Predicciones meteorológicas que machacan a Cantabria

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Los hosteleros cántabros anuncian un verano en visitantes peor que el anterior. Echan mucha culpa a las falsas predicciones meteorológicas que, ciertamente, se ceban con esta región. Parece como si todo lo peor que acontece con el tiempo reinante le ocurriera a Cantabria. Además de actuar de una vez por todas contra esa desinformación (¿interesada?), hay que desmontar con un nuevo relato ese trasnochado cuento que habla de una bella región donde siempre llueve.

Regresaré en septiembre al curro, con un impecable moreno de piel, como consecuencia del veraneo en Cantabria. David Ogilvy, considerado como uno de los padres de la publicidad y del marketing, tal y como se concibe hoy en día, señalizó perfectamente el camino a seguir para venderte: “Si no puedes anunciarte a ti mismo, ¿qué esperanza tienes de anunciar cualquier otra cosa?”. Manejar pues el relato se ha convertido en España en solución (Galicia o País Vasco), martirio (Cataluña) o abandono (Cantabria), dependiendo del lugar en que se genere la reivindicación, y la influencia real que tenga ese territorio en el conjunto del país y el Estado en que se sustenta. Así regresamos al verano en Cantabria, y la trascendencia de que otros informen sobre si su climatología en el actual periodo vacacional que vivimos va a ser buena, mala o muy mala.

Como un partida de poker con las cartas marcadas, mucho antes de que llegue junio se propagan informaciones sobre el tiempo, las voces interesadas y, especialmente, las predicciones meteorológicas, sobre lo mucho que va a llover en Cantabria, para que los turistas y visitantes lo tengan muy en cuenta a la hora de elegir este destino para sus vacaciones. Como prueba de lo que acabo de manifestar, basta presentar este buen mes de agosto climatológico, que nada tiene que ver con lo que pintan espacios televisivos del tiempo o de Internet, que se han convertido ya en los peores y más dañinos para los intereses turísticos de Cantabria. Resulta un problema de gran magnitud y de consecuencias impredecibles para la frágil economía cántabra, que los resultados de este verano vayan a ser peores que el anterior, y que los hosteleros achaquen como causa principal del descenso de visitantes y anulación de reservas a la información meteorológica que se ofrece al resto de españoles sobre la Comunidad Autónoma de Cantabria. Creo que llevan toda la razón.

 “Antes de junio se propaga lo mucho que va a llover en Cantabria, para que los turistas lo tengan muy en cuenta a la hora de elegir este destino”

Nunca me han hecho gracia las frases hechas y, sobre todo, interesadas, a cerca de lo que llueve en Cantabria o lo fresquito que se duerme en las noches veraniegas, tapados con la manta. En el norte, parece que las peores predicciones se ciernen sobre el cielo de Cantabria, mientras en Galicia, Asturias o País Vasco pareciere que no cae gota ni tampoco existe el rocío de la noche. ¿Qué intereses pueden tener las televisiones nacionales en mostrar el sol en A Coruña o San Sebastián, y acordarse de Santander solo con motivo de trombas de agua? No es imagen de una sola vez, ya que se repite en la escaleta de muchos informativos, y no llego a entender bien el por qué, a no ser que me dé por pensar mal.

Lo mismo que no se incide año tras año con la segura llegada de la gota fría veraniega a todo el litoral mediterráneo (Cataluña, Valencia o Murcia), Cantabria tiene el mismo derecho a ser tratada de igual manera con respecto a su climatología. Incluso cuando actualmente se impone un turismo que se aleja cada vez más del sol, para elegir paisaje, calidad de vida y gastronomía, resulta que Cantabria va a cerrar en negativo este verano de 2018, porque la influyente información meteorológica la ha machacado duramente con predicciones negativas, que luego han resultado de buen tiempo como sucede con este mes de agosto central del verano. De una vez por todas, hay que tomar cartas en el asunto, por lo mucho que se perjudica a la economía cántabra, y la importancia por tanto de los ingresos que pueda tener en turismo la región, como sucede en el resto de España. Echando mano del marketing de Ogilvy, lo primero que hay que hacer es desmontar el sanbenito de que en Cantabria hace siempre malo. Si para ello hay que montar un congreso mundial del clima en Santander o Torrelavega, estamos ya perdiendo tiempo para organizarlo. Lo que hasta ahora ha sido un cuento mal relatado a determinadas generaciones de españoles, no puede tener el mismo contenido para con las nuevas, que han de saber que el clima de Cantabria es el habitual del norte de España, con la salvedad de que resulta un territorio de una belleza inigualable, que auna mar y montaña, lo que posibilita playa en verano, esquí en invierno, surf todo el año, y unos enclaves culturales y naturales únicos que hay que visitar, al menos, una vez en la vida. Pero también se entiende que quien llega por primera vez a Cantabria decida quedarse ya para siempre, sin que le influya una meteorología que, a veces, da una y, muchas, ninguna.

  “Igual que no se incide en la gota fría del litoral mediterráneo, Cantabria tiene el mismo derecho a ser tratada con su climatología”

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