Trabajo para jóvenes y perder oportunidades

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Barcelona ha perdido la Agencia Europea del Medicamento por considerarla una sede inestable.  Señalar a los culpables ya no arregla nada, por lo que vamos a dejar que sean los libros de historia quienes pongan nombre y apellido a tanto cretino. Entretanto, lo que no acepta mas espera es propiciar trabajos y sueldos dignos a nuestros jóvenes, tan pendientes como están de oportunidades dentro de su propio país. Una nación que siempre ha ido de sobrada, tanto como para ahora perder este organismo europeo con un presupuesto anual de 340 millones de euros y 1600 empresas farmacéuticas asociadas.  

 ¿A quién importa el futuro de los jóvenes españoles que buscan una oportunidad dentro de su propio país? Entre que decidimos o no decidimos salir definitivamente de la crisis económica, sin sumar otras como la catalana, España debe dejar de mirarse al ombligo y dar una salida a los millones de  aspirantes a encontrar un trabajo seguro y decentemente remunerado. Ni creo que la Unión Europea haya presentado aún un auténtico plan de choque a favor de la juventud, ni tampoco pienso que los países miembros, caso del nuestro, estén haciendo todo lo debido para la creación de primeros empleos, cuando a este debate que debiera ser central se anteponen tantas cuestiones baladíes que deprimen más que alientan.

No doy por hecho tampoco que la Unión se haya percatado que la profunda crisis en que está inmersa proviene, en primer término, de que el panorama laboral ya no se parece ni por asomo al que había en los años 80 y 90 del siglo pasado. ¿De qué sirve una Unión Europea si cuando un joven irlandés, portugués, italiano, polaco, rumano, griego y, por supuesto, español, quiere trabajar, ha de probar suerte en Marruecos o Dubai? La brecha europea, que es la distancia que cada vez separa más a ricos y pobres, se amplia en sueldo, bienestar, sanidad y educación. Es decir, todo lo contrario de lo que siempre se pretendía en Europa, como tierra de oportunidades donde las democracias debían hacer visible (en todo momento) los valores de concordia, igualdad y oportunidades. Que la UE amplíe ahora los derechos sociales, pero sin que los jóvenes tengan trabajo, es papel mojado. Ciertamente, está muy bien suscribir “un salario justo que permita condiciones de vida decentes”. Pero como dijo el propio presidente de la Comisión Europea en su presentación, “los derechos sociales no son un poema”.

 “Que la UE amplíe ahora los derechos sociales, pero sin que los jóvenes tengan trabajo, es papel mojado”

Y creo que en esta frase encierra en sí misma mucha de las claves de los problemas europeos actuales. Cataluña, que es decir España, lleva tiempo sumida en el poema épico de la política que zancadillea un despegue hacia la realidad y los hechos. Que Barcelona haya perdido, cuando lo tenía en su mano, ser la sede de la Agencia Europea del Medicamento es el mejor ejemplo de este relato fatídico que tanto daño está infringiendo a la economía de una región y de un país. La EMA, como es también conocida esta agencia de patentes médicas, tiene un presupuesto anual de 340 millones de euros, con 900 empleados fijos, 1600 empresas asociadas y 40.000 visitas anuales, con lo que hubiera supuesto todo esto para una economía como la barcelonesa. Se lo lleva Ámsterdam, Holanda, que no tenia ya poca sede de la Unión y ahora suma este portaaviones, que reforzará aún más su puerto frente a los principales españoles, que da la casualidad que son Barcelona y Valencia. Estoy esperando a que salga Guardiola a dar una explicación a tantos jóvenes que le admiran como jugador y entrenador de fútbol, primero en el Barça y ahora en el Manchester City. Tiene que decirles por qué las instituciones europeas dan la espalda a Cataluña, esa que él y los Artur Mas, Puigdemont, Junqueras, Lluis Llach y la TV3 les aseguraban que iban a vivir como marqueses dentro de la UE.

Poco consuela ya a estas alturas del daño infringido el hecho de que todo fuera una patraña o que la Declaración Unilateral de Independencia formara también parte de un relato épico, pura poesía también. Porque la inyección de optimismo que hubiera supuesto albergar esta agencia conllevaría para España una segunda luna de miel de la consecución de aquellas Olimpiadas de 1992 en Barcelona. Quienes nos lo han hurtado, con nombre y apellidos, pasaran a la historia por su mal fario. Se escribirán muchos libros del octubre español de 2017, y esta pérdida será un hecho esencial dentro de toda la patraña del desafío soberanista. Miembros de un Govern y un Parlament que solo pensaban en ellos y nada más que en ellos. Las empresas, la economía, lo que vendieran las tiendas, la huida de bancos y de capital, lo que se enseñara en los colegios o la sanidad que se ofreciese, todo daba igual. Han puesto en serio riesgo el futuro de una juventud que reclama paso, porque las insensateces de los “indepes”, como hacer perder la sede de la Agencia Europea del Medicamento, les hurta empleo y sueldo, algo que desgraciadamente en la vida tiene poco de poema y vivir del aire.

 “La inyección de optimismo de albergar esta agencia hubiera supuesto para España unas nuevas Olimpiadas de 1992 en Barcelona”

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