La injusta e inasumible subida de la luz exige solución ¡ya!

Las contadas compañías que controlan el sector eléctrico nacional han demostrado, sobradamente, su inoportunidad a la hora de subir tarifas, cuando el país peor está.  El enfado social por el precio de la luz no se va esfumar, y el Gobierno es consciente de ello. Se atisba ya una bajada del IVA más alto que se aplica a la factura eléctrica dentro de Europa. Será bien recibido, aunque quedará pendiente lo esencial: ejercer el debido control sobre las actuaciones desmedidas de las grandes multinacionales del sector. Mejor hoy, que mañana.

Pese a lo apáticos que para tantas cuestiones somos en este bendito país, el gigantesco subidón de la luz ha calado profundamente en los hogares y, de ahí, ha saltado a la calle. El Gobierno, que estudia medidas que abaraten un poco la energía, lo llama “frustración en la población”. Pero al mismo tiempo, reconoce que en España el suministro de electricidad está en manos de unas pocas empresas, que ejercen un poderoso control sobre el negocio, al acaparar el 60 por ciento de la distribución energética entre la población.  

Por eso, mientras se pretende dar urgente solución a tan injusta e inasumible subida (y en momentos tan malos), es como si junto al remedio nos pusieran en sobre aviso de que poco más podrá hacer el Gobierno, que en estos momentos estudia una bajada del IVA en la factura de la luz, pero nadie asegura que este gasto siga aumentando en los próximos meses.

Lo del IVA eléctrico ya se tenía que haber rebajado hace tiempo, porque el nuestro es el más alto de la Unión Europea, en contraste con Irlanda (13, 5%), Italia (10%), Luxemburgo (8%), Grecia (6%) o Francia (5,5%). Portugal, nuestro vecino, lo recortó en el año 2019 del 23 al 6%, mientras España se ha dormido en los laureles, hasta el hachazo actual a la cada vez más escuálida economía familiar, que paga tan alto precio por las materias primas más esenciales, como supone tener una electricidad asequible en cada casa, porque se pueda utilizar en el frio invierto o para airearse con el ventilador en el caluroso verano.  El periódico Público relató por aquel entonces el ejemplo portugués con un atinado titular: “Portugal baja el IVA de la luz del 23 % al 6% y enseña el camino a España”.

“Lo del IVA eléctrico ya se tenía que haber rebajado. Portugal lo recortó del 23 al 6%, mientras España se ha dormido, hasta el hachazo actual”

El discurso actual de Gobierno y eléctricas, echándose las culpas,  recuerda en forma y fondo al pasado. Un antes que marca la historia de un país con déficit y dependencia energética, que debería haber hecho los deberes en la materia para facilitar, especialmente a las clases más desfavorecidas, un coste de la electricidad acorde a los sueldos que se ganan. Con las ayudas al alquiler que prestan la mayoría de las autonomías a sus ciudadanos, especialmente a los jóvenes, ahora habrá que añadir el echar una mano para poder abonar la factura de la luz.

Al tiempo, ha sido lamentable cada recomendación dada para poner la lavadora y el lavavajillas a las horas más adecuadas para el ahorro, todas de madrugada, que es cuando se debe dormir y descansar. A nuestro tradicional problema de horarios con respecto al resto de Europa, solo nos faltaba mantenernos despiertos en la madrugada, para planchar la ropa que nos vayamos a poner al día siguiente. Esto no habla nada bien de un país  avanzado. Muy al contrario, recuerda a tiempos de escasez, de recortes y penurias.

De una vez por todas, España debe reconducir lo que es uno de sus más graves problemas. Los que pagan los platos rotos son los ciudadanos, tan preocupados ahora por la economía, el trabajo y el futuro, un contexto suficientemente grave como para no crear más dificultades a las ya existentes. Una de las principales funciones del Gobierno, como guía que es del buen funcionamiento de la economía nacional, es el control de los precios. Las grandes compañías eléctricas, en vez de tanto anuncio televisivo de autobombo y compromiso social, deben dar ejemplo de cómo actuar en cada momento, máxime inmersos en una crisis de reconstrucción y recuperación de tantos sectores. A lo que se ve, el Covid y toda la penuria que ha traído, no parece suficiente lastre como para que no se eleven hasta el disparate precios de suministros tan sensibles como la propia energía.

A la espera de decisiones, parece que volvemos a ser los ciudadanos sobre quienes recae el mayor coste de las crisis. En la del 2008, fue la banca la que cobró un protagonismo nefasto con el multimillonario rescate aportado con el dinero de los impuestos de todos los españoles. En este 2021 se vuelve a hablar de bancos con sus miles de despidos y cierre masivo de sucursales y servicios a los usuarios. Y también de unas pocas compañías eléctricas conocidas por todos, que quieren marcar el ritmo de lo que hay que pagarles al alza como si atravesaran por problemas, cuando el propio Gobierno de España reconoce que los beneficios de estas multinacionales se han disparado hasta cifras mareantes. En sus constantes campañas de publicidad nos quieren vender  todo lo que aportan al conjunto de la sociedad, aunque está más que claro que una cosa es la que se dice y otra muy distinta lo que se hace. Para atajar esa frustración social que preocupa al Gobierno, hay que tomar medidas ¡ya!

“Los ciudadanos pagamos el coste de las crisis. En  2008, la banca  cobró un protagonismo nefasto. En 2021, unas pocas compañías eléctricas”

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El asco que dan quienes pagan con los hijos su machismo

Dos pobres criaturas han pagado con su vida la violencia machista ejercida por un brutal y asesino padre que quita la vida a sus hijas, en venganza contra la madre. En España, la historia es conocida porque se repite cada cierto tiempo. La lucha contra este tipo de asesinos no puede bajar la guardia. Se lo debemos a las pequeñas Anna y Olivia, a su madre Beatriz, y a los otros 41 menores que desde 2013 han perdido la vida a manos de sus asquerosos y paranoicos progenitores, como venganza a sus madres.

Realmente, se puede manifestar abiertamente, porque no es exageración, lo mucho que un país llega a indignarse, cuando se comete un nuevo crimen contra indefensos niños, que no tienen culpa alguna de que la relación de sus padres haya terminado fatal. Al elegir el tema sobre el que hoy escribo, estaba determinado a sentenciar que España tiene una leyenda negra en torno a los horrendos crímenes que tienen a los hijos como protagonistas, pero la generalización nunca es buena aliada de los que quieren ser pensamientos constructivos y que contribuyan a entender mejor las vidas de las personas. Así lo entiende la filósofa Victoria Camps, cuando aclara que las pasiones nos sobrevienen sin quererlo, no son deliberadas. “Pasiones son el miedo, el coraje, la envidia, el amor, el odio, los celos”, enumera. Y de aquí plantea que “las facultades nos hacen capaces de entristecernos, alegrarnos, amar, compadecernos, es decir, apasionarnos de una manera o de otra”. Para sentenciar: Los modos de ser, finalmente, determinan que nos comportemos bien o mal con respecto a las pasiones”.

Está claro que la pasión que movía al presunto asesino Tomás Gimeno era el odio machista, rencor que volcó en sus pobres hijas, Anna y Olivia, asesinándolas para posteriormente hundirlas en el mar profundo. Los amigos más cercanos de este criminal despiadado le describen como enérgico, impulsivo, muy trabajador y un poco hippie, aunque está claro que nunca se termina de conocer bien a alguien, dado el desenlace de semejante violencia machista, “Violencia Vicaria”, la definen los expertos en estos casos, ya que va de matar a los hijos para enterrar a la madre en vida. ¡Incomprensible, estremecedor e infinitamente repudiable!

Desgraciadamente, el ser tiene mucho que ver con los desenlaces de la vida. Ni es definitorio, ni mucho menos, pero siempre apelamos a recibir una educación adecuada en trabajo, esfuerzo y, sobre todo valores, aunque los Gimeno de turno (que han matado y seguirán matando) demuestran lo acertado que estuvo Sócrates cuando indicó que la educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente. El parricidio es una aberración más de las muchas que nos acechan, porque aunque se tiende a hablar más de lo positivo que de lo negativo (así lo marcan los cánones oficiales y sociales), la violencia siempre está más cerca de lo que creemos, en sus muchas formas, como esta de Tomás Gimeno, asesinando tan cruelmente a las hijas fruto de un matrimonio roto.

“La violencia siempre está más cerca de lo que creemos,  como esta de Tomás Gimeno, asesinando a las hijas fruto de un matrimonio roto”

He pensado todos los adjetivos calificativos posibles, despectivos claro, que dedicar a este tipejo, y seguro que coinciden con los de ustedes, sin necesidad de tener que enunciar uno solo. Desde mi punto de vista y forma de pensar y de ser, no hay razón alguna que justifique un hecho tan monstruoso como este. Lo digo porque siempre hay mezquinos que buscan razones, y no las hay. Por eso es bueno que la sociedad se movilice en contra del abuso, del machismo, de la intolerancia, del crimen en este caso. Un homicidio que se suma a la larga lista de padres que tomaron el mismo camino violento y machista, como el tal Gimeno de Canarias.

A España le queda un interminable trecho para dejar de ver sucesos como este. De hecho, vamos abocados a peores tiempos de intolerancia, visto todo lo que se ve. La ley debe siempre dar ejemplo en contra de semejante brutalidad, y si es necesario endurecerla, porque no hay que olvidar que en España tenemos aún pendiente el debate de las penas y lo pronto que salen de la cárcel todas estas hienas. .

Hacia la madre de las niñas, ¡qué se puede decir!. Bersot el filósofo escribió que hay muchas maravillas en el universo, pero que la obra maestra de la creación es el corazón materno. Es verdad esto de la Violencia Vicaria, que mata a la madre en vida, al arrebatar mediante la muerte la visión y compañía de sus hijos. Poco más se puede añadir, sin olvidar nunca que el cariño, la comprensión, las condolencias, los mensajes de que estamos ahí en el rechazo común a semejante desaparición de tus niñas, se ha de sentir en el ambiente, sin necesidad de hacer promesas políticas o sociales, que no se vayan a cumplir. ¡Lo sentimos en el alma, Beatriz!, como madre que siempre serás de Anna y Olivia.

“Siempre hay mezquinos que buscan razones, por eso es bueno que la sociedad se movilice en contra del machismo, del crimen en este caso”

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De “la noche me confunde” a poner de madrugada la lavadora

Para arreglar una grave crisis con la subida de todo, no hace falta tener una licenciatura en económicas. Precisamente ahora, encarecer la electricidad de manera brutal para los bolsillos de los consumidores, encuentra críticas en todos los sectores. Tampoco se puede hablar de confianza en el futuro si todo está más caro, y no se vislumbra control sobre los precios, como ocurre también con la subida de la gasolina. Estas situaciones, sobre todo para no perjudicar más a las clases  desfavorecidas, hay que reconducirlas, porque solo crean enfado y desaliento ciudadano.

Uno de esos personajes extraños que crea la televisión y también decide su olvido (hablo de Dinio), dijo aquello de “La noche me confunde”, cuando fue preguntado sobre el por qué de estar siempre metido en líos de noches locas. Dentro y fuera, España siempre ha sido considerada zona alegre donde las haya, tanto por su clima, como por el número de bares, restaurantes y discotecas, que amenizan la vida tanto de residentes como de turistas extranjeros. Evidente que lo que ya ha sucedido se conoce mejor que lo que está por venir, y la era post Covid y lo que cambiarán las cosas resulta una incógnita, aunque no preocupe a todos por igual. El ejemplo más actual y chocante, también aberrante, es que aquí se suba la luz una auténtica burrada, y encima nos recomienden a los ciudadanos ahorrar energía, y para ello pongamos de noche la lavadora, el lavavajillas o enchufemos la plancha.   

Desde luego, atajar una tremenda crisis económica como la que está en ciernes encareciéndolo todo, empezando por lo más básico, la comida y la luz, es tremendamente desacertado, pero sobre todo, y aquí es donde la herida duele, tremendamente injusto para las clases sociales más desfavorecidas. Otra certeza no menos dramática es que la subida de la luz siempre es un mal preludio de todo lo demás que se va a disparar. Ahora ya nos ocurre también con el precio de cada litro de gasolina. Toda una locura.

Paul Krugman, el famoso economista, señala con toda la razón que arreglar los males de la economía no tendría que ser doloroso ni implicar sacrificios. Muy al contrario, mantiene que para terminar con una depresión como la actual habría que hacer que la gente se sintiera bien. A pesar de haber sido galardonado el 13 de octubre de 2008 con el Premio Nobel de Economía, es evidente que hay muchos mandatarios y bloques político-económicos en el mundo, como la Unión Europea, que no siguen los buenos consejos de Krugman.

“Krugman, el famoso economista, señala con razón que arreglar los males de la economía no tendría que ser doloroso ni implicar sacrificios”

De aquí que la economía actual irrite y genere mayormente desconfianza sobre poder salir con éxito de la gravedad social que ha creado la pandemia de Covid-19, empezando por los miles de empleos perdidos. Incluso se pueden poner en cuestión los fondos o ayudas europeas, con las que se espera generar proyectos, arreglar desfases presupuestarios, solucionar e invertir, en definitiva, en el presente para el futuro, especialmente de nuestros jóvenes. Pero si la mala situación por la que pasan muchos ciudadanos la tienen que arreglar ellos mismos, con la aportación de su propio y escaso dinero, entonces el no entender nada se convierte de repente en una nueva e incomprensiblemente injusta economía.

Ayudar a la gente con una espectacular subida de la electricidad está dentro de esta contradicción. Mermar salarios, economías familiares y bolsillos, supone lo mismo. Aunque el colmo son las recomendaciones de cuando tenemos que lavar, fregar o planchar, algo que me hace pensar, ya muy seriamente, que los ciudadanos estamos perdiendo libertad a la hora de hacer las cosas cuando más nos apetezca. Se han hecho ya tantos chistes y enviado tantos memes sobre a que nos tenemos que dedicar a partir de ahora por las noches, que no hace falta reproducir ninguno. Tras todo lo que hemos sufrido, la gente tiene que recuperar su ocio, alegría, y las noches deben servir mayormente para hacer lo que siempre hemos hecho: unos salir, y otros dormir y descansar. ¿A quién se le ocurre plantear que mejor que esto es poner la lavadora a las tres de la mañana?

No es asumible, y se debe rectificar, una subida eléctrica tan irracional como la que se nos plantea en las actuales circunstancias. Si estuviéramos mejor económica y socialmente, también diría lo mismo, porque hay que ser siempre razonables con lo que trabaja y gana la gente en un país mileurista como el nuestro, que tiene unas energías tan caras, que no te puedes permitir utilizar en los fríos inviernos ni en los calurosos veranos. En este de 2021 va a ser todo un privilegio disfrutar de aire acondicionado, ya que todo no se podrá al tiempo, al tener que elegir entre la lavadora, la plancha o el aparato refrigerador. ¡Dinio, vuelve!

“El colmo son las recomendaciones de cuando tenemos que lavar, fregar o planchar, algo que hace pensar que estamos perdiendo libertad”

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De Cantabria a Cataluña o el justo reparto del dinero europeo

El reparto de un presupuesto nacional o de unos fondos europeos nunca dejará contenta del todo a ninguna región, aunque en esto surge una verdad: las diferencias entre grandes y pequeños territorios se agrandan en España. Por eso se necesita reequilibrio. Porque no es justo que unas comunidades autónomas disfruten de empleo, infraestructuras o servicios, que otras no tienen. Esto lo saben muy bien los jóvenes que se marchan de sus ciudades y pueblos en busca de trabajo.

En la medida que van llegando vía Bruselas-Madrid, por la crisis del Covid, las primeras ayudas europeas a las comunidades autónomas, se incorporan a la hemeroteca críticas, desacuerdos, polémicas, diferencias y preguntas sobre los criterios seguidos para un reparto justo, en el que España y sus regiones se juegan, no solo la recuperación, sino su futuro entero.

Hasta ahora, el relato del desarrollo nacional está marcado por dos aspectos dominantes: depende de la zona y el interés político que se le presta, y la desigualdad constatable en cuestiones esenciales de progreso, como son la inversión en industria, transportes,  energía y comunicaciones. Basta con echar una mirada a Cantabria, para comprobar la consecuencia directa de esa desatención en industria (Comarca del Besaya), en el empleo (nuestro hijos han de irse a trabajar fuera), transportes (sin AVE) o comunicaciones, sin conectividad con el Mediterráneo.

Frente a estos desequilibrios históricos, más el Covid y la nueva crisis económica, llegan los Fondos Next Generation de la UE que, de un total de 750.000 millones de euros, dejarán en España 140.000 entre subvenciones y préstamos. En su reparto, el Gobierno Central dice utilizar tres “criterios objetivos” (objetividad: que se basa en los hechos y la lógica): 1. Nivel de riqueza. 2. Paro juvenil. 3. Caída del PIB en cada autonomía. En esta ocasión, no se ha tenido en cuenta el porcentaje poblacional.  Así, este mes de mayo de 2021, el Gobierno ha distribuido 3.056,84 millones de euros del nuevo compartimento REACT-UE del Fondo de Financiación (un anticipo), al que se han adherido nueve autonomías, como Cantabria. De este primer paquete económico, Cataluña, con  1.487,08 millones de euros, se ha llevado el 50 por ciento. Estas son las otras cifras: Comunidad Valenciana, 650 millones; Castilla-La Mancha, 387,98; Canarias, 150; Extremadura, 125; Murcia, 100,98; Cantabria, 84 millones; Asturias, 47,84 y La Rioja, con 24 millones. Sin olvidar esos criterios gubernamentales de objetividad, las diferencias son enormes, ¿no?

“El desarrollo nacional está marcado por la desigualdad en industria, transportes  y  comunicaciones. Basta con una mirada a Cantabria”

Es un precedente de lo que pueden ser sucesivos repartos, que estarán marcados por recelos, disputas e incluso denuncias a Bruselas. Así y todo, en una especie de división de honor, que no se debería dar, jugará Madrid, Cataluña y País Vasco. A cierta distancia, seguirán Galicia, Navarra, Andalucía, Aragón y Valencia, y en otro bloque, por debajo de la tabla, el resto de comunidades, con mayor o menor suerte en la percepción de dineros para la recuperación e inversiones que generen empleos. Habrá tiempo y hechos para comprobarlo. En una época de cambios forzados como es la actual, deberíamos aprovechar esta coyuntura de recuperación o reinicio para reequilibrar la riqueza en España, al tiempo que se aborda de verdad un impulso decidido al desarrollo rural y al grave problema del despoblamiento en muchas zonas tradicionalmente abandonadas a su suerte.

También, los ayuntamientos, que son las instituciones más cercanas a los ciudadanos, deberían tomar mayor protagonismo en el reparto de los fondos europeos que corresponden a España, e igualmente de cara a conseguir un país más justo y equilibrado, de norte a sur. Solo hay que ver lo que ocurre actualmente con el empleo, y las tendencias migratorias dentro del territorio nacional, para darnos cuenta de que hay unos déficits autonómicos más que notables. ¿Dónde quedó aquello de recuperar el talento joven que tuvo que irse de sus regiones? Es tan solo una pregunta de las muchas que podría escribir. Las comunidades pequeñas en territorio y en población, caso de Cantabria, tienen todo el derecho al crecimiento y a generar expectativas a los jóvenes que aún no han emigrado. Eso se hace con inversiones, y las inversiones se llevan a cabo con dinero, tanto del que proviene de los Presupuestos del Estado, como el que ahora se aporta desde el primer endeudamiento en la historia de la Unión Europea, con estos 750.000 millones que se van a destinar a paliar las graves consecuencias del Coronavirus. En el caso de Cantabria, este es  un tren que ya no se podrá perder, y lo digo desde el punto de vista del nombre que llevan estos fondos europeos: Next Generation. Lo debemos hacer por ellos, por nuestros hijos.

“En tiempos de cambios deberíamos reequilibrar la riqueza en España, al tiempo que se aborda de verdad un impulso decidido al desarrollo rural”

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“Ciudad 30” en país fabricante de coches que no compraremos

Acorralar cada vez más la venta y circulación de vehículos en un país que es segundo fabricante europeo y noveno del mundo, no parece a priori una idea inteligente. Choca de igual manera que cada vez haya más restricciones a moverse en coche, y al tiempo un país como el nuestro utilice la venta de los mismos como la mejor prueba de que la economía va bien o se recupera. Dentro de poco, se puede convertir en milagroso que alguien compre y use coche, sino se puede casi rodarlo y menos aparcar.

España es uno de los grandes fabricantes mundiales de vehículos, algo que demuestran sus muchas fábricas: Ford (Almussafes, Valencia, más de 6.000 trabajadores), Iveco-Pegaso (Madrid y Valladolid, más de 1.000 trabajadores), Mercedes-Benz (Álava, más de 3.000 trabajadores), Nissan (Barcelona, Ávila y Cantabria, alrededor de 2.000 trabajadores, tras su cierre de la fábrica barcelonesa), Opel (Figueruelas, Zaragoza, 1.500 trabajadores), Peugeot y Citroën( Madrid y Vigo, 6.000 trabajadores), Renault (Valladolid, Palencia y Sevilla, más de 7.000 trabajadores), Seat (Martorell, Barcelona, más de 14.000 trabajadores), y Wolkswagen (Pamplona, alrededor de 5.000 empleos). Esto en cuanto a coches y camiones, porque si vamos a las fábricas de motos podemos encontrar hasta diez grandes marcas.

La web del Ministerio de Industria de España no deja lugar a dudas sobre nuestro potencial dentro del mundo de la automoción. Estos son algunos datos que lo demuestran. Cerca de 2 millones de empleos están ligados a esta industria, de los cuales 300.000 son directos. Ocupamos el segundo puesto dentro de Europa en la fabricación de vehículos y el noveno mundial. La automoción representa un 10 por ciento del PIB nacional y el 18 por ciento del total de nuestras exportaciones (mandamos coches a más de 100 países).

Son datos demoledores, como para tener bien apuntalada esta industria, aunque en España no dejamos de tomar medidas que ahuyentan cada vez más a los usuarios de la decisión de comprar coche, ya que a la hora de circular todo son inconvenientes, prohibiciones, limitaciones, impuestos y multas.

“Ocupamos el segundo puesto de Europa en fabricación de vehículos, aunque no dejamos de ahuyentar a los usuarios de comprar coche”

La modificación del Reglamento General de Circulación lleva aparejado desde ya limitaciones de velocidad en las ciudades, a 30, 40 y 50, dependiendo del tipo de vía. Con esto pasará como las rotondas, que llevan años existiendo, pero un gran número de conductores aún no sabe cómo hay que circular por ellas. Lo que está claro es que las multas se van a convertir en el pan nuestro de cada día. Por un lado, hay ciudadanos que lo ven bien, si siguen al pie de la letra lo que ambicionan las “Ciudades 30”: reducir la siniestralidad, rebajar sensiblemente las muertes por atropello, mejorar el medio ambiente al reducirse la contaminación acústica y las emisiones de gases de efecto invernadero. Es también una nueva medida para fomentar el uso de la bicicleta en los desplazamientos

Todo suena muy bien, pero el día a día de las ciudades es el transporte urbano y autónomo (taxis). La logística es la gran industria de este siglo, y eso supone hacer el reparto a tiempo. Las ciudades tienen supermercados, talleres, tiendas, bares y restaurantes, y no pocos despachos profesionales. Habrá que ver cómo empiezan y se desarrollan estos cambios, y lo que dirán los diferentes sectores productivos que más se vean afectados, si es que se produce algún pronunciamiento al respecto.

Las carreteras urbanas han ido estrechándose en estos años, y circular despacio es consustancial a los cambios urbanísticos que se han acometido. Pero está el asunto de la venta de coches en un país que produce tantos y tan buenos. Volvemos así a la duda de lo que van a ser las ventas a medio plazo, si en las ciudades lo que se busca es que realmente no circulen, y se queden aparcados en las calles o garajes donde viven sus dueños. Es una gran contradicción, y un panorama que llena de dudas el futuro industrial de la automoción española, tan fuerte y robusta en la actualidad, a pesar incluso de la pandemia y la crisis que acarrea. Si en las ciudades solo se quieren bicicletas y patinetes, no es escenario halagüeño para la circulación de vehículos en general, incluso si son eléctricos como se adaptan ahora a este cambio las fábricas españolas de vehículos. El esfuerzo puede terminar siendo inútil  

“Todo suena muy bien, pero el día a día de las ciudades es el transporte urbano y autónomo (taxis). La logística es la gran industria de este siglo”

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