No contestan a mi e-mail

Cada vez que hay nombramientos en el horizonte, me lo pienso ya dos veces antes de mandar el correspondiente e-mail de enhorabuena. Escribir una carta es un gesto extinguido, pero ya me había dejado bastantes secuelas por la misma razón: no había devolución de respuesta. Quienes no contestan a un email, whatsapp o sms (¡qué poca vida le queda a este último!) pueden tener diferentes razones.

Están quienes utilizan las tecnologías porque no les queda más remedio, pero no gustan de ellas.  A continuación están aquellos que ya les puedes mandar diez e-mails, que ni los miran, pero tienen ordenador, y son tan modernos que enlazan incluso su cuenta de correo electrónico a su teléfono Smartphone. Y luego están los que te contestan a un correo del 3 de agosto un 7 de diciembre, con lo que a ver quién es el guapo que almacena tanta memoria para recordar el mensaje de origen. ¡Como para una urgencia, que decía mi abuela! En realidad, ¿qué tienen en común estas tres maneras de actuar frente a los mensajes electrónicos y telefónicos? Pues se lo voy a decir clarito y transparente: la mala educación, tienen en común la mala educación.

Las tecnologías han de enseñarse, mantenerse y reciclarse en su uso. Lo único que está permitido es no contestar al tuit de un imbécil o a la salida de tono en una charla abierta en Facebook. Puede parecer por como lo he escrito hasta aquí que quienes no contestan a mis emails son casos muy concretos con los que me relaciono de habitual. No quiero darles esta impresión. Las peores son las empresas, y de todo tipo además. Constructoras, eléctricas y hasta la Coca-Cola no pueden dárselas de transparentes si no contesta un simple email donde preguntas por algo o por alguien. Jamás he dejado de contestar un e-mail a tiempo. No me considero marciano por ello, pero me ofenden todos estos a quienes escribo algo y nunca recibiré de ellos respuesta. Poco a poco, les voy borrando de mi lista de contactos vía e-mail. Una razón de peso me avala: su mala educación.

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