Tantas dudas que surgen en torno al Covid, jóvenes y su futuro

La intención de que hay que dejar un mundo mejor a las nuevas generaciones acumula siglos de incumplimientos. Antes del Covid, y con el cambio climático, estábamos en pleno debate sobre el día de mañana o salvaguardar el planeta si lo prefieren. Todo ha quedado aplazado sine díe. Por un lado, hay que dibujar ese futuro, pero, por otro, los jóvenes deben asumir que los verdaderos cambios por llegar necesitan de su total implicación.

Cuantas veces, ¡madre mía!, nos habremos parado a pensar y, más allá, exclamar eso de que hay que construir un futuro de posibilidades para los que vienen detrás. La constatación de nuestra soberbia, pese a las muchas advertencias, nos hace actuar, en cambio, como si fuera impensable que sucediera una pandemia como el Covid-19, que mata y contagia por todo el mundo, a la espera de una vacuna que se hace de rogar. Aún no hemos superado la conmoción, mientras no dejamos de hacernos preguntas sobre el presente y, sobre todo, el futuro. Voy a meter todas estas dudas dentro de un mismo bloque, y agruparlas así en torno a un razonamiento: ¿qué va a ser de nosotros?

ERTE, paro, hostelería, turismo, autónomos, cartera de pedidos para las empresas y consumo de los ciudadanos en el comercio, son en realidad las grandes problemáticas. Nada resulta fácil en tan convulsos momentos económicos y sociales, pero tiene que haber un mañana donde los que saquen cabeza sean los jóvenes que ahora están formándose, deseosos de incorporarse pronto al mercado laboral. La reforma laboral de la primera gran crisis económica de este siglo lleva camino de perpetuarse e incluso empeorar. Aquella reforma condenó a los jóvenes a pésimas condiciones de trabajo, especialmente por los bajos sueldos, hecho no justificado ya que esperaba mejoras legales. Hasta que llegó el coronavirus.

El virus no debería ser excusa para empeorar más en cuanto a regulaciones laborales se refiere. La economía está imponiendo, por ejemplo, el momento actual en el que se nos traslada la necesidad de, con mucha prevención, convivir tranquilamente con la pandemia, que va a peor día tras día. No hay ninguna nueva normalidad. El virus sigue matando y contagiando como en los peores momentos del pasado reciente. Por eso hay que valorar el esfuerzo productivo de los trabajadores de este país, que ciertamente no se puede permitir un segundo confinamiento y ahora las cuarentenas van por barrios y se las denomina cordones sanitarios.

“Tiene que haber un mañana donde saquen cabeza los jóvenes que ahora están formándose, deseosos de incorporarse pronto al mercado laboral”

El poder siempre ha tenido entre sus malos vicios retorcer el lenguaje, para que el impacto de las cosas parezca menor a los ojos del ciudadano. La economía ahora pinta mal, aunque vamos a tener, creo yo, una oportunidad con las ayudas europeas que deben fijarse en la recuperación y nuevo desarrollo para las regiones españolas, lo que implica trabajo. Esos empleos han de mirar de cara a la juventud. Una juventud que si bien tiene buenas cualidades derivadas de su preparación, deja serias lagunas en cuanto a su compromiso e implicación con los problemas de su país (¿Las mutinacionales vendiendo el mensaje activista? Resulta muy chocante que los mayores digamos que el futuro es de los jóvenes, cuando las cosas están como están con el coronavirus, cambio climático, gresca continúa entre naciones, suslíderes, con una ciudadanía atónita ante cada nueva noticia que se produce.

Confusión es un término que define muy bien el momento actual. Está en todas partes, y se hace acompañar de otro sentir general como es el desconcierto. La juventud, tan vilipendiada este verano, para mi gusto en exceso, es la que más atenta está a lo que pueden hacer a partir de ahora. Quieren trabajar, asentarse y prosperar. El pesimismo, ponerlo todo mal, no ofrecer salidas, no son opciones para nada. Somos muy así en este país.  Cuando las cosas se ponen feas, la tendencia es sumar más problemas innecesarios a los que ya tenemos. Solo hay que ver las trifulcas diarias, en todos los terrenos, que aparecen en los medios de comunicación. Nos hace falta más seriedad, sin necesidad de que nos la recomienden desde fuera. Lo hemos de hacer posible nosotros, desde dentro. Esta debiera ser la auténtica exigencia, como una gran ola, priorizada por nuestros jóvenes, empezando por su propio comportamiento de esfuerzo y superación. Todo es poco a la hora de pedir y alcanzar desarrollo y bienestar. Mucho más cuando está en juego la vida futura de las personas.

“Resulta chocante que los mayores digamos que el futuro es de los jóvenes, con el coronavirus, cambio climático y gresca entre naciones”

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