Solo hay turismo, ¿y qué?

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Definirnos como un país de camareros ante el gran verano que estamos atravesando, es tener una visión simplista y desacertada de lo que es este país, y cómo hemos llegado a ser uno de los grandes destinos mundiales para millones y millones de visitantes. Lo malo no es que seamos camareros. Lo malo es no sentir orgullo por aquello en lo que somos tan buenos, incluida nuestra capacidad de levantar cabeza. Si es mediante el turismo, ¿y qué?, ¡bienvenido sea!
No es matemático que como consecuencia de tener un trabajo se pueda salir de una crisis, al igual que determinadas actividades no aseguran en el tiempo la permanencia de la buena economía de un país. El turismo volverá a ser este año un gran balón de oxígeno para las maltrechas cuentas españolas, y habrá nuevos records que contar respecto a visitantes, estancias y ganancias. Parece que lo digo como si fuera un pecado, cuando en realidad no debemos descuidar jamás la mayor y mejor fuente de ingresos que tenemos en este país. Este verano sin ir más lejos va a ser crucial para estabilizar por fin muchas economías particulares que se han visto seriamente dañadas en los últimos años por una crisis que ha afectado a todos (¡no, a los ricos, no!) y a todo (¡no, a los yates de los ricos, tampoco!).
Cuando se pierden tantos trenes en el desarrollo industrial, tecnológico o energético como nos ha pasado a nosotros, llega un momento en que hay que apostar definitivamente por aquello en lo que somos rematadamente buenos, y montar toda una industria paralela novedosa en torno a ello. Lo que he dicho puede parecer una perogrullada, pero es que los que dirigen nuestra política y economía son muy dados a cuestionarse periódicamente a qué tenemos que dedicarnos. A estas alturas de la película, no podemos andar así. Tampoco me parece de recibo que definamos a España como un país de camareros en razón de las oportunidades laborales que cada nueva temporada turística genera. Si tenemos, porque tenemos, y si no tenemos, porque no tenemos. ¡Vamos a aclararnos de una vez por todas! España sigue siendo el epicentro del turismo mundial gracias en gran medida a la celebración anual de la Feria Internacional del Turismo (FITUR). Mal vamos igualmente cuando una determinada región se puede cuestionar su presencia  en esta feria u otras que puedan organizarse dentro del circuito turístico mundial. El Diario Cantabria publicaba recientemente un interesante reportaje sobre la importancia que ha llegado a tener en Cantabria el turismo derivado de la practica del Surf, y las empresas y empleos consiguientes que ha generado. El turismo te permite casi siempre sumar, porque incluso hoy en día el clima no es ya un motivo determinante por el que las personas se desplacen de su lugar habitual de residencia a otros destinos que anhelan conocer. Cuando El Algarve, en Portugal, proyectó convertirse con el tiempo en un lugar de referencia para el golf europeo, pocos apostaban que así resultaría. Su ocupación de visitantes es total durante los 12 meses del año. Málaga tiene mucho sol, pero concentra grandes museos que son tanto un reclamo nacional como internacional. El aeropuerto malagueño está saturado a diario de visitantes, la mayoría de ellos ingleses.
 “No debemos descuidar jamás la mayor y mejor fuente de ingresos que tenemos en este país”.
Para hablar del turismo se ha venido enumerando tradicionalmente el sol y la playa, la gastronomía, el ocio juvenil que viene sobre todo de la mano de discotecas y parques de atracciones, y también de cruceros, congresos, arquitectura cultural, compras o fines de semana idílicos. El turismo se ofrece en todo el mundo, y hasta el país más pequeño quiere un poco de porción de esta gran tarta que es el desembolso de capital fresco que con cada viaje dejan los turistas allá donde viajan. Evidentemente, nuestra mente crece con nombres míticos con los que siempre soñamos hasta llegar un día en que se haga realidad el  viaje a Nueva York, París o Miami. Pero hay mucho más. Con los malos tiempos que atravesamos, el turismo busca primeramente seguridad en sus desplazamientos y estancias. España, sobresaliente. Seguidamente, que el precio calidad no deje al turista arruinado por unos años o tenga que pedir un crédito para pagar el dispendio. España, para los nacionales, suspenso, pero para los extranjeros, notable alto. Finalmente está el lugar a elegir. El abanico de posibilidades y de gustos no puede ser más amplio, porque cada región tiene sus peculiaridades y raro es el pueblo en el que no se ha levantado un museo temático de algo, incluso de lo más absurdo. Lo que tiene de bueno esta manera de hacer es que pone de manifiesto que en materia de turismo nunca se acaba y siempre hay un nuevo impulso que darle a este gran negocio. Barcelona se ha currado mucho ser la ciudad de turismo por excelencia que es hoy. Andalucía, Baleares, Valencia, Murcia y qué decir de Canarias, tres cuartos de lo mismo. Cantabria viene trabajando intensamente en el Año Jubilar Lebaniego del 2017. Si no les convence lo que escribo, permítanme al menos que me muestre feliz por este buen verano y la mejora en la economía de muchos lugares y familias que han cargado con años tan pésimos en empleo y consiguientes ingresos. Sí, me alegro.
 “Con los malos tiempos que atravesamos, el turismo busca primeramente seguridad en sus desplazamientos”.
 

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