Sosiego

AUGUST MACKE

Las Navidades suponen de por sí un momento de sosiego, incluso cuando a pocos días de acabar el año los ciudadanos hayamos tenido una cita con las urnas. El sosiego es una pieza clave dentro del puzle del futuro y el progreso, porque su ausencia supone una alteración de casi todas las cosas. En lucha con el sosiego está la tensión, y lo saco a colación porque en este país somos muy dados a saldar lo que sea menester en un ring imaginario. Está el ring de los datos sobre la economía, si va bien o va mal. Está el ring de las tertulias diarias en la radio y especialmente en la televisión. Está el ring de las acusaciones que no respetan la presunción de inocencia. Y está el ring de la corrupción y la búsqueda, no sé si de nuevas maneras, pero sí de una vuelta a las garantías de comportamientos públicos que no sobrepasen las líneas rojas que suponen un fraude a la ley, a los votos y a la confianza política depositada por los ciudadanos.

Pedir que tras unas elecciones desembarque el sosiego es pedir mucho, aunque no queda otra. Hay demasiados parados; una falta tremenda de oportunidades de lograrlo; millones de jóvenes más desesperados que otra cosa; y sus familias que ya no saben qué hacer para ver que sus hijos, con sus estudios o formación profesional a cuestas, puedan emprender el vuelo. Al acabar la campaña electoral, tras el voto, es cuando llega la hora de la verdad. ¿Cómo será el 2016, 17, 18, 19 o el 2020?, ¿se creará más empleo?, ¿mejorarán los sueldos?, ¿aquellos trabajadores que no pasan de los 500 o 600 euros mensuales podrán aspirar a ganar más?, ¿qué nos exigirá la Unión Europea?, ¿dejaremos atrás los desahucios?, ¿se encarrilarán las cuentas y los créditos de nuestros bancos y cajas de ahorros?, ¿se hará justicia con los estafados por las Preferentes? Como se ve, hay un sinfín de preguntas que merecen, en algunos casos, mejores respuestas que las ofrecidas hasta la fecha.

Hablar de sosiego es más fácil que alcanzarlo. Ya lo dijo Mahatma Gandhi: “Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego.” Pues bien: lo de andar por casa, lo de nuestro país, nuestra región, nuestro pueblo, nuestro barrio, es igual. A lo que debemos aspirar es a no vivir mirando para atrás, porque la vida siempre es porvenir y todos los días amanece. Esto lo ha dicho otra persona sabia, Pepe Mujica, ex presidente de Uruguay, y un ejemplo de lógica en muchas de sus aseveraciones. Aquí escribimos demasiadas veces que estamos en la encrucijada. ¿En la encrucijada de qué? Que se lo digan a las familias sin recurso alguno; que se lo digan a los chavales que cogen la maleta para irse a Alemania; o que se lo digan a los miles de licenciados que no encuentran nada o que viven de un contrato basura por el que ganan unos pocos euros al mes. Dar sosiegos a cada uno de estos supuestos es lo que hay que acordar, apoyar y resolver, porque lo contrario es tanto como rememorar aquello de todo por el pueblo pero sin el pueblo. Acabo casi como empecé: las Navidades son muy dadas al sosiego. Pero el sosiego de que he hablado aquí no tiene nada que ver con árboles con bolas y estrellas, ni tampoco belenes. El sosiego es como un campo colorido pintado por August Macke, cuya riqueza encierra dar de comer y resolver los problemas de la gente, empezando por empleos seguros.

 

 

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