Valorar mejor que pelotear

El peloteo, tan local por doble motivo, es el intercambio de pases de pelota y la adulación que se hace con el fin de obtener un beneficio en el trato. Como lo hago con naturalidad y creencia (¡qué guapa estás!, ¡felicidades por el premio que has recibido!), me molesta ser definido como adulador o que piropeo sin haber un por qué determinado. No me veo rarito ni menos diferente, pero el caso es que esté país nuestro es las dos cosas: muy pelota cuando interesa, y muy frío y distante con nuestros triunfadores, la gente de éxito por lo que sea, que el abanico es muy amplio. Eso sí, basta que se machaque a algún sector concreto, como el del cine, para tomarle más afecto a esta Academia del Cine en la que cierran salas, no hay trabajo ni subvenciones, y pone el grito en el cielo en los Goya, porque es un foro que te pone a huevo resumir su gélido panorama, aunque algunos lleguen a ser pesados por eso de que una vez, bien dicho, vale por diez repeticiones del mismo run run.

Verdaderamente, somos muy cabronazos con lo nuestro y con los nuestros. Da igual la especialidad, desde el deporte, a la empresa, los jóvenes que empujan o los investigadores. Por motivos obvios, las críticas merecidas a la banca y las cajas de ahorros no las voy a meter en esta lista, que nos distancia tanto del sentir galo, teutón y no digamos británico. Lo de conducir por la izquierda de los ingleses es una tozudez propia, pero lo que les da marca es que los que destacan entre ellos están en un púlpito social permanente, y no sólo porque la Reina Isabel II les nombre Lord. Hasta hace no tantos años, en España ganaba alguien una medalla importante en algo, y las autoridades no le iban a recibir ni al l aeropuerto. La cosa ha mejorado, pero la envidia, la apatía, el peloteo y la zancadilla han hecho un cóctel odioso que representa una forma de ser excluyente, que no me gusta. Hasta que no reciclemos este cóctel venenoso como hacemos con los aceites de los restaurantes, no hay nada que hacer. Así, la marca España será siempre humo. Lo primero es lo primero: los artistas españoles en general, la investigación, nuestros inventores, los empresarios por el mundo y demás. Basta ya por favor de gilipolleces de cocineros y trabajadores españoles por el mundo. Vamos a empezar a barrer para adentro, valorando el éxito de los españolitos aquí, en casa, y dejar de sacar por la pantalla a un compatriota que se ha hecho rico en las Islas Seychelles, y se le entrevista mientras toma un batido de maracuya y piña. ¡Por favor!

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