NAVIDADES DESCAFEINADAS

Estoy de acuerdo: las Navidades no deben ser una época sólo para el consumismo porque son motivo para reflexionar sobre nuestra existencia, hacerla mejor, y ser personas más solidarias y fáciles de contentar con lo imprescindible para vivir. Sólo un gran pero. De no hacer de todas las fiestas gastar y gastar, a dejar a los ciudadanos sin un duro, va un trecho muy grande que además es una auténtica sinvergonzada. Los culpables de esta situación van a tener tiempo de arrepentirse, aunque no lo reconocerán por soberbia, cuando allá por enero y febrero hayan cerrado un montón de tiendas, comercios y restaurantes y las grandes superficies juren para sus adentros, porque ya sería muy fuerte socialmente saber cómo transcurre este desierto de dinero El Corte Inglés.

La cuesta de enero va a ser la pared del Himalaya para muchos trabajadores. Habremos dejado atrás este asqueroso 2012, pero el 13 está lleno de minas por el camino. Los funcionarios no saben qué va a pasar, los trabajadores están inquietos con una nueva vuelta de tuerca de una reforma laboral que, hasta ahora, sólo ha servido para más despidos y ERES. Ahora, hoy, los españoles recelamos de todo. Recelamos del Estado, de las autonomías, de los bancos, de la patronal, de los sindicatos, de las instituciones y, especialmente, de la política. Feo panorama, pero nos han arrastrado al precipio sin contemplaciones ni diálogos ni mucho menos consensos, porque ya lo dijo Gallardón: el Gobierno tiene que infringir dolor en ocasiones. De la frase también se arrepentirá, en la medida que siga creciendo un descontento desbordado ahora en la sanidad, en la educación, en la dependencia, en los jóvenes parados, en los desempleados en general, y en sectores profesionales donde no queda uno sano. Se pide trabajar como quien pide un cigarrillo prestado, pero a cambio no puedes pedir ni sueldos dignos, ni seguridad, ni acabar un mes sin déficit familiar por la luz, el agua, las basuras y el resto de impuestos cuya lista abulta como un rollo de papel higiénico. Los españoles, en general, no estamos para Navidades. No las han suprimido por decreto, pero esta la han herido de muerte. La gente no está alegre y se aprecia nítidamente en los datos y en las encuestas. Vamos de culo y cuesta abajo, así que nunca he pronunciado un ¡Feliz Navidad! tan descafeinado como el que les dedico con la boca pequeña.

Share This

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *