Europa aprieta y sí ahoga

Lo que toca ahora en Europa, no por el Brexit y sí por el coronavirus,  es su propia reconstrucción. Empezamos mal si determinados países se dedican a ofender al sur con su típica charlatanería engañosa de cómo gastamos el dinero y que hay que investigarlo. El ministro de finanzas de Países Bajos ha sido bien replicado por el primer ministro portugués: “Re-pug-nan-te”.

Hice letras pero siempre he tenido inclinación por saber de la Física Cuántica. Dicho así es una memez, si atiendo como suelo hacer al refrán que dice que “El saber no ocupa lugar”. Por eso releo las esencias y explicaciones básicas de la mecánica cuántica y me topo, tan oportuno ahora, con que trata de explicar el misterioso mundo microscópico, “un universo donde lo pequeño sigue unas leyes y lo grande otras totalmente distintas”. De una u otra forma,  toda catástrofe o calamidad genera los consiguientes daños colaterales. Los del coranivirus se van a contar a millones, lo que sumamos las personas, pero luego están los agujeros negros que diría el siempre citable Stephen Hawking, quien me viene que ni pintado para a utilizar su teoría de los agujeros negros para describir a la actual Europa.

Un tal Jeroen Dijsselbloem, exministro holandés de Finanzas, soltó con motivo de la crisis económica, que hay países como España que “no pueden gastar todo su dinero en licor y mujeres y pedir luego ayuda”. Tan corto pensamiento no ha resultado casual. Wopke Hoekstra, su sucesor en los Países Bajos, remata la sandez y pide “investigar por qué algunos países no disponen de margen presupuestario para afrontar una nueva crisis, pese a que la zona euro lleva siete años de crecimiento ininterrumpido”.

Dijsselbloem y Hokstra están como para que el periodista Manuel Vicent les escriba uno de sus famosos daguerrotipos o perfiles personales. Mal le podría yo imitar recogiendo adjetivos calificativos sobre el rostro de tan pintorescos personajes, pero quiero ser directo para señalarles como políticos sin talla alguna, aunque generadores de euroescépticos. Su  labor no son las cuentas, qué va. Su finalidad auténtica parece estar en que un día salte por los aires la actual Unión Europea.

“Dijsselbloem, holandés: “España gasta en licor y mujeres”. Su sucesor Hoekstra: “Investigar a países sin margen para afrontar una nueva crisis”

No es de extrañar, y le aplaudo como a los sanitarios, que el primer ministro de Portugal, António Costa, haya contestado a la insolidaridad de los representantes de Países Bajos silabeando una palabra: “Re-pug-nan-te”.

España ya pasó una crisis económica más dura de lo necesario, por las exigencias del Fondo Monetario Internacional, el que manda realmente, y la obediente Comisión Europea. Millones de españoles lo perdieron todo o casi todo y vuelta a empezar. ¿Qué pretenden ahora, en esta nueva crisis, más gorda aún? Es verdad que no estamos solos frente al norte, porque Francia e Italia son poderosas como fundadoras natas de lo que un día nació como la Comunidad Económica Europea. Pero semejante insolidaridad, y pronunciada además de manera tan despectiva, injusta y mentirosa, no se debería dar ni consentir. Vista la gestión sanitaria del Coronavirus por parte de la Unión, no espero mucho de las instituciones principales de ámbito europeo, que no han estado ni están a la altura de las circunstancias. Como europeo que vivo en Cantabria, España, es duro tener que reconocer algo semejante. La Unión Europea está tocada, pero no tanto por la marcha reciente de Reino Unido. Se resquebraja porque lleva tiempo siendo infiel a uno de sus principios fundamentales por lo que fue creada: la solidaridad. No cabe hablar de países de la UE insolidarios, si el mismo corazón del poder europeo, cobija apellidos como Dijsselbloem o Hoekstra.

La negociación para ver las ayudas a la reconstrucción de la Europa más golpeada por el Covid-19 ha empezado mal. Es verdad que España, Italia, incluso Francia, no se pueden permitir golpes encima de la mesa, porque manda don dinero, el que tiene Alemania. Con todo, no es lo peor. Lo fatídico es el futuro de Europa, tan unido como está ahora a un oscuro porvenir de millones de sus habitantes, que no van a perdonar el olvido, el abandono y lo que supone apretar y ahogar.

“Lo fatídico es el futuro de Europa, unido como está a un oscuro porvenir de millones de habitantes, que no van a perdonar el olvido y el abandono”

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No caminamos solos en esta pandemia

La mejor manera que tenemos ahora de ayudar a nuestro país y a nosotros mismos es quedarnos en casa. La pandemia del coronavirus ataca en todo el mundo, y se ensaña especialmente con contagios y muertes en Europa. Nunca antes habíamos vivido algo semejante. Soy optimista, pensando sobre todo en nuestro ejército de sanitarios. Pero les debemos ayudar obedeciendo todas y cada una de sus recomendaciones.

No sé si los británicos, con la temeraria idea de su presidente Boris Jhonson de que es mejor el contagio masivo por coronavirus para frenarlo, puedan abrazarse a esa letra tan conocida del himno del Liverpool, donde se canta lo de “Nunca caminarás solo”.  Por suerte, España es otra cosa. Y por desgracia, el exponente esencial de estos nuevos populismos es una política basada en mera propaganda y no en realidades y soluciones. De ahí queya empieza a vislumbrarse quién es quién, con ADN de liderazgo, para que un pueblo pueda sentirse seguro ante sus temores y adversidades, lo que le lleve directamente a creer en las palabras de esperanza reproducidas en el himno del momento: entre todos, haciendo piña, saldremosde esta gravísima crisis del coronavirus. No quita lo anterior, tan deseable, para que sea cuestión de análisis inmediato el comportamiento que lleva a la compulsiva compra de papel higiénico por parte de muchas familias españolas, algo que a falta de saber la causa concreta lleva irremediablemente a deducir lo mucho que usamos el retrete en España.

Tampoco quita que la altura de miras política, más claro, la unidad, ha de ser el faro que guie a este país en los meses económicos y sociales tan difíciles que nos esperan. No debería hacer falta que el presidente del Gobierno de España pida específicamente la aprobación urgente de unos presupuestos nacionales, porque de otra manera no va a ser posible inyectar la ingente cantidad de dinero y medios que ya está movilizando el Estado, con unos 14.000 millones de euros iniciales, que solo van a ser el principio.

Todos estamos viviendo un escenario nunca antes conocido. Nada será igual cuando acabe esta pesadilla, porque tendremos que haber tomado buena nota de lo que ha servido y lo que no a la hora de salir del hoyo. Doy por sentado el papel decisivo que van a jugar en esta crisis todos nuestros profesionales sanitarios. En un país olvidadizo y poco dado a reconocer lo bueno y a los nuestros, vayamos ya tomando buena nota de que las gracias y homenajes se van a quedar cortos. Lo que habrá que hacer es resituar a nuestro sistema sanitario en su verdadera dimensión y necesidades, las del continente, hospitales públicos, y las de su contenido, los magníficos profesionales con que cuenta nuestro sistema sanitario,sea cual sea su especialidad o cometido. ¿Se imaginan en estos momentos que se pusieran a hacer reivindicaciones laborales? Jamás sucedería porque los valores, ósea, los demás, son para ellos y ellas la regla de las reglas.

“La altura de miras política, la unidad, ha  de ser el faro que guie a este país en los meses económicos y sociales tan difíciles que nos esperan”

Como el miedo es ave de mucho vuelo y también cada uno, es dueño de sus miedos, cuando pase la pandemia (vamos a ver…), el mundo tiene que dejarse de cumbres y reuniones inútiles, y ponerse hablar y acordar cómo vamos a vivir en adelante. Que nadie sabe del futuro que nos espera da buena prueba una pandemia mundial de algo muy contagioso denominado Covid-19. ¿Por qué está pasando esto?; ¿cómo nace este coronavirus?, ¿qué o quién lo ha provocado?, ¿con qué intenciones o intereses?, ¿tiene vacuna?, ¿va a llegar pronto?, ¿qué precio en vidas humanas vamos a tener que pagar? Podríamos seguir y seguir, pero no hay respuestas. Ni siquiera estamos siendo capaces de atajar el coronavirus mediante un mundo unido, combatiéndolo juntos y con las mismas armas político-sanitarias.

La ONU, desaparecida, la Unión Europea, en shock, las grandes potencias, como Estados Unidos o Inglaterra, bastante tienen con soportar las paletas ocurrencias ante la enfermedad de sus máximos dirigentes, como Donald Trump o Boris Jhonson. Debería haber un comité político y científico mundial de crisis, pero cada país, caso de Italia y España, los dos peor parados en el Covid, atajan el contagio como mejor pueden, y ya ha llegado la reclusión en casa con el estado de alarma, para aligerar la tremenda presión que soportan los hospitales y sus trabajadores. Por cierto, qué garantía nos da a los españoles contar con una magnífica Constitución que prevé todo.

Pese a todo, siempre habrá incivilizados, descerebrados y avaros con los que no se puede contar, ni siquiera en momentos en que lo que está en juego es tan serio y grave como lo que vivimos en este terrible marzo de 2020. Va para largo, y tampoco hay que negar las evidencias. En España, el Gobierno Central y los autonómicos deberían haber empezado mucho antes con los Consejos de Ministros y los Consejos de Gobierno extraordinarios. Nunca es tarde si la dicha es buena, y tampoco es tiempo para reproches y sí para medidas respetadas por todos, y cuando digo todos, es todos. No se entenderá de otra manera, el día de mañana, cuando toque recordar lo que hizo cada cual. Por eso, ¡quédate en casa!, sé un ciudadano modélico, solidario, ayuda a los demás si te necesitan, más si son mayores. Acude si te piden colaborar,  conciencia a los demás y también estate a su lado, telefónico mejor, si les ves decaídos o con miedo. No hagas compras innecesarias de cosas que puedan necesitar en un momento dado nuestro Gobierno y los diferentes servicios públicos que lo integran. Algo más que pedir antes de terminar, debemos  velar como nunca antes por nuestros mayores. Y hacer posible que todos seamos uno, para no caminar nunca solos en la oscuridad de esta pandemia. 

“Quédate en casa, ayuda si te necesitan, más si son mayores, estate a su lado si les ves decaídos o con miedo, y no hagas compras innecesarias”

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La gestión del coronavirus genera inseguridad

Al aumento de contagios y muertes por coronavirus no se le puede denominar normalidad. No las tengo todas conmigo de que en España se esté haciendo todo lo debido para frenar la enfermedad, empezando y acabando en que, si hay que suspender eventos para mayor seguridad de todos, se hace y punto.

Truman Capote, grande entre los grandes del Nuevo Periodismo, solía decir que las palabras le salvaban de la tristeza. En los sesenta, cuando el periodismo pasaba por uno de sus peores momentos, como ocurre ahora, Capote y otros de la talla de Tom Wolfe, Gay Talese o Joan Didion (son muchos más), llegaron para contar mejor las cosas que pasaban, publicando los trapos sucios,tejemanejes del poder, y hacer dimitir incluso a todopoderosos presidentes como el norteamericano Richard Nixon, que practicaba espionaje y acoso con sus enemigos políticos. Esta última fue una exclusiva de dos periodistas veinteañeros, Bob Woodward y Carl Bernstein, un hecho que forma ya parte de la historia del periodismo y que lleva por nombre Caso Watergate.

En aquellos años del añorado periodismo que se apoyaba en la literatura, los virus más temidos eran la viruela, que mató en el siglo XX a 300 millones de personas, y el sarampión. No eran nuevos, ya que desde la prehistoria estamos acechados por las bacterias. Han ido en aumento a medida que la civilización humana prosperaba, primero con la agricultura y la ganadería, después con la industria, y hoy con las tecnologías para todo, que nos hace más incivilizados porque ya no leemos. Así entramo en el XXI, pariendo  uno nuevo, el cabrito coronavirus. Dicen que en el futuro conviviremos con él como si tal cosa, en una situación que los que saben de esto asemejan a la gripe común, que no tiene mejor cura que una semana en casita, con la bata puesta o metidos en la cama. También con el coronavirus te recetan aislamiento.

De todas formas, hasta llegar ese horizonte en que el coronavirus forme parte de los padecimientos habituales con tratamiento, antes tiene que dejar de acojonar, como ahora, en el mundo entero. Por eso, parecido a consultar una bola de cristal, se busca entender las prevenciones sanitarias oficiales, cumplirlas empezando lo primero por las Administraciones, hasta que llegue la vacuna que estabilice lo que ahora está descontrolado, por miedo al contagio, por temor al parón económico, por evitar desgastes políticos, y por desconocimientos que provocan esperar lo que se hace frente al también llamado COVID-19, en el país vecino, la ciudad o el pueblo de al lado. Los de hoy no son ya tiempos precisamente para seguir inmersos en aquello de hablar y escribir de forma políticamente correcta. Honestamente, pienso que ya no vale en el periodo presente, y a la improvisación hay que llamarle en voz alta eso, improvisación, e igual a la inseguridad.

“No son tiempos para escribir de forma políticamente correcta. A la improvisación hay que llamarle improvisación e igual a la inseguridad”

Cómo entonces se puede calificar que la población haya terminado con las existencias del gel limpiamanos, y no hablemos de las mascarillas, que se tienen más en casa a buen recaudo antes que ponerlas para ir por la calle, debido a la falta de costumbre, incluido el ridículo que se pueda llegar a sentir. Hay países, como el nuestro, en que lo cotidiano no es precisamente el lavado habitual de manos, y sí el saludo, tocar el brazo al que hablas, un beso al encontrarse con alguien conocido (o no), y llevarse las palmas a la cara.

Si las personalidades de la política, pero también los referentes sociales en diversos campos, ni lo hacen ni lo muestran, mejor por televisión, cómo lo podemos pedir de manera generalizada. Está visto que la urbanidad y el civismo deben volver a las escuelas y practicarse desde la infancia. Me espero que la nueva ley de educación, ¡otra!, no se parará en estos menesteres, en los que sí lo hace el coronavirus, que no para de contagiar, ya hasta en funerales.

De ahí que otra cosa que se hace mal en España es dudar con las concentraciones de personas, si hay que hacerlas o mejor no. La economía, precisamente las empresas, están dando el ejemplo en ello. Pero la Administración en general se ha instalado en la tardanza de hacer lo mismo, sobre todo cuando estamos hablando de actos innecesarios que no vienen a sumar nada más que la foto de rigor en los medios de comunicación. Aplazar eventos no es el final de nada, y si la prevención de todo. En este sentido, bravo por el ejemplo dado por los colegios de Médicos y Enfermería de Cantabria, suspendiendo todas sus actividades hasta que pase el peligro. Espero que no en mucho tiempo recordemos lo de ahora como una pesadilla pasajera, y también sintamos satisfacción de haber hecho lo debido. ¿Será así? Si se hace lo políticamente correcto, claro.

“Aplazar eventos no es final de nada, y sí prevención de todo. Lo recordaremos como pesadilla y satisfacción de haber hecho lo debido”

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Lo que nos faltaba, el coronavirus

Aunque las estupideces de la raza humana no tengan remedio, el coronavirus terminará por tenerlo. Será cuestión de tiempo. Un periodo en que los Gobiernos deben darlo todo (la verdad), trabajar en común, y acometer el contagio con medidas valientes. Todo lo contrario a la aparición de esta sospechosa enfermedad de origen chino, que acarrea otro año malo dentro de este desafortunado siglo.

Inicialmente, había pensado rememorar determinados años de este nuevo milenio, acompañado de lo trágico que aconteció, pero cuando empecé por el 2001, y me topé ya con los Atentados del 11 de septiembre en las Torres Gemelas de Nueva York,  corté por lo sano, para no rebuscar más sucesos calamitosos en los años siguientes. ¡Quite, quite! Mejor prefiero hablar solo y en voz alta, para utilizar de ejemploa Calderón de la Barca en La vida es sueño, cuando dice eso tan popular de “¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ficción, una sombra, una ilusión, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Y tan pancho me quedo.

Pero resulta que a nuestras vidas, alegres o desgraciadas mayormente en razón de la salud, ha llegado el coronavirus. La nueva enfermedad, extendida ya por buena parte del mundo, suscita tantas preguntas, que ya les adelanto que no cabrían en este artículo, de ahí que elija como comodín la cuestión principal: ¿Quién lo ha provocado y con  qué finalidad?

Vayamos por orden. Lo primero que ha de preocupar de este virus denominado COVID-19 es la información de quien debe darla creíble y precisa, ósea el Gobierno y sus diferentes portavoces, para que a continuación los medios de comunicación no pierdan el norte y empiecen a contar cosas que no son, a exagerar, dramatizar, y eviten montar shows y, con ello, estresar más de la cuenta a los ciudadanos.

“Ha de preocupar de este virus la información del Gobierno, creíble y precisa, para que los medios eviten shows y estresar más de la cuenta”

A la pandemia del coronavirus, con epicentro en la superpotencia económica que es China (Wuhan), hay que darle una pronta solución de vacuna, demostrando así que cuando los Estados apoyan debidamente a la ciencia y a los investigadores que la hacen posible, proporciona resultados exitosos. También en este mismo inicio de milenio el virus del Ébola – cuyos casos radicados en suelo africano preocupan un pimiento -, mira por dónde tuvo inmediata vacuna cuando saltó a los Estados Unidos. Este coronavirus va a poner ciertamente a prueba la eficacia de los sistemas sanitarios en todo el mundo, y el español no va a ser menos, porque el contagio va en aumento,  aunque para hacer gala de esa información seria que solicito, no son cifras tan alarmantes como lo que sucede en Italia o Irán. Un pero: no convence del todo el papel de esta Unión Europea sin fronteras. El coronavirus parece haber cogido con el paso cambiado a Bruselas, donde está la sede del Gobierno de Europa, agazapado tras lo que diga y haga la Organización Mundial de Salud, la conocida OMS. Por su cuenta, Francia prohíbe ya los actos que congreguen a más de 5.000 personas, cuando medidas así deberían ser comunes.

Mientras tanto, en el día a día, el acopio de mascarillas en las farmacias, que no se ven después por las calles, es suficiente prueba de que hay una psicosis de miedo, frente a la cual es necesario el mensaje claro y convincente desde el Gobierno Central, los autonómicos e incluso los ayuntamientos, como entidades más cercanas a los ciudadanos. En España estamos más acostumbrados a reaccionar con el peligro encima, que prevenir el riesgo con anterioridad, algo que con el coronavirus es como poner puertas al campo, porque el mundo está lleno de aeropuertos que transportan millones de viajeros de un lugar a otro con el consiguiente  riesgo. Esto no quita que la prudencia serena impere y, por ejemplo, como Francia, se eviten los eventos prescindibles.

La pesadilla va a durar aún lo suyo, pero pasará. A lo que no puede darse carpetazo es el por qué de este nuevo virus. Hemos atravesado una crisis económica durísima, estamos en años de tibia recuperación de la economía y el empleo, todo son choques entre los grandes países por un nuevo control mundial del comercio,y hete aquí que aparece el coronavirus para golpear a las Bolsas, rebajar el crecimiento de las naciones caso de España, y parar el flujo del dinero porque se desacelera todo hasta que no regrese la seguridad a las familias y a las empresas. El mensaje oficial ante presente tan incierto no puede ser de flojera, porque el ciudadano quiere todo lo contrario, que no es otra cosa que confianza en que   no va a contagiarse. Para ello, por favor, instrucciones claras, todas juntas, y bien transmitidas por todos los medios de comunicación conocidos. Nunca antes ha podido ser tan curativa para el miedo libre y la psicosis una buena campaña informativa que llegue a oídos de todos los españoles. Los mismos que tenemos una forma de ser calderoniana, al pensar que el mayor bien es la salud, y luego ya soñemos con lo que nos venga en gana.

“En España estamos acostumbrados a reaccionar con el peligro encima.  Esto no quita que, como Francia, se eviten eventos prescindibles”

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La cultura que vale hace banquillo

Cuando hablamos del bienestar, percibo una brecha generacional respecto a la trascendencia que ha de tener la cultura en nuestras vidas. La irrupción de tecnologías y su aplicación al ocio, no debiera ser excusa para que los jóvenes no sean participes de la oferta cultural de las instalaciones públicas. En tiempos tan cambiantes, las programaciones culturales basadas en la cantidad deben mutar a una calidad persuasora. Es lo que  marca la diferencia y mejor engancha a la cultura.

Al menos es lo que mantenía Andy Warhol, el genial artífice de ese Pop Art que reproducía en 32 cuadros individuales latas de sopa Campbell. Pensaba  que hay que hacer cosas que la gente común no entienda, porque esas son las únicas cosas buenas. Añoro a aquel loco maravilloso del pelo blanco, que apostaba, efectivamente, por marcar siempre la diferencia, nada parecido a la mediocridad imperante hoy, en todo. Es una lástima que también intuyera el futuro, ósea ahora, donde todo quisqui  desea la fama, aunque sea por un minuto, algo que se manifiesta a  diario en la prensa de papel o digital,atada de pies y manos por los trending topic de las redes sociales, y evidentemente por los reality shows que se ponen y se imponen en las televisiones de todo el mundo. La  cultura auténtica queda, entretanto, sentada en el banquillo.

Representada esencialmente por los libros y su lectura, el arte y su exposición al público o los espectáculos aplaudidos,parece que la cultura se halle en un segundo plano en esta era del wasap, memes, y las App, esas aplicaciones para tener en el móvil tu ocio particular. Las máquinas ya nos controlan, y no me refiero precisamente a los robots dentro de las fábricas,  sino al móvil que hemos hecho compañero inseparable. Con éldormimos, despertamos y comemos, atrapados por Internet, redes sociales y tuits que nos escribimos con conocidos y desconocidos. ¿Y la cultura?, ¿dónde queda la cultura?

“Este escenario de Internet ha pillado con el pie cambiado a los poderes públicos,  guardianes de la cultura a través de ministerios y consejerias”

Este nuevo escenario, tan de Internet, digital y tecnológico, unido a la falta de ambición cultural, ha pillado con el pie cambiado a los poderes públicos, tanto en cuanto siguen siendo guardianes de la cultura a través de ministerios nacionales y consejerías  territoriales, entre las que se encuentra también la educación, que inexorablemente debe llevar a lomos la cultura general.

El impulso oficial del saber ha de  moverse siempre dentro de una máxima: nunca hay que rendirse frente a que la gente no lea, vea cine, escuche música, vaya a conciertos, exposiciones, teatro o la opera (disculpen si me olvido de algo). Si bien defiendo que la educación principal se aprende esencialmente en casa (seguramente es en el hogar donde escuchas por vez primera música clásica), la cultura es algo mucho más ambicioso, frente a lo que no puede haber flaquezas en colegios, institutos, universidades o las mencionadas consejerías. Una realidad: ¿cómo se ha llegado a que las universidades enseñen, sin tener a los libros como referencia? Pues por falta de exigencia, y que ahora todo son plataformas digitales y PowerPoint  como resumen de los apuntes.Antiguamente, se era analfabeto por no haber recibido estudios, pero actualmentepuedes tener un título y ser igualmente analfabeto, incapaz de mantener una conversación, y analizar las cosas desde la perspectiva cultural que proporciona ser persona instruida y leída. Pero esto, un país o una región, lo debe impulsar.

Cuando hablamos del mundo presente, de lo cambiante que está todo, de que no salimos de conflictos, broncas, y la falta de acuerdos políticos, desde mis entendederas es debido a que ya no hay predominio de la  cultura, y la cercana, que es la más valiosa como mantengo, hace banquillo, porque no está alineada.  Otro ejemplo son las  programaciones culturales de hoy, en las que podríamos profundizar mediante  las mismas 5 preguntas claves de la noticia en el periodismo: qué, quién, dónde, cuándo y por qué. No ambicionan mucho más allá de cubrir el expediente de estar hechas con  presupuesto público. Pero el dinero invertido no lo es todo. Más nos valdría apoyar de lleno a los creadores, creen lo que creen, como lo decimos de los emprendedores, emprendan lo que emprendan. En este país se habla mucho de este hacer necesario, para luego ponerlas poco en práctica o, directamente, olvidarlas, y vuelta a empezar (cada nuevo Gobierno impone su cultura e incluso hay alguno que la utiliza para adoctrinar).

Por eso, al frente de la cultura deberían estar los que la conciben tal cual, por encima de cuestiones ideológicas o propagandísticas. Son los grandes nombres de las artes los más posibilitados para que los jóvenes sigan los mismos pasos de mostrar interés por todo lo que se mueve (las corrientes artísticas y musicales). Dos cuestiones, cultura y preparación, deberían ser una misma cosa. Alguien que no conoce las noticias que acontecen a diario no puede pretender ser periodista, al igual que alguien que es responsable de la cultura de una ciudad o una región debe ser constante los doce meses del año en impulsar la calidad artística de sus protagonistas, lo que a la vez atrae seguidores en taquilla. Un país que no invierte adecuadamente en su cultura, puede tener una economía próspera, pero nunca será verdaderamente rico. Aquel creador genial del pelo blanco, nos enseñó que hay que evitar  un mundo en discordia, de ahí que Warhol quisiera contribuir a hacerlo mejor. Eso, como se logra, es a través de la cultura, agitándola sin  cesar.

“Un país que no invierte adecuadamente en su cultura, puede tener una economía próspera, pero nunca será verdaderamente rico”

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