¿Me creo el acuerdo del clima?

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Si en los próximos cinco años escucho que se va frenando el deshielo ártico. Si dejo de leer los suicidios masivos de ballenas. Si algún día un telediario abre con la noticia de que han dejado de verse las excavadoras por el Amazonas. Y si no tengo que entrar en Internet para ver la foto del último rinoceronte vivo que hubo sobre la Tierra, entonces y sólo entonces empezaré a creer que el acuerdo sobre el Cambio Climático que se acaba de tomar en París va en serio.

Déjenme que les cuente lo que encuentro en La Wikipedia. En 1972 se celebró la primera Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano, también conocida como la Conferencia de Estocolmo. Resultado: Ninguno. En 1979 se celebró en Ginebra la primera Conferencia Mundial sobre el Clima. Decisiones: Cero. En 1992 (hasta aquí ya me llega la memoria) tuvo lugar la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. En ella se aprobó la Agenda 21, consistente en la protección de la biodiversidad y la eliminación de sustancias tóxicas. ¡Prometer sale gratis! Pasamos a 1995, año en que tiene lugar la Conferencia de Berlín. ¡Pasó de puntillas! Llegamos así a Kioto, en Japón. Es verdad: existe ya una preocupación mundial sobre el Clima, la contaminación atmosférica y el desarrollo desmedido de muchos países, especialmente China, a cambio de llevarse por delante todo: bosques, ríos, acuíferos, los mares y las especies en general. Se vende el acuerdo como sólido y su cumplimiento como imprescindible y obligatorio. Pasa la cumbre, y por parte de los países de siempre, Estados Unidos, Rusia, China, India, Japón, incluso España, contaminan como nunca, ¡contaminan como campeones!

Tras Kioto, el intento más serio por tomar una decisión mundial para dejar de matar la Tierra y sus dones naturales, hubo otras cumbres que no tuvieron ni arte ni parte. 2002, Johannesburgo; 2009, Copenhague; 2010, Cancún y 2011, Durban. Tanto fracaso medioambiental lo que significa es que nuestro ADN no incluye un patrón conservacionista del mejor don que nos ha sido otorgado. Cumbre tras cumbre ha pasado lo mismo: destrucción. ¿Por qué voy a creer como habitante el Planeta Tierra que París va a ser diferente? Las decisiones que se han tomado no son vinculantes por una ley universal que obligue, supervise, fiscalice y pueda denunciar a cualquier país contaminante, y se vea que paga con sanciones económicas de gran calado. No se ha creado un cuerpo de inspectores que vigilen los maltratos permanentes a la naturaleza en todas sus vertientes. De las profundidades de los mares y toda la mierda que entierran no se ha dicho casi nada. Las naciones contaminantes y las que lo hacen cada vez peor en pro de su desarrollo se comprometen tan sólo a mejorar en actitud. Es cierto que en este mundo todo se hace con dinero, como ha sido el caso de este cónclave por la Tierra. La Cumbre del Clima de Paris aprueba una millonada para el apoyo a los países pequeños y que no se metan en levantar plantas de energías contaminantes, las atómicas por ejemplo. Se apuesta todo a las energías renovables, las del sol y las del viento, para no seguir creando toneladas de residuos, pero esta canción se repite una y otra vez sin que las energías limpian sustituyan de una vez por todas a las destructivas.

¿Qué ocurrirá si atravesamos nuevas crisis económicas?; ¿Llegarán estos fondos a sus destinatarios? Si las potencias mundiales fueran tan exigentes con el Cambio Climático como lo son en vigilar y supervisar que Irán no pueda fabricar nunca la bomba atómica, a lo mejor llegábamos a alguna parte. Hay demasiadas cuestiones que pintan mal con respecto al deterioro imparable del clima. Tomar decisiones ya no requiere de tanta cumbre. En la última de París he visto demasiado autobombo, un marketing televisivo muy medido como si se tratara de la entrega de los Oscar. Pero no, esto es muy serio, ¡oiga! Tan serio que nos jugamos nuestra propia existencia en este planeta al que estamos pateando desde el día uno en que nos convertimos en civilización. Espero poder escribir dentro de unos pocos años que todo lo acordado en París, en aquel 12 de diciembre de 2015, se ha cumplido a rajatabla, inclusive recelando de que en el acuerdo final se usa el término “deberían” en vez de “deberán”. Hasta entonces, como el título de la película, ¡buenas noches, y buena suerte!

 

 

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