Vidas arrebatadas en la edad del pavo

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Dedicado a todos los chavales que nos han dejado a temprana edad.

 Con 18 y 17 años te puede pasar de todo menos morirte. No hay accidente tonto cuando el resultado es un golpe fatal con un coche, una moto e incluso una bicicleta. El cómo no es lo de menos pero es el por qué el que se convierte ya para siempre en protagonista.

La prevención ha existido en casa toda la vida. Nadie mejor que las abuelas y las madres han ejercido las recomendaciones habituales: “hijo, no corras” y “sé prudente, no hagas el tonto”. Luego está que te escuchen, porque en la edad del pavo, la mayoría de los pavos se convierten en gansos. Nos creemos también que dominamos las máquinas de ruedas que hemos construido, pero son ellas las que hacen lo que quieren con nosotros. Nos llevan al trabajo, al colegio, nos regresan a casa, pero a nada que sueltes el volante o el manillar, lleves alcohol en sangre o drogas que te convierten en tu doble tonto, ¡la has pifiado!

Cuando ya es tarde para devolver una vida, ¡dios mío todo lo que piensas!, y eso que sólo has hecho que empezar un mal recuerdo que va a durar ya para siempre. La ausencia de esos hijos de tan corta edad accidentados mortalmente en moto rompe en paralelo demasiadas vidas de un área familiar, antes feliz y ahora, de la noche al día, desgraciada. Ya lo he visto otras veces, y me perturba porque siento auténtica rabia hacia este tipo de tragedias. Han muerto amigos de la pandilla y, de repente, el grupo se siente destrozado, no entienden lo sucedido, en realidad, no entienden nada. Lo malo es que no van a tomar nota, porque a los dieciocho votas, amas, saltas, bailas y, en ocasiones, crees también que vuelas. Pero no es verdad. La mente humana siempre juega con el componente suerte: “esto no me va a ocurrir a mí”. No es ir desencaminado porque la vida tiene mucho de ruleta rusa: unos son ricos, otros pobres; unos triunfan y otros fracasan; unos nacen sanos y otros no; el cáncer tampoco es para todos, y unos mueren con 18 y 17 años, y otros no. Esto último es lo que jamás entenderán los familiares de los difuntos tan crios.

 

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