Un planeta sin Stephen Hawking

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Hablar de Stephen William Hawking (Oxford, 8 de enero de 1942-Cambridge, 14 de marzo de 2018) y del universo, forma ya parte de un binomio. Con la finalidad de contarlo al mundo y hacernos así más felices, al gran científico siempre le deslumbró saber cómo empezó todo y lo que existe más allá de las estrellas. Para poder decir que lo consiguió del todo, tenemos pendiente velar mejor por la Tierra, en vez de anhelar la conquista de otros planetas, que poco ganarían si dejamos en ellos nuestra huella.

Cuando una generación pierde un referente se queda un tanto huérfana dentro de un mundo, tan estudiado por el profesor Stephen Hawking, que cada vez embiste con más indiferencia a los valores solidarios elementales que dan sentido a nuestra existencia. ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿cuál es nuestro auténtico cometido…? No hay que ser científico para hacerse estas y otras preguntas, pero les necesitamos para ir conociendo respuestas que utilizar y emplear inteligentemente. El cine y la televisión nos muestran continuamente los avances en que hombres y mujeres de ciencia están enfrascados, temerosos al tiempo de que sus descubrimientos se puedan utilizar con fines militares, para hacer aún más daño a un planeta acostumbrado a esquivar los apocalipsis. Anhelamos comprender si vivimos solos en el universo; lo que hay más allá de las estrellas que divisamos en las noches claras; o si los agujeros negros son más lo primero o lo segundo. Seguramente conocíamos más de la figura tan respetada de Hawking y su difícil vida, que de lo que se traía entre manos con sus reputadas investigaciones sobre el origen de todo.

El Big Bang o la gran explosión de materia y energía que fue la antesala del primer día de vida. La teoría de la relatividad que corresponde al origen de esa materia y esa energía. ¡Apasionante! Y aún no sabemos casi nada. He leído mucho sobre Stephen Hawking, pero creo que lo más valioso que nos lega es precisamente el conocimiento instalado en buenas manos. Nos atrae todo lo desconocido, pero no le damos el suficiente valor a la investigación y a quienes la hacen posible. De los primeros recortes que acarreó la crisis, hubo auténtica saña con los centros investigadores. La situación sigue siendo precaria, porque ha puesto de manifiesto que la mayoría de los países no consideran prioritario dotar de fondos estables a la ciencia. Hawking era una auténtica fuente del saber. Pero conocía igualmente que somos capaces de emplearlo mal, una y otra vez, una y otra vez.

 “Nos atrae todo lo desconocido, pero no le damos el suficiente valor a la investigación y quienes la hacen posible”

Cada época de la historia ha podido disfrutar de grandes descubrimientos que nos han hecho evolucionar, aunque reconozco que progresar y desarrollarnos choca por desgracia con importantes polos negativos que son la contaminación, destruir los mares, el Amazonas, los icebergs, la fauna y la flora. Ya que cito esto, quiero recordar que fue Charles Darwin quien puso el punto sobre la i en el origen de las especies; Leonardo Da Vinci fue todo un padre para la ingeniería como Albert Einstein para la física teórica; nadie como María Curié unió la física con la química, y la medicina no seria tan grande de no haber conocido a Alexander Fleming o Ramón y Cajal.

Así y todo, tenemos mucho pendiente por delante. Stephen Hawking representaba la necesidad de avanzar en las enfermedades raras, postrado en un silla de ruedas debido a una esclerosis lateral amiotrófica, ELA, que se le diagnosticó a la temprana edad de 22 años. Cierto: hemos andado mucho, aunque tenemos la perversa tendencia de mezclar tecnologías con innovaciones, y, al final, todo esto se resume en ordenadores y dispositivos móviles que han generado novedosas comunicaciones y ocio a través de Internet. Por preferir, elijo que la investigación siga su curso, la ciencia con el universo como lo empezó a ver Aristarco de Samos o Galileo Galilei, y la medicina en busca de curas al cáncer o SIDA, sumando conquistas a las ya realizadas con la genética de Gregor Mendel o el descubrimiento de las vacunas a cargo de Edward Jenner. Todos estos nombres han hecho honor a poder llamarnos humanidad. El epitafio de Hawking no puede ser más sencillo de escribir: ya forma parte del universo que tanto le deslumbró a lo largo de una vida que entregó a los demás en forma de asombrosos y reveladores conocimientos.

 “Que la ciencia siga su curso con el universo, al igual que la medicina en busca de curas al cáncer o SIDA”

 

 

 

 

 

 

 

 

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