Se reconoce (tarde) la pobreza energética

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En plena crisis económica se hizo habitual que muchos ciudadanos solicitaran ayuda a organizaciones sociales para poder pagar el recibido de la luz y la calefacción. El frío, sobre todo por las noches, se instaló en muchos hogares españoles durante años. Tarde, pero hoy ya se reconoce la pobreza energética, como una de las consecuencias de tanto desempleo, e incluso teniendo trabajo. Ante el marketing que ofrecen las energéticas, cabe tomar medidas reales para que esta situación no se afiance ni se vuelva a reproducir en otra crisis.

Entre los bienes libres, como es el caso del aire que respiramos, y los bienes económicos, productos sujetos a un precio, la electricidad entra en la discutible percepción de las multinacionales del sector de que, quien no paga a tiempo el gas y la luz, se le corta el suministro y punto. Ni siquiera hay edades ante esta irresponsable forma de cobrar. En los casi diez años del precipicio continuo que ha sido la crisis, ¿dónde estaban las eléctricas con lo que pasaba en las casas más pobres? Desde luego, con los desempleados y desahuciados, no. Fue un tiempo largo en el que también, desde instancias oficiales, se negaba la mayor respecto a que en nuestro país existiera pobreza energética o hubiera nacido una nueva clase social denominada ser trabajador y pobre al mismo tiempo. Con 81 años, en el portal 18 de la calle Santa Ana de Reus, en un segundo piso alumbrado con velas, sin calefacción, Rosa Pitarch Vicente, fue la última muerte achacada en nuestro país a esta pobreza energética.

Que yo sepa, este dato de 2016 que les recuerdo seguidamente, sigue inalterable: Dos de cada diez hogares no pueden encender la calefacción, ni cocinar ni iluminarse cuando anochece, ante la incapacidad de pagar las facturas energéticas. Pero estadísticas, a falta de soluciones, hay más que contar. Una: Un 11% de los núcleos familiares, compuestos por más de cinco millones de personas, son incapaces de calentarse en los meses más fríos. Dos: Un 9,4% tiene retrasos en los pagos de facturas. Y tres: Todo lo contado anteriormente son conclusiones del INE, Instituto Nacional de Estadística, que es tanto como decir que, por fin, el Gobierno es consciente del grave problema que nos rodea, ante lo que cabria legislar con mucha más decisión para revertir tantos y tan malos datos para millones de ciudadanos. De todas formas no quiero perderme en el laberinto de datos y números, números y datos, porque a nada que se auditan las ayudas que proporcionan las ONG, te encuentras con el hecho deplorable de que quienes más pasan frío en sus casas son niños y ancianos.

 “Resulta deplorable que quienes más pasan frío en sus casas son niños y ancianos”

Ha habido debates sobre cuestiones de solidaridad social que, sencillamente, han sido surrealistas. Ocurrió con abrir en verano los comedores escolares para alimentar a niños a los que se veía claramente con síntomas de flojera alimenticia. Ocurrió con echar de sus casas a ancianos que, por si fuera poco, eran totalmente dependientes por sus manifiesta incapacidad física. Y ocurrió con los hogares sin suministro eléctrico, pese a los duros inviernos bajo cero. Como yo lo veo, dar por superada una crisis cuando tantos hogares siguen en la cuerda floja energética, debería llevar a tomar de verdad cartas en el asunto. La Unión Europea, tan ocupada ahora en negociar el Brexit inglés, se repiensa lo de volver a una gran comunidad social. Aquí entraría lo de no morirse de frío e imponer al gran lobby energético un nuevo código sobre la vulnerabilidad energética. Lo que hay ahora es todo marketing y reputación social, pero no significa en absoluto que las familias más desfavorecidas reciban la ayuda que necesitan cundo vienen tan mal dadas.

Produce estupor el hecho de que en plena crisis hayan sido organizaciones civiles como Caritas, Cruz Roja o Mensajeros por la Paz, por citar las más conocidas, las que hayan pagado el recibo de la luz de cientos de miles de familias. Las malas experiencias no tienen porque repetirse el día de mañana, y de ahí la necesidad de pasar a los hechos sobre los que pueden y no pueden pagar el alto precio de la luz, el gas o el agua. Así lo han hecho ya muchos municipios españoles, que son los que se han enfrentado de cara al abandono llevado a cabo por las compañías energéticas hacia muchos de sus vecinos. No es que lo digan las organizaciones dedicadas a la asistencia social,  es que la deshumanización que implica muchos de estos cortes ha sido real. La expresión “Nunca más”, utilizada tantas veces para repudiar desde la violencia a las injusticias más comunes, como el hambre, debe aplicarse igualmente a la pobreza energética.

 “Hay que imponer al gran lobby energético un nuevo código sobre la vulnerabilidad energética”

 

 

 

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