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Los que escribimos de trenes fugaces

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Cantabria y el tren tienen una historia de tardanzas e incumplimientos. La misma que Cantabria y las carreteras. Se ha reclamado tanto al respecto, que ahora es notorio el desgaste en lo que se denominan viejas reivindicaciones. La llegada de un AVE, primero, y tren rápido, después, ha tenido diversos anuncios que, a tenor de lo que se escribe, muy pocos parecen dudar de la última fecha dada del 2024. Bueno, para ser justo, no todos.

Sheldon Cooper, el protagonista principal de la serie estadounidense The Big Bang Theory, es un enamorado de los trenes y hace imposible viajar con él dentro de uno, sin que dé la tabarra todo el trayecto con su fabricación, modelo, el primer viaje inaugural y todas las características técnicas que tiene la locomotora que tira del resto de vagones. Un viaje del desternillante Sheldon a Cantabria, incluyendo la crítica de lo mucho que cuesta llegar en tren a esta bella región del norte de España, creo yo que sería un gran impulso a los deseos poco expresados de esta comunidad sobre viajar hacia el exterior de una forma ferroviaria rápida y segura, sin averías continuas de su catenaria.

Recientemente asistí con el Fernando Collado a una de esas comidas donde coincidimos periodistas con personajes influyentes de la política, y hablamos de todo sin ponernos de acuerdo en casi nada. Fernando, director del periódico El Faro de Cantabria y ex director del rotativo Alerta, es de los contados e influyentes opinadores que han venido escribiendo sobre los tan anunciados trenes AVE, primero, y ahora denominado rápido, que nunca llegarán a ser realidad, de no cambiar drásticamente el desdén que hay desde Madrid hacia el desarrollo de Cantabria, pero también la muy escasa reivindicación que se ejerce desde todas las instancias del poder civil de la región. Tan es así, que desde el último anuncio (y ya van…) de que Cantabria contará con un tren adecuado a las actuales necesidades en el año 2024, Fernando y yo somos de los pocos que hemos escrito sobre el acontecimiento, como si el resto diera por hecho que vale lo dicho y ahora solo queda esperar a que llegue la fecha inaugural en que Santander y Madrid se recorra en tres horas, dentro de los vagones de un nuevo tren que sería la envidia del mismísimo Sheldon Cooper.

 “Fernando Collado es de los contados opinadores que escriben sobre los  anunciados trenes AVE, primero y, ahora, rápido, que no serán realidad”

A la hora de utilizar finalmente una necesaria infraestructura, Cantabria parece acostumbrada a esperar su llegada entre veinte y treinta años. Pasó con la Autovía con Bilbao; pasó con la Autovía a la Meseta, aún inconclusa en su totalidad; pasó con la Autovía del Cantábrico y pasa con el tramo ferroviario que nos une con Madrid, con una vía más acorde a finales del siglo XIX y principios del XX, que lo que demanda el actual XXI. Sobre el nuevo tren rápido anunciado, Nando Collado escribía recientemente un realista artículo titulado “El tren de Tito Livio”. Presagiaba el periodista lebaniego lo siguiente: “En realidad será un AVE con ala y media y a la pata coja, porque de Reinosa hacia abajo proyectarán “La Diligencia”, de Jhon Ford, y el convoy circulará en consonancia con los equinos que abrevaban en el rancho del pistolero Jhon Wayne”. Resulta imposible relatarlo más claro, tal y como se han venido desarrollando los anuncios e incumplimientos, y como han ido pasando los años con la mejora de trenes en todas las comunidades españolas menos en Cantabria.

Hoy, el hecho más denunciable, es que esta región es la única que no aparece en el mapa español real de modernización ferroviaria, lo que nos aleja del resto del país y también del resto de Europa. Creo que no somos del todo conscientes de lo que nos jugamos en el envite. Tengo algunos amigos que trabajan en empresas de logística, que me han explicado suficientes veces la tardanza que supone sacar o traer una mercancía a Cantabria, en comparación a otros lugares. No tener una línea ferroviaria adecuada, terminar de una vez por todas con las carreteras hacia el exterior que necesitamos, y abrir otras vías (hacia el Mediterráneo), nos hace menos competitivos y lastra nuestro desarrollo y el futuro laboral de nuestros hijos, algo que ya sucede ahora. Los que escribimos de trenes fugaces, como Fernando y yo, lo hacemos pensando en esta tozuda realidad. Seguro que es compartida por más, pero se echan de menos voces, reivindicaciones, movilizaciones, y una demanda permanente por parte de los medios de comunicación regionales, como el gran altavoz interior y exterior que son. Sheldon Cooper aparece jugando con un tren en uno de los episodios de The Big Bang Teory, mientras anuncia: “ya es oficial, soy un trenadicto”. Sigamos el ejemplo, por la cuenta que nos trae.

 “Hoy, el hecho más denunciable, es que esta región es la única que no aparece en el mapa español real de modernización ferroviaria”

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Tragedia en Mallorca, tragedia en España

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La gigantesca riada en Mallorca nos hace lamentar lo ocurrido, pero también sacar a la luz errores que se pudieron cometer antes de la tragedia, sobre todo de cara a prevenir. Tradicionalmente, hemos sido un país remolón en tomar medidas contra el fuego, las crecidas o inundaciones, y el exceso de construcción donde antes había montañas, ríos y arroyos. Queda mucho por hacer aún en estas materias, y la imagen de un Rafa Nadal como voluntario ante la catástrofe nos debe hacer madurar un poco más.

Todo el dinero malgastado antes de la crisis en aeropuertos construidos de punta a cabo de España, bastantes en desuso, hubiera valido para levantar pequeñas infraestructuras en muchos pueblos de España, que evitasen daños humanos y materiales en las riadas que acostumbran a llegar anualmente a muchos puntos de la geografía ibérica. Tres cuartos de lo mismo sucede al tratar de convenir anualmente las prioridades que debe contemplar el presupuesto de un Estado, el de una comunidad autónoma, el de un municipio grande o pequeño. ¿Qué es primero, construir un nuevo colegio ante la mucha demanda de alumnos o los carriles-bici en los que luego no ves a un solo usuario pedaleando? Pocos gestores de lo público me comprarían este argumento, dentro de un país tieso de dinero que se permite de todo, pero el columnista convencido lo es en razón de meter el dedo en el ojo, máxime si las cosas, como ocurre aquí, se hacen rematadamente mal.

Doce muertos, siete hombres y cinco mujeres, es el balance provisional de fallecidos en el diluvio de Mallorca, más en concreto en Sant Llorenç, a la espera de encontrar a Artur, el niño desaparecido en estas terribles inundaciones. Los daños materiales son por ahora difíciles de cuantificar, porque hay muchísimas  familias y profesionales que lo han perdido todo. Pero hay una pregunta a la que tratan de responder algunos medios de comunicación, pocos, sobre si esta tragedia se podía haber evitado o, al menos, rebajado en sus consecuencias, de haberse tomado previamente determinadas medidas de obligado cumplimiento.

 “Hay una pregunta sobre si la tragedia se podía haber evitado, de haberse tomado previamente medidas de obligado cumplimiento”

Hay cuatro o cinco cuestiones que se debaten, y que deberían ser motivo de investigaciones, para que algo así no vuelva a suceder, al menos en la crudeza de cómo se ha vivido en el lugar y lo ha podido ver y llorar el resto de España. En primer lugar, y como parte del cambio climático, nuestro país debe invertir lo suficiente en la mejora de los servicios meteorológicos, y en contar cada vez con más profesionales expertos, que deben trabajar con las nuevas tecnologías que van apareciendo en la detección y prevención de inclemencias meteorológicas (¡233 litros por metro cuadrado!, caídos en este caso). Queda muy bonito tener ahora un nuevo ministerio de medio ambiente que se denomina al tiempo de Transición Ecológica, pero España tiene aún todos los deberes por hacer respecto al Cambio Climático y su posición en los organismos internacionales en la mayor, menor o nada de defensa en este asunto de tanto calado, negado y denostado por las grandes potencias con Estados Unidos, Rusia y China a la cabeza.

En España vamos tarde en casi todo. En materia de catástrofes se puso de manifiesto con la solución a los incendios veraniegos (medios, medios y medios), o la creación a finales del año 2005, no llega por tanto ni a 15 años, de la UME, la Unidad Militar de Emergencia, desplegada ahora en la isla de Mallorca. Pero queda aún mucho por hacer, empezando por la concienciación ciudadana. En Sant Llorenç fallaron muchas cosas al mismo tiempo, desde la deficiente canalización del torrente que está a la entrada del pueblo, a los vehículos de todo tipo aparcados donde no deben, por seguridad. Lo de las viviendas construidas donde no debieran, esa es otra. No pasa solo en España, ocurre en todo el mundo, y la ONU no termina de ser enérgica ante lo que hay que preservar, sin que el peligro de la especulación inmobiliaria, tan causante además de la corrupción, acabe con lo poco bueno que aún nos queda (Amazonas). La tragedia en Mallorca ha venido a demostrar, una vez más, que las poblaciones no están suficientemente preparadas para actuar ante determinadas contingencias, pero lo más lamentable es que falten también vehículos especiales, maquinaria y personal adecuado ante emergencias como la acontecida. Mallorca ha sido también noticia mundial por la aparición en escena, para echar una mano, del tenista Rafa Nadal, oriundo de esta bella y turística isla. Aquí se ha notado igualmente nuestra falta de agradecimiento, cuando una serie de bocachanclas han criticado el hecho a través de las redes sociales, como si su gesto fuera más publicitario que sentido. Pasarán los días, los meses y los años, y las gentes de todas partes se olvidarán de Sant Llorenç. Nadal no, porque estuvo allí y lo padeció, como uno más en la lucha contra el agua desbordada inundando todas las casas y arruinando todo tipo de bienes y enseres. Solo así hay que ver este gesto personal, como lo tendríamos también usted y yo si llega el caso, para defender a nuestro pueblo, antes de verlo sucumbir por un drama sobrevenido.

 “Rafa Nadal nunca olvidará la tragedia de Sant Lorenç, porque la padeció, como uno más en la lucha contra el agua desbordada inundando las casas”

 

 

 

 

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Tren 2024 con destino Cantabria

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La historia de la llegada a Cantabria de un tren de altas prestaciones, que no AVE, resulta ya rocambolesca por diferentes causas. La principal es el déficit tradicional en que el Estado tiene sumida a esta región con respecto a las infraestructuras que necesita imperiosamente, algo que afecta negativamente en su economía y desarrollo. Como muestra está la vieja red ferroviaria, cuyas mejoras se reivindican desde el siglo XX, sin que diferentes generaciones de cántabros terminen de ver una solución creíble y definitiva.  

En la película de Robert Zemeckis, Regreso al futuro III, hay una escena en la que el doctor Emmett Brown, papel interpretado por Christopher Lloyd, viaja del pasado al futuro en la máquina de un tren alucinante. Al encontrarse en el presente con los otros dos protagonistas de la cinta, Marty MacFly (Michael J. Fox) y su novia Jennifer Jane Parker (Elisabeth Shue), les advierte que “el futuro no está escrito” y que, por tanto, “vuestro porvenir solo depende de vosotros”. Se trata de una predicción aplicable íntegramente al viejo problema de Cantabria con respecto a sus infraestructuras, aún sin resolver, a pesar de los años y años transcurridos.

Siempre que se ha hablado de la dedicación de Cantabria a un sector productivo determinado, como la industria, el turismo o los servicios, el gran inconveniente venía de su falta de comunicaciones por carretera y ferroviarias, principalmente. En el pasado, la comunidad ha perdido tantos trenes de impulso a su desarrollo, coincidiendo con la justa reclamación para Cantabria desde hace más de 20 años de un tren de alta velocidad o altas prestaciones, que da igual que da lo mismo, porque solo se ha conseguido que el proyecto no pase de tal. Al utilizar el verbo conseguir quiero significar que realmente los cántabros puedan creer, sin lugar a dudas, que se vislumbra una fecha concreta para ver totalmente mejorada la vía ferroviaria que nos conecta con el centro de España. Han sido tantos los anuncios y tantos los incumplimientos, que pedir fe en cuestión tan primordial choca frontalmente con las fuertes inversiones que el Gobierno Central ha llevado a cabo en otras regiones de la Cornisa Cantábrica o limítrofes, mientras ha sumido tradicionalmente a Cantabria en la dejadez y el olvido.

 “La comunidad ha perdido tantos trenes de desarrollo, coincidiendo con la reclamación desde hace más de 20 años de un tren de alta velocidad”

Si se pregunta a cualquier cántabro por este hecho, difícilmente podría eludir el sentimiento del agravio comparativo sobre por qué Galicia, Asturias, País Vasco o Castilla y León tienen AVE, y Cantabria no. Desde que tengo uso de razón, he venido escuchando (dentro y fuera) la excusa relativa a la especial dificultad de la orografía cántabra, a la hora de recibir inversión estatal para acometer infraestructuras. Lo lamentable es que tan estúpido argumento siga vigente para muchos, ya que, a lo que se ve, las comunidades de nuestro entorno, que si cuentan con mejores comunicaciones, son una planicie sin apenas relieve montañoso. No menos de cinco ministros de Fomento han dado fechas sobre las mejoras a ejecutar, aunque el tiempo pasa inexsorablemente, y nos vamos haciendo viejos como dice la canción de Pablo Milanés. Ahora se anuncia que Cantabria tendrá su tren rápido para el año 2024, aunque uno no sabe ya qué pensar.

El conformismo y la abulia han sido dos características tradicionales de Cantabria a la hora de no reivindicar, especialmente la sociedad civil, todo aquello que necesita imperiosamente para crecer. Para mejorar y para que nuestros hijos encuentren preferentemente trabajo aquí, en vez de tener que marcharse fuera, como ocurre mayormente ahora. Muchos padres lo saben por la triste escena que se produce cada final de fin de semana, al acompañar a sus hijos a la estación del tren, y despedirles porque su trabajo está fuera del lugar en que nacieron. No han podido elegir, vienen dadas así, y también nos cruzamos de brazos. Eso sí, no dejamos de hablarlo y comentarlo en palabras que se lleva el viento. Nadie debería extrañarse de que un día surja un nuevo sentimiento social de rechazo a esta política de Estado, a su  desigual financiación territorial, alimentado tras tantos años de vernos detrás de los demás, los últimos en todo, y desde luego en materia de carreteras, catenarias y averías continuas de trenes Cantabria podría hacer con todos estos olvidos un master, ahora que están tan de moda. El viejo refrán sobre que quien no llora, no mama, es la realidad de este país, vía Presupuestos Generales del Estado, donde el poder de los votos es el que habla a la hora de que unas comunidades reciban más que otras. Para muestra un botón, como es la famosa Y vasca que va a llevar la alta velocidad a las principales capitales de Euskadi, red que estará además conectada con el resto de Europa, a través de Francia. Ya en marcha, con obras muy avanzadas, el AVE estará en el País Vasco en 2023; allí se llama TAV. En Cantabria, sin nada iniciado, se prevé un tren de altas prestaciones para 2024. Al final de esta historia eterna, entrego mis esperanzas a algo que dijo el gran poeta Khalil Gibran, y que viene muy a cuento: “La duda es un dolor demasiado solitario para saber que la fe es su hermano gemelo”.

 “No debería extrañar que surja un sentimiento de rechazo al Estado, alimentado tras tantos años de vernos los últimos en todo”

 

 

 

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Que te graben sin saberlo

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Ahora asistimos al serial por entregas del ex comisario Villarejo, que lo mismo genera quebraderos de cabeza a empresarios que a ministros, aunque en realidad es un chantaje al Estado. Tan pestilente asunto lleva a la conclusión de urgir una investigación sobre tantas grabaciones ilegales, para poder garantizar mejor el quebrado derecho a la intimidad que tiene todo ciudadano, un tanto alarmado de que la tendencia actual sea grabarlo todo con el móvil.   

En los tiempos actuales, a uno no le queda más remedio que plantearse    seriamente lo de tener un carácter abierto y extrovertido, a la hora de hablar distendidamente con conocidos y desconocidos. Los audios del ex comisario José Manuel Villarejo sobre todo quisqui siembran la duda en estos días sobre lo que hablas y con quien lo hablas, no te lo vayan a grabar para después divulgarlo malamente.  El móvil utilizado en modo grabación lleva camino de cargarse las comidas de trabajo o institucionales, donde antes podías compartir ideas, chismes y críticas constructivas o destructivas, para pasar ahora directamente a comentar temas banales como el tiempo reinante o lo bonita que está la ciudad donde tiene lugar el almuerzo, café o cena.

Según como se miren, las nuevas tecnologías han traído cizaña a aquella idea de Carl Rogers, iniciador del lado humanista en la psicología, en concreto al señalar que “cuando miro al mundo soy pesimista, pero cuando miro a la gente soy optimista”.  Internet, el móvil y las redes sociales han replanteado todo, porque la pelota está mayormente en ese tejado tan resbaladizo que no quiere distinguir entre lo que es público y lo que es privado. Se empezó por contar las intimidades en los Sálvame televisivos que gozan de audiencias millonarias, y se ha llegado a que tu imagen o tu voz pueda aparecer en los canales internautas, porque Mortadelos y Filemones al estilo TIA tienen como dedicación exclusiva diaria grabar a quien quieran.

 “Internet, el móvil y las redes sociales han replanteado todo, y no se distingue entre lo que es público y lo que es privado”

La frase de que la información es poder se atribuye a Francis Bacon, pero no creo que imaginara al extremo al que se llegaría con el paso de los siglos. Hoy, extremar la discreción obliga, y la discreción es prudencia y sensatez para formar un juicio y tacto para hablar u obrar. Pronto se pondrá de moda que cuando un ciudadano vaya a ver a su alcalde, antes le requieran que deposite su móvil y tablet en la secretaria del político, para que no exista la menor tentación de que la entrevista pueda ser grabada sin el previo consentimiento de las partes.

Es mucho lo que puedes hacer hoy con un teléfono móvil, incluido el daño. No ganamos para disgustos en temas como el acoso escolar, y que todos quieran ser influencers con miles de seguidores, y terminar cobrando de las marcas ante cualquier cosa que recomiendes en tu sitio web, Facebook, Twitter o Instagram. Entontecemos por momentos, al tiempo que creamos una sociedad con muy baja autoestima ética y moral. Con la amplitud inmensa que es y tiene Internet resulta cómodo apelar a la seriedad de los medios de comunicación que gozan de reputación. Que por parte de máximos responsables de un Gobierno se hable de restringir la libertad de expresión, también se las trae a estas alturas de la película. Un Estado tiene que reforzar constantemente sus resortes democráticos para que no suceda lo de las cintas de Villarejo con el consiguiente chantaje a personas e instituciones. Esto sí que requiere de una Comisión de Investigación, porque los españoles queremos saber cómo es posible llegar a semejantes extremos, el por qué, quién está detrás, y con qué fines.

Dudo mucho que los jóvenes que hacen de un Smartphone la parte principal de su ocio sepan lo que son las cloacas del Estado. De lo que no dudo es que los mayores les estamos dando el peor ejemplo posible, lo que les lleva a no creer en casi nada y dudar de todo. Cuando no es un máster, es un doctorado; cuando no es un plagio es un presunto fraude a Hacienda o grabar la sobremesa de una comida entre altos cargos, cuyo contenido jamás tendría que haber llegado a la opinión pública. Cuando el mal ya está hecho es cuando nos rasgamos las vestiduras, y los portavoces encargados de dar explicaciones echan más leña al fuego, porque no hay peor cosa frente a una crisis que encima mantener una mala o pésima comunicación. Verdaderamente, hay días en que en este país es mejor no levantarse de la cama, bien ante una nueva polémica que a buen seguro surgirá en esa jornada, bien ante la prevención de que cualquier panoli te saque una foto o te grabe con su móvil para luego intentar hacerte daño público. Por cierto, al hablar de daño lo mismo me refiero a un colegio, una clase, un instituto, la universidad, en el trabajo o por Whatsapp.

 “Un Estado tiene que reforzar constantemente sus resortes democráticos para que no suceda lo de las cintas de Villarejo”

 

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Dense prisa con las enfermedades

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Solo con oír las palabras cáncer, SIDA o Alzhemier, le cambia a uno el semblante. La solución definitiva a estas enfermedades arrastradas desde el siglo XX es demasiado lenta. La ciencia y la investigación necesitan de total respeto, empezando porque cuenten con los recursos que precisan, dejando atrás recelos tradicionales de los países a la hora de invertir como es debido para erradicar estas y otras enfermedades tan mortales.

Siendo niño, y gracias a verlo en periódicos y revistas cuando daban importancia a la investigación médica, se me quedó grabado el nombre de Christiaan Barnard. El mundo se despertaba un 3 de diciembre de 1967 con la noticia de que este cirujano sudafricano había llevado a cabo el primer trasplante de corazón. Fue a un hombre de 56 años llamado Luis Washakansky. La donante, una joven de 25 años, de nombre Dénise Darvall, que falleció atropellada. Cuando se apuesta de verdad por la ciencia se asientan en el tiempo, generación tras generación, nombres vinculados a grandes descubrimientos, de los que ahora estamos faltos porque los países, con sus crisis a cuestas (más morales que otra cosa), han decidido que el dinero empleado en la investigación no es lo suficientemente productivo a la hora de recoger votos en las urnas.

La lista es más larga, pero tres de las grandes enfermedades que arrastramos y conllevan un terrible sufrimiento para millones de personas en todo el mundo son el cáncer, el SIDA y el Alzheimer. ¿Se hace todo lo que se puede para combatirlas y, voy más lejos, para erradicarlas de una vez por todas? La reciente crisis económica puso de manifiesto la gran fragilidad en que se movía la utilización de recursos presupuestarios públicos dedicados a la investigación y sus resultados, y creo que seguimos en esas mismas circunstancias de escasez de impulso hacia las cuestiones que bien podemos denominar como problemas angustiosos de la humanidad (en unos sitios más que en otros, como el ébola en África).

 “¿Se hace todo lo que se puede para combatir el cáncer, el SIDA y el Alzheimer”

Cuando pienso que la gente habla de tener suerte o perderla ante estas enfermedades, ratifico mi creencia de que se puede hacer mucho más de lo que se lleva a cabo ahora, dentro de un marco mundial que cada vez dedica más dinero a rearmarse y provocar nuevos conflictos bélicos, en vez de asegurar un mayor bienestar social a millones de ciudadanos que tropiezan con estas y otras enfermedades mortales. Dentro de este escenario surgen nuevas preocupaciones como el rebrote de enfermedades de siempre entre los niños como es el caso del asma, las alergias, los virus o la diabetes. El medio ambiente y la alimentación preocupan como nunca antes habían preocupado, y estamos a la espera de nuevos estudios que arrojen luz sobre las incertidumbres que nos acechan. La ciencia, como es el caso de España, debería mantenerse al margen del mero marketing político, para dar un giro radical y servir de auténtica esperanza en el avance y resolución de tantas angustias en forma de enfermedad como vivimos. Cuando más ha interesado, ya que ahora parece que el asunto está olvidado, se ha hablado de una falta de financiación con fines científicos. Me doy cuenta de que esta dejadez no es solo española, es también de la Unión Europea y de las potencias que antaño fueron impulsoras de descubrimientos de todo tipo, aunque quiero subrayar especialmente a los médicos.

Todas estas preguntas se las hacen con más razón las familias que pierden a algunos de sus miembros, víctimas de las enfermedades que más temor producen. Los Estados no pueden escudarse únicamente en una sanidad universal, al frente de la cual se encuentran los grandes hospitales que, ciertamente, son un ejemplo junto a sus profesionales de esta asistencia general. Pero hay que ir más lejos y aquí entra dejar atrás definitivamente las dudas y recelos a cerca de lo que los diferentes países tienen que invertir en innovación de todo tipo para dar respuestas a los desasosiegos más comunes. Como dijo Carl Sagan, uno de mis preferidos por su contribución a la divulgación científica, “en algún lugar, alguna cosa increíble aguarda a ser descubierta”. El problema viene en nuestra forma de actuar muchas veces, algo que en palabras de otro grande como Isaac Newton se escribiría así: “Construimos demasiados muros y no suficientes puentes”.

 “La ciencia debería mantenerse al margen del marketing político, y servir de auténtica esperanza a tantas angustias en forma de enfermedad”

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