Regreso al futuro de Irák

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Todo lo relativo a la Guerra de Irák se resume como un enorme despropósito. Ya casi nadie, salvo los dirigentes que la impulsaron, duda de este gran error en mayúsculas cuyas malas consecuencias aún vivimos (y lo que te rondaré morena…). Saber la verdad del por qué debe ir en paralelo a la reconstrucción de las vidas y futuro de todos aquellos damnificados de este y otros conflictos bélicos, que tristemente representan los miles de refugiados a los que se les prohibe entrar en Europa.

La violencia se auto alimenta ella sólita y la madre de todas las violencias es la guerra. Los peores pasajes en los libros de historia hablan de viejas batallas y de otras más contemporáneas como Bosnia, Irak o Afganistán. El “No a la guerra” es siempre un grito que se escucha de manera más débil al estruendo de los cañones. Sucedió con Irak, y la gran mentira de las armas de destrucción masiva. Bagdak fue el principio del despropósito, que luego se ha reflejado en un negro panorama internacional en el que conviven la crisis económica y moral, el terrorismo de ISIS, el desencuentro de las naciones y el aumento en el número de refugiados y desplazados que solo ha hecho que empezar.

El último informe independiente sobre Irak escrito por el ex funcionario británico Jhon Chilcot viene a certificar lo que ya se sabía, y deja un reguero de preguntas sin respuestas sobre que se pueda invadir un país y derrocar a su gobierno sin causas justificadas. En este pecado que fueron las malas formas en la Guerra de Irak lleva la penitencia (actualmente) todo el mundo. No hemos levantado cabeza desde entonces, porque todo ha ido a peor. Quienes no quieren reconocer su gravísimo error pueden ver el panorama actual en el que estamos sumidos. Se ve claramente que hay que reconducir la situación internacional hacia la paz, ¿pero cómo? Los países que van de potencias militares tardan, como mínimo, la mitad de un siglo en pedir perdón por los errores y los horrores de las guerras. La bomba atómica sobre Hiroshima se tiró el 6 de agosto de 1945 y Barak Obama fue el 27 de mayo de 2016 el primer presidente norteamericano en pisar la ciudad nipona, sin pedir perdón.

 

“No hemos levantado cabeza desde entonces, todo ha ido a peor”.

 

Si no lo remediamos, el siglo XXI promete hacer bueno al siglo XX en todo lo concerniente a los conflictos bélicos. Hay que cerrar las heridas de Irak y Afganistán, aunque no soy precisamente un experto estratega internacional como para plantear cómo se hace algo tan difícil como esto. Siria es hoy el gran polvorín, y tras Irak, ha cuestionado seriamente el papel actual de Naciones Unidas, hasta llegar a convenir que hace falta una refundación urgente de la ONU para que el papel de los países pequeños y agredidos tenga el valor que ahora no tiene.

Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea (los llamados Aliados) están dando un espectáculo lamentable en todo Oriente Medio, que se agrava por momentos en la medida en que el ISIS ataca en suelo francés o belga. La primera gran conclusión del desaguisado irakí debería ser un acuerdo para no repetir algo así, y una verdadera unificación de esfuerzos y unidades profesionales para atacar el terrorismo desde donde mejor se puede hacer, la inteligencia. Hoy se proclama una mayor unificación de los servicios secretos, pero Estados Unidos, Rusia, Inglaterra y Francia son países que están hechos a base de Guerra Fría y mucho han de cambiar para actuar pensando en todos y no solo en base a sus intereses (¿fue lo de Irak realmente una guerra por el petróleo?).

No sé si lo lleva escrito el Informe Chilcot, pero empezar a hacer las cosas bien con respecto a Irak y todo su zona de influencia geográfica, es empezar a reconstruir lo que fueron ricos países, y, sobre todo, dar una solución humana a los miles de refugiados que esperan en suelo de Turkía un nuevo y merecido pasaporte europeo. De no ser así, Irák o Afganistán no pasarán página La página sólo la pueden pasar los miles de damnificados de estas guerras que, como el Informe Chilcot, siguen preguntándose por qué.

 

“Pasar página supone dar una solución humana a los refugiados”.

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