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La vivienda sale a escena cuando hay delante citas electorales

En España hemos entrado en periodos electorales y resuena como promesa estrella construir muchas casas. Si no se ha hecho antes, lo mejor es poner estos anuncios en cuarentena. Hasta que no se firme un auténtico Pacto de Estado por la vivienda, y todas las Administraciones implicadas se sienten a hablar y suscribir acuerdos, no podemos esperar más. La realidad es que en todo lo relacionado con la vivienda impera la desesperanza. La viven en mayor medida los jóvenes, sin posibilidad de alquilar, salvo que lo hagan en grupo y reparto de habitaciones. Lo de crear un auténtico hogar queda pospuesto.

Antes de ponerle la primera palabra a este texto, casualmente mantengo con dos jóvenes una conversación sobre la vivienda. En la charla sale a relucir un concepto que desconocía, pero que se está imponiendo en España, a falta de no poder alquilar, ni muchos menos comprar casa. Se trata del Coliving o vivienda compartida, ya que, con los sueldos actuales, no puedes afrontar los gastos mensuales derivados de habitar una casa digna, y has de vivir con otros inquilinos.

Como consecuencia de estudios publicados, la estimación de viviendas necesarias, solo para un alquiler asequible, oscila entre 700.000 y 2 millones. Frente a esta demanda, el país cuenta con casi 4 millones de viviendas vacías (dato INE), mientras el mercado se orienta cada vez más al alquiler, de tal manera que el 20,4 % de los hogares viven así, dado los precios prohibitivos a la hora de pensarse adquirir un inmueble.

Al tiempo que han nacido nuevos conceptos, tal es el Coliving, han desaparecido otros como aquella vieja denominación de vivienda asequible. Todas las promesas que se hacen en este sentido están vacías, porque resultan fallidas, no se cumplen, y el futuro tampoco es halagüeño ya que el precio de la vivienda nueva o usada sigue imparable para arriba. El cálculo actual de necesidad de construcción de viviendas sociales roza los 2 millones, y las actuaciones que se llevan a cabo no llegan ni por asomo a facilitar lo que la sociedad española, en especial los jóvenes con trabajo, anhelan con todo el derecho a vivir como antes lo han hecho sus padres y abuelos.

“Al tiempo que han nacido nuevos conceptos, este de Coliving, han desaparecido otros como aquella denominación de vivienda asequible”

Era cuestión de tiempo llegar al momento actual de que la vivienda se ha convertido en un problema terrible inaceptable. Analizando el pasado y los incumplimientos, cabría pensar que las promesas de construcción masiva de pisos, relacionadas ahora con citas electorales, no son pertinentes, aunque se vuelve a las andadas de mitinear aludiendo a cientos de miles de casas por levantar. Se debería presentar seriedad total a nuestros jóvenes con sus lógicas aspiraciones de llegar a pisar un lugar en el que vivir y echar raíces. Convendría  reconocer que la vivienda es ya el primer problema social al que nos enfrentamos, aunque su falta es más culpa de quienes ponen las cosas tan difíciles,y no son capaces de acomodar los precios a lo que pueden llegar a hipotecarse los trabajadores.

Como quiera que no ponerse de acuerdo en nada es la tónica general de funcionamiento en España, evidentemente esta actitud afecta directamente a todo lo que sucede con la vivienda. Sin un Pacto de Estado real, que implique al Gobierno, a las comunidades autónomas, a los ayuntamientos y a los agentes económicos y financieros, cualquier cosa que se diga sobre sueños de contar con nuevos hogares es papel mojado, y por lo tanto no se le puede dar crédito alguno. Quiero pensar que algún día pueda llegar a tener solución, pero lo que vemos ahora es que alquileres y compra de pisos no paran de subir, y los sueldos no dan ni para una cosa ni para la otra.  

Por eso, en todo lo relacionado con la vivienda, impera el pesimismo, la desconfianza y desesperanza. Las partes implicadas no hablan, no acuerdan, no aportan soluciones, y quien debiera de llevar la voz cantante es el Gobierno, que muestra parálisis a la hora de ofrecer salidas en forma de vivienda para todos, y en especial para nuestros jóvenes. Pasan los años y las promesas de planes de viviendas, llegar a construir 200.000, se dijo, no se han materializado. Al contrario, el porcentaje de obras finalizadas no supera un ridículo 5 por ciento.

¿A qué se debe tanta escasez de obras? Pues a que La construcción de vivienda de protección oficial ha caído en picado. En los últimos 10 años se han construido menos de 86.000, a una media de 8.600 por año. La cifra es insignificante frente a una necesidad de 700.000 nuevos inmuebles, cantidad establecida por el Banco de España. Con lo que se proyectaba tiempo tras, vamos cada año a peor. Recordemos aquel 2005, un solo año, en el que se hicieron en España 729.000. En conclusión, hay falta de inversiones tanto en el sector púbico como en el privado.  

¿Y esto es porque falta suelo? Para nada. Nuestro país cuenta con suelo urbanizable para construir varios millones de viviendas. Algunas fuentes apuntan a la posibilidad de levantar 6 millones. Sin embargo, estos terrenos deben afrontar largos plazos y burocracia para poder iniciar su construcción. Y por eso incido en que la falta de pactos, acuerdos y dialogo entre todas las partes impide el avance real. Quienes pueden hacer algo al respecto seguramente viven tranquilamente bajo un techo de su propiedad, pero no es lo mismo para 3 de cada 4 jóvenes, que ven completamente imposible tener vivienda. No es extraño que se sientan tan frustrados.  

“En lo relacionado con la vivienda impera la desesperanza. Las partes implicadas no hablan, no acuerdan, y el Gobierno muestra paralización”

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