Las catástrofes marinas aquí empiezan por P (Prestige, Pélets)

Las catástrofes marinas aquí empiezan por P (Prestige, Pélets)

De algo que conoces poquito, los pélets, hay que opinar con la debida prudencia. Dicho esto, en pocas semanas se dejará de hablar de ello, si es que la preocupación sobre este último vertido marino ha llegado a la calle, que me creo que no. Acerca de la gran contaminación que generamos de habitual hay dos evidencias. La principal, que no hay conciencia de todo lo que tiramos. Y la consiguiente, que tampoco hay ganas de solucionar nada, viviendo tan ricamente y despreocupados como hacemos. Por cierto, los expertos en la materia dicen que vamos a tener, durante años, bolitas minúsculas de plástico en nuestras playas.

Si han transcurrido 20 años de la catástrofe del Prestige (2002), y casi nadie lo recuerda, podemos fácilmente imaginar lo poco o nada que saben los españoles sobre el primer gran vertido contaminante marino que se produjo en nuestro país, también en Galicia. Hay que remontarse al 12 de mayo de 1970. Aquel día, el petrolero noruego Polycommander choca en la ría de Vigo, se incendia, y vierte al mar 15.000 toneladas de petróleo. El accidente del Prestige fue más terrible. Conllevó un gigantesco vertido de 63.000 toneladas de chapapote, que afectó a 1.600 playas, 2.000 kilómetros de costa y 500.000 metros cuadrados de roca bañada por una marea negra, que partió de Galicia y termino en la Bretaña francesa.

Las fechas de la tragedia del mercante Toconao, que han provocado la actual crisis medioambiental de los pélets, demuestran la insuficiente sensibilidad que hay en España en materia de vertidos contaminantes en el mar. Analicen sino la cronología del accidente. Se produce el 8 de diciembre de 2023, en aguas portuguesas. El buque pierde hasta seis contenedores, lo que supone la caída a mar de 26.2 toneladas de estos diminutos plásticos, que empiezan a llegar a Galicia el 13 de diciembre. No es hasta el 5 de enero cuando la Xunta de Galicia activa un plan de contingencia para la contaminación marina. El Gobierno gallego emite un comunicado el 6 de enero, recriminando al Gobierno central no haberle informado del suceso antes del 3 de enero. Desde La Moncloa se responde que fue el 13 de diciembre cuando el 112 de Galicia alerta del hecho al Ministerio de Transportes. En toda tragedia, hay actuaciones de libro que nunca se pueden obviar, tal es la información detallada, la coordinación de todas las partes y una comunicación fluida, que busque ante todo la seguridad y la tranquilidad de la población que habita las zonas cercanas a la catástrofe. Saquen ustedes sus propias conclusiones sobre el inicio, desarrollo y agilidad a la hora de actuar en la recogida y retirada de los pélets perdidos.

Sea como fuere, y con la diferencia del tiempo transcurrido entre un desastre y otro, Prestige y pélets empiezan por la misma letra, la P. Están guapos los mares de todo el planeta, como para permitirnos nuevas imprudencias que van a quedar patentes sine die en un medio natural, los océanos, que no cuidamos nada. Los pélets esparcidos en el mar tienen una difícil recuperación, pero tampoco hay debate alguno sobre la fabricación de este minúsculo producto, tan peligroso, y la manera de transportarlo de un punto a otro del mundo. ¿Hay que hacerlo necesariamente por mar?; dado el riesgo de que terminen sumergidos, ya para siempre, ¿no es mejor legislar que se transporte por tierra? Veremos el interés que organismos y Gobiernos ponen en propuesta tan razonable.

Los pélets en el mar tienen difícil recuperación, tampoco hay debate sobre la manera de transportarlo. ¿Hay que hacerlo necesariamente por mar?”

En la palma de la mano, un pélet es una minúscula bolita de plástico. La mayoría, como es mi caso, no habíamos oído hablar de este material. Ahora sabemos de su existencia por otros motivos. Porque se usan para fabricar innumerables productos. Desde toda clase de envases para alimentos, bolsas, tuberías, contenedores o cables. Pero, mire por dónde, hay otras cuestiones indispensables en nuestro consumo que llevan el sello de los pélets, como un simple biberón, un juguete, la jeringuilla con la que nos ponen una vacuna o las bolsas de sangre, que salvan vidas dentro de los hospitales. Claro que este plástico también está siendo ingerido por muchas especies de la fauna marina, con el consiguiente peligro toxico de que termine en la cadena alimenticia humana.

Toda la información que nos llega del accidente medioambiental se va dirigiendo ya a que la recuperación de este vertido es tarea casi imposible, tanto en el rescate de los contenedores, como la carga de pélets, que aún está dentro de sacos o esparcida hasta su llegada a las playas. Algunos expertos se atreven a asegurar que, durante años, veremos bolitas en las playas.

Fíjense lo que preocupaban los pélets, con tanto que hablamos del cambio climático y hacemos cumbres al respecto que no sirven para nada, que la Organización Marítima Internacional (OMI) lanzó en 2023 (¡2023!) una guía de actuaciones para ayudar en este tipo de incidentes tan graves, que ahondan en la terrible contaminación en la que se ven inmersos nuestros mares. Según Greenpeace, menos de un 3% de los océanos están protegidos. Hacia los mares (plásticos, residuos peligrosos, y todo lo que se vierte al segundo), serían incontables las actuaciones dañinas e irreparables. Pero lo peor es que no hay conciencia, ni respeto, ni ganas de solucionar nada, ni mucho menos un gran empuje social, los jóvenes en especial, que obligue a los Gobiernos de todo el mundo a tomar medidas drásticas.

Simplemente nos hemos acostumbrado a las catástrofes. Y que cuando se producen en océanos, unos y otros se tiren los trastos, mientras los residuos en general se acumulan en el fondo del mar, no se rescatan, y cuando la noticia deja de interesar, a otra cosa, mariposa, que no hay tiempo que perder en continuar con la contaminación de todo. Como indico, nos hemos curtido tanto en destruir que la WSC, que es el Consejo Mundial del Transporte Marítimo, reconoce que solo entre 2008 y 2022 se perdieron en mares y océanos una media de 1.566 contenedores al año, con todo tipo de materiales, que no especifican. ¡A saber todo lo que hay!, sin interés alguno por eliminar daños.  Es más, al poco de haberse celebrado en Emiratos Árabes la cumbre del clima, ya tenemos servida la primera gran catástrofe del 2024. En febrero, serán cuatro los que hablen y escriban de los pélets. No apuesten lo contrario, que perderán.

 “De todo lo que se tira a diario al mar, lo peor que no hay un gran empuje social que obligue a los Gobiernos del mundo a tomar medidas drásticas”

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