Caos, escasa información, mejor saber que imaginar, los ya ausentes formaban parte de una sociedad polarizada y resquebrajada, conocer la verdad, luchar para que nunca haya trenes parecidos. Todo esto se escuchó, en boca de una portavoz de las familias, en el funeral que se celebró en un pabellón polideportivo, abarrotado de ciudadanos que quisieron arropar en este doloroso momento a los afectados por el gravísimo accidente ferroviario de Adamuz. Estos sentimientos de los damnificados no han hecho otra cosa que corroborar todo lo que se viene diciendo y escribiendo acerca del mal momento actual del país.
Recomiendo escuchar las palabras pronunciadas por Liliana Sáenz, hija de una de las víctimas de la tragedia ferroviaria de Adamuz, en el funeral celebrado en Huelva, y al que asistieron más de 4.000 personas. Mejor, no se puede arropar a quienes sufren tanto dolor.
Voy a recoger algunos fragmentos de esa intervención, porque ponen de manifiesto lo que siente verdaderamente la gente, así como la gran distancia que separa ahora el mensaje oficial, casi siempre alterado del real, que no es otro que el que se vive a diario en las calles de España.
Liliana dio las gracias a los cuerpos de seguridad y emergencias, “que acudieron prestos, como siempre, a la llamada… Hicieron lo que pudieron con la información y los medios de que disponían”. Mostró igual agradecimiento a los profesionales de la sanidad andaluza, y al personal y voluntarios de Cruz Roja de esta forma: “Si no puedes curar, alivia… si no puedes aliviar, consuela… si no puedes consolar, acompaña.”. Buen mensaje para la sociedad actual y su falta de compromiso, ante cualquier cuestión que se presente o plantee.
La portavoz de las 45 familias destrozadas (luego se sumaría una nueva fallecida, la 46) aludió al caos. No es para menos. Lentamente, las investigaciones avanzan para esclarecer debidamente el choque de los trenes, elIryo 6189 procedente de Málaga y el Alvia 02384, con salida desde la Estación de Atocha de Madrid. Las primeras conclusiones ponen los pelos de punta. Como que un trozo de rail del kilómetro 318,681 se partió, debido a una soldadura fallida. Menos mal que había renovación integral concluida en 2025, en valoración del Ministerio de Transportes. Cuando ocurre una tragedia de tal calado hay que llegar hasta el final, esclarecer toda la verdad, porque es lo que merecen las víctimas, los más de 200 heridos, y los familiares de quienes perdieron la vida tan injustamente. Estos últimos lo pidieron explícitamente en el funeral: “Somos las 45 familias que lucharemos por saber la verdad, porque solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca se cerrará”. Y añadió Liliana Sáenz, enfermera, hija de la fallecida Natividad de la Torre: “Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad”.
“La portavoz de las familias destrozadas aludió al caos. Pidieron en el funeral saber la verdad desde la serenidad, para que nunca haya otro tren”
Poco escribo, como merece, la polarización actual que existe en España. En política, la polarización significa que, sobre cualquier acción de Gobierno o cuestión de relevancia social que surja dentro del país, la opinión pública, es decir, los ciudadanos, se dividen en dos extremos opuestos y no se ponen de acuerdo en nada (la famosa ausencia de pactos de Estado). No es solo un caso español, ocurre lo mismo en Estados Unidos. Y lo saco aquí a colación porque de este asunto se habló también en el funeral habido en el Pabellón Carolina Marín de Huelva. Y se hizo así: “Ellos no son los 45 del tren, ellos eran parte de una sociedad tan polarizada, que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo, y no nos estamos dando cuenta”. En el acto fúnebre lo escucharon los Reyes y varios ministros del Gobierno, dentro de ausencias notables que fueron muy comentadas en ese momento y días posteriores.
Todo lo público, en absoluto salió mal parado. Hay que saber separar actitudes y comportamientos, lo que a fin de cuentas puede acabar, algún día, con la perniciosa polarización en que estamos inmersos. De los alcaldes de la zona del accidente, por ejemplo, se manifestó esto en voz alta: “Habéis demostrado que hay que ser grandes como personas, para ser grandes como servidores públicos”. También lo creo. A fin de cuentas, es de lo que trata el humanismo, que tanto me ha fascinado, desde siempre.
Este grave siniestro deja muchos desgarros. El mal general ya está hecho. Tiene que ver con la deficiente fiabilidad de la red de alta velocidad española, pero también de la denominada de Cercanías, dadas todas las incidencias que se dan, a diario, en muchas regiones, sus municipios y pueblos. Los familiares de las víctimas van a luchar, desde la serenidad, como subrayan, hasta llegar a la verdad. La sociedad española, y en especial los medios de comunicación, deberían volcarse en apoyo incondicional a este afán por conocer los hechos y sus culpables. Demasiadas cosas vienen ocurriendo que no tienen consecuencias, lo que genera incredulidad y una indignación que va en aumento. De esta manera estamos viviendo hechos y tragedias, hasta empezar el estrenado 2026 con este terrible choque de trenes, que no deja bien parado (una vez más) al Estado, y cuestiona la apuesta por la modernidad en la que nos creíamos inmersos. Dan fe de las dudas raíles rotos, soldaduras fallidas, redes ferroviarias sin mejorar hace años, al igual que la maquinaria ferroviaria. El debate sobre el deficiente, cuando no malo, cuidado y mantenimiento de las principales infraestructuras de comunicaciones, que tanto necesitamos para la vida diaria de todos, ya está en los hogares y en la calle. Los responsables de esta situación deberían hacer caso de algo que se dijo en el funeral de Huelva: Si no puedes curar, alivia.
“El debate sobre el deficiente, cuando no malo, cuidado de infraestructuras de comunicaciones, que necesitamos, ya está en los hogares y en la calle”