Los malos sólo temen a la justicia universal

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A lo que realmente temen dictadores, asesinos y torturadores, narcotraficantes y terroristas, invasores, golpistas y esclavistas, es a la justicia universal. El chalaneo internacional, que es como llamo yo a la diplomacia en horas bajas, tiende a suprimirlo de la legislación concreta de cada país, y el error es morrocotudo y lo estamos pagando con sangre de inocentes. Un hombre, una mujer, un voto, porque todo el mundo tiene derecho a decidir sobre la mejor forma de subsistir, y evitar el paro, el hambre, la falta de oportunidades para no vivir en definitiva como decidan unos pocos en detrimento de todos los demás.

A la pregunta a cuándo termina la responsabilidad de una guerra, un holocausto o un atentado terrorista, provenga de donde provenga, la respuesta es nunca. Aún hay muchos que no se percatan de que la palabrería se ha terminado, y lo que se espera son soluciones en forma de paz, trabajo, una mayor prosperidad que genere equilibro respecto a las injusticias conocidas y que se amontonan cuando al traspasar una frontera ya no hay justicia y sí inmunidad. La economía y las multinacionales que en mayor medida la mueven, pueden demasiado. Las mayores tropelías provienen de los países con mayores recursos naturales. Cada vez que los malos la hacen, siempre es la misma y aburrida noticia: el Consejo de Seguridad de la ONU se va a reunir de urgencia para, luego, nada.

El mundo lo conforman uniones, confederaciones, tratados, alianzas, bloques y demás asociaciones. Están quemadas por el tiempo y por haber dejado hacer hasta cargarse el invento. La fuerza de los que irrumpen en política con juventud y nuevas ideas, proviene en mayor medida de que no están por la labor de dejar apartadas las viejas reivindicaciones, entre ellas la paz, la democracia, la justicia, el empleo y la voz de la calle. Desligar la justicia universal de las competencias de un país soberano que busca el bien general, da pie a mucho y malo que está sucediendo ahora. Se incrementan los fuegos por aquí y por allá. La extinción es el problema cuando las reglas universales, tan dispersas o directamente eliminadas,  ya no intimidan.

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