Un año en un artículo

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 Tras el 20 de enero de 2017, día en que tomará posesión de su cargo Donald Trump, no esperemos cambios a mejor en el desempleo mundial, ni la reducción de los conflictos bélicos que conlleve una disminución de los 65 millones de refugiados actuales. El juramento del nuevo presidente norteamericano incluye los términos preservar, proteger y defender, dentro de un escenario mundial que hereda, en el que no paran de crecer los nuevos ricos frente a los 197,1 millones de parados. 

 Si tuviera que seleccionar un nombre con cuatro “apellidos” para describir en inglés este maldito 2016 escribiría esto: Donald-Rich-Unemoloyed-Refugees- Alepo. En la lengua de Shakespeare no es que sean palabras biensonantes entre si, pero traducidas a nuestro idioma la frase entera se explica como  Donald Trump, ricos, parados, refugiados y Alepo, la ciudad sitiada de Siria. Es llamativo como hasta ahora algunos de estos términos han estado vinculados entre sí, como ricos y parados, como refugiados y Alepo, pero de ahora en adelante va a ser el hombre más poderoso del planeta, el presidente de los Estados Unidos, quien tenga en su mano asuntos tan delicados para la normal convivencia.

Donald Trump jurará su cargo a los doce en punto del mediodía del 20 de enero de 2017. Lo hará en una ceremonia en la que prestará el siguiente juramento poniendo su mano en una Biblia: “Yo, Donald Trump, juro solemnemente que ejerceré con fidelidad el cargo de presidente de los Estados Unidos y que preservaré, protegeré y defenderé lo mejor que pueda la Constitución de los Estados Unidos. Que Dios me ayude”. Si asociamos el verbo preservar a la Tierra, y proteger y defender a que primen más las conferencias de paz sobre las guerras, me temo que este juramento tenga un carácter más bien protocolario que eficaz. Hay mucho de incertidumbre en los años que nos esperan ocupando el magnate Donald John Trump la Casa Blanca. Claro que lo que él se va a encontrar en el camino tampoco es similar a lo que fue en el siglo XX Europa, Rusia y sus ambiciones de volver a ser superpotencia, China que manda en la economía, Japón y su problema nuclear, un Oriente Medio que se va quedando sin petróleo y un Israel y Palestina que caminan más para atrás que hacia delante. Aunque yo cité a África, sobre todo a la población hambrienta instalada en el llamado Cuerno de África, continuará sin preocupar a nadie, y eso que la ONU seguirá instalada en el 750 1st Avenue de la ciudad de Nueva York.

 

“Hay mucho de incertidumbre en los años que nos esperan ocupando el magnate Donald John Trump la Casa Blanca”

 

 Lo que ocurre en un año cabe en un artículo si solo tratamos por encima las cuestiones más preocupantes que han acontecido en doce meses. Pero la cosa se pone imposible si vamos a los datos reales de estos grandes y graves problemas. Empecemos por el paro. El desempleo en todo el mundo pasó en 2015  de 196,4 millones a 197,1. Sigamos en cambio con los ricos. “España tiene 15.000 millonarios más que hace un año”, publicaba un periódico digital a mitad de este año que se acaba, y algo así sucede en medio de una crisis económica terrible que se inicio en el 2008, y que ha dejado sin trabajo y desahuciado de sus casas a miles y miles de ciudadanos. Por las mismas fechas de esta noticia, aparecía otra no menos terrible: “Récord de desplazados: más de 65 millones de refugiados en el mundo”. A estas alturas del artículo me voy quedando sin espacio, pero no tanto como para denunciar a quienes se llenan los bolsillos para no solucionar el problema principal de las guerras que expulsan de sus lugares de nacimiento a tantos millones de seres humanos.

 

¿Es Trump el dirigente político que pondrá fin a muchas de estas calamidades? No es justa la pregunta si anteponemos lo que ha hecho Barak Obama, Premio Nobel de la Paz (¡qué ironía del destino!), y los comportamientos de la Unión Europea con los conflictos bélicos y los refugiados, que han terminado con un aberrante acuerdo millonario con Turquía para que frene en su territorio el flujo migratorio hacia los principales países europeos como Alemania, Austria, Italia, Francia o Inglaterra. En 2016 se extinguió también el viejo sueño europeo con el abandono de Inglaterra. En el viejo continente proliferan de repente los referendums al estilo Brexit sobre casi todo. Los líderes políticos son elegidos para conformar gobiernos que solucionen los problemas, pero deciden darle voz al pueblo en aquellos asuntos más escabrosos que tienen que ver con el choque entre soberanía y refugiados. Ya nadie se acuerda del inglés David Cameron, del francés Manuel Valls o del italiano Matteo Renzi. Pero los problemas continúan, se agrandan, y en esto llega Trump que cobrará un dólar al año en su sueldo de presidente, mientras está nombrando un reguero de secretarios  de Estado multimillonarios, que suponen todo lo contrario a la tranquilidad que el mundo necesita tras haber surcado una de las más graves crisis económicas de su historia. Atrás quedará el mal recuerdo de este impresentable 2016. La última parte del juramente de Trump es esa que dice “que Dios me ayude”.

 

“España tiene 15.000 millonarios más, en medio de una terrible crisis económica que se inicio en 2008”

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