Lecciones climáticas (que no atenderemos) del verano de 2023

Nos quejamos del asfixiante calor nunca antes conocido de manera tan extrema, al tiempo que desconocemos y no queremos saber de las causas que provocan este vertiginoso aumento de las temperaturas en todo el mundo. Cambio climático se llama, pero no todo el mundo lo acepta, ni siquiera los Gobiernos, divididos en valoraciones. Si los que mandan no lo reconocen abiertamente, es lógico que los ciudadanos no tengan conciencia alguna sobre el calentamiento global, aún peor, los niños que no son educados al respecto, algo primordial de cara al caluroso futuro que nos aguarda.

El arreglo climático no tiene solución. Resulta muy tajante decirlo así, pero tan drástica afirmación tiene sentido. Por tan solo un convencido del problema, que actúa como es debido, hay miles y miles de contaminadores gratuitos que lo hacen sin conciencia alguna, que no tienen ahora, pero que tampoco tendrán el día de mañana. Ante este hecho, los Gobiernos, que debieran ser los auténticos impulsores de esta sensibilización, o bien se ponen de perfil, sin asustar a la población votante, o bien esperan a ver que hacen al respecto las grandes potencias del mundo, como Estados Unidos, China o Rusia, lo que supone perder el tiempo, porque ninguna de ellas contrapone a su potente industria las necesarias cortapisas medioambientales que generen el necesario equilibrio entre consumir y salvaguardar el planeta de tanta contaminación, basuras, plásticos y agresiones directas a un ecosistema que abarca territorios, mares, fauna y flora, que se van perdiendo irremediablemente.

La crisis del cambio climático recuerda al conocido cuento para niños titulado ¡Que viene el lobo! El pastor bromeó tanto con la llegada del salvaje animal, que cuando de verdad apareció ya nadie le creyó, aunque la tragedia estaba servida. El calentamiento global lleva el mismo camino. La prueba la tenemos en este verano de 2023, y España es uno de los países peor parados en cuanto a las altísimas temperaturas, a las que nunca antes habíamos llegado, junto a una sequía que cada vez amenaza más con ser un hecho permanente dentro de nuestras vidas. La reacción de la población ante estos acontecimientos es nula. Nada preocupa a nadie, salvo las vacaciones, los desplazamientos, abarrotar las playas, y llenar las carreteras con miles de coches que van de acá para allá. Al final del verano, nos limitaremos a contar dónde lo hemos pasado, y lo extremadamente caluroso, con demasiadas ocasiones repetidas de no poder andar por la calle para quedarse a mejor resguardo del destellante sol.

La Rambla, en Córdoba, ostenta el máximo histórico nacional de calor, con una temperatura de 47,6º. Pero cuando se haga balance de las temperaturas de este 2023, nos encontraremos con que superar los cuarenta grados ha sido tónica normal en demasiados puntos de la península. No sé hasta qué punto consuela saber que aún no rozamos casos como los del Valle de la Muerte de California, en donde en 2020 se registraron 54,4º, o los calores en Pakistán (53,7º), Arabia Saudí (52) o Catar (50,4).

“Nada preocupa, salvo las vacaciones, al final del verano nos limitaremos a contar lo extremadamente caluroso, de no poder andar por la calle”

Sin necesidad de comparar datos de lo que ocurre en diferentes puntos de la tierra, por lo pronto, el mes de julio de 2023 ha sido ya bautizado como el más caluroso a nivel global desde que se tienen registros meteorológicos. El hecho es en sí muy preocupante, al menos para el trabajo conjunto que llevan a cabo el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (Comisión Europea-Agencia Espacial Europea) y la Organización Meteorológica Mundial.

El gran fracaso de las cumbres mundiales sobre el clima ha sido no saber o no querer transmitir al mundo entero todo lo que está en juego, empezando por nuestra propia subsistencia. Van sucediendo las cosas, los malos augurios, pero sigue sin haber compromisos verdaderos para invertir la contaminación que daña al planeta, en especial atmósfera y mares. Por si fuera poco, la división es casi total entre países y dirigentes acerca del calentamiento global. Hay momentos en que se hace fuerte la teoría de que todos los acontecimientos climáticos que se dan forman parte de la misma historia y comportamiento cíclico del planeta. En la medida de que Estados Unidos, China y Rusia no ayudan, el inmovilismo, la pérdida de tiempo y seguir como siempre es lo que hay.

Si se ha dado este reconocimiento de un julio de 2023 igual de malo y caluroso en todo el mundo, ¿por qué no se aprovecha el hecho para dictar medidas internacionales de calado?. Habría que empezar por impartir en cada rincón geográfico una misma educación sobre la protección del planeta y la explotación de sus recursos. Solo así, no de la noche a la mañana precisamente, se ira logrando una mentalización que ahora no existe sobre el cambio climático. Educándonos sobre el problema tendremos posibilidades de afrontarlo con ciertas posibilidades de éxito. Lo peor es el ahora. No pensar en ello. No hablar de ello. No valorar en absoluto la posibilidad de la llegada de desastres naturales de una increíble magnitud. Suma y sigue.

Los ciudadanos debemos conocer, y los Gobiernos, empezando por el de España, transmitir que en los últimos años no paran de subir las temperaturas tanto en la tierra como en los mares. Ósea, que el calentamiento es ya contante, debido a que no cejan las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera. De todo ello, hay una clara conclusión: “Este calentamiento a largo plazo continuará y se seguirán batiendo récords de temperatura” (Organización Meteorológica Mundial). El secretario general de este organismo no puede ser más rotundo a la hora de manifestar que el tiempo extremo que ha afectado a muchos millones de personas en julio es, por desgracia, la cruda realidad del cambio climático y un anticipo del futuro”. Aunque queramos vivir al margen de lo que ya ha llegado, que es lo que hacemos la mayoría, está claro que en adelante no va a ser posible. Todos deberíamos empezar por hacer los deberes individuales que nos corresponden: No contaminar, producir los desperdicios justos, reciclar siempre, reutilizar cuanto más mejor, consumir agua y energías con cabeza. Y, por último, no tolerar los excesos en el maltrato al planeta, de nadie, se trate de Gobiernos, Administraciones, empresas o particulares.

“Deberíamos empezar por los deberes individuales de no contaminar, desperdicios justos, reciclar, reutilizar y no tolerar los excesos de nadie”

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30 años, mileurista, viviendo con los padres, y sin perspectivas

Cuando hay verdadero interés por solucionar algo, se logra aquí y en la Conchinchina. Nuestros jóvenes no pueden emanciparse. No ganan lo suficiente ni para alquilarse un piso compartido. Ya de gastos generales de la casa, ni hablemos. Papá y mamá son el asa a la que sujetarse. Y no está mal, salvo porque los Gobiernos gastan el dinero en proyectos estrafalarios, sin centrarse en lo auténticamente social, como que las nuevas generaciones vean mejoras con respecto a las anteriores. En el caso español, emanciparse está en manos de echar la Bonoloto o Primitiva. Es lo que tan solo pueden permitirse muchos jóvenes: soñar.  

Al hacer conversación de calle, hoy quizás sean momentos en los que nos centramos más en la decepción que supone en España el discurrir político, pero, defraudar, lo que se dice a la hora de defraudar, nada es comparable al sin futuro que ronda a nuestros jóvenes, tanto por las condiciones de sus contratos como por los salarios que les proponen y aceptan a regañadientes.

Todo va fenomenal en este país. Así se cuenta mayormente, pero hay hechos y datos que no encajan dentro de este falso relato. Para mí, el principal, es que los jóvenes españoles se emancipan a los 30,3 años de media, mientras que en el resto de Europa la cifra baja hasta los 26,4 años. Y son datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España. Si a los treinta años afrontas tan lamentable coyuntura, no queramos pensar en la fijeza de un trabajo, y formar parte de la base de datos de la Seguridad Social, hasta llegar un día en que percibir una pensión.

En nuestro caso, jóvenes preparados chocan frontalmente con contratos muy precarios, tanto por su duración, como por el sueldo neto a percibir mensualmente. Están metidos de lleno en un mileurismo que no les da ni para alquilar un piso, mucho menos meterse en la compra de vivienda, ¡imposible para ellos!, pero es que, con el coste de los alimentos y las energías, tampoco les da para sufragar con mil euros todo lo que necesitan para mantenerse un mes, hasta el próximo sueldo. La confianza del Gobierno en los jóvenes es cero. La decisión de actuar en contra de sueldos y contratos tan parcos es nula. Y la creación de ayudas por parte de las diferentes Administraciones para sufragar alquileres es tan solo un mal parche, para no dar a la juventud española la misma oportunidad que antes tuvieron sus padres y abuelos.

“Ayudas por parte de las Administraciones para sufragar alquileres es un parche, para no dar a la juventud la oportunidad que tuvieron sus padres”

Es ya hora de decirles la verdad sobre los planes ocultos, ya que no están reconocidos, de no asegurarles las debidas oportunidades en sueldos y estabilidad laboral, para que puedan primeramente emanciparse de sus padres, y algún día acceder a la compra de una vivienda con la debida confianza de Gobiernos y bancos en ofrecer hipotecas asequibles. Les hemos hecho también mucho daño por lo conformistas que se han vuelto. No luchan por casi nada, de ahí la mala sensación que pueden llegar a dar en determinados momentos de cara a las malas opiniones que muchos mayores tienen sobre su manera de actuar. Creo que se equivocan. Todos no somos iguales, ni falta que hace, y hay muchos jóvenes que trabajan formidablemente, pero se están sintiendo, mes tras mes, infravalorados por sus empresas (asegurar los puestos de trabajo, ascensos) y, especialmente, pagar mejor.

En la actualidad no deja de ser chocante, al menos en Cantabria, la amplia oferta de empleos existentes, y además en todos los campos. Pedir requisitos, se piden muchos. No digamos experiencia, con un mínimo de dos años. Pero cuando llegas a las condiciones que han de hablar del tipo de contrato y del salario, aquí la cosa ya no se redacta con transparencia. Por eso hay que tener mucho cuidado cuando se critica que hay trabajo, pero no se cubre. Habrá más causas, no lo dudo. Aunque lo de los malos salarios y contratos precarios deben ser razones también a engrosar en el poco o nulo interés que los jóvenes tienen por cubrir determinados trabajos.

Por supuesto que los jóvenes quieren trabajar, porque saben que es la primera condición a cumplimentar de cara a su emancipación de vivir con sus padres. También pueden irse a un piso compartido por otros que están en la misma situación, pero dado lo caro que está todo en España no parece que vaya a romperse nunca la dependencia hacia la casa familiar, donde llevar y recoger la ropa lavada o planchada o, lo más habitual, comer en casa de mamá, y de paso llevarte unas cuantos tapers con lentejas, macarrones o albóndigas.

Las noticias diarias que acontecen en España son muchas y variadas, pero casi ninguna va al meollo de sacar a la luz, y denunciar cuantas veces sea necesarias, las auténticas demandas ciudadanas. Esto de superar con creces los 30 años y, pese a trabajar, incluso tu pareja, no poder emanciparse, es de traca. En los últimos 20 años estamos inmersos en España en la desunión total. Son los enfrentamientos políticos los que se llevan los grandes titulares. Ahondar en problemas sociales, que van a ir a peor, no interesa. Jóvenes, vivienda, alquiler, sueldos, proyección, no están verdaderamente en las agendas. Y si se llevan a cabo iniciativas, desde luego no están a la altura de las verdaderas condiciones favorables que nuestros jóvenes necesitan a la hora de irse de casa de sus padres y emprender su propia vida. Nada más y nada menos que lo que hemos hecho antes otros. ¿Por qué a ellos se les niega el mismo derecho? Porque de la gigantesca deuda que tiene España y de los gastos desproporcionados que conlleva una política sin el debido control presupuestario central (“el dinero público no es de nadie”) los paganos son los jóvenes trabajadores y las condiciones en las que llevan a cabo su trabajo, que nada tienen que ver con las mejoras salariales y laborales de anteriores generaciones. Esto es lo realmente trágico. Alardear de un país rico, cuya economía va como una moto de carreras, mientras alguien que trabaja y tiene 30 años, no sabe si tendrá que vivir de por vida con sus padres, hasta que se jubile, algo esto último que también, para ellos, está en el aire.

“En los últimos 20 años estamos inmersos en España en la desunión total. Jóvenes, vivienda, alquiler, sueldos, proyección, no están en las agendas”

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La plaga de pisos ilegales de alquiler que daña al sector turístico

Si las administraciones fueran más rigurosas con los pisos turísticos ilegales que no pagan impuestos, el sector turístico no exigiría regularizar con urgencia este nuevo y devastador negocio que va a más. Pero es que la avaricia depredadora crea al tiempo una tremenda escasez de viviendas que alquilar para uso fijo residencial. Muchos caseros, y sus correspondientes intermediarios, están ahora a la pesca furtiva de un turista tras otro, dispuestos a ocupar periódicamente miles y miles de pisos repartidos por todo el territorio nacional. Mientras ellos se enriquecen, el turismo tradicional, que paga sus impuestos, languidece.

Una plaga es un daño que afecta a gran parte de una población y que causa un perjuicio grave. Ni más ni menos, que lo que le pasa al sector turístico español con los miles de pisos turísticos ilegales de alquiler, que no pagan impuestos, y proliferan como las malas hierbas. No es baladí el número de casas particulares, destinadas a menesteres de posada y comedor, y en todo el país: más de 305.100 viviendas. El porqué de este boom tiene también movimiento de dinero estimado, solo en 2022, 20.388 millones de euros.

Semejantes cifras, tanto de cantidad de pisos turísticos como de ganancias, evidencian otro hecho: el asunto está totalmente descontrolado. Se entiende pues que el gremio hotelero y de restauración pongan el grito en el cielo ante lo que está sucediendo, y avisen del incierto porvenir de un sector, el turístico, que supone la mayor cuantía de ingresos anuales del Estado español. Ahora todos quieren formar parte de este negocio del turismo, incluso los propietarios de casas en general, aliados con otros intermediarios que se encargan de atraer a una clientela que no falta, decidida a cambiar la habitación de hotel a la de un piso, en cualquier calle de cualquier ciudad. 

Tanto es así, que en muchas capitales españolas se da la circunstancia de que hay más viviendas ilegales en alquiler (por noches, días, semanas y meses), que plazas hoteleras existentes. Los restaurantes también se ven muy afectados, ya que los que utilizan estos pisos fantasmas, compran la comida en los supermercados para luego degustarla sin salir de casa. Los tradicionales conceptos de un turismo nacional puntero en todo el mundo se han roto. ¿Había que llegar a esto y hacer tanto daño a nuestra principal industria? En España somos únicos en muchos aspectos, buenos y malos. Pero en lo de, como país, dispararnos al pie, no tenemos precio.

“Todos quieren formar parte del turismo, incluso los propietarios de casas, aliados con otros que se encargan de atraer a una clientela que no falta”

Este nuevo negocio en total expansión se mueve en la ilegalidad, en no pagar impuestos como sí hacen los hosteleros, y dentro de una gran discreción que quiere evitar las denuncias y consiguientes inspecciones administrativas, que no proliferan que digamos, pero también hay que señalar que no son fáciles de llevar a cabo dentro de propiedades particulares.  Si todo esto no hace otra cosa que aumentar la economía sumergida de un país bastante dado a las trampas, resulta que los alquileres para vivienda habitual en la que residir escasean como los buenos sueldos.

Los propietarios de pisos vacíos ahora optan por el alquiler turístico en cualquier momento del año. La estacionalidad vacacional a ciertos meses se ve alterada por toda esta cantidad de domicilios que, de manera camuflada, se encuentran en webs especializadas de Internet. Son pues difíciles de rastrear, pero también es preciso anotar que no se aprecia un excesivo interés de las diferentes administraciones (Gobierno, ministerios, gobiernos autonómicos, ayuntamientos…) en perseguir y poner orden en esta nueva fórmula de ganar abundante dinero sin pagar impuestos. Repito que semejante número de pisos ilegales en alquiler denota que los que hay detrás del negocio no temen demasiado a denuncias e inspecciones. En muchos casos, me temo que las administraciones no tienen medios humanos para llevar a cabo semejante investigación, ya desbordada, con 300.000 pisos en todo el país, que pueden ser el doble o el triple en 2024.

La situación llama a una regulación exhaustiva, igual en todo el país, por eso debería partir de una nueva ley aprobada por el Congreso de los Diputados. Hay que proteger al sector turístico nacional, tanto hoteles como casas rurales y hostelería en general. Están en serio riesgo, al igual que sus miles de trabajadores, amenazados por alquileres turísticos que no respetan regla alguna. Las comunidades de vecinos deben de actuar también frente a esta plaga. Pueden tomar acuerdos para que dentro de sus urbanizaciones no se den este tipo de alquileres, que chocan frontalmente contra la idea de vecindad, además de causar no pocas molestias y ruidos durante los periodos de alquileres vacacionales.

De todas formas, y aquí los hosteleros vuelven a tener razón, o las diferentes administraciones se ponen serias en respetar las regulaciones y aplicarlas a rajatabla, o poco habrá que hacer en la medida de que hay que reconducir un problema ya de por sí desbocado. Los pisos turísticos ilegales y que no pagan impuestos han ido aumentando en la medida de apreciarse una permisividad inaceptable del todo. El asunto se ha llevado tan pesimamente mal que ahora no hay viviendas normales para habitar en ellas de alquiler, y suscribir un contrato por tiempo suficiente, que pueda ser renovado. De repente, esto ya no interesa a los propietarios de casas vacías. En cambio, el turismo en cualquier época del año, es su nueva apuesta de ocupación. Ni que decir que hay que cortarlo de raíz, y que cada cual desarrolle su tarea, sin intrusismos, ilegalidades y escamotear impuestos. Las casas deben ser para vivir y los hoteles, como siempre, para hospedar a los clientes.   

“Si todo esto no hace otra cosa que aumentar la economía sumergida, resulta que los alquileres para vivienda habitual en la que residir escasean”

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La endiablada relación jóvenes y juego al considerarlo su ocio

Hay que tenerle un profundo respeto a la adicción al juego para hablar de ello, de sus consecuencias para quien lo padece y las personas que le rodean. Creo que el problema se relativiza en España. Es evidente que no interesa hablar mucho de ello, porque perjudica al negocio. Sin embargo, coexisten determinadas evidencias, muy desmoralizantes, sobre jóvenes y apuestas. Las consideran parte de su ocio particular, a través del móvil. Y, por otra parte, se hace costumbre lo de asistir o ver por televisión un evento deportivo, lo que conlleva al tiempo jugarse el dinero dentro de un amplio abanico de opciones por las que apostar.

Con el terrible problema de la adicción de jóvenes y mayores al juego hay que estar siempre en modo prevención, es decir, alertas, porque con el tipo de sociedad que vamos forjando, predomina pensar a todas horas en buscar golpes de suerte, de ahí lo de abrazarse más a los juegos de azar, que a lo que tiene la constancia de un trabajo e irse construyendo un futuro.

Los silencios nunca son buenos. Mucho menos callar, cuando se trata de la incorporación cada vez más temprana de los jóvenes al juego, especialmente con Internet como acceso libre y directo. La falta de noticias al respecto puede venir de la circunstancia de que el problema se está conteniendo, pero también del hecho de que las grandes multinacionales que controlan el juego dedican mucha inversión al marketing y la publicidad para extender la idea de su máxima colaboración respecto a que las familias no sufran ni se angustien por contar con algún miembro enganchado a las apuestas.

España es un país donde jugar semanalmente a la lotería, quiniela, bonoloto, primitiva o el cupón va más allá de la tradición para convertirse en devoción. La costumbre se hereda de padres a hijos. Lo hace el 70 % de la población, y aunque el Ministerio de Sanidad maneja sus estudios, es difícil calcular la cantidad de usuarios que se ha sumado a este tipo de apuestas a través del móvil. Por cierto, el citado ministerio incrementa en un 36% la compra de las denominadas loterías instantáneas, más conocidas por el público como rascas. En cambio, ofrece sensibles descensos en lo de utilizar salas de juego, casinos, bingos, máquinas recreativas o apuestas deportivas. Cuesta creerlo, la verdad.

“Sanidad maneja estudios, y ofrece descensos en lo de utilizar salas de juego,  máquinas recreativas o apuestas deportivas. Cuesta creerlo”

En los últimos años, las salas de juegos han crecido como setas en todas las ciudades. De por sí, esto ya es un mal dato, unido a las reiteradas denuncias de padres por los lugares concretos donde se abrían estos locales, en muchos casos cercanos a colegios e institutos. Es cierto que las administraciones, concretamente los ayuntamientos, se han hecho eco de estas protestas, pero aún hay mucha asignatura pendiente en cuanto al reforzamiento de regulaciones, en especial esta de las zonas de una ciudad donde se deberían instalar este tipo de negocios.

El ruido es perjudicial para el negocio del juego. Al igual que resulta endiablado que una parte importante de la juventud entienda como forma de  ocio el juego online. Cuando llegan los problemas, esencialmente la ruina económica, en muchos casos ya es demasiado tarde para reconducir la situación. En un país con un porcentaje de población tan alto vinculado estrechamente a los juegos de azar tradicionales (la lotería de Navidad se pone a la venta en verano), resulta muy difícil enumerar antídotos naturales, como pueda ser la educación y la propia familia. Desgraciadamente, en esto hay también un alto componente de suerte, en el sentido de que tus hijos sean verdaderamente responsables con lo que juegan, cada cuánto y en qué medida económica.

Los derroteros por los que se encamina la sociedad actual (ley del mínimo esfuerzo para acometer lo que sea) no es tampoco buena señal que digamos para reencauzar tan nocivo asunto. Aunque hay algo mucho más decisivo: si no se reconoce el problema, como parece suceder aquí, aún tendremos que vivir muchos episodios en los que aumentarán los datos sobre vidas de personas y familias enteras destrozadas. Habría que partir de un consenso entre todas las partes, relativo a no poner las cosas fáciles a la infancia y juventud para que puedan llevar a cabo con su móvil cualquier tipo de apuesta. Hablando de esto último, España se ha abonado a una nueva costumbre donde se pude apostar, en lo deportivo, a casi todo. Si tenemos en cuenta la afición y el interés existente en materia deportiva, más si cabe la juventud con sus equipos, ya no solo basta ver en directo o por televisión a equipos y jugadores, ahora también está de por medio la apuesta correspondiente a través del móvil. Estas nuevas costumbres se suman a las ya existentes, como la mencionada del 70% de españoles que juega cada semana a las diferentes loterías.

Administrar la prudencia en todo lo que acometemos en nuestras vidas no tiene precio. No les quiero contar cuando se trata de juego, jugar, apuestas, ganar, perderlo todo o dar el pelotazo, expresión esta última demasiado extendida dentro de la economía en general.  “Juega, porque si te toca, dejarás de preocuparte por todo”. Es el run run que hemos oído siempre, con el que nos hemos criado unos, y que, por supuesto, se repite entre nuestros jóvenes, portadores de esos móviles tan inteligentes como perniciosos. Entre pasado y presente, he aquí la gran diferencia tecnológica.

“Ya no solo basta ver a equipos y jugadores, ahora también está de por medio la apuesta correspondiente a través del móvil”

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El milagro de enderezar las abultadas listas de espera sanitarias

No queda otra que contrastar los más de 16.000 casos de pacientes que hay en Cantabria en lista de espera, con las 196.426 consultas que se dieron el año pasado en Valdecilla, todo un récord. Contamos con unos excelentes profesionales, a los que solo cabe apoyar con más medios humanos y también técnicos. Pero no solo es cuestión de dinero. También está la organización y la pedagogía hacia el paciente, que lo demanda todo, de un día para otro. Al hablar de sanidad y sus problemas, en España se debería de abordar con criterio común, porque, de otra manera, solo vamos a empeorar lo que, como diría un médico, es el pronóstico a futuro.

23.7.2023

En Cantabria, no es nada raro que haya cada vez más ciudadanos que son conocedores de la mala situación médica de familiares, amigos o conocidos, que forman parte de la abultadísima lista de espera para ser operados en alguno de los hospitales del Servicio Cántabro de Salud. En sí, los 16.000 casos de la espera es una cifra alarmante, al igual que la demora de 141 días para llegar a la mesa de operaciones. Tan imperdonable y angustiosa demora para quienes la padecen abarca todas las especialidades médicas, aunque Traumatología, Cirugía General y Oftalmología, son Top Trending en las redes sociales, por acumular el mayor atasco.

Una solución es una respuesta eficaz a un problema, con resultado positivo. En cambio, un milagro es un suceso extraordinario que provoca sorpresa. Arreglar las listas de espera en Cantabria (y en el resto de España) está más en esta última línea, la del milagro, que en la de idear un gran proyecto nacional que regularice una asistencia sanitaria pública que se ha instalado en la demora, el conformismo, y la falta de respuesta a las cada día más quejas (lógicas) de los doloridos.

El Covid vino para contagiar y matar, pero también puso de manifiesto la situación real dentro de nuestros hospitales, no la contada por los gabinetes de prensa de carácter gubernamental. Demasiadas cuestiones pertenecientes al sistema nacional de salud no se habían previsto como es debido, para anticiparse a los problemas, hoy tan enquistados y difíciles de arreglar. Como el del personal suficiente. La falta de médicos. La escasez de enfermeras. La demanda de salarios y horarios laborales justos. Adoptar sistemas sensatos de atención médica y posteriores intervenciones, todo ello ajustado a los medios humanos y materiales de los que se dispone. Y, lo más importante, escuchar en todo momento a los profesionales sanitarios, porque nadie mejor que ellos sabe dónde están realmente los agujeros por donde se pierde la esperanza de cualquier mejora que ayude a equilibrar tan grave problema. Esta falta de diálogo solo contribuye a la desmotivación, que es un síntoma hoy padecido dentro de numerosas Administraciones Públicas.

“Demasiadas cuestiones pertenecientes al sistema nacional de salud no se habían previsto, para anticiparse a los problemas, hoy tan enquistados”

Dependiendo de cada administración sanitaria que surja tras unas elecciones, de un signo político u otro, hay cambios, aunque no subsanan casi ningún problema de los que hay encima de la mesa. Al contrario, aumentan. Si todos son profesionales de lo mismo, ¿tan difícil es llegar a un pacto común para afrontar las cuestiones bajo mismos criterios? Es como si en la sanidad se reprodujera igualmente el mal que acecha a tantas cuestiones dentro de España, y es lo que la debilita sistemáticamente: el mal del individualismo.

Europa, la Unión, tiene hoy problemas a la hora de abordar sus relaciones y prestación de servicios con la ciudadanía. Lo explico mejor. Todo lo plantea desde el punto de vista de más dinero a través de impuestos (peajes en España para andar por carreteras normales), pero no quiere abordar cambios estructurales en materias como educación, sanidad, agricultura y ganadería (movimiento campesino). Se actúa en una especie de tirar para adelante mientras el sistema aguante y no reviente. Evidentemente, esto también ocurre con nuestros hospitales y centros de salud. Aguantan porque son buenos, pero la afluencia diaria de pacientes es tal que resulta imposible dar la vuelta a las malas cifras de lista de espera. Al contrario, lo lógico es que vayan en aumento, eso sin contar con que el futuro nos depare acontecimientos inesperados como fue el Covid-19, enterrado como si no hubiera pasado nada, pero sí, sí que ha pasado, porque muchas cosas han cambiado, a peor.

Por eso el milagro de las listas de espera solo puede venir de la implantación de nuevas reglas, adoptadas escuchando a aquellos que nos atienden, curan y facilitan nuestra recuperación. Los pacientes queremos los mayores y mejores cuidados, pero, francamente, no vemos más allá en el sentido de que toda una superpoblación demanda asistencia al instante. Esto ya no lo propician hoy ni los seguros privados, que inexplicablemente escapan a la crítica que se ceba especialmente con la asistencia sanitaria pública.

En España ocurre otra cuestión no menos trascendental. De manera inmediata, cualquier cambio que se plantee dentro del sistema nacional o autonómico sanitario es trasladado a la sociedad como un recorte.  Basta que solo una formación política lo entienda y comunique así, para que la polémica y el rechazo a cualquier cambio esté servido. Por eso, o hay un acuerdo entre todos para sacar adelante los problemas actuales de la sanidad, y con ello rebajar y hasta superar las listas de espera, o ni un milagro lo hará posible.  

Permítanme acabar con unos cuantos datos de la situación sanitaria en Cantabria. El año pasado hubo en Valdecilla 196.426 consultas, el mayor número de la última década. El mismo hospital, en el mismo año, batió récord al operar a 20.884 pacientes, al tiempo que realizaba 266 trasplantes (227 en 2021). En conclusión: tenemos unos profesionales increíbles que tratan de darlo todo a diario, y no lo digo yo, sino estas cifras. Ahora bien, lo que necesitan es mejorar plantillas, porque mucho me temo que entre los deberes no hechos años atrás estaba contemplar que llegaría un momento en que muchos profesionales se jubilarían, y habría que sustituirles pertinentemente, algo en negativo que está entre los diversos problemas con que cuenta nuestra sanidad, la de aquí. En lo que respecta a nosotros, los pacientes, deberíamos ser conocedores de la verdadera situación por la que atraviesa este frágil estado del bienestar. Puede que también sea hora de cambiar el término a la auténtica realidad de momento: un estado en el que hay que esperar lo suyo para que te operen.

“O hay un acuerdo para sacar adelante la sanidad, y con ello rebajar y hasta superar las listas de espera, o ni un milagro lo hará posible”

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