TRABAJO, TRABAJO, TRABAJO

Publicado el 14 de mayo de 2010 en el Diario Montañés

 Cuando empezó en España esa verdad con pies de barro llamada nuevas tecnologías, en cierta ocasión le preguntaron delante de mí a alguien que pasaba por ser experto en la materia que cuál era el auténtico secreto para triunfar en la vida. Presto, sin pararse a pensarlo siquiera por un instante, respondió: “trabajo, trabajo y trabajo”.  Sobre el empleo, la mayoría de las personas tenemos muy claras tres cosas. La primera, que hay que cuidarlo y para ello ningún remedio casero mejor que hacer bien nuestro trabajo. La segunda, que un puesto te proporciona a final de mes una remuneración con la que, más o menos, tirar. Y la tercera, que cuando se sabe auténticamente el valor real que tiene un puesto de trabajo, es cuando no lo tienes, no lo encuentras o lo pierdes de un día para otro. Hace pocas fechas, escuchaba de un tertuliano de radio una poco acertada idea referida a que en España aún no estamos tan mal, y baste para convencerse lo que acababa de suceder  en el Reino Unido, donde una joven inglesa de tan sólo 21 años se suicidó tras ser rechazada en 200 entrevistas de trabajo. ¿Trabajo es igual a vida? Aquel viejo conocido de las nuevas tecnologías, creo que tampoco hubiera pensado en exceso la respuesta, que en cambio tiene mucha tela que cortar. En efecto, es para darle más de una vuelta o, mejor, millones de vueltas dependiendo de los millones de personas con nombres y apellidos que engrosan la larga fila del paro en nuestro país. ¿Cómo es la foto diaria de una España de cuarenta millones de habitantes, donde casi cinco, están sin trabajo? Sin que me lo proponga, cada vez surgen más preguntas de difícil salida cuando el asunto central se llama derecho al trabajo.

 Hay muchas cosas que no se entienden bien en nuestro país acerca de cómo y por qué hemos llegado a esta situación. En un pis pas como quien dice (o si lo prefieren de un año a otro), pasamos de los discursos de que España está a punto de alcanzar el pleno empleo, a ese otro catastrofista de un 20 por ciento de la población activa sin trabajo, o esa otra cifra más escalofriante de un millón de familias españolas que, entre todos sus componentes, no recibe un sueldo o prestación al desempleo que ya se ha acabado por haberla disfrutado en el tiempo señalado para esta ayuda. ¿Qué ha sucedido realmente? Diría con posibilidad de equivocarme – aunque no creo-, que España siempre se ha creído más de lo que somos o, dicho igual pero con otras palabras, siempre hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Ser y comportarse así, lo engorda todo y también falsea mucha realidad, en este caso la económica y social. Lo que decían los expertos económicos (ya no les reconozco reputación alguna) de una burbuja que ha explotado en el sector del ladrillo, del turismo o de los servicios, resulta que tiene a su vez como hijas a otras cientos de burbujas que han reventado en los demás sectores que no enumero, pero que cuento con ellos porque la crisis se ha extendido a todos por igual. Lo peor con todo es nuestro propio pesimismo y una falta de confianza que no se recupera por más que apoyemos ese lema de “esto sólo lo arreglamos entre todos”. Eso era ayer. La crisis avanza sin piedad. Su peor virus es el paro, que lo mismo afecta a empleados de fábricas, de talleres, de comercios, que a los propios autónomos que terminan por tirar la toalla antes de ponerse la soga al cuello. No lo he dicho, pido perdón, pero la joven inglesa que se quitó la vida por no encontrar trabajo se llamaba Vicky, Vicky Harrison. Aunque lejos de España, me interesa su historia, sobre todo por lo que pensaba días antes de tomar tan drástica decisión. Contaron sus padres que se sentía “humillada y avergonzada”. Salvadas las distancias y los casos, también en nuestro país deberíamos sentirnos avergonzados de lo humillados que se sienten muchos parados porque no ven luz a su problema; y que nadie diga que se hace una idea sobre lo difícil de vivir una situación semejante, porque no es cierto.

Alguien que tiene un trabajo seguro, no puede ni por asomo ponerse en la piel de  quien le falta, de quien no lo encuentra,  o de quien es rechazado una y otra vez, viendo cómo su currículo cae arrugado en una papelera u oye como respuesta que se está buscando para el puesto a alguien con más experiencia o, si la tienes, que en cambio se busca a uno/a más joven. El compromiso que tiene nuestro país con su principal problema es endeble muchas veces. Es contradictorio. Para arreglar la situación, hay que hacer ERES y mandar a la gente a casa; para que Europa no nos vete decisiones económicas futuras, resulta que hay que flexibilizar el de por sí endeble empleo; y quien empieza su andadura por esta vida, tendrá que esperar unos cuantos años para ser mileurista, porque de entrada va a ganar 800 euros pelaos, con suerte. Sí, creo que España deben de empezar a cambiar algunas cosas que se han demostrado a la postre fallidas para nuestra economía y sobre todo para nuestro empleo. Hay que empezar por pisar tierra, encontrar trabajo, aunque no sea perfecto, hacerlo bien, empezando de abajo a arriba, que te dejen, y construir entre todos un empleo futuro de más calidad y más equitativo. Hay que seguir con el ejemplo de otros países que hoy prestan a los demás (Grecia), algunos de los cuales antes nos producían gracietas por “trabajar como los alemanes”, que apenas salen a divertirse. Y gastar de acorde a lo que producimos, a lo que trabajamos y, en consecuencia, a lo que ganamos. Lo de trabajo, trabajo y trabajo, aplicado a cualquier profesión es otra verdad sólo en parte. Cuando los parados actuales se puedan quedar en menos de la mitad, y no volvamos a incurrir en tantos y tantos desmanes del pasado, ya hablaremos nuevamente de la pregunta del secreto para tener éxito en esta vida. Antes, el auténtico curro que tenemos todos es favorecer el empelo a los que no lo tienen, porque es una responsabilidad común, especialmente de los que tenemos trabajo.

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