SOS industria Cantabria

El cierre de Sniace nos ha devuelto a la verdadera realidad que viven muchas empresas de Cantabria, amenazadas en su continuidad por el fantasma del cierre. Quien tenga más culpa de lo que está sucediendo, que a mi entender es el Gobierno Central, no debe contemplar otra medida distinta a revisar decisiones que destruyen el empleo, como en el caso concreto de la fábrica de Torrelavega.

En la calle Cairuán de Córdoba hay una escultura dedicada a Ibn Rushd. El nombre dice más si aclaro que he tenido siempre inclinación por este filósofo andalusí, conocido popularmente como Averroes. Ya en su tiempo, tuvo golpes de imaginación increíbles. Como este: “Hay cuatro cosas que no pueden ser escondidas durante largo tiempo: la ciencia, la estupidez, la riqueza y la pobreza”. O este otro: “La prudencia elige lo que hay que hacer y no hacer, ya que el ingenio es el que juzga y sentencia”.

Juzgar ahora la situación de Cantabria es tener que sentenciar que estamos inmersos en una crisis industrial y, por ende, económica, profunda. No podemos esperar, allá por el verano, a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para 2020, suponiendo que conlleven una auténtica inyección de dinero con el que impulsar las tan urgentes obras de infraestructuras, vinculadas esencialmente a los transportes, que produzcan  al tiempo un antídoto eficaz contra la grave depresión en que está inmersa la industria cántabra. La ayuda que necesitamos tiene una fecha concreta: ahora.

El cierre de Sniace, la emblemática fábrica torrelaveguense, es la puntilla del laberinto con difícil salida por el que se mueven hoy miles de trabajadores cántabros, con el sueño desvelado por temor a perder sus empleos. Por más que un Gobierno sea central, no se pueden tomar decisiones que no hayan sido sesudamente meditadas y consensuadas. El caso es que, además de Sniace, la primera en caer, hay no pocas empresas cántabras que penden de un hilo por la nueva norma estatal sobre un diferente coste de la energía. El Gobierno de Madrid tiene un problema con saber explicar y acomodar la transición ecológica a lo que demandan las empresas españolas, desde las que fabrican coches (repentinamente  dijeron: “¡Adiós a la gasolina diesel!”, y se dejaron de vender coches), a celulosa o energía eléctrica, como Sniace, con el recorte estatal a las retribuciones por cogeneración energética.

“El cierre de Sniace es la puntilla del laberinto por el que se mueven hoy miles de trabajadores cántabros que temen por sus empleos”

Hace años que Cantabria demanda al Estado un plan concreto de reindustrialización para la Comarca del Besaya, pero la hora de la verdad ha sobrepasado todos los tiempos posibles. Sin pensar ya en mañanas, hay que tomar decisiones inmediatas, que afecten igualmente al conjunto de Cantabria. No es que quiera pasar de puntillas por lo que pueda hacer el Gobierno regional. Es que me centro en el trato injusto recibido a lo largo de la historia, respecto a lo que han sido las demandas de Cantabria en Madrid, avisando y avisando de lo que podía ocurrir, de no tomarse las medidas necesarias. Pues, lo previsto, ha ocurrido. Y a las familias tan preocupadas que ya había con tantos EREs y ERTEs abiertos en empresas punteras de la región, se suman desde febrero de 2020 otras cuatrocientas familias más de la nómina de Sniace.

Debemos estar con nuestros trabajadores como nunca antes. Sniace tiene una historia de prosperidad, cierres y reaperturas, de lucha de sus empleados y familias por mantener abierta la fábrica, que debe desembocar de nuevo en una salida con futuro, para Torrelavega, para su comarca y para Cantabria. No estoy con los mensajes apocalípticos, negativos donde los haya, pero no por ello hay que dejar de reconocer que muchas empresas cántabras han lanzado un SOS sobre su continuidad,  que debe tener una respuesta acorde a lo que necesitan. Sniace nos ha despertado súbitamente de nuestros titubeos y silencios cómplices, sobre cuál es la auténtica situación de Cantabria en estos momentos. Es mala, punto. Pero conformarse, encogerse de hombros o rendirse, no son opciones. La reivindicación y la lucha en busca de soluciones políticas es el camino, y en esto tenemos que remar todos juntos, empezando por estar del lado del Gobierno de Cantabria y las decisiones que tome. Cruzarse acusaciones forma parte de la libertad de expresarse, pero esto no va a devolver el trabajo a la numerosa plantilla de Sniace. Son los que toman las altas decisiones en Madrid, los que están a tiempo de dar marcha atrás a medidas que destruyen empleo. La pelota está en el tejado de Moncloa.

“No estoy con los mensajes apocalípticos, pero hay que reconocer que muchas empresas cántabras han lanzado un SOS sobre su continuidad”

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