Salvar al ciudadano 0000348876553

SALVAR AL CIUDADANOOO

 

El ciudadano 0000348876553 aún no ha nacido, pero se le espera. Todos sabemos que vamos a morir, pero nadie conoce al nacer el por qué de tocarle vivir bajo el paraguas de una familia acomodada de la calle Serrano de Madrid o en la mugrienta fabela destartalada a las afueras de Sao Paulo, en Brasil. Peor que la mala suerte de este terrible juego que es nacer mejor o peor, es la indiferencia. Quien coño que sean los mercados (no he escuchado semejante tontería para referirse a tener muchísimo dinero, poder y mandar), no pueden dejar sentenciado que si naces en un punto del mundo tienes “algo”, y en otro “nada”. Se equivocan, en esta ocasión no voy a hablar de los que les toca nada, es al revés. Resulta inaceptable del todo que al niño 0000348876553, uno de tantos de los que nacerán en este siglo, se le reserve unos estudios muy limitados, sin las ayudas de su Estado, y un trabajo, el que haya, con poco sueldo y mucho tiempo dedicado para ganar 400 euros al mes. Tampoco tendrá perspectivas de ningún tipo, ni personales ni familiares. Es algo parecido a como se urbanizan muchas ciudades con fines electorales hacia los viejos: muchos coches para poca calle. Esta gran crisis que ni el más sesudo comprende, está larvada en el interior de las personas y almacenan mucha rabia por ello. No ha sido una crisis de exteriorizar, es decir, de salir a las calles a manifestarse por el centro de Berlín, París, Roma o Madrid. Lo han hecho, sí, los estafados por los bancos y los desahuciados de su piso, pero el grueso del cabrero internacional, en este caso europeo, no se ha dejado ver porque lo ha mal asimilado por dentro.

Y todo gira en torno a este bebé 0000348876553. Lo que va a ser de él, cuando lo que sucede es que la avaricia ha ganado un terreno gigantesco a poder vivir más razonablemente. Incluso las ideologías se han quedado descolgadas y obsoletas de los auténticos problemas que vive el mundo, porque no se trata de España o Portugal. Cuando alguien ve cansino por insistir tanto en lo que es obvio, he llegado a la conclusión que ni piensa ni siente. Es absolutamente imposible mantener las democracias (y por eso crece la intolerancia) con todo lo que sucede a nuestro alrededor, el niño de la foto sin ir más lejos y la mano que le da de beber. Que se vayan a la mierda todos los días esos que se organizan contra ésto y contra lo otro, a favor de una causa o de otra, para luego no hacer nada. Con esos días, alguien está ganando dinero, pero los que tienen el problema del sida, del cáncer, de la violencia de género, de la inmigración, del hambre, la sed, de la falta de democracia, de cualquier tipo de libertad, no reciben soluciones concretas. No hay nada peor que el día después de que hayamos conmemorado algo: no hay hijo de madre que recuerde lo que sucedió el día anterior. ¿Y todo esto es lo que le vamos a dar como herencia al 0000348876553? Es lo que tiene cuando los números se anteponen a las personas, como hoy en día

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