No más desahucios a enfermos y ancianos

No entiendo que superada la crisis, haya ahora más desahucios. Tampoco que estos desalojos afecten en mayor medida a ancianos, familias con niños pequeños o personas discapacitadas. No comprendo, en definitiva, que si es verdad que hemos recuperado dentro de Europa y España el Estado del Bienestar, se permitan tan lamentables agravios sociales, de los que los medios de comunicación nos siguen informando a diario.

Con lo que esté país ha hecho por la banca en plena crisis económica, a más de uno y a más de una se les debiera de caer la cara de vergüenza cuando permiten desahucios que afectan a enfermos, a ancianos y personas discapacitadas. Uno no sabe dónde ha quedado el Estado del Bienestar, viendo como casi a diario se repiten tan penosas escenas, al menos reproducidas por determinadas televisiones, lo que me hace pensar que no hemos renunciado a las denuncias sociales más solidarias, y en eso el periodismo es fundamental. Percibo además una gran contradicción entre el interés por querer alejar la crisis económica de nuestra cotidianidad, mientras los desahucios siguen marcando la actualidad, como en los peores años de esta última depresión.

Si bien es cierto que tras la crisis se han abordado aspectos de la misma con la intención de que no se reprodujesen, los cortafuegos legales contra cuestiones como los desalojos o la pobreza energética no están funcionando adecuadamente. Un país no se puede denominar rico, ni siquiera europeo, sino asegura que niños, ancianos o discapacitados vivan en la seguridad de un techo bajo el que cobijarse, y dé respuestas dentro de su legislación a las vicisitudes críticas en que puedan llegar a encontrarse estos sectores tan sensibles de población. Las noticias, a veces, no pueden ser más descorazonadoras: “La desgarradora historia de una anciana desahuciada con 98 años” (Antena 3). “Denuncian que una familia de discapacitados desahuciada malvive en una tienda de campaña” (ABC). “El Supremo ordena a los jueces que protejan a los niños antes de autorizar un de desalojo” (El País). Son solo algunos de los titulares que nos acompañan en cada jornada, y el hecho es que van a más.

“Los cortafuegos legales contra los desalojos o la pobreza energética no están funcionando adecuadamente”

Algún día, la historia reconocerá lo que han hecho las plataformas de afectados por las hipotecas, frenando o parando desahucios injustos, donde lo primero que se ponía de manifiesto era la indefensión total de familias y personas, sin nada, echadas directamente a la calle. El hecho de que estas plataformas ciudadanas sigan más activas que nunca, es la prueba de que no se ha dado solución al problema, sigue muy presente, y cada vez afecta a más ciudadanos desprotegidos. Me gustaría ver más resolutivos a los ayuntamientos y a los gobiernos locales en la defensa de determinados derechos, que afectan directamente a la infancia, la vejez y, por supuesto, la discapacidad. Mientras esto no suceda, los desahucios nos seguirán recordando a la crisis, y todo lo acontecido en este periodo tan oscuro que comprende los años 2007 a 2016.

Tenemos encima aún demasiadas losas de la crisis, muy pesadas e inamovibles, como son la reforma laboral, las demandas de los pensionistas, el precio de la electricidad, del gas, los desahucios o el alto índice de vida en comparación con los sueldos que se perciben actualmente en España, principalmente por parte de los jóvenes que empiezan. La situación política actual no acompaña los pactos de Estado, y con ellos la solución a cada una de estas justas causas. Tampoco podemos esperar mucho de la Unión Europea, enfrascada en el Brexit y ahora en la creación de un auténtico presupuesto europeo, que me creeré cuando lo vea. De hecho, Europa ha forjado su prestigio internacional en la defensa a ultranza todo lo social. Los ciudadanos, se decía y está recogido en los Tratados, son lo primero, la esencia de esta unidad de Estados y de Gobiernos. Pero me temo que mucha de esta esencia se perdió con el mal trato infringido durante la crisis a Grecia, Irlanda, Portugal o España. Aquí, es ahora cuando más se está viendo las secuelas de los recortes en sanidad o educación. Las protestas y reivindicaciones se dejan ver en mayor medida en Cataluña o Galicia, pero ningún otro territorio está exento de demandar que las cosas vuelvan a ser como antes de 2007. En todo caso, nunca se deberían haber cruzado las rayas rojas que suponen nuestros mayores, la protección en todos los sentidos de los menores, y la igualdad real de derechos hacia una discapacidad que reclama más que nunca mayor atención pública. La sociedad en su conjunto no les puede dejar solos.

“Tenemos demasiadas losas de la crisis como la reforma laboral, pensionistas, la electricidad, los desahucios o los sueldos de los jóvenes”

 

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