Reconstruir la reconstrucción

Pese a todo el ruido que genera la confrontación, la reconstrucción de un país requiere de la participación de todos, sin levantarse de la mesa hasta alcanzar los acuerdos necesarios. Quienes importan ahora son las empresas, los trabajadores, los autónomos y las personas en riesgo de pobreza. El diálogo, el acuerdo y el compromiso forman parte de este reconstruirnos, dirigiendo los esfuerzos a resolver los problemas de quienes realmente importan.

Como esas elecciones que tienen segunda vuelta antes de elegir vencedor, la denominada reconstrucción económica, social y sanitaria en España tiene por delante un camino pedregoso marcado por las desavenencias políticas. El Covid-19 ha dejado poco en pie. Allá donde ha causado devastación, surge en paralelo confrontación por cómo se deberían hacer las cosas, ya que los intereses en juego resultan de una magnitud increíble (una economía que ha de volver a empezar). Aquí y ahora vivimos un escenario que se parece mucho a algo que no quiso ni explicar el mismísimo Jorge Luis Borges: “Quizás haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones”.

Voy a señalar algo en lo que quizás no nos paramos lo suficiente. El coronavirus es en sí mismo una convulsión, es decir, una agitación política, social y económica que rompe la normalidad y la estabilidad de la vida colectiva. Por eso sucede lo que sucede en España, en Italia, en Estados Unidos o en el Reino Unido. Cito a estos cuatro países porque son  líderes en el ranking de las noticias broncas  que genera en la actualidad el debate político. Hace pocos meses, incluso años, hubiera sido impensable ver escenas de manifestantes tirando piedras contra la Casa Blanca, fruto de las protestas de rechazo al racismo, tras el incendio que ha provocado en Estados Unidos la muerte de un ciudadano afroamericano (George Floyd), que se vio envuelto en una detención policial que no tiene un pase.

Es imposible separar los sucesos de todo lo que envuelve este annus horribilis de la era Covid. El mundo ha conocido en su historia episodios terribles, principalmente guerras, tras las cuales llegaba la reconstrucción. La propia ONU o la Unión Europea fueron grandes ideas en su momento, como punto y aparte para dejar atrás desastres y hambre, para buscar nuevas alianzas de paz duradera, que contarán siempre con el imprescindible aliado que es la subsistencia que requiere un equilibrio económico entre todos los países. Antes del coronavirus, ese equilibrio estaba roto, y lo que hay de ahora en adelante se puede definir de una única manera: incertidumbre. Solo así se puede explicar la irrupción de otra gran recesión, que sucede a la de 2008-2014. Muchas empresas y ciudadanos empezaban a sacar cabeza, y el coronavirus lo ha desbaratado todo. En España tenemos un fatídico ejemplo con lo que acaba de pasar con Nissan y el cierre total de sus plantas en Barcelona. Entre puestos directos e indirectos, se quedan con los lunes al sol 23.000 trabajadores. Como quien dice, aún no hemos empezado la reconstrucción y debemos afrontar envites de esta magnitud, que requieren que las fuerzas políticas españolas dejen de lado sus diferencias, y se unan en una lucha sin cuartel contra el cierre de empresas, el paro y la pobreza social que se puede generar con todo ello.  

“Empresas y ciudadanos empezaban a sacar cabeza, y el coronavirus lo ha desbaratado. Un ejemplo acaba de pasar con Nissan y Barcelona”.

Europa pide a sus miembros que inviertan fuertemente en la reconstrucción de todo lo que se ha llevado el coronavirus, incluida la sanidad (¡gracias siempre!). Sin embargo, lo prioritario es mantener el tejido industrial y empresarial, dar oxigeno a los autónomos, y tutelar con las ayudas necesarias a todos los sectores hasta que regresen a su senda de mantenerse  e incluso crecer. Sin olvidar nunca a los miles de muertos por el virus, la sociedad española ha tenido a los sanitarios durante el confinamiento como el mejor freno a una mayor propagación y muerte por Covid. Con medios o sin ellos, hacían su trabajo y lo combatían juntos.

Todo lo que se construya en adelante no debería olvidar nunca este ejemplo de consenso sanitario, para que el coronavirus causara los menores daños posibles entre la población española. Una fotocopia de ellos y ellas debería ser la actuación política, económica y social. Porque solo así es posible una reconstrucción con todas las garantías, en el intento permanente de que las penalidades no sean superiores a lo que ya estamos atravesando. Toda la terminología acuñada durante la pandemia, desde el confinamiento, la desescalada, las fases o la distancia social, no son nada al lado de lo que supone la reconstrucción de un país. Estar a la altura requiere pensar en todo y en todos. Lograr las metas que nos propongamos no estará libre de discusión política; a fin de cuentas disentir forma parte también de la riqueza que es la democracia. Dicho lo cual, nunca se debe olvidar que lo primero son las personas y sus circunstancias. No hay fuerza mayor para remover obstáculos y alcanzar el entendimiento y consenso necesarios.

“Primero son las personas y sus circunstancias. No hay fuerza mayor para remover obstáculos y alcanzar  entendimiento y consenso”

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