se lo tenga que hacer todo, sin trabajadores de por medio,no parece ni medio normal. ¿Cómo va a ser normal que las máquinas sustituyan en todo a las personas? Entonces, ¿cómo y de qué viviremos?

“Una prejubilación crea en sí misma la incógnita de si quedará algún tipo de  empleo seguro que proporcione estabilidad duradera”

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Blanca o pasarse con la información de sucesos

Son innecesarias muchas de las cosas que nos cuenta la información de sucesos. Nos estamos especializando en sumar dolor al dolor. Y no lo digo yo: lo denuncian las familias atropelladas por el sensacionalismo instalado en este tipo de noticias, como acaba de apreciarse  nuevamente en la muerte de Blanca Fernández Ochoa.

Ya que España es un caso en sí misma, no es de extrañar que el morbo y el cotilleo tengan hueco tan importante dentro de la información diaria que consumimos los ciudadanos. Avispado y visionario estuvo el periodista Eugenio Suárez Gómez, cuando el 11 de mayo de 1952 fundó El Caso, un seminario especializado en sucesos, que empezó con una tirada de 10.000 ejemplares. Pronto alcanzaría los 100.000, que es lo que tiran hoy los periódicos españoles más vendidos.

El caso (encontrarán muy repetida esta palabra en el artículo) es que los sucesos venden, la televisión e Internet tiran como una locomotora de ellos, y el resto de medios de comunicación entran a saco en todas las noticias de este tipo, que acontecen en este peculiar país al sur de Europa. Incluso cuando el hecho doloso se considera como muy impactante para la sociedad, hay televisiones que acuden a la vestimenta de luto en sus presentadores, para poner así más énfasis lacrimógeno en todo lo que van a narrar ellos y los reporteros, casi siempre de manera reiterativa, y casi siempre de forma excesivamente sensacionalista. Lo denuncian en primer lugar las familias de las personas protagonistas de los sucesos, a quienes no les falta razón al relatar un acoso periodístico innecesario, en la búsqueda de imágenes o declaraciones que no aportan nada al caso.

Ha vuelto a suceder con la muerte de Blanca Fernández Ochoa. Creo que da igual el medio elegido para seguir el suceso. La coincidencia entre todos ellos, a la hora de tratar estos acontecimientos, se llama información innecesaria. Los periodistas somos muy dados a hablar de los excesos ajenos, pero muy escasamente lo hacemos sobre los que cometemos nosotros. La crisis económica noqueó a los medios de comunicación en general, pero no tiene que ver con ello la forma de contar los sucesos en España, que es una mala tradición que va pasando de una generación a otra, porque el público demanda realmente esta cascada de datos sobre el antes y el ahora de Blanca Fernández Ochoa.

“Da igual el medio elegido para seguir el suceso. La coincidencia entre  ellos, a la hora de tratar estos hechos, se llama información innecesaria”

Como hizo la CNN con el directo permanente de la Guerra del Golfo, en España se activa la maquinaria del espectáculo cuando un suceso es valorado como diamante en bruto para las audiencias. Insisto: las televisiones y demás medios ofrecen lo que lectores, televidentes y radioyentes quieren. En este sentido, nada hay que reprochar a la información que, en gran medida, inicia sus pesquisas sobre lo ocurrido atendiendo a esa regla básica que enseñamos a los estudiantes de periodismo, sobre responder siempre dentro de la noticia a las cinco cuestiones básicas como son el qué, quién, dónde, cuándo y por qué.

Ahora bien, cómo enseñas el tacto, la cortesía, ponerse en la piel de quien sufre la desgracia, y cómo vivirán en adelante su profunda e insuperable pena, entre tanta gente que parece que sabe sobre ellos más que ellos mismos.  Y precisamente es esto lo que está pasando con la información de sucesos, a lo que quiero sumar algo que yo denomino como los listos de la bahía y jetas, que quieren protagonismo y aparecer en el Sálvame, a costa de contar cosas que no deben, atribuirse fuertes amistades que no son tanto, o, lo peor, cobrar por montar espectáculos deleznables sobre el dolor ajeno. Ruego porque no les llegue a pasar a ellos lo que han hecho tan mal con los hijos y demás familiares de Blanca Fernández Ochoa.

La información de sucesos en España es la que es y no va a cambiar. En todo caso, irá a peor, en la medida que el morbo ciudadano la respalda. Al decir esto, imposible no señalar con el dedo a las redes sociales, las tonterías que aportan a los sucesos, las mentiras y mierdas que propagan, y el terrible daño que infringen a familiares de fallecidos o desaparecidos. Cuando los focos dirigidos hacia el suceso tratado se apagan, queda un gran desconsuelo para los implicados directos que han sufrido semejante acoso informativo, que suele ir acompañado de borrarse de las redes tras leer  tantas falsedades e invenciones. Así, el periodismo sigue su caída libre porque se resiente más y más, algo que choca frontalmente con la falsa idea que se transmite dentro de las redacciones de que, una vez más, se ha hecho un gran trabajo con la información de servicio facilitada al público. ¡Ya!

“Listos de la bahía quieren protagonismo a costa de contar cosas que no deben, o cobrar por montar espectáculos deleznables con el dolor ajeno”

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