Traficantes de vidas

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Del lado de la ley o al margen de ella, el ser humano no termina jamás de descubrir ocupaciones de lo más dispar. Se explica porque en el abanico de labores habituales se trabaja, se roba, se extorsiona y se trafica también con todo. Siempre se ha hecho pero es novedoso que hoy en día vivamos tiempos más revueltos en los que no está nada claro la prioridad de valores, y la ética y lo honrado pueden llegar a ser solo conceptos cuyo significado se retuerce y manipula al antojo de los intereses del momento. Sucede a diario, al igual que traficar siempre ha sido una labor vieja y sucia. Me pasa que hay demasiadas ocasiones en que no distingo bien entre aquellos que mueven la economía por debajo (generando tanta depresión económica a millones de personas), de aquellos otros que trafican con cuernos de rinoceronte.

Pienso esto convencido como estoy de que casi todo está encadenado en un mundo imperfecto y desigual, donde se permite que las actuaciones repudiables sean causa y efecto de las exigencias de cómo se desarrolla el guión de vivir en un poblado pobre o ciudad rica, recibir por tanto una educación u otra, y convivir en definitiva en sociedades cuyas costumbres chocan frontalmente por lo diferentes que pueden llegar a ser.

Traficar con personas, esclavizar a niños y vender seres humanos para trabajos que nadie quiere, no solo es un quehacer que no se extingue sino que aumenta. Traficar siempre tiene cuatro lados, el que vende, el que intermedia, el que compra y una vida arruinada. En los países ricos se critican estas prácticas, pero se aprovechan de ellas. Lo peor es la trata de niños y de mujeres que en la mayoría de las ocasiones terminan en la prostitución y en las drogas. No caigamos en la ingenuidad porque no existe un interés auténtico en acabar con estas mafias que trafican con personas.

Se mueven tales cantidades de dinero que las cifras que recauda este negocio son de vértigo, y el reparto de dividendos es muy suculento para muchas de las partes. Por supuesto que la inmigración es una decisión digna de apoyo y comprensión, mientras que el tráfico de personas sólo merece la caza y captura de sus impulsores y beneficiarios. La grave crisis mundial ha catapultado más el negocio de vender salidas y llegadas ilegales a otros países. Es una mafia bien tejida, preocupante por lo qué hace, cómo lo hace y las consecuencias mortales que tienen sus acciones delictivas. Porque lo que menos importa a estos piratas de lo humano son las situaciones personales o los niños que acompañan a sus padres en la patera o el camión frigorífico mortal. No sé qué más puedo añadir.

 

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