HABLAR DE RESIDENCIAS SIN DAR SOLUCIONES URGENTES

Coincidiendo con el fallecimiento por Coronavirus de miles de ancianos dentro de sus residencias, pronto se hablaría de cambiar el modelo actual, por otro nuevo y más transparente. El tiempo pasa, la desgracia se ceba nuevamente con nuestros mayores, pero nada se ha hecho, aún, para mejorar determinadas condiciones de muchos de estos centros, sean de carácter público (peor) o privado. Lo único real es la frenética construcción de nuevos proyectos dentro del sector tercera edad, que repiten el aspecto de moles gélidas, alejadas completamente de la fisonomía  de hogar que se pretende, algo para lo que se necesitan primero normas, inexistentes.  

Incluso antes de la declaración oficial de que estábamos en pandemia, este periódico siempre ha dedicado grandes espacios a todo lo relacionado con la tercera edad, los pensionistas y también, por supuesto, a las residencias de mayores. Poquitos medios como El Diario Cantabria destacan, inmersos de nuevoen momentos sanitarios críticos, cómo los contagios y muertes por Covid se han multiplicado nuevamente, y golpean de manera tan injusta a nuestros ancianos, como ya ocurrió con miles de casos y defunciones en 2020.

Dentro de la historia de la mala gestión del Coronavirus van a quedar penosas imágenes. Ninguna parecida a todo lo ocurrido en los centros de mayores, la elevada cifra de fallecidos (más de 30.000), y la indefensión ante lo ocurrido de usuarios y familiares, muchos de los cuales buscan en la actualidad respuestas en los tribunales. Se anunció entonces que España, su Gobierno principalmente y los de las diferentes comunidades autónomas, debían acometer una seria reforma de su sistema asistencial, referido en concreto a las condiciones de gestión de las residencias de mayores, fueran públicas o privadas.

El 13 de marzo de 2020 se decretaba el estado de alarma en todo el país, han pasado casi dos años desde entonces, y el momento actual en las residencias vuelve a ser calamitoso. De los compromisos con respecto a acelerar cambiosuna mayor inspección, que los resultados sean públicos, y que los centros empiecen a abandonar el aspecto de hospital para parecerse a hogares-, si te he visto ni me acuerdo.

Ante el panorama de parálisis, Comisiones Obreras ha pedido una auditoria pública que esclarezca lo que el sindicato considera un escandaoloso exceso de mortandad entre las personas mayores residentes en estos centros. Esta petición concreta viene a demostrar que, aunque se pretenda lo contrario, el debate social y búsqueda de responsabilidades ante mucho de lo ocurrido dentro del Covid, sigue muy vivo. Lo mismo se puede decir de la necesidad de impulsar esos cambios urgentes planteados, y no demorarlos ni un día más.

“Aunque se pretenda lo contrario, el debate social y búsqueda de responsabilidades ante lo ocurrido dentro del Covid, sigue muy vivo”

El virus y sus diferentes variantes han dejado ya muy claro, aunque muchos no se quieran dar por enterados, que no hay ningún escenario totalmente seguro, como pueda ser la normalidad en hospitales o residencias de mayores, cuya situación en enero de 2021 vuelve a ser altamente complicada. Los vaivenes del Coronavirus, su comportamiento en definitiva, deberían contar después de dos años con protocolos de actuación, universal, bien definidos y eficaces. No es así. En las residencias de mayores tenemos lamentablemente un ejemplo.

Igualmente, sobre lo deseable de hacer de las residencias algo lo más parecido a hogares, España no está siendo precisamente espejo en el que mirarse. Hay todo un boom de construcción de residencias privadas, con precios mensuales desorbitados, cuya fisonomía exterior e interior no se parecen en nada a hogares. Por eso, sino hay cambios en el modelo actual, tampoco prisa por hacer nada, y no paran de llevarse a cabo proyectos empresariales en este campo, no entiendo que se planteen promesas que está claro no se van a cumplir. Más bien parece que solo se trata de replicar las criticas habidas, antes y ahora, sobre lo que está pasando dentro de las residencias con el Covid-19. Los miles de ancianos muertos, bien merecen esa auditoria que se pide. También queda aprender de los errores para que algo así no vuelva a suceder, en el caso de que volviéramos a vivir una pesadilla como la actual. No olvidemos que aunque cada vez se aprecia más el intento de sectores concretos (económicos ante todo) de dar carpetazo al Coronavirus, los hechos son tozudos, y demuestran que seguimos teniendo un gran problema para su control definitivo. Tan solo hay que ver lo mal que hemos terminado 2021 y lo peor que empezamos 2022. Y también se vuelve a hablar de lista de fallecidos diarios, en su mayoría ancianos, muchos de ellos residentes en centros de mayores. Cuando se dice eso de “no os olvidaremos”, la mejor manera de demostrarlo es mediante la investigación exhaustiva de todos los hechos, ¿qué falló?.  

“Cuando se dice eso de no os olvidaremos, la mejor manera es mediante la investigación exhaustiva de todos los hechos, ¿qué falló?” 

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Ahora, los que más contaminan, adalides del medio natural

Pones la televisión, y lo ves en anuncios. Las multinacionales son ahora las que plantan más árboles, protegen los bosques y van con el viento que genera la energía limpia que, en cambio, no sirve para estabilizar el descabellado precio de la luz. En la post pandemia (cuando llegue), el mensaje vacío se ha hecho con la relevancia del tedioso día a día. Que sea verdad luego lo que cuentan, en este caso frenar el desastre del planeta por el cambio climático, eso, es ya otro cantar.

Por supuesto, que del calentamiento global y cambio climático se pretende un giro radical de mentalidad, ante todo industrial, por eso de los residuos devastadores. Pero no basta con convertirlo todo en un marketing de mensajes vacíos, para hacer creer que los que tradicionalmente han estado en el lado de la contaminación, hoy lo están en el de la conservación. Y todo, solo, mediante

 anuncios en televisión.

Con la degradación, ya vertiginosa, del planeta, pasa como con el Covid-19 y otras tantas cuestiones trascendentales: sin un acuerdo mundial, no hay nada que hacer. Quien pone la zancadilla es siempre la misma cuestión, los intereses económicos y, de ahí, personales. Después, como sucede actualmente, con lavar la cara al asunto, parece que a algunos les vale, y los demás a tragar la cada vez mayor y más retorcida manipulación (alterar los hechos para engañar).

Añoro cada día más el espíritu crítico que había en los años 80 y 90, impulsado sobre todo desde la cultura, la creación y las artes. Ahora, y lamento mucho decirlo, estamos dormidos, impasibles, ni siquiera expectantes. Como esperando a que nos arreglen los problemas quien lo tenga que hacer, pero sin nosotros hacer nada al respecto, en una actitud de hombros encogidos.

“Añoro el espíritu crítico que había en los años 80 y 90, impulsado desde la cultura. Ahora, estamos dormidos, impasibles, ni siquiera expectantes”

Lo más activos que se muestran algunos es mediante la declaración de que ya no ven las televisiones, para que no les cuenten milongas. Así, la desinformación nos invade. Así, quienes tienen intereses muy particulares los podrán llevar a cabo, sin oposición alguna. Así, nos convertimos en una sociedad seguidista, de mensajes únicos, a cumplir sin rechistar. Los problemas de extrema gravedad, como el del cambio climático, se acumulan, están estancados, y en esto nos quieren meter en una nueva economía que nadie aún se atreve a visualizar el rostro que tiene, pero que muy pronto va a ser otro gravísimo problema mundial, ya que la digitalización no necesita de obreros ni de creación de empleo, que no parece ser ya el objetivo número uno de Estados y respectivos Gobiernos.

Es de temer que esta nueva economía no respete más que antes el equilibrio que supone producir-consumir-contaminar. Solo hay que ver cómo están los mares, y nadie hace nada, salvo los grupos concienciados con el medio ambiente, y su labor, pequeña, pero decidida. También, otra vez estamos con las energías alternativas, las del viento principalmente. Ya existen, y hay que preguntarse de qué sirven si no palian en absoluto el disparatado precio de la luz. ¿Vale la pena tan alto coste medioambiental para tan poco resultado de abaratar la factura a los consumidores? Los intereses, sobre todo cuando se trata de energéticas, no suelen hacerse estas preguntas. Lo que sí hacen son muchos anuncios por televisión para presentarse como adalides de la naturaleza, los árboles, las plantas, los animales, el ecosistema en general. Aunque la tierra requiere de decisiones tajantes de verdad, que exigen ante todo renunciar a determinados avances que han supuesto una comodidad envenenada, por lo mucho que destrozan el entorno en el que habitamos.

El planeta muestra cada vez más continuadamente sus lamentos. Terremotos, inundaciones, cambios drásticos en el clima con las estaciones completamente alteradas (en invierno, es verano, y en julio y agosto, parece diciembre), erupciones de volcanes y demás inclemencias son la demostración más clara. Desgraciadamente, siempre debemos tener presente una frase de Gandhi que refleja fielmente lo que pasa: “La tierra provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la avaricia de cada hombre”. Esto es lo que hay. Y bien poco hemos hecho en el pasado, y en este presente gris, para cambiarlo. Al tiempo que es inasumible del todo semejante comportamiento, no deberíamos ser parte de las falsedades de cambios de conducta que se nos presentan, para que creamos que la recuperación de la salud del planeta está realmente en marcha. No es así. Y unos simples anuncios televisivos o por otros medios de comunicación, incluso utilizando las redes sociales, no son absolutamente nada, sin acuerdos mundiales unánimes.

Lo que digo hoy en este artículo es por supuesto mi pensamiento, pero también otras personas me han hecho llegar la misma sensación con respecto a tanta veleidad a la hora de tratar nuestra propia autodestrucción. La primera conferencia sobre el cambio climático se produjo, por parte de Naciones Unidas, en el año 1995. Acabamos de entrar en 2022 (¡Feliz año a tod@s, paz, salud y trabajo!), y vamos camino de 30 años de discusiones, que no han servido en absoluto, ya que no hay una verdadera intención por parte de las principales potencias industriales (Estados Unidos, Rusia y China) en cambiar su agenda de desarrollo, a costa del medio ambiente. Ahora, eso sí, publicidad, marketing y anuncios, a destajo.

“Es de temer que esta nueva economía no respete más el equilibrio que supone producir-consumir-contaminar. Solo hay que ver los mares”

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EN FAVOR DE LOS JÓVENES Y PUEDAN TENER SU CASA

Aunque se ayude a los jóvenes con el alquiler de una vivienda, lo que quieren es comprar, y tienen además todo el derecho a llevar a cabo sus sueños, como antes lo hicieron sus padres. Ahora que se habla tanto de fondos europeos, y de la consiguiente lluvia de millones, los Gobiernos deberían atender más y mejor este problema en el que se ve inmersa la juventud. Si antes les propiciamos trabajos seguros y bien pagados, que no les ofrece una caduca reforma laboral, habremos allanado mucho mejor el camino para que logren, no muy tarde, casa en propiedad.

No acepto en absoluto que los mayores, sin más, asumamos que la juventud actual, con lo poco que gana en sus trabajos, jamás pueda acceder a una vivienda, y también metemos en el mismo saco sus pensiones, cuando les toque el momento. Tampoco acepto que no se haga nada, mayormente desde las instancias públicas que suponen los Gobiernos, el nacional y los autonómicos, que no promueven las suficientes políticas para que los jóvenes lleguen a tener algún día su piso, como antes lo lograron sus padres y abuelos.

Desde este 2021 contamos en España con el estudio Los jóvenes y el mercado de la vivienda, trabajo elaborado por Fotocasa Reserch. Arroja datos que llevan a la reflexión sobre el muro infranqueable con el que se topan los jóvenes en su pretensión de comprar una vivienda, paso para ellos tan difícil como que te toque una Primitiva. Veamos cuáles son los hechos. El principal es que el 62% de los menores de 35 años no consiguen emanciparse de sus padres por una cuestión esencial: falta de dinero que ni ganan, ni mucho menos pueden ahorrar, para embarcarse en otras empresas que no sea la fundamental de alcanzarles su sueldo para comer.

Si por un lado, el descenso de jóvenes propietarios cae en picado, por otro, el 59% de juventud que hoy vive de alquiler, sigue mostrando en un 70 % su preferencia por tener casa propia, de aquí a cinco años, aunque no saben si llegarán algún día a hacer realidad su proyecto de vida. Al igual que les pasó a sus padres cuando empezaron a trabajar, tienen las ideas muy claras sobre lo que supone obtener un inmueble. En los casos analizados de jóvenes compradores, un 48 % lo hace porque lo ven como una buena inversión a largo plazo, el 40% porque es un seguro para el futuro, y el 37 porque considera el alquiler una forma de tirar el dinero. ¿En qué han cambiado pues nuestros jóvenes con respecto a generaciones anteriores? Será en lo del uso del móvil para todo y meterse en redes sociales como preferencia para contar sus cosas, porque en lo que se refiere a tener su propio piso son iguales a quienes les han criado y educado.

“¿En qué han cambiado nuestros jóvenes respecto a generaciones anteriores? En tener su propio piso son iguales a quienes les han criado”

A diferencia de otras épocas, los grandes enemigos que tiene ahora la juventud para ver cumplidos sus sueños son un mayor paro, la reforma laboral, el altísimo precio de las casas, la falta de ayudas oficiales o las duras condiciones de los bancos a la hora de ofrecer alguna de sus hipotecas, cuando el cliente no tiene garantías suficientes. Como cuando un joven se presenta a un trabajo, y le piden dos años de experiencia, algo que es ridículo, lo mismo sucede con la banca a la hora de exigir unas garantías que, con 28 años de edad, no se pueden tener, a no ser que sean padres u otros familiares quienes avalen la operación.

Sin embargo, el principal problema, y es lo que manifiestan los jóvenes al respecto, la confianza en ellos es muy pobre. También lo creo. Se les exige más de lo que se les ofrece, y ya está bien de esa vieja cantinela de que cuando acudan a una entrevista de trabajo no se les ocurra preguntar por el horario y cuanto van a cobrar. La caduca reforma laboral que sigue teniendo España ya les ha situado en un mercado que a veces se comporta como abusivo, y que además ofrece una temporalidad laboral, que no les asegura fijeza y de ahí es imposible meterte en pisos, coches, ahorros, emprendimientos, viajes o lo que sea.

El Gobierno y la patronal de la construcción han de colaborar más para invertir esta situación. Por ejemplo, no es mala idea la propuesta por la Confederación Nacional de la Construcción. Pide que los fondos europeos para paliar el Covid sirvan también para facilitar a los jóvenes la compra de su primera vivienda, mediante la emisión de avales que cubran el 20 % del valor de la casa. Otra posibilidad: ofrecer garantías estatales para ayudar a los jóvenes a acceder a una hipoteca, adoptando figuras ya existentes en nuestro entorno europeo como la colaboración con bancos para la concesión de préstamos a interés 0(Francia);o el programa Help to Buy (Reino Unido). ¿No son también europeos los jóvenes españoles? Tan urgente como alcanzar metas personales, es cambiar las viejas situaciones que aún perviven como los pelotazos urbanísticos, el papel que juegan los ayuntamientos dentro de la construcción de viviendas, el abuso de precios, y la escasez de suelo en el que emprender de verdad proyectos de viviendas con un claro carácter social. Si se quiere, se puede, pero claro, hablamos de pisos, y los muchos intereses que hay ya asentados en todas las partes involucradas en los proyectos. Hagamos posible cambiar este panorama desolador y abuso.

“Un joven se presenta a un trabajo, y le piden años de experiencia, ridículo. Lo mismo con la banca a la hora de exigir garantías con 28 años de edad”

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LO DE VOLVER A VIAJAR SI QUE ES VIVIR CON NORMALIDAD

14 de octubre de 2021. El Boletín Oficial del Estado publica la decisión del Gobierno de España de autorizar la supresión de los límites en el acceso a los aeropuertos, lo que ya permite que los viajeros acudan a estas instalaciones acompañados de familiares y amigos. Además de la salud y no perder el trabajo, lo más anhelado que deja el maldito Covid es viajar. Lo hemos rumiado tanto durante cuarentenas, desescaladas y semáforos, que solo queda hacer realidad los deseos. Entonces, y solo entonces, la normalidad se convertirá en real.

Abandonar el dique seco que era no poder salir de tu pueblo, de tu ciudad, de tu territorio, para disfrutar de un corto o largo viaje, eso sí que es respirar una nueva normalidad que, no siéndola del todo, se acerca. La libre movilidad es el auténtico motor que mueve al mundo. Porque impulsa a su economía, a su cultura, pasando por la educación, cuando por ejemplo alguien tiene el sueño de llegar a otro país para conocer su lengua y costumbres, quedarse allí, o para que eso le ayude en un trabajo futuro en el que las relaciones comerciales exigen hablar idiomas en plan trotamundos, como ese nombre que lleva una conocida guía de viajes.

El Covid se ha sumado a la emigración para cerrar un poco más los países. Se equivocan en eso de inventarse muros y nuevas fronteras, en vez de trabajar en común en asuntos tan vitales como el desarrollo, la educación y no digamos, en los tiempos actuales, la sanidad. Es una cerrazón que existe desde tiempos inmemoriales, y cada cierto tiempo hay un Donald Trump que se sienta en una  poderosa presidencia para recordarlo. Mejor conquistar que convivir en paz; crear bloques y remarcar así las diferencias religiosas, ideológicas y culturales. Y, por supuesto, estar primero en top de países más ricos, gracias en parte a que fabrican y venden los productos de primera necesidad a todos los demás, incluyendo el chantaje de las tecnologías. La pregunta de dónde hemos llegado con todo esto tiene fácil respuesta, según pinta: a ninguna parte. De ahí que viajar siga siendo el mejor regalo que nos podemos dar a la hora de conocer otros lugares, y entender muchas de las cosas hacia las que mostramos una inquietud curiosa y también intolerancia, sin tener datos de primera mano.

Así que la era post Coronavirus se presenta como viajera. En la cuarentena trasladamos la mente a tantos cascos viejos de señoriales ciudades, a tantas playas y parajes naturales, que tocaría hacer realidad los sueños que planeamos encerrados en casa sin poder abandonarla. Mucho se ha escrito, yo mismo lo he hecho, sobre esta pandemia. Seguro que en adelante lo volveré a hacer si se hacen mal las cosas como en tantos momentos de esta crisis sanitaria.  Pero entiendo perfectamente a quienes piden pasar página, a empezar a hablar más de otras cosas, que de las penurias pasadas. A fin de cuentas, somos una civilización apegada a la vida, lo que conlleva que no se altere sustancialmente la forma de llevarla a cabo, a nuestros gustos y costumbres me refiero, como ha ocurrido en este periodo de 2020 a 2021.

“Mucho se ha escrito sobre esta pandemia. Entiendo perfectamente a quienes piden pasar página, a hablar más de otras cosas que de penurias”

Deberíamos llevar a cabo todo aquello que pensamos durante la obligada inmovilización social para esquivar al virus. Por lo que veo a diario, me da la sensación de que, como ocurre con los deseos para el nuevo Año, las ilusiones de hacer cosas distintas se van evaporando. Tampoco hay que buscar originalidades imposibles. Bastaría con llevar a cabo más actividades culturales, que es también una forma de conocer mundo. Está el cine, el teatro, las exposiciones, los libros, la música, las charlas de café, y también las guías de viajes, que primero ojeas, y después haces planes hasta ver cumplido un día tu sueño de aterrizar en una ciudad distinta a la tuya.

Creo que llegaremos a olvidar tan malos años, porque no ha habido siglo sin tristezas que dejar atrás. Lo realmente bueno sería no insistir en la imbecilidad humana de la confrontación, sea mediante conflictos bélicos, injusticias, abandonos, desprecios, olvidos y malas intenciones como este SARS-CoV-2. Desplazarse, conocer las bellezas del universo, requiere el imprescindible compromiso de su conservación, algo en lo que tenemos la nota de muy deficiente. Jamás desistiré de reclamar en voz alta un mejor cuidado de nuestro entorno, tan necios como somos en destruirlo todo, en pro de un desarrollo super agresivo, que lo mismo destroza costas que montañas que verdes praderas. Las tentaciones en este sentido de cambiar las reglas del juego para seguir aniquilando Amazonas son muy grandes, por los que hay que estar atentos a los repentinos cambios de legislaciones urbanísticas.  

Como viajar engendra sabiduría, a lo largo de la historia nos lo han aconsejado quienes más lo hicieron. “Una vez al año viaja a un lugar en el que nunca hayas estado antes” (Dalai Lama); “El fascismo se cura leyendo, el racismo viajando” (Unamuno); “Viajar es descubrir que todos están equivocados acerca de otros países” (Aldous Huxley); “Si crees que la aventura es peligrosa, prueba la rutina, es mortal” (Paulo Coelho); “Viajar tiene consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente” (Mark Twain); “No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuanta de cuánto has cambiado tú” (Nelson Mandela). Siendo todas buenas recomendaciones, acabo destacando la importancia y trascendencia de esta última, la del ser.

“Viajar tiene consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente” (Mark Twain)”

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QUE EL TEMOR AL COVID NO ENCIERRE A NADIE EN CASA

¿Cuántos españoles siguen en casa, sin salir, por motivos del Covid? Buena pregunta de difícil respuesta, aunque, quien más quien menos, conoce de casos que se dan en su ciudad, pueblo o barrio. Solo tienen que preguntar por quien hace tiempo no ven, para ser informado que, por miedo, no sale de casa. Y eso que los mensajes oficiales destacan la confianza, cosa loable, aunque apena saber que hay personas en las que prevalece el temor sobre todo intento de recuperación de la vida que llevábamos antes de aparecer la pandemia.

Llevaba razón, y más en tiempos de Covid, aquel pensamiento poético de   Mario Benedetti, sobre que la vivienda no es solo un bien inmobiliario, ya que va más allá, al ser también una forma de consolidación espiritual. Sin duda, dentro del hogar es donde más pensamos, más nos preocupamos y, también, más nos acongojamos ante la eventualidad, como ahora, de lo mal que va el mundo, sin saber el futuro que viene, y sin que nadie con altas responsabilidades nos lo sepa explicar bien.

Por eso muchos españoles vienen prolongando aquello de la cuarentena, el “Quédate en casa”, al no salir de ella, atemorizados por numerosas dudas  que se plantean, y que muy bien se pueden resumir en una sola: miedo a contagiarse y morir por el Coronavirus.

La post pandemia contempla muchas falsedades si lo que dejamos atrás, con muy escaso interés hacia ello, supone olvidarse de la gente y sus preocupaciones. Dicho de otra manera: necesitamos datos reales sobre todos aquellos que han decidido encerrarse en sus casas, por qué, cómo se les puede ayudar, qué mensaje hay que acercarles, y que, ¡por favor!, sientan que existen para el resto de la sociedad. No crean que al hablar así me dirijo especialmente a un sector determinado, como puedan ser los mayores. El miedo es libre y no tiene edades. Y el Covid nos ha venido a demostrar muchas cosas, pero la principal es que somos muy vulnerables, unos auténticos soberbios, para nada indestructibles y todas esas tonterías que se dicen para darle énfasis a nuestra civilización y lo relevante que es. ¿Cómo se puede ser importante con el afán constante de hacer daño que tenemos los humanos?

“El miedo no tiene edades. El Covid ha venido a demostrar que somos muy vulnerables, unos auténticos soberbios, para nada indestructibles”

Con la declaración oficial de la pandemia, costó meter a los españoles en casa, sin salir, y ahora resulta que hay una importantísima cantidad de ciudadanos que siguen tranquilamente dentro de la seguridad que les ofrece las cuatro paredes en las que habitan. Además de ser una opción, un derecho, una libertad de actuar, semejante decisión de enclaustrarse pone también de manifiesto lo deficiente que ha sido en todo momento la información sobre el Covid-19, la vacuna y la inmunidad de grupo. Nadie puede lograr que todo el mundo crea por igual en lo que se asegura desde las instancias gubernamentales. La prueba del siete es este no salir para nada, a pesar de haber atravesado año y medio de crisis sanitaria.

Desde luego, el verano, caso de Cantabria, no ha contribuido en absoluto a disipar dudas sobre el virus. Ha sido un periodo en el que la pandemia ha estado desbocada, una quinta ola la denominan, y hay voces autorizadas que anuncian que está próxima una nueva ola de propagación, eso sin entrar en las demandas para inyectar una vacuna más a nuestros mayores, una vez que los brotes se están reproduciendo en las residencias para la tercera edad. “Sabiduría y desengaños, aumenta con los años”, dice el refrán. Pero también es lo que hay con los tiempos inestables que vivimos, y la falta de explicaciones y conductas convincentes, que sirvan de ejemplo creíble para la ciudadanía. Como mantengo aquí, creo que hay que mostrar mucha más atención a cómo es la vida hoy, ahora, de muchos españoles, que por diferentes motivos habría que escuchar de su propia boca, en el sentido de la causa por la que han decidido no salir ya de casa hasta que, algún día, la pandemia se controle del todo. Esto último será difícil de alcanzar a nivel mundial, debido a que el desarrollo de los países, y también de su sanidad, son muy diferentes en razón de la riqueza o la pobreza.

Por si fuera poco, en el momento actual, la ciudadanía tiene cada vez más percepción de que las sanidades públicas están muy deterioradas, lo que se pone de manifiesto cuando acudes o llamas a los ambulatorios en busca de curaciones. Ciertamente, esto no propicia la vuelta total a la seguridad, de bajar de casa a la calle, y regresar al paseo que antes dabas de habitual, y lo mismo cabe decir a la hora de acudir a restaurantes, bares, o a comprar en los comercios tradicionales que frecuentabas, señales inequívocas de crisis económica. Cuando me entero de un nuevo caso que ha decidido dar el paso de regresar a sus costumbres de siempre, lo celebro como si de un conocido cercano se tratase. Es una demostración real de que la confianza se reactiva. Y es que la confianza es la esperanza firme que toda persona tiene en que algo suceda, sea o funcione de una forma determinada. Casi nada decirlo en este 2022, viniendo del tan desastroso 2021.

“Sabiduría y desengaños, aumentan con los años”. Es lo que hay con los tiempos inestables que vivimos, y la falta de explicaciones convincentes”

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