Los Nobel en el marketing

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La concesión de los Premios Nobel de la Paz y de Literatura han creado controversia por lo que se establece en el origen de concesión de tan alto galardón mundial. A lo que se ve, no debe ser tarea fácil, y el marketing ha entrado en medio, distinguir con nitidez “a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad”. Pero no podemos acostumbrarnos a que se hable de paz a través del reconocimiento a  personajes que previamente han hecho la guerra.

 El Comité Noruego del Nobel y la Academia Sueca, que son los que han decidido, por orden, el Premio Nobel de la Paz al presidente colombiano Juan Manuel Santos, y el de Literatura a Bob Dylan, han iniciado un lifting a base de marketing, para que de estos prestigiosos galardones se hable y se hable hasta aburrir, por estar unos de acuerdo y otros en contra de los nombres elegidos para su concesión. Tuvo que ser algún personaje público contemporáneo quien primeramente dijo esto de que se hable de uno, bien o mal, pero que hable. Pues es lo que ocurre ya con los Premios Nobel, puesto que se ha abierto el debate mediático y también en la barra del bar sobre el acierto o equivocación de las últimas concesiones del medallón que lleva la efigie de Alfred Nobel, inventor de la dinamita.

A lo mejor sus responsables aún no lo perciben, pero con sus decisiones entran en una espiral futura nada buena para la salud y reputación de los Nobel. Y es que digo yo (uno más) que el Nobel de la Paz haya que dárselo a quien se ha significado durante toda su vida por conservarla. Ghandi no tuvo este Nobel, ni siquiera honorífico, pero entre los premiados hay un buen número de presidentes norteamericanos, de Roosevelt a Obama, que dieron la orden de empezar no pocas guerras. Con la literatura, viene a ocurrir tres cuartos de lo mismo. Mezclar los conceptos, seguramente que no gusta ni a los que escriben ni tampoco a los que actúan en escenarios para entonar bellas canciones que han compuesto. Eso sí, de los Nobel concedidos en 2016 se va a hablar tanto que contribuirá a incrementar la fama de tan alta distinción.

 “Ghandi no tuvo Nobel de la Paz pero entre los premiados hay quienes dieron la orden de empezar no pocas guerras”.

 Puede que sean escasos los que saben que esta medalla se concede  anualmente para reconocer a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad en el año inmediatamente anterior o en el transcurso de sus actividades. Se otorgan en las categorías de Física, Química, Fisiología, Literatura, Paz y Ciencias Económicas. Desde esta última convocatoria, el marketing parece que se ha unido al quién es quién en un mundo mediático donde nombre y apellido influyen (y mucho) a la hora de tomar determinadas y trascendentes decisiones.

Hasta ahora, mi concepto de los Premio Nobel era poco más que sagrado. Comienzas una labor de investigación, en lo que sea, dedicas toda tu vida a ello, desde abajo hacia arriba, y un buen día tanto trabajo y esfuerzo termina reconocido por las grandes aportaciones (suena mejor que contribuciones) que se han hecho al mundo y, especialmente, a sus habitantes y así vivamos mejor. Este era el anhelo, sin perder el oremus de cuestiones que han venido conformando una tradición invariable, pero ahora el marketing nos está introduciendo en otra visión de las cosas. Los Pulitzer, el Cervantes, los Oscar o los Globos de Oro. Son sólo algunos de los más importantes premios masivamente reconocidos y que se conceden a personajes únicos, que lo han demostrado todo a través de sus grandiosos trabajos. Más que nunca, las nuevas generaciones necesitan tener las cosas muy claras y mirarse con orgullo en el espejo de premios y premiados que realmente son el ejemplo a seguir. Pudiera parecer que mediante la diversidad de opiniones a favor y en contra se desmerece a los elegidos para la paz o la literatura, pero no es así. Cuando son muchas y variadas las voces que se manifiestan sobre la concesión de los Nobel,  es que ya se contaba de antemano con el debate e incluso la polémica. Es importante que se busque la mayor difusión posible a un acontecimiento; también es cierto que elegir entre muchos candidatos a un premio nunca ha sido fácil; pero hay momentos en que es bueno mirar atrás, a los orígenes de lo que se busca, para situar las cosas en su sitio. Aplicado a lo que hablamos: que los Nobel sirvan para lo que estipuló en su testamento Alfred Nobel.

 “Vivimos en un mundo mediático donde nombre y apellido influyen a la hora de tomar determinadas y trascendentes decisiones”.

 

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