Y TANTO QUE LA VIDA ES UNA LOTERÍA

 

risa

Ahora que los días corren como galgos hacia el 22 de diciembre, me doy cuenta de que la vida es una lotería abierta a premios gordos, medianos o  ratas, que es como decir ninguno. El deseo de mejorar siempre ha estado unido al propio funcionamiento cerebral. Por desgracia, sólo descansas de pensar en ir a mejor cuando tienes una seria avería en la cabeza que te hace transformar en sombras la realidad o tuteas al Altheimer. Respaldo sin fisuras que habiendo salud, lo demás debería puntuar más bien poco. Lo que sucede es que la narración de la injusticia siempre ha estado en el día a día de las personas con problemas y penurias. Oigo muchas cosas últimamente acerca de lo que se pretende hacer con el destino del mundo. Me conformaría con que no hubiera un mismo exilio común para los que nacen sin oportunidades. A los de mi generación que no han conocido guerras mundiales ni civiles, se nos ha educado en ese deseo de que “estando yo caliente, qué me importa a mi la gente”. Sinceramente, no creo que el corazón sea el órgano de nuestro cuerpo que genere el amor verdadero.

El sentido común. De ahí emana el poder de ser y de sentir. Parece que el dinero regresa a España y el año que viene va a haber más ayudas sociales para tanto necesitado. Tampoco es el corazón el que se desgarra dentro de nosotros cuando casos que nos asombran sufren las consecuencias de los desmanes conocidos en los últimos tiempos, y quien sabe si tendremos suficiente capacidad de recordar para no olvidar todos los nombres inculpados, encausados y encarcelados. Aquellos que tienen la virtud de la lógica no saben el gran don que tienen. Si en esta demencial crisis ha desaparecido fulminada la clase media, ¿qué habrá sido entonces de los miles y miles y miles que vivían con lo básico? Su lotería es malvivir, y la de otros es quejarnos por cómo viven de bien. La verdad es que siempre me ha gustado escuchar la noticia en 22 de diciembre de que el gordo ha tocado a un parado, ya sin subsidio y a punto de que el banco se quede con su casa. Esa sí que es una buena lotería que cambia una mala vida por una buena vida.  

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