No estamos de acuerdo en nada

Hay una línea muy fina entre tener o perder perspectiva. A quien más exigimos aplicarla bien es al poder y a quienes lo representan. No cabe duda de que esa perspectiva está en crisis, y la prueba del nueve es que no estamos de acuerdo en nada, se trate de algo que afecte a nuestro propio portal de vecinos, municipio, nación y continentes.

Sería irrelevante enumerar el montón de asuntos en los que ahora el mundo, España, Cantabria (donde vivo), no se ponen de acuerdo, porque entre los lectores tampoco iba a existir coincidencia al respecto. Quienes como yo son adeptos a la religión de la lógica, vivimos un momento muy chungo, de desamparo ante casi todo lo que digerimos como noticias (¿verdaderas o falsas?), porque la manipulación se ha hecho tan fuerte que nos aleja de querer informarnos, en la creencia de que somos más felices sin saber, sin enterarnos de nada. El poder es lo que siempre ha buscado, la desinformación. Todas las chorradas que se presagian con un cambio de siglo, resulta que en éste se pueden resumir con una frase de Séneca: “No es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho”.

De repente, los problemas de la ciudanía han pasado a un plano secundario. Parece que no somos merecedores de explicaciones sobresi entramos en una nueva crisis o no. O que nos tranquilicen ante la presentación de tantos ERES en las industrias que dan trabajo (Cantabria alarma en este sentido). Y qué decir de ser informados con la auténtica verdad sobre el Gobierno de España que se está fraguando, precisamente con quienes buscan la desaparición de España. En su día, ningún país quiso afrontar de verdad la ola internacional de fake news o noticias falsas, porque al final es un instrumento de manipulación muy útil para Estados, Gobiernos y grupos concretos de intereses (lobbies), creando así situaciones de confusión y desconcierto, según conveniencia, como sucede actualmente.    

Si los problemas propios, los de casa, no se encauzan, poco podemos esperar respecto a lo que pasa con los temas de gran calado: calentamiento del planeta, migración, corrupción, hambrunas, nacionalismos, guerras o Donald Trump, ahora ya inmerso en investigación por oscuros manejos políticos. ¿No merecemos soluciones, porque los intereses de la política, la economía y los poderosos se anteponen a este sentir general?  Asumo que la frase-pregunta suena a tópico, pero es que siempre ha sido así y nada ha cambiado en este sentido; es más, ha ido a más.

¿No merecemos soluciones por los intereses de los poderosos? La frase-pregunta suena a tópico, pero siempre ha sido así y nada ha cambiado”

Tengo claro, como sucede con el Cambio Climático, que es momento para que la sociedad reaccione y deje patente lo que queremos en verdad los ciudadanos de a pie. Con mentiras o medias verdades, se llamen fake news o postverdades, nunca se ha construido nada, al revés, han surgido los conflictos más terribles, y no queremos incurrir en los mismos errores. Es notorio que atravesamos cambios profundos, sobre todo en cuestiones de economía, energía y medio ambiente. Por un lado, la política debe regresar a la senda de hablar, explicar, dialogar, consensuar y resolver. Coincidirán en que esto, ahora, no se da. Pero no solo en España; el mundo parece atacado por un virus de inacción, de tuits vacios entre dirigentes de todo tipo, y los problemas de la gente no se solucionan en Twitter, ni Facebook o Instagram.

Esta manera de comunicarse, sobre todo cuando se trata de abordar cualquier tipo de crisis, no suma, resta más bien. Para eso se creó Naciones Unidas, los tratados de comercio, la Unión Europea y, da pereza señalarlo, también las cumbres entre países ricos o en desarrollo en las que se abordan los temas puntuales sobre los que hay que adoptar medidas urgentes. Mirarse de reojo acarrea el panorama actual de que nadie se pone de acuerdo en nada. Reconocer el problema sería un primer gran paso, tras el cual volver a sentarse en torno a mesas para conversar de forma útil y serena. Pienso sinceramente que es lo que más anhelan los ciudadanosde todas partes. Y también un regreso a la verdad y a la transparencia política, que evite este desgaste democrático, en favor del auge de populismos que representan ideas retrogradas, radicales e injustas.   

“La política debe regresar a la senda de dialogar y resolver. Los problemas de la gente no se solucionan en Twitter o Instagram”. 

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