Para golpe, el que damos a los que tras la guerra hicieron España

Para golpe, el que damos a los que tras la guerra hicieron España

Pedir disculpas en este país no forma parte del funcionar de quienes llevan el timón. La soberbia está demasiado presente en decisiones, bastante alejadas del sentir real de la ciudadanía. Desde Cataluña, a permitir impunidad en delitos, o anhelar mayor control sobre los jueces. El soslayado pueblo convive atónito ante el enfrentamiento de poderes y altas instituciones recogidas en la Constitución. Se habla de una democracia secuestrada, y quienes tan irresponsablemente lo dicen nada tienen en cuenta a los españoles que, tras la Guerra Civil, postguerra y Transición, nos legaron lo que hoy disfrutamos, y algunos se empeñan en destruir.

Hay una idea bastante extendida acerca de que España soporta lo que le echen. Se achaca mucho al legado que nos hicieron los hombres y mujeres de la postguerra, levantando un país de sus cenizas, llevándolo al desarrollo, noprecisamente por la dictadura, pero sí por su trabajo y esfuerzo personal, y ganas de que este país estuviera en el mapa, gracias a lo mucho que podía ofrecer. Con serias dudas sobre si es verdaderamente su autor, se atribuye a Bismarck (1815-1898), artífice de la unificación alemana, la frase de que “España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido”. Me lo recuerda de continuo mi sobrino Gabi, siempre que lee algún artículo en el que abordo dislates y aberraciones que se cometen, ya de habitual, en esta parte de Europa. Personalmente, me inclino porque quienes se vieron fatalmente inmersos en la terrible Guerra Civil, quisieron que sus hijos y nietos tuvieran una vida completamente diferente a la que les tocó vivir, y de la que bien poco o nada hablaban en sus hogares.

Tanto tiempo después, en estos días finales de diciembre de 2022, se ha aludido a un golpe de estado, a jueces impulsores del mismo, y a un Tribunal Constitucional que se entromete antidemocráticamente en las decisiones del Congreso de los Diputados. Tandisparatado relato, me ha hecho recordar a aquellos   españoles que sufrieron hambre, miseria y represalias, a los que las generaciones actuales les debemos vivir bien. En el siglo siguiente al del horror, superada la pobreza, a muchos de ellos se los llevó cruelmente el Covid, sin despedida alguna. El Gobierno de España, los diferentes autonómicos y la sociedad en su conjunto, aún mantienen una deuda de reconocimiento a todos estos muertos por el virus, con nombres y apellidos, como digo, la mayoría de avanzada edad, aunque nunca se les pasó por la cabeza que podían terminar muriendo en la más absoluta soledad.   

Como quiera que en la semana que va del 12 al 23 de diciembre de 2022, desde las altas instancias del Estado se ha obviado la madurez e inteligencia de los españoles, quiero hacer hincapié en todo lo que podían habernos dicho tantísimos españoles de la generación de la postguerra, porque ellos sí sufrieron realmente las penalidades de no vivir en democracia, y tuvieron que salir adelante, sin poder denunciar injusticias, diferencias u apropiación de sus bienes. De aquella época tan sufrida aprendieron que gobernar supone hacerlo para todos, y esto ahora no ocurre en España. Hoy se toman decisiones para favorecer a grupúsculos poderosos, en detrimento de la mayoría. Así hay que ver la supresión de los delitos de sedición y malversación, o querer controlar a los jueces, para que no haya posibilidad de que prosperen recursos presentados contra decisiones que se puedan tomar desde el poder, aunque a los ojos del pueblo resulten injustas.  

“La generación de la postguerra, ellos sí sufrieron las penalidades de no vivir en democracia, sin poder discutir injusticias, diferencias y política”

Sí, cuando las actuales instituciones del organigrama político del Estado Español están tan mal, encorajina el tiempo tan valioso que estamos perdiendo, para poner en modo progreso, en posición de futuro y oportunidades, a las actuales generaciones, los nietos y bisnietos de aquellos que pasaron tanta necesidad en la guerra y postguerra. Pienso que les faltamos al respeto, cuando los medios reproducen falsos escenarios,  cocinados en las cancillerías gubernamentales, para darle vuelta a la realidad. Para que la verdad no llegue, referida a asuntos de gran calado como la verdad del Covid, de la crisis, de la inflación, del cuantioso dinero que nos hacen pagar por los alimentos y las energías.

En los peores momentos de la historia de Europa y de España la manipulación y la mentira se convirtieron en el mensaje habitual de los regímenes más repudiados. Pocos lo recuerdan ya, como las nuevas generaciones del Bono Cultural, que no están (ni interesa) a estas reflexiones. Tampoco se paran en las sociedades tan abiertas y comprometidas que llegaron a crearse en los años 70, 80 y 90. Por eso, respetando todas las opiniones, cuando hoy en España se habla de golpes, de decisiones antidemocráticas o de invasión de poderes (el Gobierno es el que mejor lo vende), no puedo sino sentir sonrojo del relato tan falso y el escenario tan insensato que algunos son capaces de crear, con tal de salirse con la suya.

Hacía mucho que el término pueblo no cobraba tanta relevancia en España. Es así porque hay muchos momentos en que parece que se gobierna a sus  espaldas. Temas hay de sobra para poner encima de la mesa, como prueba. La permisividad con los Okupas, con el trato a los clientes de la banca, las aseguradoras y las energéticas. Sigo con los desahucios, el precio de las hipotecas, la inflación, el coste de la cesta de la compra, o pasar frio en este invierno en los hogares, porque pocos pueden permitirse encender la calefacción. Tampoco nos han preguntado si queríamos perdonar sus delitos a los que han causado tanto destrozo en la convivencia de Cataluña. O si nos parece bien que los bienes públicos vayan a estar a partir de ahora menos protegidos y castigados, si alguien mete la mano en la caja del dinero que es de todos, aunque haya personas concretas dentro del poder que han llegado a manifestar que ese dinero no es de nadie. Con el cambio de la ley, lo van a hacer real. Ahora, que tengan en cuenta algo que a futuro va a ser decisivo. No convencen a nadie. Ni a los españoles que soñaron esta España democrática, ni a los hijos de la propia Constitución, a quienes nos repele que se gobierne para y por intereses personales, en vez de para y por el pueblo.

“Encorajina el tiempo tan valioso que estamos perdiendo, para poner en modo progreso a nietos y bisnietos de aquellos que pasaron la guerra”

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