Manual de instrucciones para acuerdos

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Muchos momentos en nuestras vidas están sometidos a lo establecido por los acuerdos previos que, a fin de cuentas, es lo que nos permite ser más civilizados. España depende ahora de un acuerdo para poder formar gobierno, y el horizonte se percibe con nubarrones que amenazan con  terceras elecciones. Personajes de gran renombre han definido el acuerdo de muy diferentes maneras, pero sin olvidar en ningún momento que cabe tener una percepción clara de la realidad social para saber salir de las encrucijadas que en ocasiones nos plantea el destino.

 

Tal cual, no existe un manual claro de instrucciones para acuerdos, y como muestra hay muchos precedentes, algunos buenos y otros malos, en la historia pasada y presente que lo ponen de manifiesto. España es un claro ejemplo. Llegar al acuerdo es un misterio que ha producido diferentes reacciones y en todas las épocas. Goethe, el autor de Fausto, define en esta obra magistral las consecuencias fatales que acarrea pactar con el diablo, para finalmente terminar arrepentido. Quizás por las insatisfacciones que nos produce la vida, quiso ser más concreto al escribirlo así: “No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan sólo si marchamos por el mismo camino”. Freud, definido como padre del psicoanálisis de la conducta, era más escéptico sobre lo que es estar de acuerdo en algo: “Si dos individuos están siempre de acuerdo en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos”. El gran científico Einstein, al respecto de lo mismo, era más distendido: “Una velada en que todos los presentes estén absolutamente de acuerdo es una velada perdida”. Pero para lo que pasa actualmente en nuestro país, voy a terminar por ahora las citas con el gran José Saramago: Estar de acuerdo no siempre significa compartir una razón, lo más normal es que las personas se acojan a la sombra de una opinión como si fuera un paraguas”.

No deja de ser una casualidad que se junten las opiniones de un dramaturgo, con un neurólogo, un físico y un poeta-periodista, todos ellos grandes referencias dentro de la evolución humana, con que España lleve un año sin gobierno, hayamos asistido ya a dos elecciones, y se postule el 25 de diciembre próximo, Navidad, como el día en que se puede producir una tercera cita electoral. No me extenderé mucho en sacar aquí otro hecho muy relevante en el trabajo de Freud como es el Principio de la Realidad. Baste decir que cada cual ve las cosas según las piensa, las siente y las percibe y, claro, esto puede terminar por ser un gran obstáculo para atajar la encrucijada política, social y económica en que se encuentra el país, con una grave crisis aún a cuestas, un paro tremendo, la dependencia de millones de personas desempleadas y en grave situación de exclusión social que dependen de los Presupuestos Generales del Estado, más una juventud que parece no contar para nada, pero que demanda una oportunidad de trabajo y crecimiento personal como antes tuvimos otros españoles. ¿Son estas situaciones preferentes las que hay que poner encima de la mesa a la hora de valorar salidas donde los que salgan realmente ganando sean los ciudadanos? Evidente que sí. Resulta muy peligroso sumar a una crisis económica y de perspectivas laborales otra crisis, en este caso institucional.

 “Resulta muy peligroso sumar a una crisis económica otra crisis institucional”.

Conocemos por cercanía que ha habido en el entorno europeo otros casos de países que estuvieron mucho tiempo sin gobierno, y no pasó nada como se empeñan en subrayar a los que mejor les va. España es diferente en casi todo, pero vamos a destacar el hecho territorial y la cadena engrasada que supone un Estado fuerte con un gobierno que toma decisiones dentro de este entorno, donde las inversiones estatales en las diferentes comunidades autónomas y sus respectivos presupuestos resultan fundamentales. Todo esto depende de un acuerdo de investidura previo, tras el cual habrá cuatro años de gobierno donde todo se va a tener que fundamentar en los pactos para gobernar y acuerdos para legislar. Ese debería ser el tiempo de ajustarse a lo que cada formación defiende en la materia que sea, pero con un gobierno y un presupuesto fijados de antemano. También hay que citar la factura europea de lo que van a ser las exigencias a corto plazo de Bruselas en cuanto a nuevos ajustes y recortes. Pero es evidente que para afrontar esas demandas habrá que tener igualmente una postura común dentro del país que defina la futura política europea y las consecuencias para todos los socios de la salida de Inglaterra de la Unión. Así es: todo son retos e incertidumbres, y lo principal ha de ser la creación de empleo. La realidad de lo que opinan los españoles sobre la situación política actual tiene todo que ver con sus problemas más cercanos. Esos problemas son el paro, la educación, la sanidad, el regreso de los muchos españoles, muchos hijos, que han tenido que emigrar en busca de su oportunidad. Al hablar de realidades, sin olvidar cómo cada uno lo pueda pensar en razón de ideales y otras muchas variables, no se pueden aparcar todos estos problemas sine die. Tan recordado como ha sido el presidente Adolfo Suárez en las dos últimas elecciones fallidas, cabe aún en este artículo una última cita que refleja a la perfección por lo que estamos atravesando ahora, y el pensamiento mayoritario de la calle al respecto. En cierta ocasión, Suárez pidió esto: “Agradeceré busquen siempre las cosas que les unen y dialoguen con serenidad y espíritu de justicia sobre aquellas que les separan”.

 

“La realidad de cómo ven los españoles la situación política actual tiene todo que ver con sus problemas más cercanos”.

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