No caminamos solos en esta pandemia

La mejor manera que tenemos ahora de ayudar a nuestro país y a nosotros mismos es quedarnos en casa. La pandemia del coronavirus ataca en todo el mundo, y se ensaña especialmente con contagios y muertes en Europa. Nunca antes habíamos vivido algo semejante. Soy optimista, pensando sobre todo en nuestro ejército de sanitarios. Pero les debemos ayudar obedeciendo todas y cada una de sus recomendaciones.

No sé si los británicos, con la temeraria idea de su presidente Boris Jhonson de que es mejor el contagio masivo por coronavirus para frenarlo, puedan abrazarse a esa letra tan conocida del himno del Liverpool, donde se canta lo de “Nunca caminarás solo”.  Por suerte, España es otra cosa. Y por desgracia, el exponente esencial de estos nuevos populismos es una política basada en mera propaganda y no en realidades y soluciones. De ahí queya empieza a vislumbrarse quién es quién, con ADN de liderazgo, para que un pueblo pueda sentirse seguro ante sus temores y adversidades, lo que le lleve directamente a creer en las palabras de esperanza reproducidas en el himno del momento: entre todos, haciendo piña, saldremosde esta gravísima crisis del coronavirus. No quita lo anterior, tan deseable, para que sea cuestión de análisis inmediato el comportamiento que lleva a la compulsiva compra de papel higiénico por parte de muchas familias españolas, algo que a falta de saber la causa concreta lleva irremediablemente a deducir lo mucho que usamos el retrete en España.

Tampoco quita que la altura de miras política, más claro, la unidad, ha de ser el faro que guie a este país en los meses económicos y sociales tan difíciles que nos esperan. No debería hacer falta que el presidente del Gobierno de España pida específicamente la aprobación urgente de unos presupuestos nacionales, porque de otra manera no va a ser posible inyectar la ingente cantidad de dinero y medios que ya está movilizando el Estado, con unos 14.000 millones de euros iniciales, que solo van a ser el principio.

Todos estamos viviendo un escenario nunca antes conocido. Nada será igual cuando acabe esta pesadilla, porque tendremos que haber tomado buena nota de lo que ha servido y lo que no a la hora de salir del hoyo. Doy por sentado el papel decisivo que van a jugar en esta crisis todos nuestros profesionales sanitarios. En un país olvidadizo y poco dado a reconocer lo bueno y a los nuestros, vayamos ya tomando buena nota de que las gracias y homenajes se van a quedar cortos. Lo que habrá que hacer es resituar a nuestro sistema sanitario en su verdadera dimensión y necesidades, las del continente, hospitales públicos, y las de su contenido, los magníficos profesionales con que cuenta nuestro sistema sanitario,sea cual sea su especialidad o cometido. ¿Se imaginan en estos momentos que se pusieran a hacer reivindicaciones laborales? Jamás sucedería porque los valores, ósea, los demás, son para ellos y ellas la regla de las reglas.

“La altura de miras política, la unidad, ha  de ser el faro que guie a este país en los meses económicos y sociales tan difíciles que nos esperan”

Como el miedo es ave de mucho vuelo y también cada uno, es dueño de sus miedos, cuando pase la pandemia (vamos a ver…), el mundo tiene que dejarse de cumbres y reuniones inútiles, y ponerse hablar y acordar cómo vamos a vivir en adelante. Que nadie sabe del futuro que nos espera da buena prueba una pandemia mundial de algo muy contagioso denominado Covid-19. ¿Por qué está pasando esto?; ¿cómo nace este coronavirus?, ¿qué o quién lo ha provocado?, ¿con qué intenciones o intereses?, ¿tiene vacuna?, ¿va a llegar pronto?, ¿qué precio en vidas humanas vamos a tener que pagar? Podríamos seguir y seguir, pero no hay respuestas. Ni siquiera estamos siendo capaces de atajar el coronavirus mediante un mundo unido, combatiéndolo juntos y con las mismas armas político-sanitarias.

La ONU, desaparecida, la Unión Europea, en shock, las grandes potencias, como Estados Unidos o Inglaterra, bastante tienen con soportar las paletas ocurrencias ante la enfermedad de sus máximos dirigentes, como Donald Trump o Boris Jhonson. Debería haber un comité político y científico mundial de crisis, pero cada país, caso de Italia y España, los dos peor parados en el Covid, atajan el contagio como mejor pueden, y ya ha llegado la reclusión en casa con el estado de alarma, para aligerar la tremenda presión que soportan los hospitales y sus trabajadores. Por cierto, qué garantía nos da a los españoles contar con una magnífica Constitución que prevé todo.

Pese a todo, siempre habrá incivilizados, descerebrados y avaros con los que no se puede contar, ni siquiera en momentos en que lo que está en juego es tan serio y grave como lo que vivimos en este terrible marzo de 2020. Va para largo, y tampoco hay que negar las evidencias. En España, el Gobierno Central y los autonómicos deberían haber empezado mucho antes con los Consejos de Ministros y los Consejos de Gobierno extraordinarios. Nunca es tarde si la dicha es buena, y tampoco es tiempo para reproches y sí para medidas respetadas por todos, y cuando digo todos, es todos. No se entenderá de otra manera, el día de mañana, cuando toque recordar lo que hizo cada cual. Por eso, ¡quédate en casa!, sé un ciudadano modélico, solidario, ayuda a los demás si te necesitan, más si son mayores. Acude si te piden colaborar,  conciencia a los demás y también estate a su lado, telefónico mejor, si les ves decaídos o con miedo. No hagas compras innecesarias de cosas que puedan necesitar en un momento dado nuestro Gobierno y los diferentes servicios públicos que lo integran. Algo más que pedir antes de terminar, debemos  velar como nunca antes por nuestros mayores. Y hacer posible que todos seamos uno, para no caminar nunca solos en la oscuridad de esta pandemia. 

“Quédate en casa, ayuda si te necesitan, más si son mayores, estate a su lado si les ves decaídos o con miedo, y no hagas compras innecesarias”

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