LOS OJOS INFANTILES DEL CÁNCER

Publicado el 22 de marzo de 2010 en el Diario Montañés

Vengo pensando en el tiempo que el cáncer que se ha llevado ya a tantos conocidos, es más doloroso si cabe en la mirada de un niño que lo padece. A tan temprana edad, y cuando se detecta la enfermedad, la vida de repente da un frenazo muy brusco,  para entrar en un periodo de desconcierto, intranquilidad y miedo a la espera de salir del pozo negro en que es para todos nosotros padecer un cáncer. Hace poco me hizo pensar en lo mucho que nos equivocamos las personas a la hora de saber vivir, y en lo que dicen que se medita sobre este pequeño gran detalle postrado en la cama de un hospital. También dicen que nada es igual cuando se supera una engorrosa enfermedad, aunque la teoría es más compleja de llevar a la práctica cuando tienes diez años y lo que realmente quieres es no parar de jugar en el patio del colegio con el resto de tus compañeros. En un mundo de estadísticas, el cáncer también las tiene y son demoledoras. En los próximos diez años se prevé una mortandad de 84 millones de casos en todo el mundo. Ocho millones podrían salvarse con prevención, diagnóstico y tratamiento adecuado. Sólo en España, de los 20.000 casos que se detectan cada año, 1.500 corresponden a niños y adolescentes. ¿Cómo le dices a unos padres que su pequeño hijo padece una leucemia?; ¿cómo se lo explicas después al crío que se ve sometido de repente a un largo y doloroso tratamiento que le va cambiando su fisonomía hasta llegar a no reconocerse? Difíciles preguntas sin duda para médicos, pacientes y familiares, máxime cuando son casos infantiles.
El cáncer se asemeja en muchos casos a una ruleta rusa. Le toca a quien le toca, así, de repente, de un día para otro. Vas al médico por una tos seca, te manda análisis, profundiza en lo que ha visto, no le gusta, y llega una siguiente consulta fatídica donde se te anuncia un bulto sospechoso o una mancha demasiado oscura en un pulmón.  Para las grandes enfermedades de nuestra época como el cáncer o el SIDA (no me vienen otras ahora a la memoria pero sumen más), existe un organismo que se llama la Organización Mundial de la Salud. Queda mejor de cara a la galería plantear que vamos haciendo más camino en la erradicación de estas enfermedades, pero no sería verdad. Hablar sobre seguro es hablar mejor de prevenir. La OMS estima que más del 40% de todos los cánceres se pueden prevenir. Recientes estudios hacen hincapié en que los factores de mayor riesgo son el tabaco, la obesidad, y las malas costumbres a la hora de comer en detrimento del consumo de más frutas y verduras. El cáncer infantil, pero también adulto, ni que decir que se da más en los países más pobres de nuestro entorno. Pero el cáncer tiene también mucho de moneda que tiras al aire y, si sale cara, estás sano, y cruz, lo has contraído. Sigue habiendo muchos misterios en torno a la enfermedad que más yuyu produce entre la población en general. Cuando te enteras de un caso cercano, sólo se atiende a desear que no te suceda a ti ni a nadie de tu familia: el desarrollo tiene sus pros y sus contras. Si le preguntas a un anciano de 100 años cuál es el secreto de su longevidad, te contestará que haber llevado una vida ordenada en lo personal y en lo alimenticio. ¿Aprendiendo a vivir mejor se evita el cáncer? La OMS quiere presentar una guía mundial que llamará  “Control del cáncer: aplicación de los conocimientos – Guía de la OMS para desarrollar programas eficaces”. Hablará básicamente de mejorar la prevención, el tratamiento y la atención prestada a los enfermos de cáncer. Difícilmente, a un niño de seis años, le ha dado tiempo a coger malas prácticas, aunque de los 5 a los 6 años hubiera ingerido toda la comida basura que le hubiera apetecido.
Ante y frente la enfermedad, siempre hay presente una familia. En el caso de los niños, sus padres se convierte en jabatos capaces de darlo todo por la curación de sus hijos, lo primero, su propia salud. Estos niños lo saben, porque las miradas siempre son directas y profundas entre hijo y padres. Puestos a compartir todo, el dolor es lo primero. Una pequeña habitación de hospital se convierte en nueva vivienda donde el trasiego es algunos días constante. Los mi pobres, creen en ocasiones que han creado un problema gordo a los de su alrededor, cuando todos los de su entorno quieren su mayor felicidad, y más en estas circunstancias donde la soledad y la desesperanza gana terreno en ocasiones según sean los resultados de la última prueba practicada. Unos ojos ven todo lo que se puede divisar a su alcance. Los ojos infantiles del cáncer van más allá. Ir más allá en la curación definitiva del cáncer requiere de mayor investigación. Para algunos, el agua descubierta en Marte es un buen síntoma de que algún día podrán vivir colonias humanas en aquel distante planeta. Para muchos más, la cura contra el cáncer es pisar tierra como la gran asignatura pendiente de un mundo global, dividido entre ricos y pobres, los que comen más, menos o nada, y los que pueden prevenir contagios porque tienen médico y acceso a las medicinas. Con este negro panorama, un cáncer más o menos, no parece tener importancia. Con la larga vida que un niño debe tener por delante, no debiera ser así.
                      
P.D.: Los profesionales de los hospitales de Cantabria son todos increíbles.
 
 

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