Pídemelo ¡por favor!

asientoreservado

En un restaurante español se ha colgado un cartel que da tres precios diferentes a un café, según se pida tal cual, se solicite por favor, o que este por favor vaya precedido de un buenos días. El hecho ha sido motivo de noticia nacional, aunque quedamos a la espera del efecto real que tendrá el aviso entre los miles de maleducados que nos rodean. Reivindicar un saludo, un agradecimiento, es el principio para luego terminar cediendo el asiento del autobús a una embarazada. Tanto con los que te encuentras por la calle, como los que se han instalado en Internet, el maleducado siempre merece que le llamen la atención.

Nunca es tarde para rebelarse contra cualquier anomalía social que nos sitúa más en el terreno de los animales salvajes que en de las personas cívicas. Afirmamos tajantemente que la educación se ha perdido mientras nos  conformamos con criticar el hecho de los muchos maleducados que pululan por la vida y su mal comportamiento de habitual en la calle, en el barrio, en la escuela o en el trabajo. Una empresaria hostelera de Girona no ha querido ser tan conformista y ha alertado de forma original y efectiva a sus convecinos contra las malas formas. Ha puesto un cartel en su restaurante que informa de  lo siguiente: “Un café, 5 euros; un café, ¡por favor!, 3 euros; y ¡buenos días, un café, por favor!, 1,30 euros”. En un país donde el insulto gratuito y la provocación carroñera están al orden del día, resulta tremendamente difícil pedir educación y no digamos enseñarla. A medida que te haces mayor, unas cosas van teniendo más o menos importancia, pero siempre destacarán para bien aquellas personas que saben comportarse en todo momento y circunstancia. Sí, lo más básico de la educación es pedir las cosas por favor. Lo segundo en la lista es dar los buenos días cuando sales de casa a la primera persona conocida que te encuentras en el portal. ¡Bueno…, ya si cedes paso al entrar por una puerta, máxime si es persona mayor, o dejas el asiento del autobús a una embarazada o ciudadano que lleva muletas, todo esto resulta de nota!

Cuando alguien acude a una entrevista de trabajo lo primero que le tendrían que preguntar es lo que opina sobre la buena educación. Se podrá argumentar que con los bajos sueldos que acarrean las pocas ofertas de trabajo que hay, encima le van a exigir ser educado. Pues, sí, pues sí… El otro día escuché decir a un reputado tertuliano de radio que alguien que participa como invitado en este tipo de programas tiene ya asegurado el 50 por ciento de éxito solo con mostrarse ante la audiencia persona educada. Lo aseguraba de la radio, porque en la televisión resulta difícil explicar la mucha audiencia que tienen determinados programas en los que el insulto y la difamación van implícitos en el guión. Son esos espacios de los que todo el mundo habla al tiempo que niega que los vea. La falta de educación se vende en determinados ámbitos como una manera de triunfar e incluso de que te admiren. Ocurre mucho en Twitter donde parece rentar a la hora de tener seguidores que seas un usuario bronco y busques antes la confrontación que intercambiar información. Muchos tuiteros pican y pasan a imitar estos malos comportamientos que llevan a mostrar opiniones insultantes de alguien a quien no conoces de nada.

 “Cuando alguien acude a una entrevista de trabajo lo primero que le tendrían que preguntar es lo que opina sobre la buena educación”.

Resulta muy difícil dar recomendaciones para esquivar a los trolls en una determinada red social, cuando incluso no estamos seguros siquiera sobre cómo enderezar a tantos mal educados como nos encontramos a diario. Creo que de entrada hay que hacer bien visible lo que es pedir algo por favor, dar las gracias, los buenos días, decir adiós, ¡hasta mañana!, dar la  bienvenida o desear pronta mejora a alguien aquejado por una dolencia. Donde más se hacen notar los brutos es en las colas de los servicios públicos o cuando llegan a la consulta del médico sin dar las buenas tardes a los presentes. Es de entender lo que ha hecho la buena señora del restaurante de Girona, porque no debemos pensar jamás que pagar por comer o beber nos da derecho a no dar las gracias cuando nos ponen el café encima de la mesa. Ser agradecido se enseña a pronta edad, porque luego ya es muy difícil pedirle peras al olmo. Muchas veces buscamos en el vestir, en el poseer, por supuesto en la belleza, esa diferencia que nos haga más visibles dentro de la comunidad en la que vivimos. Y no es así. La diferencia, el ejemplo que destaca porque llama la atención, la marcan realmente aquellas personas que saben como comportarse mejor en sociedad.  La mala educación solo suma para la crítica y el desprecio hacia quien la practica de continuo. No nos engañemos porque hablamos de todo un ejército de groseros que campan en todas las esferas de la sociedad, a quienes por supuesto no hay que aguantar en absoluto sus continuas ordinarieces. A un tonto a las tres hay que rebatirle siempre su mal comportamiento, haciéndole ver (con la debida cortesía) que no sabe vivir en sociedad y que nunca es tarde para cambiar, empezando por pedir las cosas ¡por favor!

 

“La diferencia la marcan realmente aquellas personas que saben comportarse en sociedad”.

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