SIGO TENIENDO SU SUEÑO

o45º Aniversario de la muerte de Martin Luther King

La falta de líderes brillantes en un siglo XXI que se prometía bueno, pero que está estancado en una profunda crisis económica y moral, hace que se recuerde de manera especial y reflexiva todo aniversario que incumba a alguien que no pasó precisamente desapercibido, por todo lo que dijo e hizo. Este es el caso del líder afroamericano Martín Luther King, del que se cumplen ahora 45 años desde que fue asesinado por sus ideales de libertad e igualdad de derechos totales, sin distinción de raza, color, ideología o religión. Luther King tuvo este bello sueño, inacabado por el mundo a través de sus gobiernos y de la dejadez o ineptitud de sus gobernantes a lo largo del tiempo, más enfrascados en guerras periódicas y en infringir holocaustos a la mismísima humanidad como son el hambre, la sed, la necesidad de medicamentos, la esclavitud infantil o las guerras donde empuñan armas niños que difícilmente levantan un palmo del suelo. La propia situación actual , con millones de parados en todo el mundo, supone otro gran fracaso de la gobernanza de naciones que se llaman unidas, pero que no lo son. King resolvía el entuerto pensando esto: “Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano. Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”. Sigo teniendo su sueño.

Han continuado las guerras: la antigua Yugoslavia, Irak o Afganistán, pero hemos arrinconado a Martín Luther King: “Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos”. Sigo teniendo su sueño. Ni tampoco nos paramos ahora en la situación del prójimo, algo que se ve a la legua en el bienestar social de los más débiles y necesitados, lo que me lleva a concluir que estamos haciendo las cosas al revés. Él lo avisó y lo dejó dicho: “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”. También lo haría yo, porque “si el hombre no ha descubierto nada por lo que morir, no es digno de vivir”. Como Martín Luther King, al igual lo creo.

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