Tito o la dignidad del fútbol

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Es cierto: basta con mirar a una persona a los ojos para saber que es de buen corazón. Desde la lejanía, y siendo mi equipo el Atlético de Madrid, Tito Vilanova me parecía la dignidad del fútbol, entre tanto chorizo e impresentable que se mueve en torno al balón. Uno que busca siempre la referencia de los valores sin necesidad e exigirlos por ley, aprovecha cualquier ocasión de admirar la sencillez y normalidad de una figura social, dentro de ese mundillo específico de periódico, revista y sobre todo televisión, en el que no caben más tontos. Para decirlo en esta ocasión de una manera diferente, el cáncer es siempre puto. Cuando crees que le has esquivado, como el delantero al defensa en el área, te caes al suelo y encima el árbitro no pita penalti. Este cabrón concreto que se ha llevado a uno de los mejores se denomina cáncer en la glándula parótida. Como siempre sucede con esta enfermedad, ni siquiera tiene la misericordia de la corta edad, 45 años, con mujer y dos hijos, que bien pueden estar orgullosos de su Tito.

Aquí y ahora, somos tan especiales los habitantes de esta península que sólo algo tan dramático e injusto nos une de verdad en torno a un buen tipo, a un ganador de trofeos y más trofeos, capaz de conjuntar hasta la genialidad a un equipo como el Barça. Siempre se habla de médicos, abogados o periodistas, pero el fútbol es lo más corporativo que hay en el mundo. Lo que le pasa a uno, para bien o para mal, le pasa a todos, y son capaces hasta de presentar una solicitud de indulto para un presidente mangante que se lleva lo ajeno, y que menos mal que está donde debe. La muerte en el campo o fuera de él les hace también piña, y olvidan incluso los roces que pudo haber. Tito Vilanova era especial. Es admirable el dolor tan sentido de todo un país en estas últimas horas. Está también plantarle cara al cáncer, una vez más, “por mis hijos”, apelación que él hizo con toda razón, igual que haríamos los demás. Ha sido todo un placer vivir en el mismo espacio de tiempo en que Vilanova lo hizo, y poderle recordar como un tipo genial y, a la vez, sencillo, coherente con las cosas que pasan a su alrededor y educado hasta no poder más. Irradió una fragancia que no se olvida, porque resulta el ejemplo que queremos a la hora de admirar a un ser humano, se dedique a cantar o al fútbol que tanto dignificó Tito Vilanova.

 

 

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