TODA UNA VIDA CON LOS PASAJEROS DEL VUELO GWI9525

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Nadie canta como Luis Miguel “Toda una vida”. Cuando dice esto de “toda una vida te estaría mimando, te estaría cuidando como cuido mi vida, que la vivo por ti”. O cuando sigue: “no me cansaría de decirte siempre, pero siempre, siempre, que eres en mi vida ansiedad, angustia y desesperación”.

Loca o no, una mente te lleva donde quieras. Ya no puedes tocar físicamente a tus seres queridos, pero con el recuerdo visualizas cualquier situación que viviste con ellos. Incluso los sueños te pueden permitir despertarte de la pesadilla de su muerte, y creer, al menos por unos breves instantes, que realmente lo malo sucedido ha sido un sueño, no es real, no ha ocurrido. Pero los pasajeros del vuelo GW19525 ya no están.

Se expresa mucho más habitualmente que la vida es bella a que la vida es una locura. Jamás llegaré a entender lo que ha hecho este muchacho, a los mandos de un avión, con 149 pasajeros sentados detrás de él, y a los que decidió llevar a una tumba colectiva irracional. Los medios sacan sus rostros, aunque no quiero añadir nada. Hurtarle la vida a alguien, cómo la vive y todo lo que tenía por delante, me parece una tremenda canallada. Así, de esta manera tan irracional, más aún.

Será difícil durante algún tiempo que subas a un avión y que el recuerdo de este drama no perturbe la tranquilidad del pasaje. Realmente, un caso entre un millón, no debería segar la buena carrera de muchas líneas aéreas, de sus pilotos y tripulaciones. Andreas Lubitz ha dejado demasiadas preguntas en el aire, porque lo ha teñido de muerte y miedo. He leído que su familia se siente extremadamente culpable de lo que solo fue su mala decisión. Nadie olvidará jamás;  perdonar es ya otra cuestión y queda a la decisión de cada uno. Francia ha dado ejemplo, porque es un país de talla. Que cada cual entienda lo que mejor le parezca a cerca de esto último que afirmo. De las tragedias y accidentes no se pueden buscar fotos, hay que trabajar rápido por los muertos, en silencio y respeto por quienes les lloran y añoran, y satisfacer mediante una justicia ágil las reparaciones a que hubiera derecho. Lo que queda a partir de ahora a estas familias destrozadas es como termina Luis Miguel su canción: “toda una vida estaría contigo, no me importa en qué forma, ni cómo, ni dónde, pero junto a ti”.

 

 

 

 

 

 

 

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