Perdemos libertad

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Planes civiles de defensa y nuevas medidas de seguridad que quieren incluso reformular el secreto medico han desenterrado la “Guerra Fría”. Por un lado se le pide a los ciudadanos (alemanes, hoy) que acopien comida y agua por lo que pueda pasar, mientras por otro se alteran derechos ciudadanos recogidos en las Constituciones, justificándolo en que el terrorismo exige tales medidas. Las dudas llegan cuando son gobiernos concretos los que cambian las reglas en materia de seguridad, sin debate previo de sus Parlamentos ni organismos internacionales, que deberían tener el protagonismo en este grave problema para poder arrojar luz sobre todo aquello que pueda verse como recortes a la libertad.

Pocas cosas más imagino tan enriquecedoras como explicarle a un niño la respuesta a su pregunta sobre lo que es la libertad. Las revoluciones en busca de libertad nos trajeron a continuación los Parlamentos y levantar grandes esculturas que reflejaran cómo el ser humano llega a imaginar el aspecto que puede tener la libertad. La más famosa es la Estatua de la Libertad de Nueva York, pero las hay también en otros países y ciudades hasta un número que se ha cifrado en 70 monumentos. En Liviv, Ucrania, hay una estatua de la libertado que aparece sentada, con dos caballeros en paños menores al lado. La gente de allí la llama “la estatua perezosa”, que es en si lo que precisamente le pasa ahora a la libertad. No descubrimos nada nuevo al recordar que cada nuevo ataque terrorista acarrea que los Estados adopten nuevas medidas de seguridad que ponen en solfa a las libertades civiles. Ocurrió en mayor medida tras los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York de septiembre de 2001. El camino andado desde entonces ha ido más para atrás que para adelante, porque hemos sufrido un incremento de las guerras, un aumento en los atentados terroristas y el cambio consiguiente de la seguridad interior de los países atacados aún a riesgo de que sus ciudadanos pierdan libertades.

Alemania, un miembro esencial de la Unión Europea, acaba de presentar al mundo su nuevo plan de defensa civil ante agresiones terroristas, ataques químicos, biológicos, nucleares o cibernéticos, algo realmente difícil de explicar a ese mismo niño al que hay que educarle en el respeto a la libertad individual y de los demás, sin tener en cuenta su ideología, religión o condición social. Se presupone que todo lo que se hace en Europa llega a ser a la postre objetivo común a todos sus países. El plan germano, descabellado para unos y consecuente para otros, habla de reintroducir el servicio militar obligatorio, el acopio de agua y alimentos por parte de los alemanes, el apoyo ciudadano a las fuerzas de combate, así como aportar medios de transporte al ejército y que las empresas contribuyan a la puesta en marcha de infraestructuras para los militares. Como algo tan gordo no surge de la casualidad, el ministerio del interior alemán ha presentado en paralelo al plan civil una serie de propuestas de mejora de la seguridad que van desde elevar el número de policías en aeropuertos y estaciones, instalar más cámaras de vigilancia, agilizar las expulsiones de extranjeros que supongan un peligro potencial, y reformular el secreto médico, para que los profesionales puedan alertar sobre pacientes peligrosos. Primero lo hizo Estados Unidos, después fue Inglaterra, siguió Francia y ahora es Alemania la que toma medidas unilaterales contra el terrorismo yihadista. Creo que esto es lo realmente criticable por ser un asunto de vital trascendencia en todo el mundo y las personas que lo habitamos. Una vez más vuelvo a preguntarme ¿para que sirve la ONU? Pero es que Alemania, tras el Brexit, cuestiona a la propia Comisión Europea y al  Parlamento Europeo, porque algo como lo que acaban de aprobar tiene el suficiente calado como para no pasar olímpicamente del resto de países que conforman actualmente la Unión Europea.

 “Alemania, al aprobar su plan de defensa civil, pasa olímpicamente del resto de Europa”

Aunque puedan ser molestas, creo que los ciudadanos comprendemos que hay que tomar medidas para extremar la vigilancia contra los terroristas y tratar de abortar los planes que tienen para atacar en cualquier punto del planeta. Si esto es así, no es menos cierto que nos desconcierta la individualidad a la hora de tomar esas medidas, cómo se hace sin debate alguno, y que no sean precisamente los Parlamentos los que deliberen sobre las nuevas iniciativas y exigencia de la seguridad de nuestros países. Llevan razón algunos medios de comunicación que hablan del súbito regreso a la “Guerra Fría”, tras el plan de defensa civil aprobado por el Gobierno alemán que preside la canciller Ángela Merkel. En unos momentos en que las encuestas no le son favorables, pone encima de la mesa más seguridad y exige el compromiso ciudadano (entre la espada y la pared) con esas nuevas iniciativas. Cada nuevo golpe del terrorismo regresa el debate de cómo plantarle cara a los atentados. La libertad y poder ejercerla en todo momento de acorde a las leyes vigentes es el principio fundamental que impulsa a las democracias modernas. Hay determinados preceptos de estos planes civiles y nuevas medidas policiales y militares que chirrían fuertemente con lo que es el decálogo de los derechos enumerados en las Constituciones. Por aquí es por donde habría que haber empezado, por lo que dicen al respecto de los derechos las Constituciones vigentes de los países que cambian su seguridad ante las bombas y asesinatos indiscriminados que, es verdad, acechan al mundo y a sus costumbres hasta que llegó el ISIS. El problema es que para contrarrestar todo este terror no se pueden suprimir de golpe derechos inherentes a la persona y alterar su propia libertad.

 “Determinados preceptos de los planes civiles y nuevas medidas policiales y militares chirrían fuertemente con respecto a las Constituciones vigentes”

 

 

 

 

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