El ejemplo de vacunar es ponerlas donde se pueda (EE.UU.)

Cada vez se entiende menos dentro de Europa que sus Gobiernos no utilicen todos los medios públicos y privados a su alcance para poner un mayor número de vacunas, y alcanzar así los porcentajes de inmunización anunciados, y que están en el aire. Un ejemplo a seguir lo ofrece Estados Unidos. Para vacunar, utilizan al ejército, las farmacias, las estaciones de metro, la propia calle y los supermercados. Así les va de bien, cosa que aquí, aún, no se puede afirmar rotundamente.

España falla en la vacunación, especialmente por el control tan estatal y centralizado que hay a la hora de tomar decisiones y poner vacunas. No es algo ajeno al resto de Europa, hacia la que, como ente político y económico, tenemos la idea de que lo solucionaba todo, pero ya se ve el traspiés de campeonato en la compra y reparto de las dosis, y la cosa aún no ha acabado.

Frente a esta fallida organización en la UE, tenemos el ejemplo de cómo lo lleva a cabo Estados Unidos, especialmente desde que llegó a la presidencia Joe Biden. Te vacunan gratis en los lugares de más afluencia de público. Y en este punto de mira, lo mismo está la calle, las farmacias, las estaciones de metro, que los supermercados. Desde las escenas de película de Berlanga que tuvo el asalto al Congreso norteamericano, mi percepción de aquel país había variado a la baja, pero he de reconocer que las aguas vuelven a su cauce, cuando compruebas lo bien que funcionan en cuestiones cruciales, una vez superada la era Trump, y evidentemente esta de la pandemia y las vacunas lo son.

En Europa, en España, estamos estancados desde el principio con lo de aunar esfuerzos, todos a una, para parar al virus. Se ha quedado en palabras, y el tiempo pasa, los meses del 2021 corren que se las pelan, y en el horizonte del verano, ósea ya, se quiere tener un 70 por ciento de la población inmunizada. Si se logrará o no es toda una incógnita, pero no seré yo quien haga pronóstico previo alguno de fracaso,  porque cambios, mejoras y corregir errores siempre ha existido, de ahí que quepa una cierta esperanza de que se cumplan unas cifras que, hoy por hoy, son más producto del marketing que de la realidad sanitaria. Mientras, al otro lado del charco se suman inmunizados a paladas, y aquí estamos con las querellas contra AstraZeneca, no se sabe qué pasará con la segunda dosis de esta vacuna, el retraso por tramos de edad es evidente e incomprensible, y ya meterse en vacunaciones de 50 años para abajo es un episodio que aún no está escrito.

“En Estados Unidos te vacunan en los lugares de más afluencia de público, lo mismo en farmacias, estaciones de metro que supermercados”

Con todo lo dicho, se puede resumir que uno de los principales problemas en la lentitud y fallos de la vacunación en España es haber dejado de lado (sin contar la llegada a cuentagotas de vacunas), no utilizar recursos públicos y privados, tanto técnicos como humanos, que hubieran sido esenciales en esta crisis sanitaria. Me refiero, como en Estados Unidos, a las farmacias. Hablo, como en Estados Unidos, del Ministerio de Defensa, del Ejército. Cito, como en Estados Unidos, a la colaboración entre multinacionales farmacéuticas, si una no cumple con los pedidos, otra lo suple aportando mayor cantidad de dosis.

¡Será por instituciones ejemplares en España, y que han demostrado su valía y aportación a la sociedad! Seguro que me olvidaré de muchas, pero voy a citar a las que pueda. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Defensa, o los colegios médicos, de enfermería y farmacéuticos. Asimismo, a empresas estratégicas, públicas y privadas, y sus magníficas instalaciones, la sanidad privada, que ya fue utilizada en la primera y más grave fase del Coronavirus, los servicios y centros de emergencias, en general, así como centros médicos y sanitarios, que son muchos y muy variados. Muy poco o nada de esto se está utilizando, y es una pena porque hay otros países que han demostrado que la unidad de criterios y de recursos es fundamental a la hora de vencer a este bicho (Estados Unidos, Reino Unido, Israel, etcétera).

En verano se quiere llegar a un punto suficientemente alto de inmunización, pero se olvida que el veraneo es época de vacaciones, y para todos, tanto quienes ponen las vacunas como quienes las reciben. Seguidamente, están los desplazamientos, que se prevén masivos, de las personas que marchan de sus lugares de residencia a otros lejanos, y cuando les llamen para vacunarse no van a estar disponibles. No parece pues un verano la época más indicada que marcar en el calendario del aumento de la inmunidad. Podría ser así, si todo el mundo tuviera la misma percepción de lo que estamos atravesando. Pero tampoco. Ahora ya volvemos a vivir deprisa y corriendo. A recuperar todo lo que no hemos hecho antes. A regresar a bares, restaurantes y celebrar fiestas, barbacoas y botellones. Cada fin de semana lo vamos a tener que contar así y, ya entrados de lleno en el calor del verano, también lo narraremos entre semana. Estos escenarios no son precisamente compatibles con el momento real que nos toca vivir: vacunarse, esperar a la segunda dosis, y que se vaya completando la vacuna en todos los tramos de edad posibles, teniendo en cuenta que en España tenemos a los jóvenes en desbandada. No es que se planteen cambios sobre la manera actual de hacer; es que habrá que hacerlos,  si queremos inmunizar a tan alto porcentaje de población, y en todas las edades.

“Uno de los problemas en la lentitud de vacunación es haber dejado de lado instituciones como Defensa, colegios médicos, enfermería y farmacéuticos”

Dejar un comentario

Ya no se hablará más (o sí) de alarmas y toques de queda

¿Quién no puede querer que se acabe un estado de alarma, toque de queda o restricciones a la libre movilidad? Vivir sin que te controlen no tiene precio, y hacerlo con seguridad tampoco. Esto último es la gran duda que surge a partir del final de este periodo en España. Ahora van a ser las comunidades autónomas las que pidan medidas a los jueces en caso de necesitarse. La controversia está servida, y viene tanto por este hecho, como por la preocupación de que debería haber más ciudadanos vacunados. 

El Covid o Coronavirus se recordará siempre como la catástrofe vírica que es, pero también porque ciudadanos de muchos países sufrieron por primera vez en sus vidas una declaración de estado de alarma  y, con ello, la implantación de un toque de queda nocturno. Aún no conozco a nadie que manifieste felicidad, tras seis meses y medio de restricción en la libertad de movimiento, aunque hay que reconocer que ha sido una medida eficaz ante la insistencia del virus, como sucede aun, de permanecer matando y contagiando.

La desorganizada Europa tiene a muchos de sus países miembros en pleno toque de queda, pero España, siempre diferente, quiere dejarlo atrás antes que nadie. Para ser concretos, la patata caliente se pasa a las comunidades autónomas, que tendrán que acudir a su Tribunal Superior de Justicia si quieren volver a tomar alguna medida de estas características. En adelante, antes de movernos por el territorio nacional, tendremos primero que cerciorarnos de lo que se  puede y no se puede hacer dentro del destino elegido. Semejante decisión se podría calificar de muchas maneras, aunque en esta ocasión elijo el término perplejidad. Entenderán  que me decante por esta sensación, ya que se traduce en confusión y duda de lo que se debe hacer en algo. Pues este es el caso que nos ocupa

Ojala pudiera guiarme por aquello que recomendó Unamuno acerca de que procuremos más ser padres de nuestro porvenir que hijos de nuestro pasado. Comprendo que reconstrucción, normalidad, recuperación económica y social no maridan en absoluto con estados de alarma, pero al mismo tiempo no se puede obviar que el Covid sigue muy fuerte entre nosotros, y que la vacunación arroja a día de hoy cifras muy bajas respecto a número de ciudadanos que han recibido ya las dos dosis previstas para una correcta inmunización. Lógico es también que un país no puede estar eternamente en toque de queda, sobre todo porque hay muchos negocios y empleos que dependen de los horarios prohibidos para moverse por ciudades y pueblos. Lo que sucede en Europa, que gusta definirse como bloque político unido, es que debería tener a estas alturas un criterio común a la hora de lo que tienen y pueden hacer los estados miembros cuando la situación calamitosa que afecta a todos requiere de la declaración de un estado excepcional. También a  causa del Covid, los ciudadanos nos hemos percatado que se hace necesario mejorar la legislación a lo que demanda un momento de semejante crisis. Así no ocurriría lo que emprende ahora el Gobierno de España con respecto a que cada región, si se lo permite la justicia, adopte unilateralmente las medidas que vean oportunas, lo que originará diferencias, críticas,  incertidumbres y  no pocos conflictos. Ósea, que se prevé gorda. 

“Se hace necesario mejorar la legislación. Así no ocurriría que cada región adopte unilateralmente medidas, lo que originará conflictos”

Será así porque no es la mejor manera empezar esta nueva etapa en la vida de de España, con gran parte de los territorios, de norte a sur y de esta a oeste, abiertos, con la salvedad de cuatro comunidades autónomas que ya han sido autorizadas judicialmente a seguir con restricciones. Pero la idiosincrasia española ya se ha puesto de manifestó incluso antes de acabarse el estado de alarma. La justicia avala que continúe en unos sitios mientras que en otros, caso del País Vasco, con una situación Covid muy delicada, y pegado a Cantabria, lo deniega. Queda justificado pues que renglones atrás hablara ya de diferencias y conflictos. Y esto solo es el principio.

Si hay un consejo interterritorial en materia de sanidad entre el Gobierno central y las comunidades autónomas, si durante la pandemia ha habido diferentes reuniones entre todos los presidentes autonómicos a la hora de hablar, escucharse y tomar decisiones, no se entiende el porqué de esta decisión de trasladar toda la presión a las autonomías

La publicación de este artículo coincide con la desaparición del estado de alarma en España, pero nunca pensé que llegaría a experimentar al tiempo satisfacción y desasosiego. Si los datos del Covid fueran mejores, a buen seguro los españoles festejaríamos con tranquilidad el gran paso que supone no tener que regresar a nuestros hogares a diario, deprisa y corriendo, antes de que el reloj marque las once de la noche. Ya no va a ser así, salvo excepciones. Lo mismo ocurrirá con la movilidad, con una inminente llegada del verano, con unos desplazamientos que se presuponen masivos, y con disfrutar del día, la tarde y la noche como cada uno elija. Bonito, no puede ser más bonito. Pero, para mi gusto, si se hubiera hecho con previsión, consenso, desescalada y un mayor número de vacunas puestas, mejor que mejor. Por el bien de todos, más nos vale que la medida sea acertada, aunque las primeras crónicas periodísticas escritas al acabar la alarma hablan solo de botellones a destajo y todos a la calle como si no hubiera otro día que celebrar.

“Con la desaparición del estado de alarma en España, nunca pensé que llegaría a experimentar al tiempo satisfacción y desasosiego”

Dejar un comentario

De duda en duda, la siguiente es el después al toque de queda

Antes de nada, cabe esperar a si verdaderamente se va a cumplir en España lo del levantamiento inminente del toque de queda. Lo señalo porque el Gobierno lo quiere pero, muchas comunidades autónomas, no. Pongamos que es así. Tendremos que andar con ojo para no echar por la borda lo mucho que se ha conseguido en la larga batalla contra el coronavirus. Y lo digo porque en este país pasamos en instantes de la precaución al jolgorio.

Como mejor se vive es sin toque de queda. En sí mismo,el término genera mal rollo, además de chocar frontalmente con lo que supone vivir en total libertad. Tras sufrirlo – porque las cosas no van bien, en este caso derivado de una pandemia por un virus nuevo -, no creo que nadie lo quiera volver a experimentar. En España estamos a punto de terminar con un larguísimo estado de alarma, aunque no son pocas las dudas que genera la decisión, ante todo porque el Covid sigue muy presente entre nosotros, y solo lo ahuyenta una vacunación que avanza con lentitud.

En el día después, auguro una convivencia entre tres sociedades muy distintas. La primera, preocupada mucho aún por el posible contagio, de ahí que continúe practicando a rajatabla dos recomendaciones tan importantes como son el uso de la mascarilla y la distancia social a la hora de los contactos. La segunda será la que cree que con la vacunación, sea una dosis o las dos, ya ha terminado todo, y actúe en la calle acorde a este sentir. Y la tercera corriente será la del desmadre general, protagonizado por la  gente que quiera hacer ahora (todo de una vez), aquello que no pudo llevar a cabo durante el 2020 y la primera parte de este 2021.

De producirse en este iniciado mayo el levantamiento de un estricto horario nocturno que obliga a recogerse en casa, podemos asistir a una auténtica cascada de decisiones en las diferentes autonomías, que a mi modesto entender se verán huérfanas y abandonadas, ante medidas que puedan llegar a tomar y que a continuación sean tumbadas por los tribunales.

“Auguro una convivencia entre tres sociedades distintas, la preocupada, la que cree que con la vacunación ha terminado todo, y la del desmadre”

Y es que llega el verano y hay que abrir la economía. Pese a los intentos de desvalorizarlo, España es una potencia de primera magnitud en turismo, viajes, hoteles y hostelería. Es la primera industria nacional y el dinero tiene que entrar, sí o sí,  en las arcas nacionales, regionales, municipales y los negocios montados en todas estas actividades profesionales. Pero no son pocas las incertidumbres que nos van a acompañar en este camino, sin marcha atrás, de volver a abrir el país de par en par.

 Nuestro comportamiento va a marcar esta nueva etapa, de inicio real del post-covid, aunque las imágenes que llegan de la India pongan a cualquiera los pelos de punta. Lo ideal serian las aperturas controladas, y que supiéramos cómo hay que actuar. Al parecer, es mucho pedir, por lo que no albergo esperanza de que, bien pronto, retomaremos la conversación sobre las multitudes, las fiestas, botellones, barbacoas, reuniones y eventos innecesarios, que cada vez se justifican más porque, evidentemente, la gente está harta de todo lo que no permite hacer el Covid-19. No obstante, nos guste o no,  hay que dar más tiempo a la ciencia, hasta que llegue a poner las cosas en su sitio.  

Vamos mejorando, eso no se puede negar, ante todo porque hay muchos tipos de vacunas. Decir esto no es incompatible con que vamos a tener un verano y un otoño que nos va a recordar bastante a lo que ya hemos visto. Deberíamos blindar todo el esfuerzo de una larga cuarentena, de unas nuevas reglas sociales sanitarias, y de un toque de queda al que ahora queremos dar carpetazo. Sí, también todas estas prevenciones nos han colocado en el precipicio económico en que estamos. Pero al tiempo me atrevo a decir que ya sabemos lo que podemos hacer para combatir los repuntes de coronavirus. Démonos un tiempo prudencial para ver las consecuencias de retirar aquí el estado de alarma, algo que no se hace en el resto de Europa. De todas formas, hay cuestiones que no cambian en el desarrollo de esta pandemia mundial, y la más lamentable es que cada país sigue a lo suyo, por libre. Trabajar en común ha sido y es un escenario raro de ver. Defender el tejido productivo y económico de España es deber de todos. Actuar de mutuo acuerdo en las decisiones que se adoptan parece ser algo que se ha llevado por delante el virus. Un claro ejemplo sería que se retirara el toque de queda con el beneplácito del Gobierno y de todas las comunidades autónomas. Pero no es el caso, y por eso la decisión augura críticas seguras.

“Retomaremos la conversación sobre multitudes, fiestas, botellones, barbacoas y eventos. Nos guste o no, hay que dar tiempo a la ciencia”

Dejar un comentario

PARA LA BANCA, RECONSTRUIR SON MILES DE DESPIDOS

Hay multitud de ocasiones en que aseveramos que lo que está por venir, económica y socialmente hablando, va a ser muy duro. Pues bien, con la banca y sus despidos ya no cabe duda. La intención de eliminar 20.000 empleos en el sector es una auténtica barrabasada, no solo por la cuantía, sino por el efecto dominó que tan pésimo ejemplo pueda crear en otros tantos sectores productivos, que decidan coger el mismo camino a la hora de aumentar beneficios y recortar costes y servicios.

El antónimo de reconstruir es destruir, que es lo que anuncia la banca española con el despido de miles de sus trabajadores. En las dos últimas grandes crisis económicas, la de 2008 y esta del Covid, no se puede decir precisamente que las entidades financieras nacionales hayan estado a la altura de las circunstancias. El rescate bancario español de la primera gran depresión económica de este siglo costó al Estado, ósea a todos, la mareante cifra de 77.000 millones de euros. Ahora, cuando estamos hablando de ERTE, reconstrucción, llegada de fondos europeos para apoyar a todos los sectores productivos dañados por el coronavirus, asistimos a una hemorragia de despidos entre las principales marcas bancarias. Se quiere justificar con pérdidas, fusiones entre entidades, cambio en el modelo de negocio, digitalización y lo que ellos quieran. Pero el resultado es demoledor, desmoralizador y, sobre todo, muy contagioso, ya que genera esta gran  preocupación: ¿si la banca hace esto, que no harán los demás?

El cuadro que anuncia las cartas de despido es aterrador.  CaixaBank: 8.291, BBVA: 3.798, el Santander ya lo hizo antes con  3.572, el Sabadell: 1.875 empleos en el aire, Ibercaja con 750 salidas, y Unicaja-Liberbank, que toca directamente a Cantabria pero que aún está por definir, se habla de entre 1.000 y 2.000 trabajadores.

En España siempre ha dado pavor un despido masivo, fuera lo que fuera. Respirábamos tranquilos porque este tipo de noticias se podían dar en Estados Unidos, Inglaterra o Francia, pero no aquí. De repente, nos encontramos con estas alocadas cifras, que conllevan también la desaparición de miles de oficinas bancarias en todas partes, pero mucho me temo que el mundo rural va a sufrir un mayor abandono al acostumbrado, ahora que se habla tanto, y tan poco se hace, sobre el despoblamiento del campo. Con crisis o sin crisis, con fusiones o sin ellas, la simple digitalización hubiera acarreado mucho daño. Si los clientes nos lo tenemos que hacer todo en los cajeros, sin que nadie nos atienda o nos guie, ¿para qué necesitan empleados las entidades? Por lo tanto, esto se veía venir, pero luego es que se han encontrado con otros aliados imprevistos para explicar las barrabasadas de despidos, como son el Covid-19, las pérdidas económicas y las consiguientes fusiones.  

“Se quiere justificar con pérdidas, fusiones, cambio modelo de negocio, digitalización y lo que quieran, ¿si la banca hace esto, que no harán los demás?

Esto último, la pandemia, es una excusa baladí, porque el comercio, los negocios, el dinero, los recibos, pagos y gestiones de lo más diverso siempre van a existir para los bancos. La cuestión es otra muy distinta, la de siempre: tener más beneficios al mínimo coste posible. Pero, claro, esto conlleva dejar de prestar muchos servicios y empezar a cobrar por todo, que es lo que ya estamos padeciendo los clientes. Valoro que el Gobierno de España haya reaccionado a estas pretensiones de despidos, porque de lo contrario la gente puede empezar a no creerse ni reconstrucción, ni recuperación, ni vuelta a la normalidad, ni nada de nada.

Ya les adelanto que esta depreciación del servicio bancario va a alentar un debate que ya se tenía que haber dado sobre lo que aportamos los clientes y, a cambio, recibimos. Los bancos se han instalado en los móviles, con las famosas App de todo. Ya puedes pagar cualquier cosa con el móvil, e igualmente en cualquier punto de la geografía nacional o exterior. Con la tecnología pasa como con todo, hay que saber hasta dónde se puede llegar para no excluir a nadie. Antes hablábamos de analfabetos por falta de educación (e incluso con ella) y hoy lo hacemos en cuanto a la digitalización. Ocurrió igual con Internet, para que todo el mundo pudiera acceder y con unos conocimientos básicos (Ciudades Digitales). Pero es que en España se impone esta digitalización tal cual, sin aviso previo, ni mucho menos instrucciones o una formación mínima al respecto. Es algo que hace mirar a nuestros mayores, a todos aquellos que les gusta más lo de antes que lo de ahora (poner al día la cartilla en la sucursal de tu banco, en tu barrio). Aunque hay muchos más grupos sociales, además de la tercera edad, sensibles de quedarse atrás dentro de tanta modernización de hacerlo todo a través del móvil, la tablet o el ordenador.

Es evidente que los tiempos cambian, y que debería ser para ir a mejor. No es el caso actual, por muchas razones y daños colaterales. Desde luego, lo que no debería implicar la tecnología es ir para atrás, provocado por perder servicios, atención personalizada y, lo más importante, mantenimiento del empleo, cosa que no sucede en la banca, algo que muchos nunca llegamos siquiera a imaginar, por la seguridad que ofrecía trabajar en un banco o caja de ahorros. La famosa digitalización ha demostrado lo equivocados que estábamos. ¿Qué será lo siguiente?

“Valoro que el Gobierno haya reaccionado, porque la gente puede empezar a no creerse ni recuperación, ni vuelta a la normalidad, ni nada”

Dejar un comentario

A superar la pandemia, como Israel, con igual perseverancia

Causa pesadumbre tener que citar países que lo han hecho bien con el Covid, caso de Israel, mientras el panorama es bien distinto, malo, en España, Francia o Alemania. Fundamentalmente, las causas hay que buscarlas en el desacuerdo inicial y consiguiente improvisación. Aunque estamos a tiempo de cambios necesarios. Otro ejemplo lo encontramos en Estados Unidos. Allí se ha dado paso a las grandes decisiones (Biden) y dejado atrás las estériles broncas políticas (Trump).

Estamos en punto muerto respecto a doblegar los malos resultados de la pandemia por Covid-19. Quiero recordar que los datos, a día de hoy, en todo el mundo, son 3 millones de muertos y 140 millones de contagiados (lo olvidamos con facilidad). Entre los 194 países que componen el mapa mundi, España ocupa el noveno lugar de los peor parados. Consiguientemente,la situación se puede calificar de muy delicada. Hay otro asunto que no se aborda bien. Ya me gustaría decir que, cumplido un año, hemos aprendido lecciones, superados entuertos y acordado trabajar todos juntos en favor de una misma solución sanitaria satisfactoria, pero va a ser que no. A consecuencia de todo ello, el coronavirus se ha hecho extremadamente  fuerte

En los dos escenarios del actuar frente al problema, uno es el avance que quiere ser la aparición de vacunas y su aplicación inmediata a la población, y otro el espectáculo interior que se vive en muchos países, caso de España, al encontrarse con una variada descoordinación y fallos generalizados, por  ausencia de un continuado trabajo en común, algo que ha sido tónica general desde el principio de esta crisis. No se salva nadie de ser señalado con el dedo, pero quienes menos tienen la culpa son los ciudadanos, deseosos de recuperar sus vidas y, ante todo, no perder los trabajos que ahora penden de un hilo.

A estas alturas del Covid, no cabe duda que unos poquitos países han hecho mejor los deberes. Israel es un caso claro. Todos sus ciudadanos están ya inmunizados, y no están obligados a llevar mascarilla en el exterior de sus ciudades y pueblos. ¿No podrían otras naciones haber aplicado el mismo plan? Pues no, porque cada país ha querido ir desde el principio por libre, aunque luego el resultado haya sido nefasto, como le sucede a una Unión Europea, el gran continente del bienestar social, que queda muy tocado ante un plan de vacunación que no va hacia adelante, a lo que se suma la controversia de la eficacia de vacunas como AstraZeneca o Janssen. En una nueva decisión de urgencia, ahora se quiere apostar todo a la Pfizer, pero nada ni nadie nos asegura que la situación actual, del todo insatisfactoria, vaya a revertir.

“Israel. Sus ciudadanos están inmunizados, y no están obligados a llevar mascarilla en el exterior. ¿No podrían otros haber aplicado el mismo plan?”

Un hecho está más que claro. No haber trabajado todos los países juntos ha empeorado el problema. La UE, por su lado, Estados Unidos, por otro, Reino Unido, mejor no hablar, Rusia, apostando por la confusión y China, también incalificable. El control de las vacunas pareciera buscar nuevas influencias mundiales de unas potencias sobre otras, de tal manera que la solución urgente queda supeditada a acuerdos, tratados y otros pormenores que se irán conociendo con el tiempo, aunque no por ello dejarán de ser inaceptables por anteponer poder e influencia a salud

En busca de ahondar un poco más en el éxito israelí, encuentro una serie de claves que derivaran en el éxito de su vacunación. Es así porque en menos de dos meses la recibió el 40 por ciento de su población. Todo un record. Tanto desde dentro como desde fuera de aquel país, el hecho se explica porque tienen un sistema público de salud muy eficaz, totalmente  digitalizado, cualidades que han facilitado enormemente convocar rapidísimamente a los ciudadanos para inyectarles. Hay más cositas. Otorgan a Israel la realización de una buena campaña de concienciación ciudadana contra el Covid, una logística impecable y una anticipación en la compra de vacunas, que les llevó a cerrar con la farmacéutica Pfizer un contrato de suministro  pionero, a cambio de  facilitar datos experimentales nuevos que sirvieran para el resto de países.

Bien a todo, pero resulta excepcionalmente chocante hablar del buen sistema de salud israelí y tan informatizado, que no deja en buen lugar al español,  francés,  alemán o portugués. Si a esto le sumamos que la mayoría de las vacunas se fabrican en suelo europeo, la frustración aumenta por momentos. Lo que sí hay que concluir es que ha faltado previsión. Quedentro de los países como España nos hemos perdido en el limbo de los desencuentros que no aportan nada. Que la desunión ha sido y es patente. O queun gigantesco problema como el que aún tenemos encima se acomete con serias dudas ante el verano o las siguientes Navidades, sin ir más allá. Así y todo, estamos aún en la segunda parte del partido y creo que hay muchas cuestiones que se pueden y deben reorientar. Que haya países que lo van logrando, abre la puerta a un mejor escenario para el resto. Queda tiempo, pero es un tiempo que tenemos prestado, sobre todo para una economía cada día más maltrecha. Hay que perseverar, dialogar y acordar, todos con todos. Y si no es posible, desde la sociedad tendremos que empezar a demandar otra forma de hacer las cosas, que no comprometa la salud general por el egoísmo de unos cuantos.

“No haber trabajado juntos ha empeorado el problema. La solución quedasupeditada a acuerdos inaceptables por anteponer influencia a salud”

Dejar un comentario