
Ni nos lo dicen ni lo queremos saber, pero la situación mundial es penosa. Jamás aceptaré una guerra como salida a cualquier conflicto. A Ucrania y lo poco que nos importa, sumamos ahora Israel y Palestina. Miles de inocentes mueren a manos de la intolerancia, la avaricia, el poder y la acumulación de territorio y sus recursos. Pero no se engañen, es nuestro sino. Por eso, la mayoría estamos a lo propio, complacidos de que nos vaya bien. De preguntarle

“Ya no veo la tele, ni leo periódicos, ni oigo noticias”. Cada vez lo escucho con mayor frecuencia. Por supuesto, lo combato porque no hay peor sociedad que la desinformada. Todo poder se muestra encantado cuando sucede. La desmovilización tiene mucho que ver también con ello. Información no es solamente enterarte de lo que pasa. Bien contada, crea sociedades comprometidas, justas y plurales. Manipulada, genera el desencanto en que vivimos tras el Covid y la Guerra de Ucrania. Sumemos ahora
Nos quejamos del asfixiante calor nunca antes conocido de manera tan extrema, al tiempo que desconocemos y no queremos saber de las causas que provocan este vertiginoso aumento de las temperaturas en todo el mundo. Cambio climático se llama, pero no todo el mundo lo acepta, ni siquiera los Gobiernos, divididos en valoraciones. Si los que mandan no lo reconocen abiertamente, es lógico que los ciudadanos no tengan conciencia alguna sobre el calentamiento global, aún peor, los niños que no

Cuando hay verdadero interés por solucionar algo, se logra aquí y en la Conchinchina. Nuestros jóvenes no pueden emanciparse. No ganan lo suficiente ni para alquilarse un piso compartido. Ya de gastos generales de la casa, ni hablemos. Papá y mamá son el asa a la que sujetarse. Y no está mal, salvo porque los Gobiernos gastan el dinero en proyectos estrafalarios, sin centrarse en lo auténticamente social, como que las nuevas generaciones vean mejoras con respecto a las anteriores.

Si las administraciones fueran más rigurosas con los pisos turísticos ilegales que no pagan impuestos, el sector turístico no exigiría regularizar con urgencia este nuevo y devastador negocio que va a más. Pero es que la avaricia depredadora crea al tiempo una tremenda escasez de viviendas que alquilar para uso fijo residencial. Muchos caseros, y sus correspondientes intermediarios, están ahora a la pesca furtiva de un turista tras otro, dispuestos a ocupar periódicamente miles y miles de pisos repartidos por

Hay que tenerle un profundo respeto a la adicción al juego para hablar de ello, de sus consecuencias para quien lo padece y las personas que le rodean. Creo que el problema se relativiza en España. Es evidente que no interesa hablar mucho de ello, porque perjudica al negocio. Sin embargo, coexisten determinadas evidencias, muy desmoralizantes, sobre jóvenes y apuestas. Las consideran parte de su ocio particular, a través del móvil. Y, por otra parte, se hace costumbre lo de