UNA ABUELA SOBRE LAS ACERAS

Publicado el 19 de marzo de 2010 en el Diario Montañés

Me comenta un buen ciudadano al que le gusta (en ocasiones) lo que escribo, que a veces soy como una abuela. ¿Qué le pasa a las abuelas?, le pregunto y, sobre todo, qué tienen que ver con la acera donde vive este buen hombre que, tras su reforma, no le gusta como ha quedado. “Pues que las abuelas son muy buenas y no se quejan lo suficiente y con contundencia, para que su reclamación tenga impacto”, me explica. No es la primera vez que me dicen que “de caña” cuando abordo determinados asuntos que resultan de común preocupación ciudadana. De hacerlo así, pienso que estaría todo el día cabreado, que es lo que ciertamente les pasa a muchas personas, para desgracia de otras que les tienen que aguantar en casa, en el trabajo o en la calle. Desde luego, insultando no se consigue nada y, además, demuestra poca inteligencia por parte de quien actúa así, máxime si se habla de la tercera edad.

 Las abuelas están bien como están y las aceras, algunas, ya no tienen remedio y, algún día, cuando le conozca, se lo diré personalmente a quien las ha diseñado con estas medidas y formas tan variopintas. No es menos cierto que, por ellas, pueden andar bien a lo ancho las abuelas, las hijas y los padres. Si aprecias las escenas de los caminantes desde el coche o la moto, entiendo mejor a este ciudadano al que le pone de mala leche lo estrechamente que circula por determinadas calles de estas nuevas ciudades tan de diseño. A mi amigo le hubiera gustado opinar y, de hecho, lo hace ahora, demasiado tarde ya. En nuestro entorno somos muy dados al comentario, la protesta y la opinión en voz alta – incluso a montar una asociación de damnificados-, pero cuando ya determinadas cosas no tienen marcha atrás. Luego, sacamos a la abuela a pasear tan a lo largo y tan a lo ancho, pero ellas si que no tienen mayor culpa. Precisamente, si alguien  está contenta con las nuevas aceras, debe ser una abuela. Con las aceronas, nunca han estado tan seguras de los coches, que se las ven y se las desean para circular y girar por más de una calleja recién remodelada.

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