NIÑOS CONTRA LA CRISIS

Publicado en el Diario Montañés. 12 de marzo de 2012

Comentan en la calle que habiendo salud y naciendo niños, la crisis se pude ir a tomar viento y te raya menos la cabeza. Se está metiendo demasiada angustia en los cuerpos de las personas, y tampoco es necesario sufrir el paro para preocuparte en exceso por lo que relatan los telediarios. Conozco ya a muchas personas que han optado por escuchar música antes de que todos los días nos den el mismo tostón con el dinero que hay, el déficit, los recortes y todo lo que va a pasar en este año horribilis que tan sólo acaba de empezar. Los ciudadanos no podemos recibir cada nuevo día así. Hasta el más duro entre los duros, con personalidad impenetrable, está mosqueado con tanta falta de optimismo, de presente y de futuro, que se palpa con el masivo cierre de pequeñas y medianas empresas que han dicho ¡hasta aquí hemos llegado! Como algún club de fútbol de primera división, la Comisión Europea y los Gobiernos nacionales que la conforman necesitan un psicólogo para saber tratar y dirigirse mejor a los ciudadanos. El otro día impartí una conferencia a veinteañeros, estudiantes de comunicación, y qué les iba a decir…, ¡que no tienen futuro! De eso nada. Nuestros jóvenes que empiezan a mostrar ahora más que nunca su desagrado y desaliento tienen que recuperar la seguridad en el sistema y pensar que las oportunidades reales existen. Pero para eso deben ver mayor autoestima en sus mayores, que ahora piensan en que con tener salud, cobrar la pensión y tener un nieto, son más felices que los brasileños con su samba, sus carnavales y la locomotora que es su economía que ha dejado en un simple Seat 600 a la mismísima Alemania.

IMAGEN NIÑOS CONTRA LA CRISISEuropa está más perdida que un pulpo en un garaje y lo estamos pagando todos los europeos. En los años 80 y 90 se nos lleno la boca con aquello de ser ciudadanos europeos, la unión y la grandeza democrática que nos llevaba al bienestar social. Aquel potente motor del siglo pasado que era llamarse Europa ha gripado en este siglo XXI. Ni hay viejo continente que se renueva de continuo, ni hay líderes como referentes políticos y sociales que con su visión faciliten las ansias de recuperación y progreso que queremos. Siempre nos quedará la salud, y también los niños a los que damos la vida, no sin tremendas dudadas sobre cuál será su futuro. Ya nos pasa con los que tenemos en casa con quince años y lo que podrán hacer el día de mañana. Aunque el pesimismo total es lo último. Y lo último son también los mensajes que hablan de peores consecuencias de lo que hicimos y fuimos hasta antes de ayer. Me niego al desplome y a la tristeza generalizada. Me niego a quedarme impasible cuando un nuevo conocido se ha ido al paro. Y me niego a que no tengan oportunidades los que salen de todo tipo de escuelas, y quieren ganarse la vida como los demás con ese primer empleo tan anhelado.  Antes era normal pensar que la vida sigue, y ahora nos conformamos con la salud y los hijos por llegar como males menores dentro de este negro panorama que se pinta, tan abstracto como un cuadro del difunto Tapies, cuando lo que más necesitamos ahora es una gran inyección de confianza que nos motive a pensar que es posible recobrar nuestra economía y empleo.

 

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