SEGUIMOS IGUAL DESPUÉS DE LAS CATÁSTROFES

Ingenuo sería el que no supiera que después de lo sucedido en Fukusima, el mundo seguiría viviendo igual. Una y otra vez, nos reconvertimos en los mismos. Nuestra forma de vida consiste en volver a caer en los mismos errores que nos han llevado a los desastres y a las tragedias, marcando fechas negras (demasiadas) en nuestra historia. Tras la Primera Guerra Mundial llegó la segunda, y cuando un terremoto arrasa con una ciudad entera, otra nueva urbe se levanta sobre la inestable tierra ensangrentada. Nos consolamos celebrando días sobre todo, la semana pasada tocó cuidar el planeta y apagar monumentos de ciudades emblemáticas del mundo, para concienciar, aunque a mí me parece una gran mentira autojustificativa de lo destroza todo que somos. Pasa igual con las vidas de los ancianos de las Preferentes, que importan un carajo a los bancos, pero descuiden que buena lección han dejado a sus hijos y nietos a la hora de que les confíen sus ahorros en un futuro, ¡hala, y que les den!

El ahorro empalma con Chipre, el patito feo de Europa. Los clientes de los bancos observan pasmados como las entidades financieras esquilman sus cuentas a puerta cerrada. Por quejarse, se quejan hasta los empleados de aquella banca por no poder ir a trabajar y ver lo que se está haciendo en los ordenadores sin su presencia. La mala política europea lleva a que ya nadie confíe en nadie, salvo en uno mismo. Lamentable embestida contra la solidaridad, que habla ya de tres millones de personas en España que pasan hambre, dejadas de la mano de un Estado que sólo piensa en recuperar su hucha, a costa de lo que sea. Cuando decíamos que somos lo que nuestro ADN humano detalla, nunca pensé que se llegaría a semejantes extremos de barbarie social. Hemos perdido años de lucha por ser un punto en el mundo en el que se podía vivir con tranquilidad. La historia de la emigración ha regresado con fuerza, marcharte para volver sólo en vacaciones a tu país de origen, aunque, como tantas cosas, siempre habrá un pedigrí de color y de dónde has nacido para que otra nación te acoja en buenas condiciones. Ni aprendemos, ni aprenderemos jamás. Nos gusta seguir igual, después de cada nueva catástrofe.

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