Zancadillas a la libertad

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El poder y el periodismo pueden ir en ocasiones de la mano a la hora de poner zancadillas a la libertad. Cuando la noticia cambia de plano, no son directamente los refugiados los protagonistas y sí la agresividad de la reportera que les graba, “Houston, tenemos un problema”. Desgraciadamente, la periodista húngara Petra Laszlo representa de manera tan gráfica a una parte extremista que pone así de manifiesto lo que piensa sobre la crisis migratoria que atravesamos en estos instantes. Hay países más sensibles que otros al problema ajeno. España es un ejemplo, para mal. Yo no digo que no se hagan las cosas de manera legal, organizada y ordenada, con una Unión Europea unida frente al hecho (que no lo está en absoluto). Pero de ahí a la cascada de declaraciones absurdas que se vienen dando, todas entre sí contradictorias, uno llega a pensar que es imposible que pase todo esto, al mismo tiempo, en un país serio y normal. Llegan a producir pena quienes pensaban que la grave crisis padecida durante los últimos siete años en todo el mundo  -como algunos se han empeñado en recalcar-, iba a salir poco menos que gratis. Ya vemos que no. Las consecuencias son estas y tenemos que pechar con ellas por la culpabilidad directa de occidente en los conflictos de oriente.

África y oriente son dos polvorines permanentes y Europa no puede mirar por encima de Inglaterra, donde poco hay y la mayoría es frio. Ha de mirar por debajo de ella, no sólo por lo geográfico, sino especialmente por lo humanitario. Alemania va con mensaje propio hace tiempo. Francia tira unas cuantas bombas más donde campan los yihadistas, Hungría y Austria se pelean por los trenes de la inmigración, España no sabe si acogerá a dos mil refugiados, quince mil o a ninguno… Puede que Italia no haya exagerado tanto la frase de que Europa se ha instalado en su propio precipicio. No me preocupan tanto los refugiados, que hay que acogerlos sí o sí. Lo que atemoriza es el inmovilismo de la Unión que, visto lo visto antes y ahora, lleva camino de convertirse en crónico. Hay que reinventar Europa, no me cabe ya la menor duda. Y esta puede ser la gran oportunidad de empezar a hacerlo. El sello europeo siempre ha  sido el de la responsabilidad. Cuando los países de la Unión pueden llegar a verse solos ante problemas acuciantes, caso de Hungría, Austria, Italia o Grecia, es cuando más cunde el desapego hacia la bandera azul de las doce estrellas doradas.

Europa se ha de fortalecer con más unión, más política común y más decisiones juntos, sin grietas ni fricciones.  La gran debilidad viene de que esto, hoy por hoy, no es así, y nadie se atreve a asegurar si el futuro viene mejor o peor. La periodista Petra Laszo ha pedido perdón y dice que no es ni racista ni xenófoba. No voy a entrar en la persona porque suficiente castigo es el que te señalen por donde vas. Las cinco amenazas europeas más serias son la crisis, la insolidaridad, la desunión, el individualismo y la xenofobia. En la zancadilla a los refugiados (a una niña) de Petra va implícita esta enumeración de hechos. Mientras grababa la noticia, su mente le dice que están invadiendo su país. Por sus convicciones, es imposible intentar convencerla de que lo que realmente hacía era ponerles zancadillas a la libertad. El gran reto que tenemos los que pensamos de otra manera es evitar que por Europa se propague una forma de pensar y de actuar que, por nuestra propia historia, ya conocemos las consecuencias que acarrea.

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