Niños al margen

NIÑOS. PAUL KLEE

Como otras tantas, la infancia es una de esas cuestiones que no hemos blindado bien en nuestro país. No se equivoquen, no voy a hablar del bebé en el Congreso de los Diputados. Porque a lo que voy es que todo lo rematadamente mal que los estamos haciendo hoy, hipoteca el mañana de unos niños a los que no proporcionamos una educación con garantías, ni tampoco somos capaces de dirigirles a lo que tendría que ser una ocupación con la que puedan buscarse bien la vida.

 España está tan revuelta que sólo nos falta meter a los niños en los líos de los mayores. En vez de hacer las cosas como debemos, nos hemos acostumbrado a jugar al pique con el prójimo, y excusar después el mal gesto apelando a que semejante provocación no tendría cabida en Holanda, Suecia o Noruega. En realidad, cada país tiene lo suyo. Por ejemplo Bélgica: gusta más de gobernarse a su aire en vez de apostar por tener un primer ministro de manera estable. En Alemania puede suceder lo de la Nochevieja de Colonia, donde todos los machistas tocones se pusieron de acuerdo para salir ese día. Inglaterra ha tenido su referéndum en Escocia, y cualquier día se va de la Unión Europea. Una expresión muy española resume mejor a dónde quiero llegar: “en todos sitios cuecen habas”. Significa que, aunque no lo parezca, todos los humanos somos iguales y en todas partes hay problemas. Lo que pasa es que aquí, si no los tenemos, los buscamos, como las Cabalgatas de Reyes y otros tantos casos que son ahora de actualidad.

Añado otra cosa. Mucho de lo que se hace va dirigido exclusivamente a salir en la prensa. El agotamiento que muestran determinados medios de comunicación, léase los periódicos en papel, tiene mucho que ver con las noticias reiterativas. Los ciudadanos muestran hartazgo de la confrontación por la confrontación, mientras piensan que no se encauzan los auténticos problemas, empezando por el paro de jóvenes y mayores y siguiendo por una mejora real de las finanzas en las diezmadas familias. Tras cada nueva  anécdota, los columnistas nos ponemos al tajo, los tertulianos de radio y televisión cruzan opiniones dispares, pero me temo que muy poco o nada nos identificamos con el auténtico sentir ciudadano. Es más: ofende todo aquello que no se hace de manera natural y tiene que ver con la utilización torticera de lo que viene en llamarse vivir el día a día a pie de los problemas de la calle.

Empezando por los niños, tendríamos que dejar muchas cuestiones al margen del debate político, social y económico, que en España viene a ser lo mismo. Algún día tendremos que sentarnos en una mesa y madurar los temas que ya deberían estar consensuados y sellados hace tiempo. Son bastantes: respetar la Constitución, asegurar y afianzar la educación, la sanidad, la cultura, las pensiones, el bienestar social, la discapacidad, la tercera edad y la infancia. Respetar a los creadores, la bandera, el himno. Acabar con el enchufismo y las puertas giratorias y, de paso, con lo que exageradamente nos cobran por el uso de la luz, el agua y el gas. Cada una de estas cuestiones debería estar protegida de cualquier debate interesado o manipulado, sea electoral o no, del momento. Seguramente las noticias serian menos, pero más creíbles. Este país tiene un montón de problemas como para perderse en los laberintos del “y tú más”. Las Redes Sociales hacen que nuestros jóvenes estén más informados sobre todo lo que pasa, y me da que en muchas ocasiones se auto infringen ese desaliento que cunde cuando los problemas no se enfrentan y son sustituidos por estériles cruces de acusaciones. No nos sucede nada que no ocurra también en el resto del mundo. Hemos empezado este nuevo siglo con mal pie, nada se endereza, y todo está marcado por la crisis económica (también de valores), y la pérdida en muchos casos personales de lo logrado con el esfuerzo de toda una vida.

Dejar los niños al margen…No se puede defender en toda su literalidad. Al tiempo que se protege la infancia, todo lo que hacemos hoy debería estar marcado por el deseo de propiciarles un futuro bueno para el día de mañana. El desaliento entre nuestros jóvenes ha venido para quedarse, y no puede ser.  No podemos seguir por este camino donde hablamos de ellos para la anécdota, sin aportar realmente soluciones a corto y medio plazo, ni tampoco mejorando y ampliando sus posibilidades de tener un trabajo. Estamos obligados a dotarles de una adecuada educación, de proyección profesional, educarles bien, para que sepan convivir en sociedad, y tengan en sus mayores los ejemplos a seguir para afrontar con garantías lo que les venga y suceda en el mañana.  ¿Es mucho pedir?

 

 

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