Para golpe, el que damos a los que tras la guerra hicieron España

Pedir disculpas en este país no forma parte del funcionar de quienes llevan el timón. La soberbia está demasiado presente en decisiones, bastante alejadas del sentir real de la ciudadanía. Desde Cataluña, a permitir impunidad en delitos, o anhelar mayor control sobre los jueces. El soslayado pueblo convive atónito ante el enfrentamiento de poderes y altas instituciones recogidas en la Constitución. Se habla de una democracia secuestrada, y quienes tan irresponsablemente lo dicen nada tienen en cuenta a los españoles que, tras la Guerra Civil, postguerra y Transición, nos legaron lo que hoy disfrutamos, y algunos se empeñan en destruir.

Hay una idea bastante extendida acerca de que España soporta lo que le echen. Se achaca mucho al legado que nos hicieron los hombres y mujeres de la postguerra, levantando un país de sus cenizas, llevándolo al desarrollo, noprecisamente por la dictadura, pero sí por su trabajo y esfuerzo personal, y ganas de que este país estuviera en el mapa, gracias a lo mucho que podía ofrecer. Con serias dudas sobre si es verdaderamente su autor, se atribuye a Bismarck (1815-1898), artífice de la unificación alemana, la frase de que “España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido”. Me lo recuerda de continuo mi sobrino Gabi, siempre que lee algún artículo en el que abordo dislates y aberraciones que se cometen, ya de habitual, en esta parte de Europa. Personalmente, me inclino porque quienes se vieron fatalmente inmersos en la terrible Guerra Civil, quisieron que sus hijos y nietos tuvieran una vida completamente diferente a la que les tocó vivir, y de la que bien poco o nada hablaban en sus hogares.

Tanto tiempo después, en estos días finales de diciembre de 2022, se ha aludido a un golpe de estado, a jueces impulsores del mismo, y a un Tribunal Constitucional que se entromete antidemocráticamente en las decisiones del Congreso de los Diputados. Tandisparatado relato, me ha hecho recordar a aquellos   españoles que sufrieron hambre, miseria y represalias, a los que las generaciones actuales les debemos vivir bien. En el siglo siguiente al del horror, superada la pobreza, a muchos de ellos se los llevó cruelmente el Covid, sin despedida alguna. El Gobierno de España, los diferentes autonómicos y la sociedad en su conjunto, aún mantienen una deuda de reconocimiento a todos estos muertos por el virus, con nombres y apellidos, como digo, la mayoría de avanzada edad, aunque nunca se les pasó por la cabeza que podían terminar muriendo en la más absoluta soledad.   

Como quiera que en la semana que va del 12 al 23 de diciembre de 2022, desde las altas instancias del Estado se ha obviado la madurez e inteligencia de los españoles, quiero hacer hincapié en todo lo que podían habernos dicho tantísimos españoles de la generación de la postguerra, porque ellos sí sufrieron realmente las penalidades de no vivir en democracia, y tuvieron que salir adelante, sin poder denunciar injusticias, diferencias u apropiación de sus bienes. De aquella época tan sufrida aprendieron que gobernar supone hacerlo para todos, y esto ahora no ocurre en España. Hoy se toman decisiones para favorecer a grupúsculos poderosos, en detrimento de la mayoría. Así hay que ver la supresión de los delitos de sedición y malversación, o querer controlar a los jueces, para que no haya posibilidad de que prosperen recursos presentados contra decisiones que se puedan tomar desde el poder, aunque a los ojos del pueblo resulten injustas.  

“La generación de la postguerra, ellos sí sufrieron las penalidades de no vivir en democracia, sin poder discutir injusticias, diferencias y política”

Sí, cuando las actuales instituciones del organigrama político del Estado Español están tan mal, encorajina el tiempo tan valioso que estamos perdiendo, para poner en modo progreso, en posición de futuro y oportunidades, a las actuales generaciones, los nietos y bisnietos de aquellos que pasaron tanta necesidad en la guerra y postguerra. Pienso que les faltamos al respeto, cuando los medios reproducen falsos escenarios,  cocinados en las cancillerías gubernamentales, para darle vuelta a la realidad. Para que la verdad no llegue, referida a asuntos de gran calado como la verdad del Covid, de la crisis, de la inflación, del cuantioso dinero que nos hacen pagar por los alimentos y las energías.

En los peores momentos de la historia de Europa y de España la manipulación y la mentira se convirtieron en el mensaje habitual de los regímenes más repudiados. Pocos lo recuerdan ya, como las nuevas generaciones del Bono Cultural, que no están (ni interesa) a estas reflexiones. Tampoco se paran en las sociedades tan abiertas y comprometidas que llegaron a crearse en los años 70, 80 y 90. Por eso, respetando todas las opiniones, cuando hoy en España se habla de golpes, de decisiones antidemocráticas o de invasión de poderes (el Gobierno es el que mejor lo vende), no puedo sino sentir sonrojo del relato tan falso y el escenario tan insensato que algunos son capaces de crear, con tal de salirse con la suya.

Hacía mucho que el término pueblo no cobraba tanta relevancia en España. Es así porque hay muchos momentos en que parece que se gobierna a sus  espaldas. Temas hay de sobra para poner encima de la mesa, como prueba. La permisividad con los Okupas, con el trato a los clientes de la banca, las aseguradoras y las energéticas. Sigo con los desahucios, el precio de las hipotecas, la inflación, el coste de la cesta de la compra, o pasar frio en este invierno en los hogares, porque pocos pueden permitirse encender la calefacción. Tampoco nos han preguntado si queríamos perdonar sus delitos a los que han causado tanto destrozo en la convivencia de Cataluña. O si nos parece bien que los bienes públicos vayan a estar a partir de ahora menos protegidos y castigados, si alguien mete la mano en la caja del dinero que es de todos, aunque haya personas concretas dentro del poder que han llegado a manifestar que ese dinero no es de nadie. Con el cambio de la ley, lo van a hacer real. Ahora, que tengan en cuenta algo que a futuro va a ser decisivo. No convencen a nadie. Ni a los españoles que soñaron esta España democrática, ni a los hijos de la propia Constitución, a quienes nos repele que se gobierne para y por intereses personales, en vez de para y por el pueblo.

“Encorajina el tiempo tan valioso que estamos perdiendo, para poner en modo progreso a nietos y bisnietos de aquellos que pasaron la guerra”

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No hay recuperación si la democracia solo impulsa privilegios

La crispación ha regresado a España. Se aprecia en todo lo que ves, lees y escuchas. Somos únicos en crearnos problemas, cuando tenemos como principal reto que el Gobierno logre que los fondos europeos lleguen, de verdad, a todos los sectores productivos del país. Pues no. Antes hay que rebajar los delitos de sedición y malversación, y crear un gravísimo problema con el Tribunal Constitucional, para su inmediata renovación. Muchos parecen haberse saltado la clase donde se explicaban cuáles son los poderes del Estado, su separación e independencia. En consecuencia, hoy suspenden en democracia.

Un día cualquiera de noticias en España, realmente no tiene desperdicio. La experiencia demuestra también que, como país de la Unión Europea, somos especialitos frente a los 26 restantes miembros de este exclusivo club económico, que es en lo que nos hemos convertido. Muy lejos quedó el fortalecimiento continuado de un sentimiento europeísta, que nos hiciera ciudadanos iguales frente a todas las decisiones que tomaran Gobiernos, Administraciones, la Comisión y el Parlamento Europeo. Hoy, en lo que se denomina como era poscovid de recuperación, ni siquiera somos iguales dentro de los países a los que pertenecemos, porque la carestía de la vida crea demasiadas diferencias y discriminaciones, en lo que va desde que te llegue el dinero para comprar alimentos, hacer un uso normal de las energías básicas sin que te arruines (calefacción en este invierno), o apreciar un futuro para tu región, ciudad o pueblo (despoblamiento rural), mientras los recursos del Estado, el llamado presupuesto, reparte más y mejor a las comunidades con más peso en el voto.

Esta es la realidad. La sociedad igualitaria se ve actualmente adelantada por la de los privilegios, lo que supone pérdida de valor en muchos de los derechos de los que venimos disfrutando dentro de las naciones democráticas. Toda democracia debe ejercerse con amplitud de miras, y no para favorecer a sectores o personas concretas en un momento dado, como puede estar ocurriendo ahora en el caso español.

Se hace imposible comprender dentro de la recuperación y las ayudas europeas, que aquí estemos ahora en reformar delitos como el de la sedición y malversación, además de aprobar desde el Gobierno nuevas reglas para la elección de miembros del Tribunal Constitucional. Así, como digo que el sentimiento europeo está desinflado entre los ciudadanos, creo que, en cambio, tenemos una visión clara de lo que supone la separación de poderes, entre el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Que uno pueda ningunear a otro, no es de recibo, ni en un país democrático como el nuestro, pero tampoco con las reglas que imperan en la Unión Europea. Cabe esperar alguna valoración desde la Comisión Europea y el Parlamento Europeo del cariz que está tomando en España alterar las leyes para beneficiar a condenados por sedición en Cataluña o malversación en Andalucía. ¿Qué pasa con el resto de ciudadanos?, ¿con el todos somos iguales ante la ley?, ¿no existen para el Gobierno?

“Cabe esperar valoración desde la Comisión Europea del cariz que está tomando alterar leyes para beneficiar a condenados por sedición o malversación”

En estos días se están dando muchas explicaciones entre los partidarios y detractores de la modificación en el Código Penal de las penas por incurrir en estos delitos. A mi juicio, el alejamiento respecto a lo que piensa y siente la ciudadanía por estos hechos, no hace sino distanciarles cada vez más de las decisiones políticas que no tienen en cuenta el interés general. Tenemos el mejor ejemplo en administrar adecuadamente los recursos públicos; la   confianza se resquebrajará si las penas para los culpables de desfalcar ese dinero que sale de los impuestos resultan ridículas. Ir por este camino va a crear, lo veremos, diferencias surrealistas en cuanto a que se produzcan penas de cárcel desproporcionadas por delitos, como el famoso de robar una gallina, y en cambio con la desobediencia al Estado, a sus principales instituciones, como el Congreso y el Senado, y los altos tribunales, no ocurra nada.   

Hace unos días se conmemoraba el aniversario de la Constitución Española, y con este motivo siempre se subraya el consenso político y social con el que se alcanzó la aprobación de la ley de leyes que es la Carta Magna. Por eso resulta igualmente incomprensible, además de innecesario, reformas express, que dividen más que unen, generadoras de una crispación que lleva camino de convertirse en crónica, y que, y esto es lo peor, introduce a las principales instituciones que emanan de la Constitución en una crisis sin precedentes.

Voy a dar una razón final para demostrar que andamos para atrás, hasta chocar.  Frente a otros países de la Unión Europea (Italia), la política interna en España venía siendo ejemplo de debate sereno, acuerdos y Pactos de Estado. Nada existe ya de todo esto, y lo cierto es que nuevamente se pone de manifiesto nuestra costumbre de dispararnos al pie. Dicho de otra manera: actuar contra nosotros mismos. Los próximos años van a ser decisivos para comprobar las consecuencias de las malas decisiones que se tomen ahora.  Por ejemplo, si volveremos a vivir los graves altercados de Cataluña, y puedan ser impulsadas nuevamente por las personas que fueron condenadas, luego indultadas, y van a ver ahora limpio su historial penal de los delitos también cometidos de sedición y malversación de caudales públicos. Quedan abiertas las apuestas. La mía es que cuando das alas a quienes delinquen, reinciden.

“La política interna en España venía siendo un ejemplo de debate sereno, acuerdos y Pactos de Estado. Nada existe ya de todo esto”

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Cumbre del clima para celebrarla a todo lujo de yates y aviones

Los activistas del clima hacen más ruido y aparecen más, últimamente, en los medios, que propaganda se ha dado de la última Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Me ha faltado decir que la denominada COP 27, no ha servido para nada. Aunque, ¡no, esperen!, para una cosa sí. Se ha dado un espectáculo vergonzoso del uso, por parte de las delegaciones, de aviones, yates y lujosos coches. En un ambiente creado para hablar de sostenibilidad y menos contaminación, los primeros en no aplicarse el cuento fueron los que tomaron la palabra en esta cita.

La de Egipto puede ser la cumbre del clima más inútilmente celebrada, porque es de chiste que quieras transmitir al mundo un claro mensaje de cuidar mejor el planeta, y lo hagas mediante una imagen de lujo total, con yates, aviones y cochazos a destajo. No veo solución al calentamiento global por varias razones. La principal es que cada vez se contamina más, con el beneplácito de los Gobiernos y sus máximos representantes. Y la siguiente es porque los que debemos cortar por lo sano, los consumidores alocados con comprar y tirar,no tenemos el más mínimo interés por cambiar las cosas.

La última Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 27) se celebró en Sharm el Sheikh, Egiptio, entre el 6 y 18 de noviembre pasado. Su lema fue “Juntos por la implementación”, con la sola ambición de ratificar acuerdos adoptados en citas anteriores. Si algo ha puesto de manifiesto esta nueva cumbre de la nada, es que pese a la situación crítica en que se encuentra el planeta, aún estamos muy divididos en países y personas que creen que hay que tomar soluciones urgentes, y otros tantos que no, al más puro estilo de los negacionistas. Hay más de los que creemos y muy poderosos. Opinan que no hay que temer a cambios drásticos en el clima y la corteza terrestre, y por eso trabajan en la sombra para que no se adopten medidas de calado, más allá que seguir ayudando a los países en desarrollo, de cara a que contaminen lo menos posible.  

La agenda egipcia ha estado repleta de un gran boato de las delegaciones internacionales, demostrando así que no sabemos o no queremos guardar las formas, ni siquiera a la hora de abordar un teman tan preocupante como nuestro futuro sobre la tierra. Los contenidos que se trataron son ya conocidos de estas citas, lo que permite asegurar que seguimos en el camino de no ir a ninguna parte, hasta que un día suceda lo inevitable. Quizás solo mediante las catástrofes más terribles nos demos cuenta de lo que hemos hecho, aunque para entonces ya será demasiado tarde.  

“Quizás solo mediante las catástrofes más terribles nos demos cuenta de lo que hemos hecho, aunque para entonces ya será demasiado tarde”

Implementación son iniciativas y acciones reales mediante las que contrarrestar el cambio climático. Hasta aquí se llegó, nada más, porque ni siquiera los representantes de los países participantes en el COP 27, casi 200, fueron capaces de acordar no superar el aumento de la temperatura global de 1,5º, de aquí a final se siglo.

El resto de representaciones sobre el escenario tocó la misma música de siempre, hasta la siguiente cita. Que si financiación, que si mitigación (no superar la temperatura), que si adaptación, que si perdidas y daños (a lo que más se está), y la cooperación (que nunca se cumple). Un desastre de cita, que tuvo más difusión mundial por la voluminosa concentración de aviones, yates y coches, con los que contaminar un poco más el medio ambiente en general.

Eso sí, en Egipto se dieron cita no pocas multinacionales de todo tipo y lobbies encargados de que la actual situación no cambie, ni mucho menos se adopten férreas medidas legales que permitan revertir la situación de calentamiento global. Este año a punto de concluir se va a batir el record de contaminación ambiental, y aún no tenemos ningún dato de todo lo que ha generado en residuos el Covid-19. Lo mismo cabe pensar de todo lo que está produciendo la Guerra de Ucrania, con las toneladas y toneladas de material militar empleado y abandonado. Estados Unidos, Rusia, China e India, los más industrializados y que contaminan a lo grande, siguen negando la mayor, y sus dirigentes están entre los negacionistas de que exista el problema del cambio climático.

Ya puestos a negar, no hay calentamiento terrestre, el Covid tampoco ha existido, ni los 6,64 millones de muertes por la pandemia, la crisis económica es un invento de los medios de comunicación, y todo el paro que se prevé para los próximos años es un chisme dentro de las redes sociales. Es tanta la manipulación de la realidad que, por lo pronto, no existe sensación y compromiso social alguno con cada uno de estos problemas. La manera de abordarlos, caso del clima, caso de España, es también de traca. Ante todo, mediante inconsistentes anuncios de televisión en los que se presenta una apuesta por la sostenibilidad medioambiental, pero sin que exista constatación o prueba alguna de que se cumple todo aquello que se dice de manera tan irresponsable. Nuestro chip, el de los que contaminamos, no se ha movido un ápice. Se aprecia en la basura que generamos, cada vez más. Se nota en el aire que respiramos, cada vez con más polución. Se ve en los mares tan contaminados, imposible ya que digieran tantos plásticos como almacenan en sus profundidades. Y se oye mediante el ruido que siguen haciendo todos los transportes que utilizamos, desde los aviones a los gigantescos barcos mercantes, que siguen a la cabeza de la contaminación más incontrolada. Esa misma escena es la que se ha vivido en esta última Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Tratar aquello sobre lo que realmente no se está concienciado dentro del ámbito gubernamental lleva irremediablemente al fracaso. Precisamente lo que ha pasado en Egipto. Se ha conseguido lo que se pretendía, nada.

“Este año se va a batir el record de contaminación ambiental, y aún no tenemos ningún dato de todo lo que ha generado en residuos el Covid-19”

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Adiós a Pablo Milanés, que nos deja en este siglo maldito

El martes, 22 de noviembre de 2022, fue el día que murió Pablo Milanés. Subí a Facebook su foto, con una concisa frase: “Gracias por tanto que nos has dado”. Como en este siglo no ocurre nada bueno, hemos tenido que asumir también la fatal noticia del adiós de un trovador único, quizás el último. En un momento en que se nos va la cabeza por todo, aunque no lo reconocemos y seguimos viviendo de espaldas a los problemas, a mí me sucedía que, escuchando una canción de Milanés, ¡allá penas! De él también aprendí algo: sin compromiso, no se logra nada. Así vamos, tan cuesta abajo.

Siempre te propones escribir mejor, de manera emotiva, cuando se despide de este mundo alguno de sus grandes referentes, como es para mí Pablo Milanés. Hasta ahora, este nuevo siglo tiene muy pocas cosas buenas. Una de las peores es que no hay hacia dónde mirar a la hora de destacar ejemplos personales, nombres concretos, dentro del campo o terreno que se quiera. Los valores, diferenciar perfectamente lo que está bien de lo que está mal, lo honesto, justo, acceder a puestos de responsabilidad por méritos propios, todo ello ha perdido fuerza dentro de una sociedad que se muestra inerte, acomplejada, egoísta, irrespetuosa, que además aguanta lo que le echen, aunque parte importante de ese caudal diario de noticias que nos arrojan sean simplemente mentiras y falsedades. 

Hoy falta paz, respeto, amor, educación, solidaridad, compromiso social y conformarnos con lo que tenemos, en especial los poderosos, que están dando un pésimo ejemplo a la hora de abordar los verdaderos y urgentes problemas del planeta, como es su propia autodestrucción, impulsada por quienes lo habitamos y contaminamos a diario. Pues bien, sobre todo lo anterior, podemos encontrar canciones de Pablo Milanés, a lo largo de una extensa carrera musical, donde nunca perdió de vista la revolución, la verdadera, en la que él creía, porque la otra le decepcionó en muchos momentos, siempre por lo mismo dentro de una de las características humanas más deplorables: la avaricia.

Pablo ya no nos cantará más en este siglo maldito. Sí, pésimo. Por un Covid provocado y aún no investigado (no interesa). Tampoco le veremos encima de un escenario repudiando la guerra, como la de Ucrania, que mata a miles de personas en una parte del mundo, sin que importe un carajo a la otra, la que vive cómodamente, mirando para otro lado con el rearme y la militarización general, como hace la mismísima España (¡ver para creer!). Con todo lo que habíamos logrado en el siglo XX, lo principal entendernos dentro de algo tan hermoso llamado concordia, quienes pueden propiciarla, lo han echado todo por la borda, aunque los mayores culpables somos los ciudadanos que, con nuestra pasividad, permitimos que se practique un lenguaje lleno de agresividad dentro de la política, la economía, el periodismo o la cultura, tan desaparecida esta última. No sería necesario añadir más al respecto, pero conviene igualmente ahondar en lo intolerable de que nos hablen, como si nada, de posible “Armagedón” nuclear.

“Con todo lo que habíamos logrado en el siglo XX, lo principal algo llamado concordia, quienes pueden propiciarla, lo han echado todo por la borda”

De las tantas canciones de este trovador universal, que conocemos una inmensa mayoría, en 1976 entonó por vez primera “Para vivir”. Habría que introducirla en el sistema educativo de cualquier país que se respetará a sí mismo, e hiciera igual con los demás, no como Estados Unidos, Rusia o China, y el resto de naciones que les jalean. Porque como lo expresaba Milanés, bien cierto es que “la vida no vale nada cuando otros se están matando, y yo sigo aquí cantando, cual sin no pasara nada”.

Durante la pandemia del Covid, principalmente en los años 2020 y 2021, se oyó hablar mucho de nuestros cambios interiores. El cantante cubano presentó en 1983 la canción “Cuanto gané, cuanto perdí”. El laberinto tan oscuro en que se encuentra la decadente sociedad actual, en todo el mundo, además, tiene mucho que ver con que no valoramos y salvaguardamos lo realmente importante. “Dónde estarán los amigos de ayer, mi carro de jugar, mi calle de correr… Cuánto de niño pedí, cuando de grande logré, qué es lo que me ha hecho feliz…

Sentirnos afortunados y conformamos con todo lo que sucede hoy es absolutamente hipócrita, aunque es lo que hacemos. Metidos en nuestro cascaron, y mientras me vaya bien a mí, los demás, el resto de las cosas que suceden alrededor, que las solucione otro. Esto es lo peor, que no hay solucionadores. Y cuando emergen, nos encontramos con los Trump, Putin o Musk, el nuevo dueño de Twitter, que está haciendo peligrosos experimentos con la red social más utilizada. Así que me gustaba escuchar a Pablo Milanés, muchísimo, desde bien joven. Creo que poco sé de todo, pero hay cosas que me han calado, como cada una de las canciones de mi cubano preferido. Temas como “El amor de mi vida”, “El breve espacio en que no estás”, “Yolanda”, “De que callada manera” o “Amo esta isla”. Uno se forja de lo que le enseñan y aprende. Me siento orgulloso de haber nacido en la época de figuras tan extraordinarias. Cada cual tiene sus preferencias, no pretendo, por favor, imponer las mías, pero no atentemos a la inteligencia comparando si quiera estar todo el día pegado a un puñetero móvil, jóvenes y mayores, a escuchar tranquilamente una canción como “De qué callada manera”. En silencio, en un hospital de Madrid, a los 79 años, Pablo nos ha dejado. No quisiera terminar simplemente bien este artículo, señalando que alguien así no muere nunca, ya que pasa a ser eterno, como sus canciones. Si algo ha de dolerme, es que dentro de 20 o 25 años, preguntemos a un joven por el trovador, y conteste que no sabe quién fue. Y es que así vamos de mal en este siglo maldito.

“Mientras me vaya bien, las cosas que suceden que las solucione otro. Esto es lo peor, no hay solucionadores. Y nos encontramos con los Trump, Putin o Musk”

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Recuperación y mejoras, todo está en los anuncios de televisión

Hay días en que me despierto y no reconozco a mí país. Depende mucho de que pise la calle o me quede en casa viendo televisión, y cómo distorsiona esta la vida, con la riada incesante de anuncios sobre fondos europeos, y lo mucho que se va a hacer con ellos. Saco una conclusión. Hay dos realidades, la que es, y la que nos quieren hacer creer. Por eso no es justo echar la culpa siempre a los mismos, cuando somos nosotros los paralizados. Dentro de este artículo cito el movimiento, a imitar, #QuieroCorredor. Impulsado desde la sociedad civil, quiere, ante tanto incumplimiento, un futuro para las regiones mediterráneas.    

Si a los anuncios del Gobierno, le sumamos los otros anuncios que quieren cambiar nuestros hábitos de vida, aunque no nos dicen cómo se mantiene así un hogar, el resultado que nos sale de la suma son los tediosos contenidos que actualmente emiten las televisiones españolas. Lleva mucha razón Jorge Lanata, el gran periodista argentino, cuando pone el acento en que es irrelevante el argumento que des. “Las personas ratifican su pensamiento y creencia. Hay una tendencia a la desaparición del pluralismo”. En efecto, esto es lo único que importa hoy, machacar y machacar con el mensaje que interesa, hasta convencer, sea verdad o mentira.

Además de suscribir el pensamiento de Lanata, me gustaría añadir que mucha culpa de la falta actual de pluralismo la tiene esta desmedida invasión de propaganda, pura y dura, con la que los Gobiernos y sus representantes se muestran encantados. A continuación, está el control de los medios de comunicación, sobre todo en lo referente a las actividades oficiales y consiguiente forma de publicarlas o emitirlas. Hemos tenido recientemente un claro ejemplo con la tragedia humana en la valla de Melilla, y que sea la BBC británica quien cuente lo realmente sucedido. Y finalmente nos topamos con Internet y las redes sociales, que esa es otra, porque entramos directamente en la jungla de la desinformación, la defensa ideológica a ultranza de los tuyos (partidismo), las noticias falsas, el insulto porque sí, y la calumnia que no recibirá castigo alguno.

Con las noticias verdaderas, que además son el resultado de lo que vivimos hoy los ciudadanos, se pretende menos trascendencia. La prensa española se ha hecho un poquito de eco respecto a que los hogares españoles son los que más poder adquisitivo han perdido en la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Si la realidad de las empresas, los trabajadores, quienes buscan empleo, y las familias es una, como nos lo pintan no tiene absolutamente nada que ver con lo tozudos hechos de crisis y recesión a la vista.

“Si la realidad de empresas, trabajadores y familias es una, como nos lo pintan no tiene nada que ver con los tozudos hechos de crisis y recesión”

Claro, ves a diario por televisión tantos anuncios sobre ministerios y fondos europeos, que pareciera que las actuaciones para la recuperación económica y social de España va un ritmo imparable, cuando solo son mensajes publicitarios, sin mayor concreción ni resultados. Estas viendo un programa televisivo, y en los interminables parones publicitarios, con los numerosos anuncios que se emiten, al menos la mitad hacen referencia a esto de la Next Generación EU. Es obligatorio para las Administraciones citar de donde provienen las cuantiosas ayudas que la Unión destina a la recuperación tras el Covid de pymes y empresas, aunque abunde más mostrarlo mediante la publicidad que la inyección real de estos recursos, repletos de burocracia, que impide en muchos casos el verdadero carácter que se debe dar a este dinero, según refleja la queja permanente, tampoco difundida, de los pequeños empresarios. Unos negocios que se muestran más preocupados por el precio de la energía. Por lo que supone su uso en muchas actividades como pueden ser las panaderías, con el serio aviso de que bastantes se verán abocadas a apagar de forma definitiva sus hornos y echar el cierre definitivo.   

Los fondos europeos, y la gran inversión publicitaria empleada en difundirlos, pareciera que tiene anestesiada a la sociedad española, con la propagación del pensamiento (solo uno, comenta Lanata) de que hoy, mañana y en el futuro, Bruselas es el auténtico paraguas amortiguador de la mala situación por la que pasa España, con una deuda pública que ya llega a los 1,5 billones de euros. Nada más lejos de la realidad, y lo veremos en los próximos años cuando regresen los recortes sociales.

Claramente, nuestro país no es como nos lo pintan. Ni todo es bueno, ni todo es malo. Pero hay retrasos ancestrales, y contarlos hoy supone en primer lugar valentía, aunque también has de tener apoyo de los medios, para que el mensaje a trasladar llegue a la sociedad, y eso vale su dinero. Tenemos el ejemplo en el movimiento #QuieroCorredor, cuyo anuncio también se emite por televisión, gracias al puñado de grandes empresarios que están detrás de que se finalicen las obras de esta gran infraestructura, esencial para el futuro de las comunidades autónomas del arco mediterráneo. Cantabria sabe muy bien lo que es el déficit en carreteras, y no estar bien enlazada con el resto de la Unión Europea.

1.500 empresarios, los más importantes de España, como Juan Roig, de Mercadona, se acaban de reunir en Barcelona para seguir machacando con esta justa reivindicación, que proporciona o resta futuro a nuestro tejido empresarial frente a los demás socios europeos, e igualmente del ámbito internacional. #QuieroCorredor demuestra también que no todo es oro lo que reluce, y que nuestros principales problemas, el de nuestras regiones, siguen aún demasiado parados, ante lo cual se necesitan voces autorizadas que lo pongan de manifiesto. Evidentemente, las denuncias en voz alta no son en absoluto coincidentes con el discurso oficial. En los últimos tiempos se ha multiplicado otro hecho, del que los españoles veníamos teniendo queja, ahora incrementada. Madrid, Cataluña y País Vasco no lo son todo, pero lo parece. Solo hay que ver la distribución de estos fondos europeos, y donde están ubicados los principales proyectos, sean industriales, tecnológicos, de investigación, sanitarios o de mejora de las infraestructuras. Esto tampoco se cuenta en los anuncios de televisión, lo que no quiere decir que no haya otros tantos corredores, como el del Mediterráneo, que no lleven años de demandas no atendidas por los diferentes Gobiernos, con o sin ayudas europeas.  De nuevo, solo hay que mirar a Cantabria.

“España no es como la pintan. Tenemos el movimiento #QuieroCorredor, cuyo anuncio sale por televisión. Cantabria sabe lo que es déficit en carreteras”

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