SEMBLANTES HACIA EL PORVENIR

Me habrán preguntado no menos de mil veces en los últimos tiempos cómo estaremos viviendo dentro de algunos años. El discurrir de la vida da respuestas y siempre han sido los más viejos, que no es mi caso, los que han ofrecido mejor sabiduría, sin llegar a  asegurar (por si las moscas) que cualquier tiempo pasado fue mejor. Aventurar el destino estando en manos del homo sapiens se antoja también disparatado, porque el burro no tropieza tres veces en la misma piedra como acostumbramos a hacer nosotros. Los damnificados se pueden contar por doquier: desde la misma tierra que pisoteamos, su fauna y flora, a la distribución de la riqueza y el desarrollo que tiene al mundo entero inmerso hoy en una lista interminable de parados. Como uno es como es, y no teniendo respuesta para casi nada, me da en la nariz que la salida de este callejón oscuro en que estamos es la renovación de ideales justos, y la persecución sin descanso de todo lo que huela a corrupción, politiqueo, insolidaridad y contestaciones irracionales a los viejos problemas que nos atenazan, como las guerras, el hambre, la xenofobia y el maltrato a las mujeres y niños a través de diferentes maneras de esclavitud.

 En esto, hay semblantes jóvenes que no dejan de buscar su porvenir. Tienen todo el dSEMBLANTESerecho, como antes ocurrió con otros. Una vida no se puede simplificar en correr tan deprisa a ver si tienes la suerte de cobrar el día de mañana una pensión justa. Una mente tiene todo el derecho también a desprenderse de malos tiempos, penurias, crisis y otros sufrimientos, para perseguir la felicidad como el mejor plan que tenemos tras haber nacido. Un niño debe crecer en un entorno de educación y posibilidades múltiples. Cuando ya tiene edad para votar, que meta en la urna  la papeleta que quiera; que no renuncie a ver cómo se le allana la posibilidad de ser alguien y poder demostrar lo que vale; y que sea contratado en un buen trabajo o avalado para ese negocio que quiere montar. Nada de esto se vende hoy como natural y posible, y eso que lo  han  vivido los más canosos de cada lugar y lo desean igualito para sus hijos y nietos. Lo peor, quitar anhelos, pisar deseos y golpear semblantes que sueñan con todo, porque el mundo sigue ahí para que ellos se lo coman, en el buen sentido de la expresión.

 

 

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