Manda el Smartphone

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Para conocerlo, el teléfono inteligente nos ha impuesto hasta el nombre: Smartphone. Dirige los pasos de todo quisqui, porque llevan camino de ser tantos millones de móviles como habitantes somos en la Tierra. Mirar la pantalla y teclearla para estar en chats o metidos en redes sociales se ha convertido en lo único. Mientras, se extinguen las buenas conversaciones, los paseos tranquilos, y hacer las cosas habituales sin estar al tanto de lo que nos dice el Smartphone o nosotros le pedimos que haga. En el lado oscuro de la tecnología surge la soledad, el chismorreo, el acoso, la intolerancia, la homofobia y aspirar a hacerte viral para salir del anonimato social. ¡Qué pena!

 ¡Oye, aquí quien manda! Somos un país muy dado a la preguntita, tan crítico con la corrupción como tan díscolo a la hora de hacer cola para echar una carta en Correos sin protestar en alto. De seguir así, por culpa del E-mail, el Whatsapp, el Twitter y el Facebook, y nuestros jóvenes que salen de las escuelas sin saber escribir una carta, pronto no habrá necesidad de depositarlas en ningún buzón.  En realidad es el Smartphone el que manda. Sólo le falta hablar de habitual para dar instrucciones (políticas, religiosas, bancarias…) y nosotros obedecerlas. ¡Todo a su tiempo!

Esto me recuerda que se acaba de celebrar en San Juan de Puerto Rico el VII Congreso Internacional de la Lengua Española y, denlo por seguro, algo tan relevante ni llegará a los oídos de nuestros jóvenes, interesados en otros menesteres como la red social Periscope que tan enganchado tiene al jugador de fútbol Gerard Piqué, “colgando” todo tipo de videos sobre lo que piensa de las cosas mundanas. De esta red, y de otras, sí que sabe la chavalería. La comunicación, a la informativa me refiero, va hoy por unos derroteros que ni siquiera los periodistas acertamos a entender. No es que la pregunta sobre qué es lo que interesa realmente a nuestros jóvenes ahuyente las respuestas. Es que la respuesta es una y clara: les basta con su Smartphone porque va de la mano de todo el chismorreo de su grupo social que les pueda proporcionar. Hay otra cuestión no poco relevante como que los mayores estamos en el camino de terminar haciendo lo mismo que esta mayoría de jóvenes a los que solo les preocupa interactuar con su teléfono inteligente. Hablarles de Puerto Rico es como sacarles a colación que un tal Pizarro conquistó el Perú. ¡Pasan! Lo que realmente les interesa como información son los chismes que circulan por los chats que tienen instalados en su móvil, los vídeos cortos donde mayormente se hace el tonto, y las últimas fotos subidas a Instagram, da igual si son de personas que conocen o no, porque de esta manera y automáticamente lo someten a la deliberación mediante su teclado,  puede que con alago, puede que con crítica o insulto que se expande por el gigantesco colectivo internauta que no cesa a diario de teclear, enviar y reenviar.

 

“Smartphone y chismorreo van de la mano”

 

Incluso la influencia sobre las formas es perversa. Estás comiendo y lo haces con el Smartphone;  miras la tele y en la mano el Smartphone; te quedas dormido en el sofá y, nada más abrir los ojos, lo primero es el Smartphone; te acuestas por la noche, pero con el S…; y vas al baño, y también el S… ha sustituido, por desgracia, a la revista o libro que antes te acompañaba sentado en la taza del water. Si esto no es mandar, quedo  abierto a recibir sugerencias sobre lo que realmente lo es. Un buen día nos pusimos a defender la utilidad del móvil y nos convencimos de que es un buen localizador de los hijos jóvenes y que nos quita también trabajo porque hace casi de todo. Ver hoy a una persona es tenerla delante con el teléfono móvil pegado a la mano.  Nos hemos convencido incluso de que pierdes una parte de tu vida como llegues a extraviarlo. Aunque lo peor es pensar que no se es nadie si no consigues hacer algo viral en las redes sociales y en el Youtube, que es lo similar a que mucha gente te vea. ¡Damos pena! A esto lo llamo ir sin rumbo, pero es que la televisión, la radio y los viejos periódicos hablan este mismo lenguaje, sin estar seguros de lo que hacen y por qué. El uso responsable de las Redes Sociales es una milonga si la juventud no está realmente al tanto de lo que sucede a su alrededor, y se compromete.

En la misma línea a la teoría de si fue primero la gallina o el huevo, el sexismo, el machismo, la homofobia y el acoso a personas, especialmente niños, se disparan. ¿Algo que ver la suma del Smartphone más Internet y más Redes Sociales? Todo. Aunque se las llama de habitual herramientas tecnológicas, en muchos casos se convierten en auténtica munición para hacer daño a una persona, a su religión, a su ideología, a la empresa en la que trabaja y, lo peor siendo todo lo anterior repugnante, a su entorno más directo como es la familia.  Aunque he seguido con cierto interés el Congreso de la Lengua Española en Puerto Rico, urge más poner en su sitio a este uso responsable de las tecnologías que es lo mismo que decir las Redes Sociales. Nos jugamos mucho. Para empezar, el comportamiento social futuro, democrático y tolerante, de los jóvenes cachorros que ahora están literalmente colgados de su Smartphone, sin que parezca importarles algo más.

 

“El machismo, acoso y homofobia se disparan”

 

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